Marco Aurelio nace el 26 de abril del año 121 d. C. en el seno de
una familia aristocrática que cuenta con la confianza del emperador.
Desde su
primera infancia parece
destinado a ocupar
puestos
relevantes en el Imperio y muy temprano comienza a integrarse en
lo más alto de la vida ciudadana. Adoptado como hijo por su tío, el
emperador Antonino que había sucedido a Adriano al mando del
Imperio, en
el 161, tras la
muerte de Antonino, se reparte con su
hermano adoptivo Lucio Vera la
sucesión imperial.
Marco Aurelio era frugal en su vida y su tiempo libre lo dedicaba al
estudio. Las Meditaciones no nos ilustran sobre los acontecimientos
acaecidos en
su época de
emperador, sino que
son breves
pinceladas dispersas sobre sus gustos y anhelos, soliloquio
espiritual y filosófico de un emperador preocupado por construir una
«ciudadela interior» que corriera mejor fortuna que su
Imperio.
Marco Aurelio
Meditaciones
ePub r1.2
Titivillus 22.01.2015
Título original: Ad se ipsum /
τὰ εἰς
ἑαυτόν
Marco Aurelio, 179 d. C.
Edición: Francisco Cortés Gabaudán y Manuel J. Rodríguez
Gervás
Introducción: Manuel J. Rodríguez Gervás
Traducción y notas: Francisco
Cortés Gabaudán
Diseño de portada: Titivillus
Editor digital: Titivillus
ePub base r1.2
INTRODUCCIÓN
L
LA EDAD DE ORO: LOS ANTONINOS[1]
OS reinados de Trajano (98-117), Adriano (117-138), Antonino Pío
(138-161) y
Marco Aurelio (161-180)
quedaron en la
tradición
romana posterior como una edad dorada, imagen posiblemente
transmitida por fuentes contemporáneas
filosenatoriales y recogida
por
Dión Casio, Herodiano y más tarde transmitida por escritores de los siglos
IV y
V como
Aurelio Victor, Eutropio, Festo, San Jerónimo y Sulpicio
Severo. Especial mención merece la
Historia Augusta, obra incierta en
cuanto a su autoría al no saberse si pertenece a un único autor o a varios,
posiblemente redactada entre finales del siglo IV y comienzos del V y
que
contó con
fuentes diversas, algunas probablemente del periodo
Antonino,
añadidos posteriores e invenciones motu
proprio.
Características comunes de estos emperadores fueron sus buenas
relaciones con el elemento senatorial, tendencia que se impuso con Nerva
—de quien Tácito señaló que había combinado el principado y la libertad
—, y la
lealtad del ejército. Como paradigma del buen gobernante se
presentó el gobierno de Trajano, a quien saludó Plinio en su panegírico
como optimus princeps. Común
a los emperadores antes mencionados es un
origen familiar no itálico, procedentes de provincias romanizadas como
Hispania o Galia; tal circunstancia no deja de ser un reflejo de la cada vez
mayor influencia provincial tanto en el Senado como en el ejército. Aunque
el Senado
era predominantemente un
cuerpo itálico su composición
va
transformándose progresivamente;
si al comienzo del gobierno de Trajano
tres cuartas partes de sus miembros eran de origen itálico, a la muerte de
Marco Aurelio se redujo a poco más de la mitad.
El gobierno de Adriano tuvo enfrentamientos con el Senado por tomar
iniciativas que mermaban la autonomía de esta Cámara, tales como
impulsar el Consejo Imperial, órgano formado fundamentalmente por
juristas, y repartir cargos de la administración estatal
a miembros no
senatoriales, es decir del grupo
ecuestre, grupo social que
junto con la
nobleza provincial fue introducido en el Senado. Ello explicaría la
existencia de una oposición soterrada que se manifestó tras su muerte, al
intentar el Senado anular los actos del emperador o negarle la apoteosis,
deificación del emperador. El resto de los Augustos, en cambio,
mantuvieron relaciones excelentes con el ordo senatorius.
Trajano instauró una práctica política que pretendía conciliar, al menos
en las
formas, la autoridad
del príncipe con la
libertas republicana,
concepto considerado por el elemento senatorial como presupuesto básico
de la
autonomía y del
prestigio del Senado,
así al menos nos
lo ha
transmitido Plinio en su panegírico del año 100. Antonino Pío mantuvo
relaciones excepcionales con el Senado de Roma; no ajena a esta
circunstancia podría ser la tradición
senatorial de la familia:
su abuelo
paterno, T. Aurelio Fulvio, fue
dos veces cónsul y luego prefecto de la urbe,
su abuelo materno Arrio Antonio también dos veces cónsul y procónsul de
Asia, el mismo Antonino era uno de los principales miembros del Senado y
había ejercido de consular
de Italia y procónsul de
Asia. Se dedicó a asociar
al Senado
en las decisiones importantes; aunque no pasaron de ser meras
fórmulas, la realidad es la
continua pérdida de influencia de este órgano a lo
largo del periodo imperial. Sin embargo, la buena sintonía entre emperador
y senatoriales le valió el sobrenombre de Pius y el título de Augusta a su
mujer Faustina. Ahora bien, el Consejo Imperial siguió teniendo una mayor
influencia en las decisiones político-administrativas, al mismo
tiempo que
reforzó su función jurídica.
Marco Aurelio, al igual que sus predecesores, mantuvo
la misma
política de
amistad hacia el Senado;
en su advenimiento al Imperio se
comprometió a no ejecutar a ningún miembro senatorial,
aunque fueran
opositores políticos. El emperador filósofo siguió practicando pequeñas
deferencias con la asamblea senatorial: aumentó sus atribuciones como
tribunal de apelación, asistía a las sesiones del Senado, sometía a la
decisión del mismo asuntos importantes
como el de declarar la guerra o
establecer tratados con los pueblos germanos. Concedió subsidios
a
senatoriales empobrecidos que corrían el
riesgo de perder su condición
senatorial. En definitiva se puede decir que siguió la línea de su modelo,
Antonino Pío. Dicha entente, entre senadores y Antoninos, se vio truncada
por Cómodo,
hijo de Marco
Aurelio, cuyas buenas relaciones iniciales se
fueron descomponiendo a lo largo de su
reinado, hasta acabar
en la
conspiración fracasada del 182, que
conllevó la represión de
un grupo
amplio del elemento senatorial.
La tendencia a introducir elementos del grupo ecuestre en la
administración del estado, ya iniciada en épocas
anteriores, continúa con los
Antoninos y es con Marco Aurelio cuando los ecuestres ocupan una mayor
relevancia en el desempeño de cargos públicos, teniendo responsabilidades
y poder
comparables a los
senadores y rompiendo
de alguna manera el
equilibrio entre órdenes; así en el 177 el Consejo Imperial está formado por
el mismo número de senadores que de caballeros. Una lenta evolución que
se acelera
en la primera mitad
del siglo III desemboca bajo Galieno, al
descartar a
los senadores de
los principales puestos
de responsabilidad a
favor de
los caballeros. Este
orden va a ver
incrementado su número
al
introducirse caballeros provinciales en los principales puestos. Si
anteriormente los cargos de
oficiales ecuestres eran
asumidos
tradicionalmente por itálicos, bajo los Julio-Claudios el 40 por 100 de estos
oficiales eran de las provincias; con los Flavios y los Antoninos este
porcentaje sube al 60 por 100.
No sólo
el elemento senatorial
y ecuestre vieron
cumplidas sus
aspiraciones, también las capas populares fueron atendidas por los
Antoninos y más concretamente por Trajano; este emperador llevó a cabo
una obra
social a favor de
los grupos sociales más pobres. Entre sus
actuaciones concretas destaca el sistema de los alimenta; iniciado tal vez
por Nerva,
es con Trajano cuando se desarrolla de manera definitiva. Se
concebía como un auténtico sistema de asistencia pública que afectaba a un
gran número de ciudades itálicas. El sistema presentaba dos niveles
diferenciados: uno consistente en una ayuda financiera prestada
por el
Estado a los propietarios de tierras, otra parte era una asistencia a niños de
familias necesitadas; de esta manera el Estado
distribuía créditos bajos a los
propietarios de tierras, quienes a su vez pagaban unos intereses anuales que
repartidos por el Estado revertían en los más indigentes.
En cuanto al sistema militar de los Antoninos hay que señalar en primer
lugar el cambio operado en la adscripción de origen de los miembros de la
armada, en
segundo lugar, la
transformación en el
sistema defensivo,
decisión tomada por Adriano con el fin de
lograr una frontera,
limes,
continua y segura, bien a través de obstáculos naturales o, en su defecto,
mediante construcciones defensivas estables; ello propició
el surgimiento de
destacamentos permanentes formados por provinciales
con ciudadanía
romana. El reclutamiento de los cuadros superiores y el de los centuriones
evoluciona paralelo a las tropas, tal vez con una tendencia menos acusada;
así se nombra oficiales militares a los notables procedentes de las colonias
provinciales, principalmente
Hispania y Galia; añadiéndose, como
señalamos anteriormente, la creciente regionalización
de los ejércitos
acantonados en las fronteras. El creciente aumento de ejércitos acantonados
y su mayor autonomía hacen que la lealtad del ejército sea un elemento de
vital importancia para la estabilidad de los emperadores. Aunque la
aquiescencia del Senado podía ser importante en los primeros momentos de
llegar al
augustado, para la
permanencia en el
poder el emperador
debía
contar con la seguridad del ejército, de ahí que todos los emperadores se
estrenen con donativos abundantes al ejército.
La política exterior de los emperadores Antoninos se
movió entre la
expansión de Trajano y la política defensiva de Marco Aurelio, predecesora
de la situación de acoso que a partir de entonces va a vivir el Imperio en
diversos frentes. Trajano fue el único emperador de los dos primeros siglos
en retomar una política expansiva fundada sobre la conquista militar, con la
adquisición de nuevos territorios que marcan los límites máximos del
Imperio Romano. Roma logró
expandirse a costa del reino dacio y controlar
de este
modo las márgenes
del Danubio. En Asia se desplegó el dominio
por la Arabia Petra, reino de los nabateos, que
junto con la Decápolis formó
una nueva
provincia imperial: Arabia. La expansión hacia el territorio
pártico, a pesar de victorias significativas, no pudo consolidarse y más que
otra cosa le sirvió a Trajano para que el Senado le concediera el titulo de
Parthicus,
vencedor de los
partos, y los
reversos de las
monedas
proclamaran la subordinación de Armenia y Mesopotamia al Imperio
Romano.
La política
de Adriano se
alejó completamente de
la de su antecesor
Trajano;
comprendió la imposibilidad
de continuar las
conquistas y la
necesidad de contar con un
sistema defensivo más seguro que mantuviera lo
ya conquistado. Las circunstancias geoestratégicas determinaron un
modelo
defensivo basado en dos presupuestos: un ejército en gran parte formado y
establecido en los límites del Imperio, creando verdaderas
ciudades en torno
a las fortificaciones; aplicándose una
instrucción severísima, entrenándose
los soldados como si fueran a combatir inmediatamente. En segundo lugar
creó un completo y continuo sistema de limes: junto a las propias fronteras
naturales añadió un sistema de fortificaciones mediante líneas
continuas a
través de
Britania, y en el
continente en Germania
Superior y Retia. Se
establecieron empalizadas y torres de vigilancia que si bien no servían para
frenar una invasión, al menos sí proporcionaban seguridad
frente a
incursiones esporádicas de pequeños grupos. Antonino Pío siguió la política
de Adriano
preservando el mismo
sistema defensivo e
incluso haciendo
nuevas construcciones en Britania, el muro de Antonino, en Dacia y quizá
en Mauritania. Igualmente mantuvo, como Adriano, legiones acantonadas
en las fronteras, utilizando tácticamente pequeños destacamentos móviles,
llamados vexillationes, sistema utilizado ya por su predecesor. Este período
gozó de cierta tranquilidad, a pesar de enfrentamientos
en las fronteras o
rebeliones dentro del propio territorio romano, la más cruenta de todas en
Judea. Es
con Marco Aurelio cuando
comienzan a manifestarse ciertos
síntomas de intranquilidad en las fronteras. Con dicho emperador los
problemas exteriores del Imperio se caracterizan por agotadoras
guerras:
primero en Oriente, contra los partos, y sus últimos años en la frontera del
Danubio, para rechazar a pueblos germánicos y sármatas. Hasta tal grado
llegaron las dificultades exteriores de Roma que se ha
calificado el gobierno
del emperador filósofo como el comienzo de la crisis del Imperio Romano.
Momento en que se rompe el equilibrio, no sólo por la presión bárbara sino
también por los problemas sociales y políticos internos.
VIDA DEL EMPERADOR
MARCO AURELIO
Infancia y primeros estudios
Marco Aurelio nace el 26 de abril del año 121 d. C. en el seno de una
familia que, sin ser célebre en
épocas anteriores, cuenta con la confianza del
emperador Adriano, como demuestra que el mismo año del nacimiento de
Marco Aurelio su abuelo fuera cónsul, su padre prefecto de la ciudad unos
dos años más tarde, y su abuelo de nuevo cónsul en el 126, por tercera vez.
Los Anio
Vero son una familia italiana, asentada
en Hispania, en Ucubi,
cerca de Córdoba, que hacen su carrera al amparo de Trajano y Adriano. Su
madre era
Domicia Lucila (la
menor), cuya gran
riqueza procedía de
fábricas de ladrillos que surtían a Roma. Cuentan también con influencias
políticas, el bisabuelo materno de Marco Aurelio fue cónsul en el año 55.
Una hermana de su madre se casó con el rico y distinguido Tito Aurelio
Antonino, el futuro emperador Antonino. Así pues ambas familias entraban
en los
parámetros de una
nueva aristocracia que
hizo carrera entre
la
segunda mitad del siglo I y primer tercio del siglo II, que
surte de
magistrados de cierto prestigio a Roma y a las provincias.
Los padres
de Marco Aurelio,
Lucila y su esposo
Vero, tienen de su
matrimonio dos hijos, Annia Cornificia Faustina y el futuro emperador,
quien posiblemente fuera uno o
dos años mayor que ella. El padre de Marco
Aurelio muere joven, durante su pretura, cuando el hijo contaba con tres o
cuatro años.
Marco Anio Vero Catilio Severo, como probablemente sería llamado en
los primeros años, fue criado, hasta la muerte de su padre, en una quinta
familiar situada en la colina del Celio, donde se asentaban los ricos de
Roma. Tras la muerte
paterna vive con su
abuelo Vero
(Meditaciones,
1.17.2), en
una mansión situada
al lado del templo
laterano (Historia
Augusta, vita Marci, VII). Es en este lugar donde recibe sus primeras
enseñanzas, después de que dejara de estar al cargo de
niñeras
(Meditaciones,
5.4 y vita Marci, II, 1), posiblemente griegas[2]. Era
considerado conveniente que en los
primeros años el noble
romano se
familiarizara con el griego, lo cual sería muy ventajoso en años posteriores,
cuando recibe instrucción de un profesor griego para que aprenda a leer y
escribir en esta lengua.
La educación de Marco Aurelio
La vita Marci (II, 1) señala que fue un chico serio en su primera
infancia, fuit
a prima infantia gravis; también a través del libro primero de
las Meditaciones conocemos su
aprendizaje. El entorno
familiar es el
primer espacio socializador del niño noble romano, incluidos los sirvientes
esclavos, con quienes pasa más tiempo. Marco Aurelio recuerda a su madre
por ser
ella quien lo
introdujo en las
prácticas cultuales (1.3);
Domicia
Lucila transmite al hijo la devoción a los dioses, una virtud esencial en la
vida de
un romano; como
buena matrona le
enseña el respeto
a los
fundamentos sagrados, privados y públicos, que conforman la religiosidad
romana. La austeridad también la aprende de su madre, cualidad apreciada
por los
estoicos pero también
por los romanos,
por cuanto recordaba
la
manera ancestral de comportarse de sus antepasados. La madre también
debió estimularlo intelectualmente, si hacemos caso del
prestigio que, según
las fuentes, tenía como conocedora de la cultura helenística. Un ejemplo
basta para ilustrar el saber de esta dama romana: en la correspondencia de
Frontón a Marco Aurelio, el rétor explícitamente afirma la utilización del
griego para dirigirse a su madre, a pesar de considerarlo un atrevimiento
dado el menor conocimiento que él tiene de esta
lengua[3].
Sus primeros pasos en la
enseñanza se desarrollaron
en el ámbito
privado. En estos años desempeña también un papel importante su
bisabuelo materno Catilio Severo, quien es llamado proavus materno[4].
Marco Aurelio agradece a su bisabuelo no haber escatimado
gastos para que
pudiera aprender en casa (Meditaciones, 1.4); las familias aristocráticas
apreciaban este tipo de educación mejor que la enseñanza pública.
Quintiliano y Plinio el Joven nos muestran cómo a finales del siglo I
y
comienzos del II la instrucción particular en la casa era señal de prestigio y
era buscada por aquellos que podían costeársela. En estos primeros años el
preceptor se dedica fundamentalmente a
darle una educación moral y un
aprendizaje de buenas costumbres; también
se inicia al niño en las primeras
letras. Marco Aurelio recuerda a su preceptor, no tanto por un aprendizaje
concreto como por proporcionarle unas pautas de comportamiento (1.5)
morales, evitar la calumnia, y disciplinarias,
ser constante y esforzarse en el
trabajo, al igual que le hizo apartarse de las aficiones
circenses.
Conocemos a través de la Historia Augusta (v. Marci, II,
2) algunos de
los primeros maestros; aunque al preceptor o preceptores les incumbe la
misión de
velar por la
conducta y las
actuaciones morales del
infante, la
formación más específica estaría en manos de personas como el literato
Euforión, posiblemente un esclavo o liberto, que le enseñaría los
fundamentos del saber literario, unos elementales exempla, primeros pasos
en la escritura, así como el conocimiento de algunos autores importantes;
entre ellos ocupa un lugar destacado Homero, al cual los estoicos
convirtieron en «el más sabio de los poetas»[5]. Además el
adolescente debe
conocer la comedia y saber entonar y recitar, artes que le pudo proporcionar
el cómico Gémino. La música, la geometría, la matemática serían otros de
los saberes en los que un joven culto debía ejercitarse; conocemos uno de
estos maestros por la Historia
Augusta, el músico y geómetra Andrón[6].
Otro nivel de su formación lo ocupó el conocimiento de la gramática y
de la
oratoria; según la
Historia Augusta acudió
a diversos maestros y
escuelas de gramática y oratoria, tanto griega como latina, y parece que con
igual empeño en ambas. De este aprendizaje le quedaron, como maestros y
amigos, Herodes Ático, orador griego que había sido cónsul en el año 143,
y sobre
todo Frontón, al que
recuerda en las Meditaciones (1.11) y en
la
correspondencia entre ambos, de la que se desprende una excelente amistad
que sin embargo no impidió, frente al deseo del orador latino, que Marco
Aurelio se inclinara desde muy temprano por la filosofía; según la Historia
Augusta a
los once años
asumió el atuendo de
los filósofos y
su vida
rigorista. De esta época, entre la niñez y adolescencia y de su estudio de la
gram��tica, recuerda al griego Alejandro el Gramático[7], célebre personaje
que dirigía una escuela en Frigia, a quien Antonino hizo venir a Roma para
dar lecciones a su hijo
adoptivo, posiblemente hacia el 135. El oficio de
gramático consistía en enseñar lo que hoy llamamos propiamente
gramática, pero además en época de Marco Aurelio, posiblemente antes,
fueron desempeñando tareas que en teoría habían estado en manos de los
retóricos, inculcando a los alumnos los primeros pasos de la composición.
De ahí que cite a Alejandro el Gramático
como la persona que le enseñó los
errores más
corrientes de escritura:
hiatos, aliteraciones, barbarismos;
probablemente aprendió con él la exégesis de textos y la crítica literaria. Sin
embargo Marco Aurelio aprecia al evocarlo tanto su conocimiento técnico
como la comprensión para quienes cometían errores.
Observamos cómo a lo largo del libro primero de las Meditaciones el
filósofo recuerda a sus maestros, más que por el conocimiento técnico que
le aportaron, por enseñarle un saber relacionado con la
cotidianidad, esto es,
un conocimiento que pretende formar el carácter,
muy en la línea
del
estoicismo. Nos equivocaríamos, sin embargo,
si pensáramos que la
enseñanza romana pretendía únicamente una formación centrada en el
propio individuo; la finalidad última del aprendizaje entre los nobles
consistía en crear «buenos» ciudadanos
romanos, cuyos
conocimientos y
saberes les permitieran reconocerse entre
ellos y diferenciarse del resto de
la ciudadanía.
De todas maneras Marco
Aurelio parece, a simple vista,
distinguirse de dicho grupo social, agradeciendo a su madre que le
impidiera parecerse a los ricos (Meditaciones, 1.3) y al propio Frontón por
animarle a alejarse de la
afectación de los patricios (Meditaciones, 1.11). En
todo caso no dejan de ser reflexiones a posteriori del emperador-filósofo
que no anulan el carácter elitista de la educación por él
recibida.
Después de instruirse en la gramática, sus estudios irían encaminados al
dominio de la oratoria; Marco Aurelio recuerda al excelente rétor Frontón,
maestro y gran amigo, quien estaba interesado en atraerlo
a su disciplina. Al
igual que
el resto de los
jóvenes instruidos, el
joven César debía cursar
estudios retóricos, posiblemente a los doce o trece años, en los que
aprendería teoría, estudio de los arquetipos y ejercicios de aplicación.
Trabajo
fatigante y arduo para
los aprendices, quienes
sistemáticamente
debían ejercitarse en el estudio
de las cinco partes de que constaba
la
retórica: la invención, la disposición,
la elocuencia, la mnemotecnia y la
ejecución. Para lograr un dominio fluido los alumnos
practicaban una y otra
vez cada
una de estas
partes y trabajaban
con fragmentos de
famosos
oradores. Por
último debían realizar
ejercicios de aplicación
de diverso
carácter que constituían verdaderos discursos[8]. Frontón
va conduciendo a
Marco Aurelio, tal vez cuando contaba dieciocho años,
a través de esta
ardua disciplina de manera progresiva y pausada[9]. El orador latino tenía
muy presente que estaba enseñando a un futuro emperador y sus
recomendaciones también iban en esa línea; en una carta le recuerda «que la
elocuencia del César debe ser igual a una tuba»[10]. Al hilo de lo señalado
no hay
que olvidar que
la retórica en
Roma se caracteriza
por tener un
componente ético y filosófico, procurando,
a través del conocimiento
mimético de
grandes escritores y de ejemplos patrióticos, lograr una vida
recta en el aprendiz[11]. El recuerdo que Marco Aurelio tiene de Frontón es
amable, agradecido a su maestro por enseñarle que el disimulo y la
hipocresía están
ligados a la tiranía.
A pesar de
que este concepto no
aparece en el epistolario de Frontón, no es descartable que el tema de la
tiranía fuera comentado y trabajado por alumno y profesor, ya que dicho
tema desempeña un papel importante en los ejercicios de declamación[12].
Así pues la evocación al maestro proviene
de haberle recomendado la huida
de tentaciones absolutistas
propias de malos emperadores como Domiciano,
paradigma de tirano. Escaso agradecimiento
a Frontón, quien durante
décadas fue su instructor y amigo.
A pesar de la enorme amistad que los unía y del interés de Frontón por
desear que
Marco Aurelio tuviera
una mayor dedicación
retórica, más
apropiada para un emperador (diversas cartas recogen los consejos de
Frontón ante las intervenciones que Marco Aurelio, como César o
Emperador,
realizaba ante el
Senado), la fuerte
vocación filosófica de
Marco Aurelio lo alejó del arte retórico para profundizar en la filosofía. La
influencia que
ejerció Rústico sobre su
alumno debió de
ser una cruel
decepción para Frontón, que poco a poco debe admitir que aquél terminará
abrazando la filosofía[13]. La
predilección del joven César por la filosofía
iba contracorriente dado que a partir de Adriano la pasión por la
declamación fue creciendo entre los jóvenes nobles, que fácilmente abrazan
nuevos modos
de expresión procedentes
de Grecia. Los líderes
de este
movimiento literario no eran otros que el propio Frontón y Apuleyo de
Madaura[14].
Antes que Rústico lo ayudara a profundizar en la filosofía,
concretamente en el estoicismo, fue Diogneto, maestro de diversas
disciplinas, quien debió introducirlo en el saber filosófico (Meditaciones,
1.6). Posiblemente lo adiestró también en dibujo, según cuenta la Historia
Augusta, y lo entrenó en diversas actividades deportivas. La imagen que la
Historia Augusta nos proporciona
del tiempo en que
Diogneto fue su
preceptor es la de un
adolescente con gustos
y aficiones propias
de
cualquier joven romano: amante de los deportes, ejercitándose en la lucha,
aficionado a las carreras de caballos o la caza[15]. Marco Aurelio a pesar de
su gravedad y de su
dedicación a los
estudios debía ser
un adolescente
similar al resto, a veces con una conducta propia de un mozalbete; en una
carta a Frontón nos muestra a un jovenzuelo más preocupado por divertirse
a costa de un pastor a quien espanta las ovejas[16]. La evocación aparecida
en las Meditaciones sobre su maestro Diogneto es complementaria con la
fuente tardía; en una edad
de juegos el maestro
lo va iniciando en
actividades lúdicas menos infantiles, más apropiadas para un futuro
emperador. Observamos en Diogneto un gran pedagogo, no le sustrae de
las
actividades corporales y otros entretenimientos
propios de la edad
temprana, pero encauza esta necesidad a través de ejercicios corporales que
serán útiles en las actividades militares. También le enseñó a distinguir las
supercherías y a los charlatanes, muy propios de una cultura oral como
aquélla, y
al mismo tiempo procuró
que se adaptara
a una vida sobria
similar a
la tradicional formación
espartana (Meditaciones,
1.6). Es, sin
embargo, con Rústico con quien Marco Aurelio se introduce de lleno en la
filosofía, concretamente en la filosofía estoica. Rústico comienza a ejercer
su influencia hacia el 146, cuando Marco Aurelio tiene alrededor de
veinticuatro o veinticinco años y ya ha conseguido una
formación gramática
y retórica previa, conocimiento de textos de los más importantes autores
clásicos, un cierto razonamiento lógico y filosófico.
Conviene señalar que la tendencia filosófica predominante en el mundo
romano era el estoicismo, que Panecio y Posidonio habían logrado conciliar
con el
temperamento romano; menor repercusión tuvieron otros
movimientos filosóficos como los cínicos, a pesar de tener influencia en la
moral estoica, o el epicureísmo —éste con desigual fortuna—. El
escepticismo en este momento está en franca regresión y va a ver limitado
el numero de partidarios. El neoplatonismo, por su parte —nos referimos
fundamentalmente al platonismo medio del siglo II d. C.—, sirvió como
soporte ideológico-religioso
a corrientes como la estoica y epicúrea,
también a los cristianos, que introducen elementos
platónicos en la
espiritualidad del momento, profundizando teóricamente en el paso de una
realidad material hacia un mundo
inmanente[17]. Podemos apreciar que
Marco Aurelio escoge la corriente filosófica más difundida
y la más
apreciada en determinados círculos de la nobleza romana. Grupos con cierta
influencia política, que aunque organizados de manera un
tanto inconexa,
fueron firmes en sus principios frente a Domiciano.
Hemos señalado más arriba el
peso de Rústico en Marco Aurelio, que lo
alejó de las disciplinas que lo apartaban de la práctica filosófica. Recuerda
el emperador de su maestro la sencillez y sobriedad tanto en la vida como
en el saber, rigor en la lectura y olvido de prácticas sofisticas y retóricas, en
definitiva procurar armonizar fondo y forma en su persona, que los signos
externos, incluso la escritura, fueran el reflejo de la propia personalidad
(Meditaciones,
1.7). Rústico lo introduce en la Estoa prestándole
escritos
del filósofo estoico Epicteto; podemos señalar este acontecimiento como la
línea que marca un antes y un
después en la educación de Marco Aurelio. Si
con Diogneto se acercó a un
conocimiento filosófico elemental, con Rústico
profundizó en el estoicismo, hasta el punto de dejar de interesarse por la
retórica y las artes poéticas, cuyo representante cercano
era su amigo y
maestro Frontón. Es en este momento cuando Marco Aurelio, de
veinticinco años, revela en una carta al amigo su entusiasmo por la
filosofía[18].
No fueron éstos los únicos maestros con los que contó Marco Aurelio;
Antonino Pío había escogido para sus dos hijos adoptivos, Marco y Lucio
Vero,
a Apolonio y
Sexto[19], ambos
profesores de filosofía.
La fama de
Apolonio le condujo a Roma a enseñar a Marco Aurelio en su propia casa;
la fecha
sería en tomo al
146-150. Los recuerdos
sobre Apolonio en las
Meditaciones
son de dos tipos:
unos hacen referencia al aprendizaje de
hábitos y maneras de enfrentarse ante los hechos, intelectivos o humanos,
otros elogian la conducta del maestro. En este punto una fuente como la
Historia Augusta no dedica muchos elogios al personaje, que aparece más
interesado en conseguir unos beneficios económicos a costa de un trabajo
cómodo[20]. Sexto de Queronea, filósofo estoico,
sobrino de Plutarco, ejerce
su labor
incluso cuando Marco
Aurelio ya ha sido elevado al imperio.
Marco Aurelio le tenía en gran estima y departía frecuentemente con él en
su casa.
El recuerdo que
tiene de Sexto es
una enumeración de virtudes
(Meditaciones,
1.9): enseñar tolerancia
con los ignorantes, la benevolencia,
alabar sin adular, etc.
Recuerda también las enseñanzas estoicas de Sexto: el
principio de vivir conforme a la naturaleza y ciertos conocimientos
metodológicos, «un método para descubrir y ordenar las convicciones
necesarias para la vida» (Meditaciones, 1.9.8).
Otros filósofos estoicos formaron el círculo de amigos e instructores de
Marco Aurelio: Catulo, a quien la Historia
Augusta llama «el
estoico»,
Atenódoto, tutor a su vez de Frontón, Claudio Máximo, maestro de Marco
Aurelio, que ocupó cargos políticos bajo el mandato del emperador, entre
ellos el consulado en el 142. Las Meditaciones referencian otros
personajes
de pensamiento estoico y platónico que son conocidos a través de Claudio
Severo, aunque éste, a quien Marco Aurelio llama hermano, está más cerca
de los
peripatéticos que de
la Estoa. La Historia Augusta[21]
precisa que
Marco Aurelio escuchó a Claudio Severo por su interés por aprender de la
escuela aristotélica. La enseñanza que recuerda Marco Aurelio de él tiene
un doble componente: el amor a los familiares —recordamos que Severo
emparenta con la familia imperial al desposar a su hijo con Fadila, segunda
hija de
Marco Aurelio—, y
el adoctrinamiento político
contra la tiranía
ejemplarizado en filósofos tales como Traseas, Helvidio, Catón, Dión y
Bruto (Meditaciones, 1.14.2), que
desempeñaron la punta
de lanza de la
resistencia nobiliar contra el poder
absolutista de los
emperadores y le
enseñaron a respetar «la libertad de los súbditos»[22].
La mayoría de los maestros que tuvieron relación con Marco Aurelio,
como se ha podido apreciar, están dentro de la corriente estoica, bien como
destacados pensadores o bien como personas que hicieron suya esta
filosofía como forma de vida, ya que a partir de Séneca el estoicismo se
convierte fundamentalmente
en una doctrina moral de carácter práctico,
influyendo poderosamente
en la educación moral de sus iniciados[23].
Cuando Marco Aurelio en el 161 se hace cargo del Imperio con treinta y
nueve años, no sólo está sólidamente formado en el saber clásico sino que
su vocación filosófica, que desde los veinticinco años es manifiesta, está
afianzada. A
primera vista puede
parecer que existe un
desgarramiento
entre el
filósofo y el hombre
público y futuro emperador, pero
tal vez
convendría enmarcar el personaje en una corriente cultural más allá del
propio estoicismo; esta corriente no es otra que la segunda sofística,
caracterizada no sólo por revitalizar lo filohelénico, sino por la
combinación, a partir de Trajano, de literatura y política. Marco Aurelio
fuertemente helenizado intenta combinar ambos elementos: ser
representante del pensamiento filoheleno, participando
con fervor en
la
literatura de la época —incluso con poses parecidas a los sofistas que nos
describe Filóstrato en su obra
Vidas de
los sofistas— y ejerciendo el
patronazgo desde su más alta posición política[24].
Un filósofo gobernante del mundo
Desde su
primera infancia Marco
Aurelio parece destinado
a ocupar
puestos relevantes en el
Imperio; muy temprano comienza a integrarse en lo
más alto
de la vida ciudadana:
a los seis
años ingresa en los
equites,
nominado por el mismo Adriano, permitiéndole llevar como
señal de
prestigio un anillo de oro y el angusticlavo[25]; no se puede pensar que tal
medida comportara un acontecimiento único
y excepcional, pero sí debía
ser poco frecuente para ser destacado en la Historia Augusta[26].
A los siete
años, momento en que podemos pensar que comienza su educación, se le
concede entrar en el colegio de los salios y ser un salius palatinus[27], cargo
de un
indudable prestigio en
Roma por estar
esta antigua institución
asociada al dios de la guerra Marte. Como miembro del colegio sacerdotal
durante las ceremonias portaba una túnica roja, una faja y una coraza de
bronce, llevando sobre la cabeza un casco de forma redondeada, símbolos
del ardor
guerrero, tal vez
predestinación de los
largos y duros
combates
que ha de sostener a lo largo de su imperio. Participaba en los banquetes
ceremoniales que
realiza el colegio en
el templo de
Marte. Un suceso
fortuito hizo presagiar un futuro imperial para el joven Marco: sucedió que
un día
la corona que él
llevaba quedó suspendida
sobre la cabeza
encasquetada de Marte, acontecimiento que
no pasó desapercibido
a sus
hermanos salios que intuyeron encontrarse ante un futuro
emperador[28].
A los
quince años recibe
la toga virilis,
que significa su mayoría de
edad y su entrada plena en la vida pública de la ciudad; era el año 136 y el
emperador Adriano le hace prometerse con la hija de Elio César, sucesor al
trono. La significación de esta decisión prueba las intenciones del
emperador Adriano, preocupado por establecer una línea
sucesoria en la que
estuviese el joven Vero, a quien el emperador Adriano, jugando
con su
nombre e impresionado por su seriedad y sencillez, llamaba Verissimus[29].
La muerte súbita de Elio César
en el 138, y el empeoramiento de la salud de
Adriano, obligan
a éste a escoger un nuevo sucesor
en la persona del
consular Antonino, persona de amplios conocimientos jurídicos y miembro
del consejo imperial.
El año 138 es crucial para la carrera imperial de Marco; la adopción de
Antonino, de sobrenombre el Piadoso, por Adriano el 25 de febrero de ese
año, la posterior adopción formal de Antonino sobre su sobrino, Marco, y
Lucio Vero, hijo del malogrado Elio César, convierten en un sucesor del
Imperio al
aprendiz de filósofo.
La adopción conllevó
el traslado al
domicilio particular de Adriano, episodio que no le satisfizo mucho según
parece ya que comentó los males que el poder imperial conllevaba. En este
momento comienza a llamarse Aurelio en vez de Anio por ser adoptado por
la familia de Antonino, cuyo nombre era Aurelio. La muerte de Adriano, el
10 de julio de este año, acelera la carrera pública de Marco Aurelio. Como
primera medida, y al encontrarse en Roma, recibe
la instrucción de preparar
las ceremonias fúnebres, entre ellas espectáculos gladiatorios,
símbolo
fúnebre ancestral, y la divinización del monarca difunto. La habitual
apoteosis va a contar con la negativa del elemento senatorial, que ha visto
cómo Adriano ha disminuido su prestigio y ha reprimido a elementos
destacados del propio grupo, como Serviano y Fulvio. La llegada de
Antonino y su empeño por conseguirle a su antecesor los máximos honores
parece ser la razón de otorgarle el título
de Piadoso, término que
expresa no
tanto la piedad religiosa como la devoción filial.
Antonino, que tenía cincuenta y un años al tomar el Imperio, acepta los
designios sucesorios de Adriano, pero mostrando predilección por
Marco
Aurelio. Su efigie aparece en las monedas con la leyenda Aurelius Caes(ar)
Aug(usti) Pii f(ilius), co(n)s(ul)
des(ignatus); a partir del año 139 los
acontecimientos se suceden de manera continua, tal y como nos muestra la
Historia Augusta[30]. Marco Aurelio se emparenta directamente con
Antonino prometiéndose a su hija Ania Galeria Faustina y anulando los
anteriores desposorios; es cuestor con
diecisiete años, sirve
como sevir
turmarum equitum romanorum[31], título honorífico consistente en desfilar
en una parada militar que se celebraba el 15 de julio como jefe de uno de
los seis
destacamentos ecuestres. Se convierte en princeps iuventutis[32],
toma el
nombre de César,
es cooptado para los principales sacerdocios,
Pontifices, Augures, Fratres aruales y otros colegios sacerdotales. Antonino
le requiere ahora que se mude al palacio de Tiberio y comienza a formar
parte del
mundo áulico, el
aulicum fastigium[33], del que se queja en
numerosas ocasiones (Meditaciones, 5.16, 8.9). Al año siguiente, con
dieciocho años, será nombrado cónsul por primera vez. Este periodo es
aprovechado por Marco para desarrollar una actividad política junto a su
padre adoptivo, pero encuentra tiempo para dedicarse al estudio; de esta
época sería su relación con Frontón.
La relación
estrecha y afectiva entre
Antonino y Marco
Aurelio se
fragua en
este momento, el
padre adoptivo comienza
a tener en gran
consideración al hijo y
escuchar sus opiniones[34]. La conducta de Antonino
y su forma de ser dejaron en él una fuerte impronta: reflejo de ello es el
capítulo 16 del libro I de las Meditaciones, el más extenso, donde agradece
a su
«padre adoptivo» haberle
enseñado con el
ejemplo una serie de
cualidades. Llama la atención que la mayoría de las virtudes reseñadas por
Marco Aurelio en dicho capítulo también aparecen en la Historia Augusta
(vita Pii).
De su talante privado se resalta lo moderado de sus costumbres,
el aprecio por el saber, la piedad y la clemencia, la justicia; tal vez en las
Meditaciones
se haga hincapié
en ciertas conductas
más propias del
estoicismo, mientras que la
Historia Augusta se detiene más en describir las
facultades públicas de un buen gobernante, como es el respeto al senado
(VI, 5),
la prosperidad del
Imperio (VII, 3),
o la utilización
de su propia
riqueza para remediar la escasez de alimentos (VIII, 11) en la línea de un
monarca evergeta[35]. De igual manera las Meditaciones nos descubren
a un
emperador preocupado por la contención del gasto público, velando
constantemente por las necesidades del Imperio, manteniendo las
tradiciones ancestrales, la tolerancia ante la crítica…
En el 145 se formaliza la promesa de casamiento que
habían establecido
Marco Aurelio y Antonino y se casa con Faustina, apenas núbil, que tendría
unos catorce o quince años; en ese momento él contaba con unos
veinticuatro. El emperador procuró que las nupcias fueran celebradas por
todo el
mundo: una moneda
recuerda el matrimonio,
y se entregó un
donativo extraordinario al pueblo y a los soldados[36]. No podemos
saber
con certeza si la relación entre Marco Aurelio y Faustina fue como aparece
en la Historia Augusta y en la obra de Dión Casio; en estas dos fuentes la
emperatriz se muestra frívola y poco deseosa de estar con su marido,
incluso se
le acusa de ser
partícipe de la conjura de Avidio Casio. Sin
embargo,
en las Meditaciones, Marco Aurelio
tiene palabras de
agradecimiento hacia Faustina (1.17) por su abnegación y
cariño a él y a sus
hijos. Los rumores de una conducta reprobable de la esposa no casan bien
con el reconocimiento legítimo de todos los hijos tenidos en el matrimonio,
siete u ocho antes de la proclamación, y otra media docena más después.
Tras su muerte Faustina recibió los honores habituales de las emperatrices
difuntas: apoteosis, estatuas y ofrendas. Se estableció también una nueva
institución alimentaria, las puellae
novae Faustinae[37].
El mismo
año del desposorio,
el emperador Antonino
le concede por
segundo vez el consulado y posteriormente el poder tribunicio, que en el
imaginario romano siempre fue concebido como un cargo para defender y
garantizar los derechos del pueblo, aunque lejos quedaba ya el poder
efectivo de los tribunos populares. Marco Aurelio desde el 145 en adelante
se estaba situando como corregente,
actuando en el senado y ejerciendo
como sucesor de Antonino. Mientras tanto, extenuado, trabajaba
en el
estudio de las más variadas materias, incluso asistió a
las clases de anatomía
de Galeno
y, por supuesto,
de filosofía, ya que se consideraba más un
filósofo que un príncipe. Iba recibiendo honores y cargos, algunos de ellos
como el poder proconsular, que le permitían actuar fuera de la ciudad de
Roma; paradójicamente jamás recibió mandos militares en ejercicio ni
gobernó ninguna provincia[38]. No
se sabe tampoco que visitase
guarniciones fronterizas, ni viese más soldados que los de la guardia
pretoriana; sus gustos se inclinaban más y más
por la filosofía
estoica,
inclinándose por el pensamiento moral; hacia el 148
aparece en las monedas
con la barba, signo del filósofo.
Mientras el
joven César se
formaba en Roma,
en las fronteras del
Imperio comenzaron a fraguarse amenazas en Mauritania, Britania y los
confines orientales. Tampoco en
el interior las
ciudades se recibe,
en un
grado similar a periodos anteriores, la actitud benefactora de los evergetas
locales, señal de un principio de dificultades en el sistema financiero de las
mismas. La actitud de Antonino de intervenir en los asuntos locales, como
es el caso de fijar los emolumentos de profesores y médicos y establecer el
número de curatores[39], es un síntoma de los cambios aún imperceptibles
pero continuos que se están operando en el Imperio.
En el 161 la muerte de Antonino deja el Imperio bajo Marco Aurelio,
que a
partir de este
momento toma el
sobrenombre de Antonino,
convirtiéndose en Imperator Caesar Marcus Aurelius Antoninus Augustus,
y logra
que el Senado acepte
la asociación con su hermano adoptivo
(Cómodo) Lucio Vero, tal y como estableció Adriano. Es bastante difícil de
explicar de
manera precisa por
qué Lucio Ceyonio
Cómodo recibió el
cognomen de Vero, y fue llamado Imperator Caesar Lucius Aurelius Verus
Augustus; en
cualquier caso la
sucesión imperial
quedó repartida entre
ambos «hermanos», cuyo carácter, en esto coinciden las fuentes, era
totalmente opuesto. Aunque ambos gustaban de los ejercicios físicos,
Marco era
frugal en su vida y su tiempo
libre lo dedicaba al estudio,
mientras que Lucio Vero se deleitaba más con de los placeres de la vida; tal
vez esto
y la diferencia de
edad, ocho años mayor Marco Aurelio,
decidieron que Antonino se inclinara por éste.
Las Meditaciones no nos ilustran sobre los acontecimientos acaecidos
durante su
época de emperador,
únicamente breves
pinceladas dispersas
sobre sus
gustos y sus
anhelos; en definitiva
son soliloquios de
un
emperador preocupado por construirse una «ciudadela interior» (8.48.3)[40]
que corrió mejor fortuna que su Imperio. No tuvo Marco Aurelio suerte en
su reinado, desde el comienzo se concatenaron los problemas y a los
disturbios fronterizos se añadieron en el interior del Imperio pestes y
catástrofes naturales, como el desbordamiento del Tíber, seguido de
hambrunas[41].
Si bien se registraron intervenciones
punitivas en Bretaña, al norte del
muro defensivo hecho construir por Antonino, contra las
tribus de las tierras
altas escocesas y sublevaciones en Germania superior y Retia, señales de
alarma de posteriores conflictos, fue sin embargo la guerra contra los partos
la primera
gran prueba de fuego
que debió pasar Marco Aurelio, apenas
terminado el año 161. El cambio de gobernantes en Roma debió acelerar la
postura bélica de Vologeso III, que impone al estado vasallo de Armenia un
príncipe de la familia real arsácida, Pacoro, contrario obviamente a Roma.
La defensa de Armenia era responsabilidad del gobernador
de Capadocia,
que disponía de dos legiones: la XII Fulminata y la XV Apollinaris. Parece
ser que el legado M. Sedacio Severiano acudió con fuerzas
bastante escasas,
posiblemente influenciado
por las profecías de un oráculo llamado
Alejandro de Abonoteico, siendo vencido
estrepitosamente por el
general
parto Cosroes en Elegia al otro lado de la frontera. La situación empeoró
cuando otro cuerpo de ejército parto se dirige hacia Siria y vence a un
considerable ejército romano,
la III Gallica, la IV Scythica y la XVI Flavia,
seis alas de caballería y veintidós cohortes de tropas
auxiliares al mando del
gobernador L. Atidio Severiano; el resultado es que Siria pasa a manos
persas y cunde el pánico en Roma, que da por perdido
Oriente.
Marco Aurelio toma una decisión rápida: detraer tropas de la frontera
germano-danubiana y mandarlas a Oriente bajo el mando de M. Estacio
Prisco, mientras que en la zona oriental Avidio Casio recompone las tropas
trayendo más efectivos de diversos lugares cercanos al teatro de
operaciones. Para asegurar una pronta recuperación de los territorios
ocupados el emperador decidió que su colega Lucio Vero acudiera a Siria;
conociendo los gustos de su «hermano adoptivo» es probable que la
decisión tuviera un carácter propagandístico
de cara tanto a sus propias
tropas como
hacia el enemigo,
tanto más si observamos
el poco apego
combativo de Lucio Vero, quien pasó la campaña en Antioquía disfrutando
de los placeres de la ciudad[42].
En torno
al 165 Avidio Casio obtuvo una serie de victorias que
condujeron a la paz y el triunfo fue festejado en Roma en agosto del 166;
Lucio Vero recibió el título de Pártico y Marco Aurelio Imperator, esto es
vencedor,
por tercera vez[43]. La guerra pártica trajo consigo un gran
desastre, la peste que se transmitió a Roma y a todo el Imperio. El hecho
más curioso de la victoria sobre los partos es el contacto con China a través
de la ruta marítima del Golfo Pérsico; así lo anuncian crónicas chinas que
recogen la embajada romana y los regalos enviados por el emperador An-
tum (Marco Aurelio). La ruta por larga e insegura no resulto válida para el
comercio; para nosotros lo destacable de esta misión es lo insólito de la
misma, una anécdota excepcional de las relaciones de Roma con pueblos
lejanos, en este caso China[44]. Por estas fechas se nombraron Césares a los
hijos de Marco Aurelio: Cómodo y Anio Vero, según parece a petición de
su «hermano» Vero[45], que demuestra un interés en asegurar la sucesión.
La paz con Persia se hizo urgente porque otro problema mayor obligaba
a concentrar el esfuerzo romano; éste era el empuje de pueblos germanos
asentados en las orillas del
Danubio. Desde el 166 hasta la muerte de Marco
Aurelio, en el 180, las guerras son continuas, si exceptuamos tres años de
efímera tregua (175-178). Es durante su estancia en el frente de batalla,
posiblemente durante los últimos diez años, donde escribe sus
Meditaciones, a orillas del Danubio «entre los cuados»; así termina el libro
primero. Mientras la frontera del Rin apenas conoció enfrentamientos en
este momento, todo lo contrario sucedió con el limes danubiano, de ahí que
los ejércitos más fuertes se asentaran en esta zona. Probablemente la causa
inmediata de las incursiones haya que ponerla en relación con los ejércitos
alejados de este lugar para ir a la campaña persa, aunque la causa principal
sería la
presión que ejercen
unos pueblos sobre
otros. La llegada
de los
godos a la región de la desembocadura del Vístula en tomo
al siglo I d. C. se
manifiesta el siglo siguiente, en la época de las guerras de los marcomanos,
cuando surgen coaliciones de tribus, como la de los cuados, marcomanos,
sármatas y sus aliados lombardos y hermunduros; por las mismas fechas
godos y
vándalos aparecen como
dos pueblos importantes
que ponen en
peligro constante el sistema defensivo romano[46]. Hay que añadir que
dentro de
los pueblos asentados en
las fronteras su
desigual desarrollo
social llevó a la aparición de latrones, bandidos, salteadores o
tribus
montañesas no reducidas; así en el 175 o el 176 se registra que ejércitos
regulares romanos luchan en
Macedonia y Tracia contra bandas organizadas
de salteadores; estos grupos a veces fueron utilizados
como mercenarios por
la misma Roma, el mismo Marco Aurelio se sirvió en su guerra contra los
marcomanos de bandidos de Dalmacia y Dardania[47].
Las guerras danubianas no son excesivamente conocidas. Los
relieves
de la columna Aureliana, realizada
en época de Cómodo, muestran escenas
de las
guerras danubianas; aunque
proporcionan el mejor
comentario
general sobre la guerra, poco se puede interpretar que no sea un análisis de
iconografía propagandística[48]. A grandes rasgos se puede deducir que
hacia la primavera del 167 la entrada de marcomanos a través de la frontera
nórica y
el sitio de Aquilea,
puerto relevante en el tráfico humano y
comercial de las zonas danubianas con Italia y con el Este del Imperio,
provocaron una gran alarma en Roma, hasta el punto de verse obligado
Marco Aurelio a rescatar antiguas tradiciones de
purificación[49].
Los años
169 y 170 son uno de los peores periodos del gobierno de
Marco Aurelio; a la muerte de su colega y «hermano» Lucio Vero por la
peste, que
diezmaba igualmente el
ejército, se añadió
una más fuerte
ofensiva de los marcomanos y cuados que, aprovechando
la estancia de
Marco Aurelio en Roma para llevar a cabo los funerales de Vero,
emprenden la marcha hacia Aquilea. La ofensiva
germana se vio favorecida
por la sublevación de otros pueblos en el Rin e incluso llegaron incursiones
a la Galia y hubo sublevaciones de secuanos y belgas, pueblos romanizados
desde hacía tiempo. El emperador tuvo que recurrir a dos medidas
extremas, reclutar todo tipo de gente, incluidos esclavos
y bandoleros, y
realizar empréstitos forzosos con las ciudades al mismo tiempo que vendía
sus propios objetos de valor[50].
Entre los años 171 y 175 las ofensivas de Marco Aurelio y sus legados
imperiales tuvieron un desigual éxito. Las primeras victorias conseguidas
no eran
de modo alguno
decisivas, es más,
diversos pueblos actuaron
sincronizados con la gran ofensiva marcomano-cuada; así algunas
bandas
alcanzaron Macedonia y llegaron hasta Grecia. Entre el 173 y 175 se
produce la contraofensiva definitiva de
varios ejércitos
imperiales desde
diversos flancos que hace retroceder a los marcomanos y posteriormente en
el 175 a los yázigos. A pesar de los tributos que debieron pagar los bárbaros
en hombres, en soldados y
en botín, amplias comarcas romanas como Dacia
y Panonia inferior quedaron devastadas por la guerra y por la peste. Miles
de jinetes
germanos fueron obligados
a trasladarse a
Britania, zona que
soportaba desde hacía tiempo incursiones de los pueblos del norte de la isla;
las defensas realizadas por los emperadores Antoninos que lo precedieron y
por el mismo Marco Aurelio no resultaban suficientes y se debían aumentar
los contingentes militares. Se impuso también que los pueblos enemigos
asentaran poblaciones en el propio Imperio como dediticios[51], en Italia y
en las provincias danubianas. Por estos años, 172-173, en otros lugares del
Imperio tienen lugar incursiones como sucedió en Hispania con la entrada
de mauri procedentes del
norte de África que saquearon la Bética[52].
Como si los problemas externos no provocaran suficientes dificultades
para el Estado romano, hubo de añadirse además la usurpación en la parte
oriental de Avidio Casio, suceso bastante extraño si se tiene en cuenta que
el propio usurpador proclamó la muerte y apoteosis del emperador[53]. La
Historia Augusta cuenta que la emperatriz Faustina estaba
al corriente de la
decisión de Avidio Casio, pero probablemente su actuación iba encaminada
a intentar salvar la línea sucesoria ante las noticias de muerte de Marco
Aurelio; de esta manera opinan la mayoría de los estudiosos[54].
La
sublevación quedó rápidamente atajada al darle muerte sus
propios soldados
y presentar la cabeza del mismo ante Marco Aurelio, que se había
trasladado hacia el lugar de la sublevación. La respuesta de Marco Aurelio,
tal y
como recogen las
fuentes[55], fue
de magnanimidad con el
propio
«tirano», con los hijos de éste y con la ciudad de Antioquía, que se había
sumado a la sublevación. Su actitud hay que enmarcarla en su concepción
estoica de la vida más que en características psicológicas; el libro IX de las
Meditaciones
contiene algunos párrafos que pueden dar una visión los
acontecimientos (9.9, 9.6,
9.7), en ellos prima el análisis frío de los sucesos,
intentando extraer el máximo provecho personal a los
mismos[56].
Los últimos años de Marco Aurelio no fueron tampoco tranquilos; los
marcomanos y cuados volvieron a levantarse contra Roma, las condiciones
impuestas por Roma eran poco cumplidas por estos pueblos; ello nos está
indicando, probablemente,
una dificultad de poder adaptarse a las
obligaciones aplicadas por la derrota. Las guerras comienzan en el 177
y
terminan con la muerte de Marco Aurelio en el 180 y la llegada de su hijo
Cómodo; según la Historia
Augusta declaró una paz vergonzosa para acudir
cuanto antes a Roma. Lo más probable sería que Cómodo decidiera acabar
rápidamente con el conflicto, toda vez que las
arcas públicas estaban
exhaustas. Tal vez Cómodo contradijo la decisión de su padre, quien en el
lecho de muerte le pidió que continuase la guerra[57], pero el hecho de que
Marco Aurelio pidiera al Senado disponer plenamente del
aerarium muestra
que el emperador quería embarcarse
en una guerra a largo plazo, incorporar
a estos pueblos y sus tierras al Imperio o, lo
más probable, que se intentaran
soluciones intermedias como introducirlos y utilizarlos, no en masa sino de
manera selectiva, en el Imperio o en el ejército. Las fuentes mismas no se
ponen de
acuerdo: mientras la
Historia Augusta habla
de una intención
claramente expuesta al principio de su reinado, Dión Casio comenta por el
contrario, que la decisión se fraguó poco antes de su
muerte[58].
Queremos exponer por último, aunque sea brevemente, la causa de su
beligerancia con
los cristianos. El
emperador a lo largo
de su vida
se
muestra como un devoto practicante de la religión romana y de su liturgia;
consideraba necesario practicarla por sus efectos morales y beneficiosos. Su
religiosidad, no contradictoria con su práctica estoica, era de una
observancia estricta con la costumbre de ritos y
devociones, incluido el
culto imperial; la apoteosis realizada con Antonino, su esposa Faustina y
Lucio Vero muestra las coordenadas cívico-religiosas en
las que se movía.
La religión romana por naturaleza sincretista e integradora era considerada
por él un elemento básico para la sustentación del propio Imperio. En este
marco ideológico-religioso
no es de extrañar la contundencia con la que
fueron castigados los cristianos de Lyon, Lugdunum, posiblemente en
el
177. Marco Aurelio fue consultado por el legado de la Lugdunense sobre
qué actitud tomar con ciudadanos romanos cristianos, a lo que el emperador
respondió que debían ser ejecutados lo mismo que los no ciudadanos.
Parece ser que al final de su reinado se produjeron represiones de cristianos
en otros
lugares del Imperio.
Marco Aurelio no
podía comprender,
como
muestra en sus Meditaciones
(11.3), la actitud de gente que voluntariamente
iba a la muerte, según él no por una disposición personal
sino por oposición
al Imperio y gusto teatral[59].
El 17 de marzo del año 180 Marco Aurelio muere con cincuenta y ocho
años; no se sabe con certeza la causa de su muerte, tal vez fuera la peste o
una enfermedad larga, pudiera ser un cáncer de estómago[60]. Su muerte se
produjo en
Viena, Vindobon, aunque
Tertuliano señala,
de manera poco
fiable, que fue en Sirmio y no en Viena[61]. Le sucede su hijo Cómodo, que
cuatro años antes, 176, era nombrado corregente con los mismos títulos que
su padre, aunque de hecho fuera segundo en el mando del Estado romano;
sin embargo el hecho de ser ya Augusto e Imperator evitó que fuera
necesaria la ceremonia de coronación, simplemente sucedió
a su padre.
MARCO
AURELIO, «EL ESTOICO»
El estoicismo[62]. Apuntes históricos: principales personajes
El año 323 a. C. moría Alejandro Magno y un año después su maestro
Aristóteles, dos figuras que resumen el fin de la época
clásica y el comienzo
del periodo
helenístico: Aristóteles fue el último teórico de una cultura
hecha por
y para la
ciudad-estado, a él
se debe la
formulación más
elaborada de lo que era la ciudad griega, lugar de convivencia,
autosuficiente económicamente
y políticamente autónoma.
Este sistema
socio-político que había funcionado durante
cinco siglos pierde
su
autonomía, aunque pueda resultar paradójico,
a manos de su discípulo
Alejandro; él con sus conquistas acabó con la
independencia de las ciudades
griegas. En este nuevo horizonte el saber clásico se ve sustituido por otro
que poco tiene que ver con el pensamiento aristotélico, por más que emplee
ciertos argumentos o teorías del mismo. De las tres escuelas filosóficas
helenísticas, epicureísmo,
escepticismo y
estoicismo, es sin
duda esta
última la más influyente y la de mayor número de seguidores. Su éxito
puede interpretarse como un saber adaptarse a los cambios socio-políticos
que se habían producido; así frente a la ley, que representa la ciudad
clásica,
se impone
la naturaleza y
se intentará conocer
al hombre a través de su
relación con
ella. La libertad
consistirá en saber
adaptarse a la propia
naturaleza, independizarse
de su contingencia externa y buscar la
tranquilidad de espíritu y la felicidad. En los albores del siglo III a.
C.,
Zenón (335-263 a. C.), su fundador, procedente de Citio (Chipre)[63],
filosofó en el Pórtico Pintado del Ágora, llamado Stoa —de ahí su nombre
—. Su pensamiento fue desabollándose y se adaptó con éxito a otras épocas
y lugares diversos como la propia Roma, cuya introducción plena se origina
en la segunda mitad del siglo II a. C. y en época imperial adquiere su cénit,
representado nada menos que por un emperador, Marco Aurelio.
El estoicismo, a través de escritores latinos como Cicerón, Séneca y
Marco Aurelio, se propagó incluso en esferas cristianas a pesar del
paganismo de esta filosofía;
sin embargo ciertos principios morales estoicos
eran fáciles de asumir por el cristianismo, aquellos principios relacionados
con el
deber, la serenidad
ante los acontecimientos
externos y cierta
moralidad basada en un humanitarismo difuso. Tradicionalmente se han
señalado tres
etapas en la historia
de esta escuela: un primer momento
fundacional, Estoicismo Antiguo, representada por Zenón (335-263 a. C.),
Cleantes (331-232 a. C.) y
Crisipo (281/277-208/204 a.
C.); la influencia
cínica se
dejó sentir desde el
principio ya que su creador, Zenón, fue
discípulo de varios filósofos cínicos,
principalmente de
Crates[64] y
Estilipón. Influyeron también moralistas como Jenócrates, Polemón, quien
acuñó la
máxima de «vivir de
acuerdo con la naturaleza», y Diodoro de
Megara, moralista de influencia socrática; de esta manera el estoicismo
comenzó a
teñirse de un
sentimiento ético desde
el principio. Cleantes,
también asiático como su maestro Zenón, fue su sucesor; su espíritu
religioso y teológico es distintivo de él, ejemplo de
ello es su Himno a Zeus;
no parece
que fuera una
persona especialmente dotada para el desarrollo
filosófico del estoicismo. Es gracias a su discípulo Crisipo[65], nacido
en
Cilicia —Asia Menor—, como se sistematiza la obra de Zenón, dándole un
sentido teórico coherente, una solidez filosófica; en definitiva
representa
para los estoicos posteriores el canon general de la
ortodoxia[66].
Entre finales del siglo III a. C. y comienzo del siglo I a. C. se produce
una renovación
de la Estoa; es el periodo del
Estoicismo Medio, cuyo
máximo logro fue introducirse en la cultura latina con indudable pujanza.
Los principales representantes de esta corriente son Diógenes de Babilonia
(240-152), sucesor de Crisipo, que tuvo que hacer frente a la crítica del
«académico escéptico» Carneades (214/213-129/128 a.
C.); igual que
Antipáter de Tarsos, contemporáneo del anterior, quien se vio obligado a
modificar la teoría ética de su maestro como otros estoicos que fueron, para
defenderse de las críticas de Carneades, tendiendo hacia
un sistema más
práctico y
menos idealista[67]. Tres son
las figuras que
introducen el
estoicismo en Roma y hacen que sea una doctrina ampliamente seguida
entre la aristocracia romana: Panecio de Rodas (185-110 a. C.), Posidonio
(¿135?-51 a. C.) y Cicerón (106-43 a. C.). El primero de ellos procura
desarrollar un sistema de reglas de conducta de carácter general que puedan
ser seguidas por un número amplio de personas; fue amigo de Escipión el
Africano y a través de él se introdujo en los círculos cultos de la ciudad.
Posidonio por su parte crea
una escuela en Rodas, fue un hombre de saberes
diversos: historiador, geógrafo, astrónomo, aunque desconocemos bastante
de su vida y obra; parece ser que estableció una división tripartita del alma
de carácter platónico, al mismo tiempo que su apego a la
ciencia tiene
conexiones con el aristotelismo. De todas maneras tanto la primera como la
segunda Estoa son conocidas por fragmentos o resúmenes de autores
posteriores. No se ha conservado ninguna obra completa de aquéllos si
exceptuamos a
Cicerón, a quien podemos
considerar más un ecléctico:
aunque en sus obras De
Officiis y De Finibus defiende la moral estoica, en
general no aprecia otras partes del estoicismo como la física. Apuntamos
que el
estoicismo del siglo II d.
C., al mismo
tiempo que se abre
a otras
filosofías, va tendiendo progresivamente hacia
una doctrina, perdiendo
su
pensamiento más especulativo[68].
Durante las etapas anteriores el estoicismo estuvo dirigido
por
personajes del mundo helenístico, griegos y en mayor número del Oriente
helenizado; por el contrario la Estoa nueva, desarrollada durante los siglos I
y II d. C., es totalmente romana: Séneca (4 a. C.-65 d. C.), Epicteto (50-120
d. C.) y Marco Aurelio (121-180) son sus máximos representantes. De los
tres fue el autor nacido en Córdoba, Séneca, el más prolijo; su proximidad
con el poder imperial, Nerón, y su prestigio social y económico lo llevaron
a estar en el foco de una conjura contra el emperador que provocó su caída
y posterior
muerte. La obra de
Séneca se caracteriza por poner la moral
estoica como base de la educación y del comportamiento correcto del
romano; su
sello propio, lo
que denominamos «senequismo», no es otra
cosa que
intentar que los
principios estoicos, más
prácticos que teóricos,
produzcan beneficio a las personas, logrando a través de unas normas, tal
vez menos
estrictas que el
estoicismo primitivo, adaptarse a los
acontecimientos; las Epístolas morales a Lucilio son un buen ejemplo de la
finalidad pedagógica de su obra.
La obra
de Epicteto fue
muy estimada en
el siglo posterior
y
concretamente a Marco Aurelio le debió causar una gran impresión por la
relación tan íntima que estableció entre praxis y theoría.
De Epicteto
se
cuenta como anécdota que su amo, un liberto de Nerón, le daba malos
tratos; en
una de estas
ocasiones advierte a
su dueño que si
sigue
apretándole el brazo se lo va a romper y al fracturarse el hueso afirmó:
«Ves,
ya te lo había dicho». Fue manumitido por su maestro,
Musonio
Rufo; su estancia en Roma se vio truncada cuando el emperador Domiciano
expulsó a los filósofos el año 89 d. C., creando una escuela en Nicópolis, en
el Epiro. Sus enseñanzas se hacen célebres y
acuden a escucharlo miembros
de la
aristocracia romana. Sus
lecciones son recogidas
por un joven
discípulo, Arrio, y aparecen sintetizadas en el Enchiridion o Manual, breve
síntesis de su obra más densa, las Disertaciones. La enseñanza
de Epicteto
se mueve en una doble dirección: por un lado vuelve a Crisipo y por otro
predica una libertad interior muy próxima a los cínicos. Su filosofía, llena
de aforismos y paráfrasis, es más una regla de vida donde prima el alejarse
de condicionantes externos que no está en nosotros poder neutralizar.
Epicteto es esencialmente un
educador, la filosofía no
consiste para él en un
sistema doctrinal sino en disciplinar la inteligencia con el fin de dominar el
carácter[69]. Una filosofía
terapéutica en definitiva
que casa bien con
el
espíritu sobrio del joven. Su influencia se dejo sentir profundamente en
Marco Aurelio, como reflejan las Meditaciones[70].
Principales temas estoicos
El pensamiento helenístico en sus principales corrientes
filosóficas,
estoicismo, epicureísmo y escepticismo, es producto, como hemos indicado
más arriba, de la crisis de la ciudad antigua, que conlleva la crisis de las
instituciones sociales, incluida «la familia y la propia personalidad»[71]. La
comunidad de
ciudadanos se disuelve en
formas políticas que le hacen
perder la autarquía y con ello la autonomía. Mientras en el periodo clásico
heleno la responsabilidad del bienestar
público recaía en cada ciudadano y
de este
bienestar público dependía
el privado, en
época helenística se
acrecienta la desigualdad y se rompe el eslabón social entre la ciudad y sus
miembros, sobre todo con las capas populares. Al mismo tiempo que está
surgiendo una nueva sociedad asistimos al nacimiento del estoicismo, una
filosofía menos estructurada y elaborada que el platonismo y el
aristotelismo, pero que de manera más eficaz responde a los cambios
operados. Los
estoicos viven el
conflicto pero no
intentan combatir las
nuevas realidades históricas, sino que tienden hacia la
introspección, la
salvación personal, y en definitiva la eudaimonía[72]. El estoicismo
no va a
elegir la vía platónica en la que prima lo colectivo, no se inclina
hacia la ley
ciudadana, que ahora se muestra escasa de operatividad, en entredicho por
la constitución de formaciones políticas superiores —sean
reinos o Imperios
—, sino
que tiende hacia
lo individual a
través de la naturaleza, eje que
sirve para
igualar a los
hombres, en tanto
que la naturaleza
nos hace en
principio iguales. Todos al
nacer tenemos un
mismo phantastós,
una
representación de las cosas y de la propia naturaleza,
pero no todos sabemos
interpretarlo de igual manera: es necesaria la reflexión filosófica. Es en este
punto, a través de la reflexión y la consiguiente educación, donde
se unen
naturaleza y bien común. Esta relación hace que podamos hablar del
estoicismo como una doctrina propedéutica,
un pensamiento educativo
para
que la persona realice lo que le dicta su alma, de ahí su tendencia, de claro
tinte socrático, hacia la elaboración de un sistema donde prima la moral: no
se trataría de vivir para saber, propio de la filosofía helenística, sino de
«saber para vivir»[73].
La filosofía estoica estructura su edificio conceptual en torno a tres
cuerpos[74]: lógica, física y ética; entendidos no de manera separada, sino
imbricados unos en otros, dado que los tres estudian una misma cosa: el
universo racional. La lógica[75] para los estoicos es el ámbito de la retórica
y de
la dialéctica, constituyéndose en la ciencia del discurso racional;
mientras que la retórica se ocupa del lenguaje y del razonamiento, la
dialéctica permite conocer
lo verdadero de lo falso;
es la cualidad intrínseca
que el sabio debe poseer para poder discernir las palabras, los hechos y las
relaciones. La importancia de la dialéctica en el estoicismo viene
determinada por abarcar tanto las cosas significadas
(significados) como las
cosas que significan (significantes) o,
lo que es lo mismo, por afectar a la
teoría del conocimiento. Es una teoría sensualista en cuanto el
conocimiento consiste en una aprehensión del objeto que queda inscrito en
el alma. Así el conocimiento de un hombre se desarrolla a partir de estas
primeras experiencias sensoriales primarias; cuando
la relación es
totalmente entendida, es diáfana, se produce la katalêpsis, esto es, la
apropiación del objeto. La especulación lógica permite, pues, alcanzar el
conocimiento de los objetos que se refieren a la física y a la ética, dando así
pie a una interrelación entre los tres elementos constructivos en los que se
fundamenta la Stoa.
La physis estoica se constituye en torno a dos principios: uno paciente o
pasivo sería la materia inanimada, otro activo o agente representado en su
escalón más alto por dios, generador a su vez de los elementos animados y
de la materia inanimada, quien a su vez esta formado por el lógos, la razón.
De este modo dios y el mundo terminan uniéndose en la razón universal, la
cual daría lugar el concepto de naturaleza, interpretado no de manera
reduccionista, como hacemos nosotros al designar con este término
únicamente al mundo físico, sino de forma amplia al formar parte de la
naturaleza tanto los entes animados, dioses, hombres y animales, como lo
inanimado. Característica propia de la naturaleza es que está regida por el
principio de la razón (lógos) que a su vez, como hemos señalado, se
identifica con la divinidad, por ello la física estoica recoge en su estudio la
teología al igual que las ciencias naturales;
por ello la ciencia estoica es una
ciencia especulativa, «filosofía de la naturaleza», aunque se practique una
observación de
los fenómenos naturales[76]. Dios va a estar de
manera
presente en el carácter del mundo, más exactamente el mundo es la
sustancia de Dios. El Dios estoico rige el mundo mediante su providencia,
es perfecto, creador de un universo armónico, es un dios providente pero no
trascendente, un dios que impregna de divinidad el mundo. La divinidad
está presente de manera general en los estoicos y muy concretamente en
Marco Aurelio. Lo divino no puede ser una cosa distinta del lógos, y
por
ello mismo representa «la fuerza germinativa racional y el aspecto creador
de la sustancia universal»[77]. Al hilo de estos argumentos surge por fuerza
el problema del mal: ¿cómo es que habiendo armonía y existiendo un Dios
providencial exista el mal? La respuesta estoica es doble: por una parte por
la necesidad de los contrarios, si no hubiera mal no habría bien, ambos se
necesitan; por otra las cosas malas sólo existen en apariencia, si las
tomamos aisladamente pueden parecer malas pero en relación con la
totalidad no lo son; una
brillante metáfora de
Marco Aurelio, sobre
las
imperfecciones del pan, ilustra perfectamente
la visión estoica[78]. La
imposibilidad de conocer la totalidad del universo nos impide diferenciar y
valorar las
cosas en una realidad
trascendente, queda pues como única
valoración la
ley divina universal que
encadena los acontecimientos
de
manera ordenada; es esta ordenación del universo a través del lógos-dios la
que entronca con la naturaleza, siendo desde donde parte la ética estoica.
Hemos dejado para el final la ética, cuerpo doctrinal que se impone, si
no jerárquicamente sí en su utilización, a la lógica y a la física. La máxima
estoica es vivir según la naturaleza; donde acaba la física comienza la ética.
¿Qué significa este principio?; vivir de acuerdo con la naturaleza conlleva
por una parte estar de acuerdo consigo mismo y, en segundo lugar, por su
propia racionalidad innata, ser una parte de la razón universal y participar
de esta razón universal. Ser y formar parte de la razón universal implica un
actuar de acuerdo con ella; para conseguirlo está la virtud, areté,
que
consiste en actuar en armonía con la naturaleza y con la causa última, Dios
—un dios no antropomorfo, en la línea de la concepción oriental más que
helenística—. Para conseguir el objetivo final es necesario actuar con la
recta razón, con el lógos;
de esta manera lógos y virtud se juntan, por ello el
sabio debe
actuar en todo
momento de acuerdo
con su comportamiento
racional, mientras que el ignorante, a pesar de ser del mismo «linaje», por
pertenecer «a la inteligencia y fracción divina», como señala Marco
Aurelio[79], no entiende
la belleza y el
orden de la naturaleza y tiende al
mal. El mal, que no es otra cosa que dejarse llevar por las cosas externas,
por las
pasiones, por la
soberbia, hybris.
El sabio se
distingue del resto
porque debe actuar de acuerdo siempre con su comportamiento racional no
influyéndole lo externo. Los estoicos, como muy gráficamente se ha
señalado, pretendían «confiar solamente al logos, el timón del alma»[80].
Por eso es necesario que el sujeto sea el principal actor de sí mismo, dado
que el
bien lo realiza el
propio sujeto y no lo hacen
las circunstancias
externas; para ello es necesario que el hombre se provea de un instrumental
eficaz, y
éste no es otro
que la aplicación de una serie de virtudes:
prudencia, justicia, valor y templanza.
La moral estoica tiene también una dimensión colectiva; el interés por
los otros, por la colectividad, proviene de la virtud de la justicia, no es un
pacto ni una relación de mutua ayuda lo que provoca la solidaridad entre el
estoico y
sus congéneres, es
una dimensión de
carácter positivo: la
dedicación espontánea a los otros[81]. Acercamiento intuitivo que resulta de
la participación de todos en la razón universal. La convivencia se establece
a partir de otras bases distintas al platonismo y aristotelismo; la búsqueda
personal del bien nos empuja a encontrar en los demás una colaboración
con un idéntico fin: la razón universal. La igualdad de todos en cuanto a su
esencia, no hablamos ni de la igualdad social ni tampoco de la distinción
entre el sabio y el insensato, proviene de formar parte y ser una parte de la
totalidad. La comunidad es vista como una entidad superior y el individuo,
para lograr su objetivo individual, se pone al servicio de la comunidad. La
armonía perseguida en la sociedad es un mecanismo de simpatía que se
refleja en el microcosmos personal o, dicho en otros términos, cuanto más
se acerca
la sociedad a la perfección más cerca
estará el individuo de
alcanzar su objetivo. La lógica desempeña un papel importante en
establecer una serie de argumentaciones favorables para que se establezcan
de manera automática unas reglas de convivencia, a partir del principio de
que todos estamos comprendidos bajo la misma definición de hombres; por
la facultad común de razonar, argumentar y probar, todos somos educables
por la
virtud, incluso nuestros
vicios muestran una
semejanza insólita.
Tenemos
idéntica capacidad de
aprendizaje e inteligencia
inicial, al nacer
poseemos una «representación» de las cosas similar[82].
La obra de Marco Aurelio
Aspectos previos
La obra
de Marco Aurelio que
nosotros hemos llamado
Meditaciones
fue titulada en el manuscrito de Xylander de Augsburgo, Marco Aurelio
emperador, libros sobre sí mismo;
la primera edición impresa en Zúrich en
1558-1559, con traducción latina, fue obra de Andreas Gesner. Muchos
siglos han
pasado desde el
momento que se
escribieron y su
primera
edición; ¿qué sucedió entre el siglo II y el siglo XVI? Tenemos noticias de
que en
el siglo III
se conoce la obra, al menos da esa impresión, por los
escritos de Herodiano y Dión Casio. A mediados del
siglo IV Temistio hace
referencia a la obra de
Marco Aurelio, a la
que llama Admoniciones.
Igualmente se encuentran ciertos indicios de sus escritos en Aurelio Victor,
De Caesaribus
(16, 9), que
escribe hacia el 359-360
y, en
la Historia
Augusta, vita Av. Cass. (III, 6). Ambos coinciden en que antes de emprender
la guerra
contra los marcomanos
expuso los praecepta, sus preceptos
filosóficos. Algún estudioso opina que el desconocido biógrafo de Marco
Aurelio en la Historia Augusta, Flavio Vopisco Siracusano, conocía la obra
del emperador. Parece ser que el emperador Juliano sabía y manejaba los
escritos de Marco Aurelio. Después del siglo IV hay un silencio de siglos
sobre las Meditaciones que dura hasta el siglo X, cuando Aretas, obispo de
Cesarea, dirige una carta, hacia el 907, a
Demetrios, metropolitano de
Heraclea[83].
El título de la obra es conocido en castellano sobre todo por
Meditaciones,
pero la versión
española más antigua,
de Jacinto Díaz
de
Miranda (1875), empleó el término Soliloquios
o reflexiones
morales. De
todas maneras
el término Meditaciones
es el más
generalizado, aunque
podemos observar que no existe
un título único y definitivo para estos
escritos: Aretas los nombró «libros escritos para sí mismo»; en latín ha sido
denominado De
Officio vitae («Del
deber de la vida»), Commentaria quos
ipsi sibi scripsit («Comentarios que él ha escrito para sí mismo»); en otras
lenguas recibe títulos que podemos traducir como Pensamientos morales.
Conversaciones consigo mismo…[84]. Lo incierto del título, la dificultad
para enmarcarlo claramente en un género literario, posiblemente
pueda
relacionarse en cierto sentido con el género aforístico, pero también con las
hypomnémata,
notas personales. La
originalidad del propio
texto, sin un
orden o
sentido que haya sido
definido de manera segura, y un
estilo
literario a veces oscuro y difícil de traducir, hace que
la finalidad y
los
destinatarios de la misma sean discutibles. La obra presenta dos partes bien
delimitadas; el libro primero, posiblemente el más tardío y compuesto como
prólogo o
epílogo a la obra, es una relación
de personas a las que le
agradece haber formado parte de su vida: familiares, Antonino Pío,
educadores, amigos; es en definitiva un documento íntimo de quienes han
sido importantes en su vida.
El resto de los
libros, del II al XII, es un
soliloquio espiritual y filosófico.
Un problema fundamental al que nos enfrentamos, consecuencia
de lo
anteriormente expuesto, es conocer el objetivo de los escritos; en principio
parece únicamente, como señalan diversos autores, una obra escrita para sí
mismo. El emperador se encuentra a solas consigo mismo[85], un dialogo
íntimo cuyo principal y fundamental destino es el propio autor. Es factible
que el
emperador no buscara
componer un tratado
moral para darlo
a
conocer a
un público más o
menos amplio; sin embargo creemos que la
obra se ha escrito con una finalidad que traspasa a la propia persona. No es
fácil argumentar con datos fiables sobre cuáles eran las intenciones últimas
de Marco Aurelio; sin embargo el estilo cuidado, rebuscado a veces, con
metáforas brillantes en otras ocasiones, nos hace pensar en un escrito
pendiente tal vez de una elaboración definitiva que no llegó, que pretendía
darlo a
conocer a un círculo
muy restringido de amigos íntimos o,
sin
descartar lo anterior, para su propio hijo, claro sucesor desde el 166
(designado César) y de manera definitiva en el 175 (recibe el Imperio).
Estaríamos ante una especie de testamento espiritual y moral dirigido a su
hijo Cómodo. No nos parece, en cambio, que fuera una obra destinada a
servir de
ejercicio de escritura,
práctica que aconsejaban
los maestros
estoicos a sus discípulos[86],
y a pesar de lo poco estructurada y
deshilvanada que pueda estar la obra —únicamente se puede ver una
continuación y un carácter unitario entre los libros II y III, o desde la mitad
del libro
XI hasta el final del libro
XII[87]— Marco
Aurelio muestra un
cuidado especial en no repetir los mismos razonamientos con las mismas
palabras; las frases son construidas con sutiles diferencias entre unas y
otras.
El estoicismo de Marco Aurelio
Quienes vayan buscando en las Meditaciones de Marco Aurelio
acontecimientos que permitan conocer su reinado van a verse sorprendidos
por una
obra donde la
introspección profunda es
la tónica general,
si
exceptuamos el libro primero que, como hemos indicado anteriormente, es
el más referencial de todos y nos permite comparar lo expuesto con fuentes
como la
Historia Augusta. Dicho
libro es esencial para conocer a las
personas que vivieron en torno a él, su afición por la filosofía y su desdén
por la
vida de corte, la
facilidad para caer en la cólera y la necesidad de
control sobre la misma (1.17, 14)[88]. El libro primero muestra un elenco de
virtudes cívicas y políticas, la
mayoría de ellas
atribuidas a su «padre
adoptivo», Antonino Pío (1.16): moderación en el gasto, preocupación por
el bien común, mantener las costumbres tradicionales de
los romanos, tanto
en ritos como en gustos. Posiblemente se trate
del último libro escrito por el
emperador-filósofo, diferente completamente al resto de los volúmenes; tal
vez una síntesis de su vida, un recuerdo nostálgico de quienes estuvieron a
su lado para enseñarle el camino de la razón.
Marco Aurelio es un estoico de la última generación. La vertiente
intimista se sobrepone a otras consideraciones, lo externo queda alejado de
sus preocupaciones en tanto en cuanto resulta azaroso y por ello
difícilmente controlable; una de las máximas más repetidas de Epicteto es
apartarse de
lo que no depende
de nosotros[89]. El emperador sigue la
misma doctrina en numeras ocasiones, manifiesta que sólo es bueno o malo
lo que
depende de nosotros,
6.41, 7.2, o, por
ejemplo, en 2.7, donde se
pregunta: «¿Te distraen los
acontecimientos exteriores? Ofrécete
reposo
para aprender algo bueno y dejar de dar tumbos». Es un repliegue
psicológico lo que defiende el estoicismo de época imperial, ¿respuesta a
una crisis socio-política que se avecina en el Imperio? No exactamente; es
demasiado pronto para que los ciudadanos romanos, y los estoicos entre
ellos, sean capaces de vislumbrar una alteración del sistema. Sin embargo
esta interiorización y negación de lo externo responde por un lado
al
estoicismo de este momento, una doctrina que tiende al pesimismo vital por
cuanto es un combate continuo entre lo que somos y lo que debemos ser,
combate marcado más por el fracaso que por el éxito, dado que el hombre
«sabio» al que aspiran es más bien un ideal que una realidad. Por otra parte
la negación de lo contingente responde, en la línea individualista de los
fundadores de la doctrina, a una negación del conflicto, a una necesidad
imperiosa de armonía, armonía identificada
con la naturaleza; de esta
manera se
establece esta argumentación sobre el comportamiento
socialmente malévolo: actuar contra la naturaleza es entrar en conflicto,
dado que
la naturaleza posee
la máxima racionalidad;
quien provoca el
conflicto o es un ignorante o actúa contra natura. Detrás de este
planteamiento subyace la necesidad de mantener un orden social, unas
jerarquías sociales. Marco Aurelio suaviza el mensaje, «hemos nacido para
la colaboración, como los pies, las manos, los párpados… Entrar en
conflicto unos con otros es contrario a la naturaleza» (2.1), pero subyace
una incapacidad de entender el conflicto como respuesta a unas realidades
sociales; en Marco Aurelio la
contradicción es más fuerte al estar situado en
el vértice de la pirámide[90].
La cosmovisión de Marco Aurelio
Tal vez haya que comenzar precisando dos conceptos: el estoicismo es
un sistema holístico, cada una de las partes, lógica, física y ética, están
interrelacionadas; en segundo lugar las Meditaciones son fundamentalmente
un tratado
sobre los comportamientos
del hombre, sus
actuaciones y
justificaciones; utilizando
la terminología de Hadot, son un ejercicio
espiritual.
La cosmovisión estoica parte de los objetos reales, de lo material, a
diferencia del platonismo. El cuerpo es una realidad en tres dimensiones,
capaz de
acciones y reacciones
mecánicas, por ello
habita en un
determinado espacio; este espacio es nuestro universo, que
está ocupado por
la materia
corpórea. Sobre esta
base material se
asienta el sistema
físico
estoico; exclama Marco Aurelio: «una sola tierra es para todos los
terrestres, vemos con una sola luz y respiramos un solo aire todos cuantos
pueden ver
y son animados»
(9.8). Se construye
un sistema donde el
universo es
el espacio ocupado por
la materia corpórea[91]. El hombre,
núcleo del
pensamiento estoico, es
el habitante más
complejo de este
espacio al componerse de elementos materiales y espirituales:
sôma,
cuerpo, psyché, alma o principio vital, y noûs, inteligencia, trilogía que
aparece claramente reseñada por el emperador-filósofo[92].
Hasta aquí podemos señalar que la doctrina estoica reduce la existencia
a elementos físicos, pero a partir de este momento se introducen conceptos
en desacuerdo con la línea de pensamiento atomista.
Primeramente
defienden la existencia de un principio cósmico inteligente,
que lo penetra
todo y es idéntico a Dios, divinidad de trasfondo oriental, y omnipresente.
Marco Aurelio en 12.5 establece de manera precisa la relación entre
divinidad → naturaleza → hombre. Dios aleja al sistema estoico de caer en
una corriente
materialista al añadir
el providencialismo como
elemento
consustancial (2.3). Aceptados de manera natural, los dioses no necesitan
demostración de su existencia, es un acto de fe, «pero existen», dice el
emperador-filósofo para atajar toda duda (2.11.3). Sobre este base se
configura una explicación donde la sustancia universal está impregnada de
razón, de lógos, y este «orden» racional no puede ser ajeno al creador de la
propia sustancia universal, que se muestra no trascendente sino inmanente
al mismo[93].
Reflejo de un Dios-razón, Dios-lógos, es que el universo está ordenado
en todas y cada una de sus partes. Cada uno de nosotros forma parte de este
todo que se forma a partir
de las partes, que se entremezclan y conforman la
substancia universal (7.9; 9.8). Señalábamos anteriormente la existencia
del
hombre y su espacio de acción: la tierra, pero ¿qué lugar ocupa el hombre
en esta
interpretación? Somos una parte ínfima de la substancia universal
(5.24), jerárquicamente más elevada que los animales, ya
que a éstos sólo se
les ha distribuido un alma animal y a los hombres un alma
inteligente (9.8).
Lo mismo que existen jerarquías entre los distintos seres y entre éstos y
Dios, existen diferencias entre los hombres: la diferencia fundamental
reside en
la capacidad que
tenga cada uno
para vivir conforme
a la
naturaleza, entendida como lógos, o dicho de otra manera, la naturaleza es
armónica (6.38) y por ello conviene vivir de acuerdo con la naturaleza, con
ello conseguimos la felicidad. Como consecuencia de ello, en la mayor o
menor capacidad que tengamos para discernir cómo llegar a la felicidad
reside la
distinción entre los
hombres, entre el
sabio y el
ignorante. La
diferencia entre ambos no proviene del nacimiento; todos al nacer tienen
una misma
representación de las
cosas, phantastós
(3.11), pero no
todos
logran alcanzar una representación no distorsionada de sí mismos y de la
naturaleza. La causa está en el hombre mismo, hay que cavar en el interior
(7.59) para lograr sacar la verdad, no todo es suposición (2.15), no todo es
subjetivismo, añadimos nosotros.
La duda
queda abierta; dado
que no todos los
hombres consiguen la
verdad, actuarán de manera errónea para sí mismos
o para los demás,
aunque sea contra su voluntad (7.63). Estamos pues ante el problema del
mal. Sin embargo para los estoicos el mal no existe, es decir no hay un mal
metafísico, hay males aparentes, males externos que no dependen de
nosotros y por ello son indiferentes; como afirma Marco Aurelio «para el
cuerpecillo todo es indiferente» (6.32): la enfermedad, la muerte, la
maquinación, el temor, todo
aquello ajeno a
nosotros y que no
podemos
transformar no nos puede hacer mal. En cambio sí depende de nosotros lo
contrario al mal, la virtud. Estamos de lleno en la parte del pensamiento
estoico más desarrollada por sus autores, la ética, y Marco Aurelio no es
una excepción.
La virtud para los estoicos pertenece al dominio de la ética pero forma
parte también de la teoría del conocimiento; para ellos la virtud consiste en
conocer el
vínculo entre lo
divino y lo humano
(7.31). Los estoicos
establecen un completo elenco de virtudes, beneficiosas para uno mismo o
para la
colectividad, pero con
una característica común,
la autarquía. La
virtud depende de uno mismo, trae el bien al individuo y con ello la
eudaimonía, la felicidad. No es la ocasión de enumerar todas y cada una de
las virtudes que aparecen en las Meditaciones[94], únicamente nos
vamos a
referir a la casuística empleada por el estoicismo con el fin de desarrollar o
facilitar la práctica virtuosa. Desde largo tiempo, los estoicos habían
desarrollado una teoría bastante elaborada
de la noción de valor; ellos
distinguen tres grados de valor: en primer lugar tienen valor las cosas que
son parte integrante de una vida de acuerdo con la naturaleza, esto es, las
cosas que
generan virtud. Vienen en segundo lugar aquellas que pueden
ayudar de manera secundaria
a la virtud, cosas que en
sí no son ni buenas ni
malas, pero que en su ejercicio permiten practicar la virtud, por ejemplo, la
salud o la riqueza. Por último las cosas que en ciertas circunstancias pueden
ser útiles a la virtud; como observamos, una completa radiografía de la
acción virtuosa (3.11)[95].
Por último
vamos a hablar de
la conciencia colectiva
estoica; los
estoicos desplazan el planteamiento colectivo
platónico y aristotélico
basado en la ley, para ellos es la naturaleza la que nos da un origen común y
la que nos inspira respeto mutuo (3.11). La naturaleza a través de la razón y
de la reflexión filosófica permite el bien
común. No duda Marco Aurelio en
señalar que la constitución debe estar basada en la libertad y en la justicia
(1.14); tal vez sea éste el
único punto del pensamiento estoico donde impera
el optimismo, donde aparece la sociedad como una comunión de hombres
en pos del bien común[96].
Marco Aurelio fue un emperador insólito, no por su conocimiento del
saber clásico, que ejercitaron emperadores
anteriores a él: desde Claudio,
interesado por la antigüedad etrusca, o Antonino Pío, admirador de
personajes ilustrados e incitador del aprendizaje clásico en sus dos hijos
adoptivos: Lucio
Vero y Marco Aurelio, o el
mismo Adriano, del que
recordamos ese breve poema —sin duda de mentalidad estoica— que
comienza con el entrañable homenaje a su espíritu cansado y fatigado[97], y
que expresa
un buen dominio
literario, reflejo de su
amplio saber.
Fue
insólito porque su conocimiento y deseo se movieron
intensamente entre los
filósofos; su aspecto y costumbres fueron claramente estoicas, su política,
por necesidad
pragmática, se impregnó en
la medida de
lo posible del
estoicismo. Por supuesto no se puede decir que en política exterior
gobernara con planteamientos propios de la Estoa, entre otras cosas porque
no había posibilidad de reconciliar un mundo en gran medida pensado para
una ciudadanía greco-romana cultivada, que
a su vez
era imperialista e
interesada en la expansión
territorial, o al menos en el mantenimiento de los
territorios bajo su dominio. Contraria por completo a la ferocitas bárbara,
los bárbaros únicamente eran apreciados si eran útiles al sistema romano,
bien como trabajadores de la tierra o como fuerzas militares. En cambio de
su política con los ciudadanos quedó constancia su magnanimidad: la
actitud generosa hacia los familiares o ciudades aliadas del usurpador
Avidio Casio. También decretó que los senadores no fueran ejecutados, ni
siquiera bajo el beneplácito de sus propios colegas. Reorganizó las
fundaciones alimentarias,
probablemente con el
fin de que fueran más
eficaces. Intentó que su legislación fuera impulsada por la justicia; para dar
ejemplo, él mismo juzgaba con dedicación diversos asuntos,
tanto en Roma
como en
los campamentos militares. No dudaba en hacer frente a lo que
consideraba injusto; así cuando el ejército, en un momento difícil para el
Estado, le pidió más emolumentos, él le respondió que no podía pagar lo
que iba
a salir de sus
padres e hijos, añadiendo a continuación,
ante la
inminencia de un motín del ejército, que el Imperio sólo provenía de la
Providencia.
Marco Aurelio como escritor[98]
Para valorar el estilo de Marco Aurelio hay que tratar primero algunas
cuestiones, como son el contexto literario en el que escribió, los
antecedentes que
más influyeron en él y los destinatarios
a los que se
dirigía.
Pero quizá antes que nada habría que aclarar por qué escribe en griego,
ya que
desde nuestro punto
de vista resulta
bastante chocante que
un
emperador romano use como forma de expresión una lengua que no es la
suya. La justificación es sencilla si pensamos que es una época en la que
existía en las clases altas romanas un enorme interés por la cultura literaria,
filosófica y científica griegas, que
hace que el griego sea muy valorado
como lengua cultural. Por otra parte, desde un punto de vista práctico, en
toda la parte oriental del Imperio la lengua de comunicación era el griego.
Esto hacía que desde la más tierna infancia se iniciase a los niños romanos
de clase alta en el aprendizaje de la lengua de Homero[99]. En el caso de la
expresión filosófica el griego se hacía todavía más necesario[100] y existía
toda una discusión sobre si era posible usar el latín para hablar de filosofía
con partidarios en un sentido u otro. En definitiva, Marco Aurelio
sabía
griego desde pequeño y era capaz de usarlo con maestría y gran
conocimiento.
Sobre el contexto literario baste señalar que estamos en el momento de
mayor apogeo de la llamada Segunda Sofística, que pretendía volver al
brillo retórico de los grandes autores, especialmente oradores,
de los siglos
V y
IV a. C. En época de Marco Aurelio estaban brillando como escritores
en prosa griega autores como Elio Arístides, Filóstrato, Herodes Ático, etc.
A pesar
de que nuestro
autor tuvo tratos
con ellos —incluso
recibió
enseñanzas de algunos, como Herodes Ático— y los protegió[101], a la hora
de escribir sus Meditaciones, intentó separarse por completo de sus
postulados y propuestas literarias; de hecho, rechaza la sofística de forma
explícita (1.7, 1.17). Su propuesta literaria es
fundamentalmente
antirretórica porque establece una diferencia
tajante entre la filosofía,
concebida como práctica moral, y la literatura retórica. Por tanto, no es en
el contexto
literario griego de su
época donde se pueden encontrar los
antecedentes estilísticos
de Marco Aurelio, puesto que su obra se plantea
como una
ruptura con la
expresión literaria del
momento, que era muy
retórica.
Aunque se ha insistido mucho
en el carácter intimista y de introspección
de las Meditaciones, estamos convencidos de que no es una obra concebida
exclusivamente para consumo del propio autor[102]. Nadie puede negar que
tiene un
cuidado muy especial
en su forma de
expresión, que busca un
estilo propio. Si consideramos que el contenido es muy repetitivo e incluso
a juicio de algún crítico se puede resumir en dos o tres frases[103], llama la
atención que no existan repeticiones formales en la expresión, que cada vez
se exprese
la misma idea de
forma distinta[104]. Si fueran exclusivamente
reflexiones íntimas destinadas a ser leídas sólo por su autor no se habría
puesto tanto cuidado para expresarlas.
Está claro que estaba pensando en
algún tipo de público al que pretendía transmitir enseñanzas morales. Como
se ha
comentado ya se
podría pensar incluso
en un círculo
familiar muy
restringido, incluso su hijo Cómodo, aunque no es ésta, desde luego, la
opinión más extendida hoy día.
Puesto que Marco Aurelio se exige a sí
mismo un estilo
personal
determinado y desecha la forma de expresión literaria preponderante en su
momento, debemos plantearnos hacia dónde dirigió su mirada para elaborar
su estilo. Está claro que hay que buscar sobre todo en el estoicismo y de
forma más
general en la
filosofía. Basta acudir
al inventario de
citas
contenidas en las Meditaciones para comprobarlo[105]. En efecto el
personaje al que más veces alude es Sócrates y el autor al que más veces
cita es Epicteto, seguido después por Platón, Epicuro, Heráclito, Crisipo y
Demócrito. Fuera
del mundo filosófico el
autor del que
menciona más
pasajes es Eurípides[106]. No
existe ninguna referencia
explícita a ningún
autor latino[107],
aunque sabemos por otras fuentes que sí leyó y gustó a los
grandes poetas de la literatura latina[108]. Nos encontramos, por tanto, con
una renuncia voluntaria a todo el mundo latino para centrarse en el griego,
fenómeno que se explica si tenemos en cuenta que Marco Aurelio está
haciendo filosofía y considera que el griego es su lengua natural de
expresión. Cualquier lector de las Meditaciones que conozca los textos de
Epicteto encontrará enormes semejanzas en la expresión y en el tono
literario de ambos autores. Éste es, desde luego, el antecedente más claro
del estilo marcoaureliano y en buena medida del
contenido.
En Epicteto, especialmente en su Manual (Enchiridion), encontramos
los rasgos
más llamativos de
nuestro filósofo-emperador.
La exposición
moralizante sentenciosa se transforma con frecuencia en diálogo, que no es
sino herencia de la diatriba cínica y estoica. No en vano ambas escuelas
pretenden entroncar con Sócrates, que, no por casualidad, es la figura más
citada de forma expresa por Marco Aurelio. Este diálogo en ambos autores
muchas veces es introspectivo, el propio yo se desdobla y pone las
objeciones a la línea principal del pensamiento moral, objeciones que son
rápidamente rebatidas[109]. Fue un recurso literario muy difundido en todas
las obras
que intentaban transmitir
enseñanzas de filosofía
moral, ya que
proporciona vida al texto. El antecedente último habría que buscarlo en los
Diálogos de Platón.
Otro recurso que comparte con Epicteto es el de la metáfora y
comparación, en general sacadas del mundo de la naturaleza o de oficios
artesanales. Quizá sea éste de los procedimientos estilísticos
más eficaces
en Marco Aurelio y que más llaman la atención del lector moderno, que no
puede negar su fuerza, aunque es probable que sean pocas sus metáforas
originales. Las que no encontramos en el propio Epicteto probablemente las
encontraríamos en otros autores estoicos si dispusiéramos de más textos de
ellos. De
nuevo es un
procedimiento que le
da vida y atractivo
a la
exposición; es, por lo demás,
algo característico de
textos que intentan
aleccionar moralmente.
También coincide con Epicteto en el hecho de usar vocabulario técnico
propio de la filosofía estoica, que remonta
a Crisipo. Pero mientras Epicteto
intenta explicarlo, Marco Aurelio lo da por supuesto, con ello provoca el
distanciamiento del lector no iniciado.
Además, en este terreno,
supera
claramente a Epicteto porque se complace en el uso de términos raros,
muchas veces compuestos de varios elementos, que son propios de cierto
rebuscamiento y exhibición. Muchos de ellos, dada la escasez de los textos
que nos
han llegado de los
estoicos, son para nosotros hápax, es decir,
términos que sólo están documentados una vez, en Marco
Aurelio.
El carácter aforístico de ambos deriva de la pretensión didáctica y
exhortativa (parenética) que preside el conjunto. Es una prosa moralizante
que pretende cambiar la actitud del lector (no importa que esté destinado a
muchos o
a pocos). Para ello
más que razonar intenta transformar la
enseñanza en frases breves llamativas que se cargan del máximo sentido
posible mediante expresiones aparentemente antitéticas, rasgo que facilitará
su recuerdo y puesta en práctica y que obliga al lector a reflexionar sobre
ellas para alcanzar su significado último. Esta forma de expresión
condensada y antitética se
puede remontar en la
historia de la prosa griega a
Heráclito[110].
Estos últimos rasgos nos acercan a la característica más acusada en
Marco Aurelio, la oscuridad de su expresión. En parte viene dada por el
vocabulario, en parte por el afán de síntesis. Pero, sobre todo, la provoca el
abuso de
expresiones abstractas (especialmente neutros sustantivados) de
las que el lector desconoce su referente, con lo que no sabe a qué se está
aludiendo. Téngase en cuenta además que la contextualización es casi
imposible cuando muchas veces se
trata de pasajes muy cortos que no
tienen nada
que ver con los precedentes o siguientes. En este caso
su
antecedente estilístico lo
podemos encontrar en Heráclito (de nuevo, otro de
los autores a los que le gusta citar), que es el máximo exponente de una
prosa filosófica oscura que se puede cargar de muchos significados, y que,
por tanto, es muy exigente con su destinatario.
Marco Aurelio ha buscado la forma de expresión que pensó que mejor
se adaptaba a las verdades filosóficas de naturaleza moral que nos quiere
transmitir. Se trata del estilo estoico, basado en la negación de la retórica,
que ya
había caracterizado con
precisión Cicerón: es a
menudo sutil y
agudo, pero las más de las veces resulta seco, extraño, repelente
al oído,
oscuro, vacío[111].
Ésa es
la impresión que
han tenido muchos
lectores de las
Meditaciones.
CRONOLOGÍA DE MARCO AURELIO
121 d. C. Nacimiento de Marcus
Annius Verus (Marco Aurelio) el 26 de
abril.
124 Muerte del padre de Marco
Aurelio, siendo pretor.
127 Marco Aurelio forma parte
del orden ecuestre.
128 Con siete años es salius Palatinus y comienza su educación.
133 Comienza su educación
secundaria y es atraído por la filosofía.
136 Asume la toga viril. Es
prometido en matrimonio a la hija del
cónsul L. Cómodo. Conoce a Apolonio, el filósofo estoico.
138 Con dieciséis años es
adoptado por Antonino. Es cancelado su
anterior compromiso matrimonial y es prometido a
Faustina,
hija de Antonino. Ascensión de Antonino al trono
imperial, tras
la muerte de Adriano.
139 Es un año crucial para
Marco Aurelio. Cuestor a la edad de
diecisiete años y designado cónsul para el año siguiente.
Nombrado César, entra a formar
parte del colegio mayor de
sacerdotes. Pasa a ser formado, entre otros, por Cornelio
Frontón.
140 Cónsul por primera vez,
junto con Antonino Pío.
145 a 150 Segundo consulado,
casamiento con Faustina. Recibe la
potestad tribunicia. Tiene a su
primera hija, Faustina, y después
a la segunda, Lucila.
150 a 160 Nacen más hijos del
matrimonio de Marco Aurelio y Faustina.
161 Tercer consulado. Muerte de Antonino Pío. A la edad de treinta
y nueve años es proclamado emperador y asociado a él,
Lucio
Aurelio Vero. Nacen Antonino y
Cómodo. Problemas militares
en el Este.
162 Nacimiento de otro hijo,
Anio Vero.
163 Victorias romanas en Armenia.
166 Victorias en Partia.
167 Problemas militares en la
frontera norte.
168 Los dos emperadores se
trasladan hacia el norte.
169 Muerte de Lucio Vero. Marco Aurelio vuelve a Roma por unos
meses, en otoño retorna a la frontera norte.
170 Nacimiento de la más joven
de las hijas, Sabina.
171 Problemas militares que
van a continuar hasta el resto de su
gobierno.
172 Ofensiva romana a la
invasión de Grecia e Italia. Se establece
en Camunto ese año y el siguiente.
175 Rebelión de Casio en el
Este. Armisticio con los sármatas.
176 Muerte de Faustina, su
mujer. Marco Aurelio vuelve a Roma
para una estancia de poco más de un año.
177 Asocia al imperio a su
hijo Cómodo.
178 Retorno a la frontera
norte.
179 Victoria sobre las tribus del Danubio.
180 Muerte de Marco Aurelio en
Viena a la edad de cincuenta y
ocho años.
ESTA EDICIÓN[112]
Para la presente traducción se ha usado como texto el más moderno y
fiable, el de J. Dalfen, Marci Aurelii Antonini. Ad se
ipsum libri XII,
Leipzig,
Teubner, 1987. De esta edición se ha tomado la numeración interna de los
pasajes. Para el libro primero hemos utilizado además el de P. Hadot, Marc
Aurèle. Ecrits pour lui-même, I, París, Belles Lettres, 1998, y discutido en
notas las divergencias más notables entre ambos. En sus introducciones se
pueden encontrar amplias descripciones sobre
la tradición manuscrita
de
Marco Aurelio y el establecimiento de su texto con referencias
bibliográficas, por lo que no
nos vamos a ocupar
de este aspecto. Baste
decir que es un texto corrupto con numerosas dificultades y puntos oscuros,
para los que existen múltiples conjeturas.
Sólo vamos a indicar aquí los pasos más significativos para llegar
al
texto moderno. Hay que partir de Xylander de Augsburgo, responsable de la
primera edición impresa de Zúrich en 1558, a la que acompañó de una
traducción al latín que marcó en buena medida la forma de comprensión
posterior de muchos pasajes. La edición de Cambridge de Th. Gataker de
1652 con texto griego, traducción latina y comentario supuso otro avance
fundamental en la interpretación de las Meditaciones. Entre las ediciones de
la primera mitad del siglo XX con texto griego destacan las de A. I. Trannoy,
París, Belles Lettres, 1925, con traducción al francés, y sobre todo la de A.
S. L.
Farquharson, The Meditations of the Emperor Marcus
Antoninus,
Oxford, 1944, en dos volúmenes, uno con el texto griego y traducción al
inglés y otro dedicado a un valioso y amplio comentario de quien sin duda
fue el mayor especialista
en Marco Aurelio del siglo
XX[113]. En general, los
traductores posteriores a Farquharson dependemos
en gran medida de
él[114], aunque él depende a su vez de sus
antecesores.
En cuanto
a las traducciones
al español hemos
usado las siguientes.
Debemos confesar que todas ellas nos parecen muy meritorias, fruto de un
trabajo directo sobre el original griego, y nos han sido
de gran utilidad.
J. Díaz
de Miranda, Soliloquios
del emperador Marco Aurelio,
1785;
luego se
ha reeditado en
la Biblioteca Económica
Filosófica, en la
Colección Austral, etc. Sorprende encontrar
ya resueltas en esta primera
traducción al español muchas de las dificultades del texto, lo que demuestra
que fue fruto de un trabajo serio y riguroso.
Miguel Dolç, Marco Aurelio. Meditaciones, Barcelona, 1945 (reeditada
en el año 2000). Es una traducción personal que a veces arriesga en cuanto
a la
comprensión, la mayor
parte de las veces
con éxito, otras no tanto.
Consigue verter el texto en un buen español. Las notas son muy escasas.
Usa el texto de Trannoy.
R. Bach Pellicer, Marco Aurelio.
Meditaciones, Madrid, 1977. Es una
traducción precisa y segura que resulta en algún caso algo monótona, pero
casi siempre muy fiable. Tiene
más notas que la anterior. Su texto de partida
es el de Trannoy complementado
con Farquharson.
B. Segura Ramos, Marco
Aurelio. Meditaciones, Madrid, 1985. Lo más
admirable de esta traducción es la fuerza y
garra que sabe
imprimirle al
texto español. En este sentido es la más actual y cercana a la sensibilidad
del lector moderno. Escasa en sus notas. Su texto de
partida es el de Dalfen.
En la
presente traducción se
ha perseguido, dentro
de la fidelidad al
espíritu del texto, la claridad para el lector actual. A este fin se ha buscado
la congruencia en la traducción de los términos significativos: en lo posible
se traducen siempre de la misma forma. En la misma línea se han añadido
notas explicativas y elaborado los índices, además de una introducción para
contextualizar obra y autor.
BIBLIOGRAFÍA
Ofrecemos una selección bibliográfica para
profundizar en el estudio de
las Meditaciones.
a) Obras antiguas especialmente relacionadas con las Meditaciones
EPICTETO,
Enchiridion, ed. R. Alonso García, Madrid, 1993.
— Disertaciones por Arriano, ed.
P. Ortiz García, Madrid, 1993.
FRONTÓN,
Epistolario, ed. A. Palacios Martín, Madrid, 1992.
Historia Augusta, ed. V. Picón y A. Cascón, Madrid, 1989.
b) Estudios modernos
BERRAONDO,
J., El estoicismo, Barcelona, 1992.
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BOWERSOCK,
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Empire, Oxford, 1969.
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Latin Literature and Roman
History, Bruselas, 1979.
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mundo helenístico: cínicos,
estoicos y epicúreos, Madrid, 1996.
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ELORDUY,
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Marcus Antoninus,
vol. I:
Text and
Translation; vol. II: Greek
Commentary, Oxford,
1944.
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Aurelius. His Life and his World,
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—The Meditations of Marcus Aurelius Antoninus, Oxford,
1989.
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Introduction aux Pensées de Marc
Aurèle, París, 1997.
— Marc
Aurèle. Écrits pour lui-même. Livre I, París, Belles Lettres,
1998.
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El intelectual, la realeza y el poder político en
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SHARPLES,
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Sceptics, Londres, 1996.
MEDITACIONES
LIBRO PRIMERO
1.1 De mi abuelo[115] Vero, el buen carácter y
la ausencia de cólera[116].
1.2 De la
fama y recuerdo
del que me engendró[117],
la decencia y
la
virilidad.
1.3 De
mi madre[118], la devoción, la generosidad y refrenarse tanto
de
hacer daño como de tener la idea de hacerlo; (2) además, la sencillez en el
régimen de vida lejos de las costumbres de los ricos.
1.4 De mi bisabuelo[119], no frecuentar las escuelas públicas; (2) disfrutar
de
buenos maestros en casa; (3) saber que en eso hay que gastar de forma
espléndida.
1.5 De
mi preceptor[120], no ser de
los verdes[121],
ni de los azules
en el
circo; (2) ni de los del escudo tracio[122], ni de los del samnio en el
anfiteatro; (3) aguantar, necesitar poco, bastarse con sus propias manos,
saber estarse tranquilo y no ser receptivo a la calumnia.
1.6 De
Diogneto[123], no
perseguir la frivolidad;
(2) desconfiar de
las
palabras dichas por fantasiosos o charlatanes sobre
encantamientos,
exorcismos y cosas por el estilo; (3) no jugar a la codorniz[124] y
no
apasionarme por tales
futilidades; (4) soportar que le hablen a uno claro; (5)
tener familiaridad con la filosofía; (6) escuchar a Baquio[125], después
a
Tandasis[126] y a Marciano[127]; (7) a escribir diálogos de niño; (8) anhelar
el camastro con su pellejo y cosas semejantes propias del entrenamiento
helénico[128].
1.7 De
Rústico[129], haberme representado la necesidad
de un
enderezamiento y tratamiento moral del carácter; (2) no haberme dejado
arrastrar a la emulación propia de los sofistas[130], ni a escribir sobre teorías,
ni declamar discursitos exhortativos ni
exhibirme con
ostentación
impactante como hombre ascético y bienhechor;
(3) haberme apartado de la
retórica, el arte poético y el preciosismo; (4) no pasearme por casa con ropa
solemne ni cosas por el estilo; (5) escribir las pequeñas cartas en estilo
sencillo como lo que él mismo escribió a mi madre desde Sinuesa[131]; (6)
frente a los que tienen mal carácter y ofenden ser dócil y complaciente en
cuanto quieren retroceder; (7) leer con precisión y no conformarse con
hacer un
recorrido mental genérico
ni con agregarse
con rapidez a la
opinión de los que charlan en demasía; (8) toparme con los apuntes de
Epicteto, de los que me hizo participar siendo suyos.
1.8 De Apolonio[132] ser libre y no depender sin discusión de una tirada de
dados; (2) no mirar a ninguna
otra cosa, ni un poco siquiera, sino a la razón;
(3) mantenerse sin alteración en los dolores agudos, en la pérdida del hijo y
en las enfermedades graves; (4) ver de forma resplandeciente en el ejemplo
de su
propia vida que la
misma persona puede ser a un
tiempo muy
vehemente y muy relajada;
(5) no enzarzarse en los
comentarios filosóficos;
(6) ver a un hombre que tenía en mínima estima, entre sus propios méritos,
la experiencia y habilidad de transmitir sus teorías; (7) aprender cómo hay
que tomarse los favores aparentes de los amigos sin hacerse de menos ante
ellos ni dejarlos pasar inadvertidamente.
1.9 De Sexto[133], el buen ánimo; (2) el ejemplo de su casa administrada de
forma patriarcal; (3) la determinación de vivir conforme a la naturaleza[134];
(4) la solemnidad sin artificio; (5) la preocupación solícita por los amigos;
(6) la capacidad de soportar
las creencias irreflexivas de los profanos; (7) su
compenetración con todos hasta el punto de resultar su trato más agradable
que cualquier adulación y él digno del máximo respeto para todos más allá
de la
ocasión concreta; (8) su
comprensión y método para descubrir y
ordenar las convicciones necesarias para la vida; (9) no hacer manifestación
ni de
la cólera ni de
ninguna otra pasión, sino ser al
tiempo el más
impasible y el más afectuoso; (10) alabar sin disonancia;
(11) ser versado en
muchas cosas sin ostentación.
1.10 De Alejandro el gramático[135] no hacer reproches; (2) no atacar con
críticas las
expresiones bárbaras, incorrectas
o disonantes, sino tener
la
habilidad de expresar justamente aquello que debería haberse dicho a modo
de respuesta, ratificación, reflexión
conjunta o alguna
otra insinuación
armoniosa, sobre al asunto en sí, no sobre la forma de
expresarlo.
1.11 De Frontón[136], poner en cuestión cuál es la malignidad, el doblez y el
fingimiento propios de la tiranía y que en
general los que
llamamos
patricios son los menos afectuosos.
1.12 De
Alejandro platónico[137] evitar decir a alguien o escribir en una
carta a menudo y sin necesidad: «no tengo tiempo» y excusarse sin parar
ante las
obligaciones de las
relaciones de convivencia
con el pretexto de
asuntos circunstanciales.
1.13 De Catulo[138] no hacer de menos a un amigo que imputa algo, incluso
si se da la circunstancia de que lo hace sin razón, sino intentar restaurar la
camaradería; (2) hacer la alabanza
de los maestros con
ardor como las
anécdotas que se cuentan de Domicio y Atenódoto[139]; (3) tener un amor
verdadero a los hijos.
1.14 De Severo[140]
el amor a los familiares,
el amor a la verdad y el amor a
la justicia; (2) conocer gracias a él a
Tráseas, Helvidio[141], Dión[142] y
Bruto[143] y haberme representado una constitución
con igualdad ante la ley
que administra mediante la equidad y la libertad de expresión y una
monarquía que honra sobre todas las cosas la libertad de sus súbditos; (3)
también la constancia y perseverancia[144] en la honra de la filosofía; (4)
hacer el bien y compartir con ansia; (5) tener esperanza y confiar en recibir
el amor de los amigos; (6) no disimular frente a los que merecen nuestra
condena; (7) que los amigos no precisen conjeturar sobre qué quiere o no
quiere uno, sino dejarlo claro.
1.15 De Máximo[145]
dominarse y no dejarse llevar por nada; (2) tener buen
ánimo en otros momentos críticos y especialmente en las enfermedades; (3)
la apacibilidad en el carácter, la dulzura y empaque; (4) llevar a cabo sin
quejas lo
propuesto; (5) que
todos confíen en
que uno piensa
las
afirmaciones que hace y que actúa sin maldad en aquello que actúa; (6) no
admirarse ni demostrar asombro; nunca tener prisa ni demorar; no quedarse
sin recursos con la mirada baja, con una mueca, o, al contrario, enojado y
receloso; (7) ser bienhechor, inclinado al perdón y lejos de la mentira; (8)
ofrecer la imagen de quien no se tuerce más que la de quien se endereza; (9)
nadie nunca hubiera creído que lo miraba por encima ni él hubiera tolerado
que se
sospechara que él se
creía superior; (10) gastar bromas con buena
intención.
1.16 De mi padre[146] la gentileza, la firmeza sin oscilación en decisiones
previamente analizadas; (2) no vanagloriarse en lo que se considera motivo
de honras; (3) ser amigo del esfuerzo y perseverar; (4) prestar oídos a quien
tiene algo
en bien del común que proponer; (5)
no dejarse pervertir al
distribuir a cada uno según su valía[147]; (6) tener experiencia de cuándo se
precisa tensión y cuándo relajación; (7) hacer cesar los amoríos con
adolescentes[148]; (8)
la preocupación por
el bien común; no
desear por
encima de todo que los amigos coman o viajen con uno a la fuerza[149], sino
que los que se ausentaban por necesidades suyas se lo encontraban siempre
igual; (9) las averiguaciones en las reuniones de consejo rigurosas y
detenidas[150]; (10) saber mantener a sus amigos, sin hartazgo repentino ni
atolondramiento; (11) ser autosuficiente en todo y radiante[151]; (12)
prever
con tiempo y regular por anticipado lo ínfimo sin dramatizar; (13) frenar
durante su mandato las aclamaciones y cualquier adulación; (14) ser
vigilante de las necesidades del imperio, ecónomo de los gastos públicos y
capaz de
encajar la crítica
de algunos sobre
tales actitudes; (15)
con
relación a los dioses no ser supersticioso, con relación a los hombres no ser
demagogo, obsequioso, ni buscar el favor de la turba, sino ser sobrio y
seguro en
cualquier ocasión, nunca vulgar ante la belleza ni deslumbrado
ante la
novedad; (16) de
las cosas que hacen
la vida fácil y que con
abundancia proporciona la fortuna, hacer uso sin delirio y sin buscar
excusas, de forma que si estaban a mano las alcanzaba sin preocuparse, si
estaban ausentes no las precisaba; (17) que ninguno pudiera decir que era
un sofista, un impostor[152]
o un pedante, sino que era un hombre cabal,
completo, ajeno al halago,
capaz de ponerse al frente
de sus propios asuntos
y de los ajenos; (18) además de eso su aprecio a los que hacen filosofía de
verdad, sin ser crítico en demasía frente al resto y sin dejarse arrastrar por
ellos; (19) además su buena compañía y donaire sin hartar;
(20) preocuparse
de su propio cuerpo con mesura, no como si tuviera apego a la vida, sin
llegar al maquillaje pero tampoco desde luego al abandono, de forma que
por su
propia diligencia precisaba poquísimo de la medicina, de sus
medicamentos o ungüentos, de uso interno o externo; (21) ceder terreno sin
prejuicios a los que estaban en posesión de alguna capacidad como la de la
elocuencia o la que proporciona la investigación de las leyes, costumbres u
otros asuntos y colaborar con entusiasmo con ellos de forma que cada uno
tuviese buena reputación en lo que era en concreto superior: todos sus actos
los hacía
de acuerdo con las
tradiciones patrias sin
aparentar que era
justamente eso por lo que se esforzaba[153]; (22) también no cambiar con
facilidad ni mariposear, sino frecuentar los mismos lugares y hechos; (23)
después de los ataques agudos de dolor de cabeza volver al punto con vigor
y energía a las tareas habituales; (24) no tener muchos secretos, sólo los
mínimos, en muy rara ocasión y en bien del común; (25) su prudencia y
moderación[154] en la
realización de los
espectáculos, obras públicas,
repartos[155] y cosas por
el estilo, que sólo atendía a la propia necesidad de
su realización, no a la fama una vez realizados; (26) no bañarse a deshora,
ni tener manía constructora[156],
y no preocuparse de las comidas ni de los
tejidos o
colores de sus
ropas ni de que
sus esclavos estuvieran
en
sazón[157]; (27)[158] la ropa que le llegaba desde Lorio[159] desde su villa de
abajo y
muchas cosas de
Lanuvio[160]; (28) cómo trató al recaudador de
Túsculo[161] que se excusaba[162] y todo ese tema; (29) en absoluto rudo ni
desde luego inexorable, tampoco tan turbulento que uno pudiera llegar a
decir «incluso sudó»[163], sino
que todos sus comportamientos estaban
diferenciados razonadamente
con minucia, sin turbación, con orden, con
fuerza y
en concordancia mutua;
(30) se le podría
aplicar la anécdota
referida a Sócrates[164] de
que podía al tiempo abstenerse y disfrutar de
aquello por lo que la mayoría en caso de abstinencia se siente débil y en
caso de disfrute se dejan
llevar; (31) ser fuerte y resistente y en ambas cosas
ser sobrio [es propio de un hombre que
tiene un espíritu
articulado e
invencible][165], como en la enfermedad de Máximo[166].
1.17 De
los dioses, tener
buenos abuelos, buenos
padres, buena
hermana[167], buenos maestros,
buenos allegados, parientes, amigos, casi
todos buenos; (2) que no me ocurrió faltar a ninguno de ellos, aunque yo
tenía tal disposición, por la cual, si hubiera coincidido así, hubiera podido
faltarles[168]; (3) buena acción de los dioses es que no tuviera lugar ninguna
acumulación de hechos que me pusiera a prueba; (4) no ser
criado
demasiado tiempo donde la concubina[169] de mi abuelo; mantener tiempo
la flor
de la juventud[170] y no haberme hecho hombre antes de su
momento[171] sino haberlo
demorado en el
tiempo; (5) haberme
subordinado a quien era emperador y padre, que me iba a quitar cualquier
delirio de grandeza y me iba a llevar a la determinación de que es posible
vivir en
la corte sin
precisar de guardaespaldas,
ropas significativas,
candelabros, estatuas y cosas tales y de igual pompa; se puede, al contrario,
hacerse pequeño y acercarse al ciudadano normal sin por eso ser
más
humilde o más timorato frente a lo que debe llevarse a cabo con autoridad
en bien del común; (6) tener a un hermano[172] que pudiera por su carácter
recto despertar en mí mi propia preocupación moral, alegrándome con su
estima y
amor; (7) que mis
hijos no fueran torpes ni contrahechos en su
cuerpecillo; (8) no progresar demasiado en la retórica, poética y demás
dedicaciones en las que quizá
me hubiera mantenido de
haberme dado
cuenta de
que avanzaba por
buen camino; (9)
haberme adelantado en
otorgar a mis maestros el puesto de honor que me parecía que anhelaban y
no haberlo pospuesto con la esperanza, dado que eran
jóvenes, de que luego
lo haría; (10) conocer a Apolonio, a Rústico, a Máximo; (11) en cuanto a la
vida según
la naturaleza[173]
haberme representado con
nitidez y muchas
veces cómo
es, de forma que
en lo que
depende de los
dioses, de sus
comunicaciones con los hombres desde allá, sus apoyos, sus
iluminaciones[174], nada me impide vivir según la
naturaleza y me aparto de
eso por mi responsabilidad y por no prestar atención a las rememoraciones
divinas y casi enseñanzas; (12) que mi cuerpo aguante tanto con semejante
vida; (13) no entrar en contacto con Benedicta ni con Teodoto[175], sino
curarme más tarde tras haber sufrido de amores; (14) que a
pesar de
haberme encolerizado con Rústico muchas veces no pasé a mayores, cosa
de la que me hubiera arrepentido; (15) que la que me dio a luz, que iba a
morir joven, viviera a pesar de ello conmigo sus últimos años; (16) que
nunca escuché en todas las veces que quise socorrer a alguien en estado de
pobreza o en alguna otra necesidad: «No tengo dinero con que»; (17) que
nunca caí yo mismo en una necesidad semejante hasta el punto de tomar de
otro; (18)
que mi mujer[176]
fuese así, tan obediente, tan amorosa, tan
sencilla; (19) tener recursos para maestros competentes de mis hijos; (20)
haber recibido en sueños remedios especialmente para no escupir sangre y
no tener mareos[177]; (21) el oráculo de Gaeta[178]; (22) que cuando anhelé
la filosofía, no caí en manos
de algún sofista, ni me aparté con los escritores
a resolver silogismos o dedicarme a fenómenos del cielo[179]; (23) porque
todas esas cosas precisan auxilios y fortuna de los
dioses.
Entre los cuados[180]
a orillas del Gran[181].
LIBRO II
2.1 Desde el alba hay que decirse con énfasis a uno mismo: me toparé con
el entrometido, con el desagradecido, con el soberbio, con el taimado, con
el malicioso, el insociable. (2) Todos esos rasgos concurren en ellos por su
ignorancia de los bienes y males. (3) Yo, al contrario, tras haber
contemplado la naturaleza del bien y ver que es algo bello, y la del mal y
ver que es algo vergonzoso, y la naturaleza del que yerra y ver que es de mi
linaje, no
por la misma sangre
o simiente, sino por ser partícipe
de la
inteligencia[182] y fracción divina[183], tampoco
puedo sufrir perjuicio
por
parte de alguno de ellos, porque nadie me cubrirá de vergüenza; tampoco
puedo encolerizarme con el que es
de mi linaje
ni odiarlo. (4) Hemos
nacido para la colaboración, como los pies, las manos, los párpados, las
filas de los dientes de arriba y abajo. (5) Entrar en conflicto unos con otros
es contrario a la naturaleza; conflicto es enfadarse y
darse media vuelta.
2.2 Aquello
que soy[184]
son pequeñas carnes,
pequeño hálito[185]
y el
principio rector[186]. Deja los libros de lado. No te distraigas más. No es
posible[187]. (2) Al contrario, como si te estuvieras muriendo, desprecia tus
carnes que son sangre sucia, huesillos y la urdimbre que forman nervios,
capilares y arterias[188]. (3)
Mira también tu hálito cómo es: es viento, ni
siquiera siempre igual. A cada momento lo vomitamos y de nuevo nos lo
tragamos. (4) Lo tercero es tu principio rector. Reflexiona así. Eres viejo, no
permitas que sea esclavo, ni que sea manejado como una marioneta por el
impulso antisocial, tampoco te irrites con el destino presente ni te encojas
ante el futuro.
2.3 Las obras divinas están llenas de providencia, las de la fortuna no son
ajenas a la naturaleza, a los
lazos del hado, al trenzado de lo que gobierna la
providencia. Todo fluye de allí. (2) Además está la necesidad y lo que
conviene a todo el universo del que eres una parte. Para cualquier parte de
la naturaleza es bueno lo que produce la naturaleza del todo y lo que
la
mantiene a salvo. Mantienen a salvo el universo tanto los cambios de los
elementos como los de los compuestos. (3) Que eso te baste si son tus
convicciones. Despréndete
de la sed de los libros para no morir entre
gruñidos, sino conciliado de verdad y agradecido de
corazón a los dioses.
2.4 Acuérdate desde cuándo te demoras y cuántas veces tras aceptar plazos
de los
dioses no los usas.
(2) Es necesario que te des cuenta ya de qué
universo eres parte, a qué fuerza gobernante del universo te subordinaste
como su efluvio y de que tienes determinado el límite de tiempo, si no lo
usas para
despejar las nubes[189], se marchará
y tú te marcharás sin ser
posible repetir.
2.5 En cada momento preocúpate de realizar sólidamente, como romano y
virilmente, lo que esté en tus manos con dignidad rigurosa y no fingida, con
afecto, con libertad y con justicia y procurarte a ti mismo reposo de todas
las demás representaciones. (2) Te lo proporcionarás si ejecutas cada acción
como si fuera la postrera de tu vida, ajeno a cualquier atolondramiento, a
renunciar por pasión a la razón directora, al fingimiento, al egoísmo, a la
insatisfacción ante lo marcado por el destino. (3) Estás viendo qué pocas
son las cosas que debe uno dominar para poder vivir una vida próspera y
respetuosa con la divinidad, porque los dioses no exigirán nada más al que
mantenga esto.
2.6 Sigue humillándote, sigue, alma[190]. Ya no tendrás ocasión de honrarte.
La vida de cada uno es breve. (2) Ya está casi consumida la tuya sin haberte
mostrado respeto a ti misma, sino que has puesto en almas ajenas tu
felicidad.
2.7 ¿Te distraen los acontecimientos exteriores?
Ofrécete reposo para
aprender algo bueno y dejar de dar tumbos. (2) Pero entonces también hay
que guardarse de otro extravío: en efecto, cometen también
tonterías los que
por culpa de sus actos están cansados de vivir y no tienen objetivo al que
dirigir de una vez por todas todo impulso y
representación.
2.8 No es fácil que se pueda ver que alguien es infeliz por no fijarse en lo
que sucede en el alma de otro, pero es forzoso
que sean infelices quienes no
siguen de cerca los movimientos de su propia alma.
2.9 Hay que recordar siempre lo siguiente: cuál es la naturaleza del todo y
cuál es la mía, qué relación tiene esta mía con aquélla y qué parte es de qué
todo, y
que nadie te impide
realizar las acciones
y decir las palabras
concordantes con la naturaleza de la que formas parte.
2.10 Teofrasto[191], como
filósofo, en su comparación entre los tipos de
faltas, según uno las podría comparar de forma más elemental[192],
dice que
son más
graves aquellas en las
que se yerra
por apetencia[193]
que las
causadas por enojo. (2) El que está enojado se revuelve contra la razón
aparentemente con cierta tristeza y encogimiento inconsciente, mientras que
el que yerra por apetencia se deja vencer por el placer y aparentemente es
más licencioso y femeninamente débil en sus faltas. (3) Con razón y como
filósofo afirmó que es merecedor de una acusación mayor la falta cometida
con placer que con tristeza. En una palabra, éste se parece más a quien ha
sufrido injusticia previamente y se ve forzado con tristeza a enojarse, el otro
por sí mismo tiene el impulso de cometer injusticia y se deja llevar a hacer
algo por apetencia.
2.11 Como si fuese algo
inmediato salir de la vida, así hay que ejecutar cada
acción, decir cada palabra y tener cada
pensamiento. (2) Marcharse de entre
los hombres si los dioses existen no es nada terrible, porque éstos no te
endosarían un mal. Si por el
contrario no existen o no les importan las cosas
de los hombres, ¿qué me supone
estar vivo en un universo vacío de dioses o
vacío de
providencia? (3) Pero
existen y les importan
las cosas de
los
hombres y para que el hombre no caiga en los males verdaderos le pusieron
todo en
sus manos. Si algo
de lo restante fuera malo, también eso lo
hubieran previsto de forma
que en cualquier caso
tuviera la capacidad de no
caer en ese mal. (4) Aquello que no hace al hombre peor, ¿cómo eso podría
hacer la
vida del hombre
peor? (5) No lo
hubiera pasado por alto la
naturaleza del todo por ignorancia, o aunque lo supiera, por no poder
precaverse o enderezarlo; tampoco hubiera
cometido un error tan grande
por incapacidad o por falta de pericia, para que indistintamente los bienes y
los males acontecieran de forma revuelta tanto a los hombres buenos como
a los malos. (6) La muerte y la vida, la buena fama y la mala, el sufrimiento
y el placer, la riqueza y la pobreza, todas esas cosas ocurren
indistintamente
a los
hombres tanto a los buenos como a
los malos porque no son ni
hermosas ni vergonzosas. No son
ni buenas ni malas[194].
2.12 Es
propio de la
facultad inteligente fijarse en cómo desaparece
rápidamente todo, las propias personas en el universo, los recuerdos de esas
personas en el tiempo; en cómo son las cosas que son perceptibles y
especialmente las que nos atraen
con el cebo del placer o las
que nos
atemorizan con el sufrimiento o las que se pregonan con delirios de
grandeza; en cómo no tienen valor, son
fáciles de despreciar, sucias,
perecederas, muertas; (2) en
quiénes son esos cuyas suposiciones y palabras
proporcionan buena o mala reputación; (3) en qué es morir (si uno viera la
muerte en sí y con clasificación reflexiva descompusiera las supersticiones
que se le añaden, supondrá que no es otra cosa que obra de la naturaleza, y
si uno le tiene miedo a una obra de la naturaleza es un niñato, no es que sea
sólo obra de la naturaleza, es que le conviene); (4) en cómo el hombre está
en contacto con dios y en qué parte de sí mismo, en caso de que esa porción
del hombre se encuentre de una manera determinada.
2.13 No
hay nada más
desventurado que quien
recorre todo en
derredor,
explora «lo que está debajo de la tierra», dice[195], e investiga en las almas
de los que están cerca mediante el uso de indicios[196], sin darse cuenta de
que basta estar sólo ante el espíritu divino que está dentro de uno mismo y
ser su
servidor de verdad.
(2) Este servicio
consiste en vigilar
que esté
purificado de pasión, de atolondramiento, de insatisfacción frente a lo que
acontece por los dioses y los hombres, (3) porque las cosas que dependen
de los
dioses hay que venerarlas por su virtud y las que dependen de los
hombres se hacen queridas por el parentesco común, a veces, incluso de
alguna manera son objeto de compasión[197] por
la ignorancia de qué es
bueno y
qué es malo. Ese
impedimento no es menor que el que impide
distinguir lo blanco de lo negro[198].
2.14 Aunque vayas a vivir tres mil años o tres mil
veces diez mil, sin
embargo, recuerda que nadie deja atrás otra vida que esa que está viviendo
y tampoco está viviendo otra que no sea la que deja atrás. (2) Se iguala por
tanto lo más duradero con lo más breve. (3) En efecto, el presente es igual
para todos, como también lo que muere, y lo que dejamos atrás se
manifiesta efímero por igual. (4) Porque uno no podría dejar atrás lo que ya
ha transcurrido ni lo porvenir. Aquello que uno no tiene, ¿cómo alguien
podría abandonarlo? (5) Así pues, hay que acordarse siempre de estas dos
cosas, primera, que desde la eternidad todas las cosas son iguales en su
aspecto, se
repiten circularmente y
no se diferencian nada,
uno verá lo
mismo en cien años que en
doscientos o que en un tiempo infinito; segunda,
que tanto
el que goza de un tiempo más largo como
el que ha de morir
rápidamente deja atrás lo
mismo, (6) porque sólo es
el presente de lo que va
a verse privado, si es eso lo único que tiene y si uno no deja atrás lo que no
tiene.
2.15 «Todo es suposición»[199]. Son claras las palabras dirigidas[200] contra
el cómico Mónimo, pero también es clara la utilidad del dicho si uno acepta
su substancia hasta la verdad.
2.16 Se
humilla a sí misma el alma del
hombre sobre todo
cuando se
transforma en absceso y como tumor[201] del universo en lo que de ella
depende. (2) Irritarse con algo de lo que sucede es separación[202] respecto a
la naturaleza que rodea las naturalezas de las restantes cosas; (3) en
segundo lugar cuando se revuelve contra alguien o se vuelve contraria con
intención de perjudicar, tal y como son
las almas de los
coléricos; (4) en
tercer lugar, se humilla cuando se deja vencer
por el placer o el
sufrimiento;
(5) en cuarto lugar, cuando finge y hace o dice algo con disimulo y mentira;
(6) en quinto lugar, cuando se le escapa alguna acción suya e impulso sin
ningún objetivo, sino que obra
al azar, sin perseguir nada,
cuando es preciso
que incluso las más pequeñas acciones estén referidas a algún fin. El fin de
los animales racionales es seguir la razón y ordenamiento de la ciudad y
constitución más venerables.
2.17 El
tiempo de la vida
humana es un punto, su esencia fluye, su
percepción es oscura, la composición del cuerpo en su conjunto es
corruptible, el alma va y viene, la fortuna es difícil de predecir, la fama no
tiene juicio, (2) en una palabra, todo lo del cuerpo es un río[203], lo del alma
es sueño y un delirio. La vida es una guerra y un exilio, la fama póstuma es
olvido. (3) Entonces, ¿qué es lo que puede escoltarnos? Sólo una cosa, la
filosofía. (4) Esto es vigilar que el espíritu divino interior esté sin vejación,
sin daño, más fuerte que los placeres y los sufrimientos, que no haga nada
al azar
ni con mentira o
fingimiento, que no tenga necesidad de que otro
haga o deje de hacer algo. Y además que acepte lo que ocurre y lo que se le
ha asignado como algo que viene de allí de donde él vino. Por encima de
todo, aguardar la muerte con el pensamiento favorable
de que no es otra
cosa sino disgregación de los elementos de los que está compuesto cada ser
vivo. (5) Si precisamente para los elementos en sí no hay nada terrible en
que cada uno se transforme sin interrupción en otro, ¿por qué uno ve con
malos ojos la transformación y disgregación de todos? En efecto, se
produce según la naturaleza y nada es malo si es según la
naturaleza.
LIBRO III
En Carnunto[204]
3.1 No hay que razonar sólo que cada día la vida se desgasta y queda una
parte menor, también debe razonarse que, si uno viviera más, está por ver si
su reflexión será tan suficiente como antes para comprender los hechos y
las consideraciones teóricas que se esfuerzan en alcanzar conocimiento de
lo divino y lo humano. (2) Porque si uno empieza a chochear, no tendrá
carencias para respirar, alimentarse, tener representaciones e impulsos y
todo lo
demás del mismo
estilo. Pero, antes
que eso, se
extingue la
posibilidad de disponer de uno mismo, de ser exacto en las cuentas del
deber, de articular entre sí las apariencias, de atender concretamente a si ya
es momento de expulsarse uno mismo[205] y todas esas cosas parecidas que
precisan mucho de un razonamiento bien ejercitado. (3) Por tanto, hay que
darse prisa, no sólo porque cada vez se está más cerca de la muerte,
también, porque
la comprensión de los hechos y su
seguimiento cesan
antes.
3.2 Es preciso también vigilar atentamente lo siguiente, que incluso lo que
sobreviene[206] a creaciones de la naturaleza tiene algún encanto y atractivo.
(2) Así, por ejemplo, el pan al cocerse se resquebraja en algunas partes y
esas aberturas, a pesar de ser de alguna forma contradictorias al buen hacer
del panadero, llaman nuestra atención
y mueven especialmente
nuestra
ansia por
comerlo. (3) Lo
mismo ocurre con
los higos, que
cuando más
maduros están se abren. (4) También en
las aceitunas muy en
sazón el
propio hecho de estar a un paso de pudrirse le añade cierta belleza al fruto.
(5) Lo mismo las espigas que doblan su cabeza, el entrecejo[207]
del león, la
espuma que fluye de la boca de los jabalíes y muchas otras cosas
que si uno
las observara en particular vería que están lejos de tener un buen aspecto;
sin embargo, por concurrir a sucesos naturales, los adornan y los hacen
atractivos, de forma que si uno tiene un sentimiento y una perspicacia más
profunda frente a lo que sucede en el todo, casi nada le parecerá, incluidas
las cosas
que acontecen de
forma concomitante, no
estar conformado de
forma más o menos agradable. (6) Esa persona verá las verdaderas fauces
de las
fieras con no
menor agrado que
las que los
pintores y escultores
muestran en imitación[208].
Incluso en una
vieja o en un viejo podrá ver
cierto esplendor y sazón y el atractivo sexual de los adolescentes con ojos
honestos. Muchas de estas cosas no son cautivadoras a todos, sólo se le
ocurrirán al que esta familiarizado genuinamente con la naturaleza y sus
obras.
3.3 Hipócrates[209], tras sanar
muchas enfermedades, enfermó él y murió.
(2) Los caldeos predijeron la muerte de muchos, después también a ellos los
arrebató el destino. (3) Alejandro,
Pompeyo, Cayo César[210], tras haber
arrasado completamente tantísimas ciudades y muchísimas decenas de
millares de tropas de caballería e infantería, también ellos en algún
momento dejaron atrás la vida. (4) Heráclito tras haber estudiado tanto la
naturaleza de la conversión en ruego del universo murió lleno de agua por
dentro y embadurnado de boñiga[211]. (5) A Demócrito[212] lo mataron los
piojos, otros piojos[213] a Sócrates. (6) ¿Qué quiere decir eso? Te
embarcaste, navegaste, arribaste. Desembarca. Si es a otra vida, nada está
vacío de
dioses, tampoco allí.
Si es en la insensibilidad[214],
dejarás de
soportar sufrimientos y placeres, dejarás de ser esclavo para un recipiente
tan inferior como superior es la parte que manda comparada con la que
sirve, porque mandan la inteligencia y el espíritu divino mientras que son
sirvientes la tierra y los despojos sanguinolentos.
3.4 No malgastes la parte que te resta de vida, si no lo haces referido al bien
común, en representaciones sobre el
prójimo, esto es al representarte qué
hace fulano, por qué, qué dice, qué se propone, qué maquina, todo lo que te
hace vagar lejos de la atención al principio rector. (2) Por tanto, es preciso
que dejes de lado en el hilo de tus representaciones el azar, la inutilidad y,
con mucho mayor motivo, el entremetimiento y la malignidad. (3) Hay que
acostumbrarse a representarse sólo aquello
sobre lo que si alguien de
repente te interrogara: «¿En qué estás pensando ahora?»,
pudieras
responder con franqueza inmediatamente: «Esto
y aquello», de forma que
de tus palabras quedara claro que todas tus representaciones son sencillas,
favorables, propias de un animal comunitario, despreocupado
de
representaciones placenteras
o en general regaladas o que tenías eso en
mente por alguna rivalidad, malignidad,
sospecha o alguna otra cosa por la
que te
sonrojarías al exponerla.
(4) Un varón así,
que no aplaza estar ya
entre los mejores, es como un sacerdote y servidor de los dioses que trata
con el dios aposentado en su interior, lo que le permite ser un hombre ajeno
a los placeres, invulnerable a cualquier sufrimiento, inasequible a cualquier
soberbia, insensible a cualquier maltrato, campeón en la mayor
competición: no dejarse sobrepasar por ninguna pasión, estar empapado
hasta el
fondo de justicia, conformarse con toda su alma con todo lo que
ocurre y se le ha asignado, no representarse,
si no es excepcionalmente y
por una gran necesidad en bien del común, qué dice, hace o piensa otro. (5)
Sólo está atento a cómo podría ejecutar sus propias acciones y reflexiona
sin parar
en su propio
destino entrelazado con
el todo: las
acciones que
produce son
honestas, su destino
está convencido de que
es bueno, (6)
porque el hado asignado a cada uno lo lleva uno consigo y a uno lo lleva
consigo. (7) Se acuerda también de que todo lo racional es de su linaje y de
que la
preocupación por todos
los hombres es
acorde a la
naturaleza del
hombre pero no hay que atenerse a la opinión de todos, sino sólo a la de los
que sin discusión viven según la naturaleza. (8) Continuamente se acuerda
de cómo son tanto en casa como fuera de casa los que no viven así y con
quiénes se juntan de noche y de día. (9) Por tanto, no pone en consideración
el elogio que viene de aquellos que no están conformes con
ellos mismos.
3.5 No
obres ni contra tu
voluntad ni contra la comunidad ni contra la
reflexión ni resistiéndote. Que la afectación no maquille tu reflexión. No
seas verboso ni activo en exceso. (2) Que la divinidad que está en ti sea
guía de un ser varonil, respetable, social, romano, de un jefe que se coloca
en su puesto como alguien que, liberado, esperara el toque de retreta para
escapar de
la vida, sin
necesidad de un
juramento ni de
ningún hombre
como testigo[215].
(3) Por dentro, radiante[216] sin necesidad de servidumbre
o tranquilidad exteriores. (4) Hay que ser recto, no
corregido.
3.6 Si descubres en la vida humana algo mejor que la justicia, la verdad, la
prudencia, la valentía y, dicho de una vez, que tu mente se baste a sí misma
tanto en
los hechos en los
que ofreces tu actuación según la razón recta
como en
los que sin elección
previa asigna el destino, si, digo, ves algo
mejor que eso, dirígele tu atención con toda tu alma y aprovecha ese bien
supremo si lo has descubierto. (2) Pero si se hace evidente que no existe
nada mejor que el propio espíritu divino que se asienta en ti, que tiene
subordinados a su control tus impulsos particulares, que
analiza tus
representaciones, que se ha apartado de las emociones sensoriales, como
decía Sócrates[217],
que se ha subordinado a los dioses y que se preocupa de
los hombres, (3) si descubres que todo lo demás es menor y de inferior
valor que eso, no cedas terreno a ninguna otra
cosa, porque si te postras y te
inclinas una vez, no podrás ya tranquilamente rendir honor preferente a ese
bien que te es particular. (4) No es recto colocar frente a lo que es el bien
de
la razón
y de la sociedad
ninguna otra cosa distinta como el elogio de la
mayoría, los cargos, la riqueza, los disfrutes de distintos placeres. (5)
Cualquiera de ellas, aunque parezca que la acomodas algún
tiempo, al punto
se apodera
de ti y te desvía. (6) Pero
tú, digo, escoge con
sencillez y
libertad lo mejor y confróntalo a todo eso. Pero es mejor la
conveniencia[218]. (7) Vigila que sea para ti en cuanto racional. Pero
si es en
cuanto animal, expón y mantén tu juicio contrario sin delirios de grandeza.
Basta que hagas tu examen con seguridad.
3.7 No
honres nunca como tu
conveniencia lo que te fuerce en alguna
ocasión a
infringir la confianza
de la que gozas, a dejar a un
lado la
vergüenza, odiar a alguien, sospechar, maldecir, aparentar, anhelar algo que
precisa de muros y cortinajes[219]. (2) Quien escoge su propia inteligencia,
el espíritu divino y los ritos propios de su virtud no hace una elección
trágica, no se lamenta, no precisará ni de soledad ni de muchedumbre. Y lo
más importante, vivirá sin perseguir ni huir.
(3) Si hace uso
de su alma,
encerrada en su cuerpo, durante mayor o menor intervalo de tiempo no le
importa nada en absoluto. (4) Porque aunque tenga ya que separarse se
alejará tan liberado como si ejecutara alguna otra de las acciones que
pueden ejecutarse con decencia y orden, con esta única preocupación
durante toda su vida, que su reflexión se ocupe en algo impropio de un
animal inteligente y social.
3.8 En
la reflexión de
quien se ha
disciplinado y purificado
no podrías
encontrar nada purulento, ni tampoco contaminado, ni anfractuoso.
(2)
Tampoco el hado arrebata esa vida incompleta, cosa que uno diría del actor
trágico que desapareciera antes de completar y llegar al último acto. (3)
Además no
es en absoluto
esclavo ni afectado,
no es dependiente ni
despegado, no está sujeto a rendir cuentas ni a zafarse.
3.9 Reverencia tu capacidad para suponer[220]. De
esa capacidad depende
todo para que la suposición de tu principio rector no llegue a despegarse de
la naturaleza y de la
constitución propia de
un animal racional.
(2) Esta
proclama la
no precipitación[221],
la familiaridad con
los hombres y el
acatamiento a los dioses.
3.10 Pues bien, arrójalo todo, quédate sólo con estas pocas cosas y además
rememora que cada uno sólo vive este presente
efímero. Lo demás o ya está
vivido o es incierto. (2) Pequeño es por tanto lo
que vive cada uno, pequeño
el rincón de la tierra donde vive. Pequeña también la reputación postrera,
incluso la
más extensa, y
dependiente de la transmisión por hombrecillos
que han de morir al punto, que no se conocen ni a sí mismos ni tampoco al
muerto de tiempo atrás.
3.11 A
estos principio ya dichos que se
añada todavía uno,
establecer
siempre el límite o el contorno de lo que provoca la representación[222], de
forma que
se observe cómo es
en esencia, desnudo, en su conjunto y
diferenciado en todas sus partes, y se diga para sí su nombre específico y
los nombres de los elementos a partir de los que se conformó y en los que
se disolverá. (2) Nada inspira mayor grandeza de ánimo que poder
desenmascarar con método y con verdad cada uno de los sucesos de la vida
y ver
siempre su interior
de forma que uno
considere con qué aderezo
ofrece qué utilidad y cuál es su valor respecto al todo y cuál respecto al
hombre que es ciudadano de la ciudad más enaltecida, frente a la cual las
restantes ciudades son como sus casas. (3) Qué es y a
partir de qué está
compuesto y
cuánto tiempo va a
permanecer por su naturaleza lo que
provoca mi representación y
cuál es la virtud que preciso frente a eso, como
son la
gentileza, la virilidad,
la verdad, la
confianza, la simplicidad,
la
autosuficiencia, las restantes. (4) Por ello es necesario decir ante cada cosa:
esto procede del dios, esto otro es según el destino y el hado[223] que se
entrelaza, según tal coincidencia y fortuna, eso otro procede de alguien que
comparte mi estirpe, mi linaje, que es camarada, aunque él desconozca qué
tiene conforme a la naturaleza. (5) Pero yo no lo desconozco y por eso lo
trato según la ley natural de la participación común con buen ánimo y con
justicia. Al tiempo persigo según su valor lo
que no es ni bueno ni
malo[224].
3.12 Si llevas a cabo la tarea presente de acuerdo con la razón recta, con
diligencia, con fuerza, con buen ánimo y no te desvías en nada accesorio
sino que vigilas que tu espíritu divino permanezca puro como si ya hubiera
que devolverlo, si te agarras a eso sin
esperar ni evitar
nada, sino que te
conformas en tu actuación presente a la naturaleza y en lo
que dices y
declaras a
la verdad romana,
tendrás una buena
vida. (2) Nadie hay
que
pueda impedírtelo.
3.13 Igual
que los médicos siempre
tienen a mano
sus instrumentos y
herramientas para tratamientos urgentes, así
tú ten preparadas tus
convicciones para conocer lo divino y lo humano y hacer así incluso lo más
nimio, como si recordaras su vínculo mutuo. (2) En efecto, ni tendrás éxito
en lo humano sin referirlo a lo divino ni al revés.
3.14 No voy a divagar más. Porque ni vas a leer tus apuntes ni los hechos
históricos de los antiguos romanos y griegos ni los extractos de sus escritos
que reservaste para tu propia vejez. Así pues, apresúrate para el fin, deja al
lado las
esperanzas vanas y
ayúdate a ti mismo,
si es que te importas,
mientras es posible.
3.15 No saben cuántas cosas significan robar, sembrar, comprar, mantener
la tranquilidad, ver qué debe hacerse[225], lo cual no se realiza con los ojos
sino con otra visión.
3.16 Cuerpo, alma, inteligencia[226]. Las
sensaciones son del
cuerpo, los
impulsos del alma, las convicciones de la inteligencia. (2) Recibir
impresiones representadoras
es propio también de las bestias. Que lo
manejen a uno como marioneta los impulsos es propio también de fieras,
putos, Fálaris[227] y Nerón[228]. Que la inteligencia sea rectora para deberes
sólo aparentes es propio también de los que
no creen en los
dioses,
abandonan su patria y hacen cualquier cosa, una vez que cierran las puertas
de la calle. (3) Si, por tanto, lo demás te es común con los mencionados,
queda como propio de la persona buena desear y conformarse con lo que le
ocurre y estar entrelazado con su destino. Al
espíritu divino asentado dentro
del pecho
no hay que confundirlo
ni embrollarlo en el tumulto de
las
representaciones sino vigilar
que esté propicio a obedecer con orden al dios,
sin hablar nada contra la verdad ni ejecutar nada contra la justicia. (4) Si
todos los
hombres desconfían de que
uno viva con
sencillez, decoro y
amabilidad, no se irrita con ninguno de ellos ni se aparta del camino que
conduce al
fin de la vida, para lo cual
es necesario marchar
puro[229],
tranquilo, liberado, compenetrado con su destino sin
violencias.
LIBRO IV
4.1 El
regidor interior,
cuando está conforme
a la naturaleza,
adopta una
postura tal frente a los sucesos que se transforma fácilmente según
lo que le
es dado. (2) En efecto, no desea ninguna materia específicamente asignada,
sino que emprende su acción en
dirección a lo principal con reserva[230] y
lo
que se
le enfrenta lo
hace su propia
materia, como el
fuego cuando
prevalece sobre las cosas que le tiramos; cosas que apagan una lamparilla,
un fuego radiante, al contrario, rápidamente se apropia de lo que se le apila,
lo consume y a partir de ese preciso material se levanta
más alto.
4.2 No
ejecutes ninguna acción
al azar ni de
otra forma distinta a la
percepción que conforma el arte[231].
4.3 Buscan como sus propios retiros la vida campestre, la orilla del mar, las
montañas. (2) Todo eso
es de lo más banal cuando te es posible en
el
momento que quieras retirarte a tu interior. A ningún lugar más tranquilo,
más pacífico se retira un hombre que hacia su propia alma, sobre todo aquel
que tiene dentro recursos tales que, si los examina, al
momento se encuentra
en total bienestar. No llamo
bienestar a ninguna otra cosa que al buen orden.
(3) Por tanto, concédete sin parar ese retiro y renuévate. Que sean preceptos
breves y elementales los que, nada más encontrarlos, te resulten suficientes
para disolver toda tu insatisfacción y reenviarte de vuelta sin irritación a las
actividades a las que retornas. (4) Porque, ¿con qué te irritas? ¿Con la
maldad de
los hombres? Reconsidera
el dictamen de que
los animales
racionales han surgido unos por otros[232],
que soportarse es parte de la
justicia, que los hombres yerran sin querer, que muchos por sentir
enemistad, sospecha, odio, rivalidad han sufrido tormento, se han hecho
cenizas; ceja en tu irritación. (5) ¿Acaso te irritas con el reparto que se ha
hecho del
total? Renueva el
dilema «O providencia
o átomos»[233]
y
considera en cuántos hechos se demuestra que el universo es como una
ciudad[234]. (6) ¿Acaso la parte corporal te afecta? Date cuenta de que la
reflexión no se mezcla con el hálito[235] si está revuelto, sea suave o
violentamente[236], una vez que se acepta a sí misma y reconoce su propia
capacidad, y por lo demás confórmate también con cuanto has escuchado
sobre el sufrimiento y el placer. (7) ¿Acaso te distrae la honrilla? Considera
la rapidez con que se olvida todo y el abismo de eternidad infinita antes y
después, lo vano del descrédito, la mudanza y falta de criterio de los que
aparentan expresarte aprecio y lo estrecho del lugar en el que
está
circunscrito. (8) Porque toda la tierra es un punto y de
ella cuan ínfima es su
parte habitada. Y ahí, ¿cuántos y quiénes son los que te van a alabar? (9)
Por tanto,
acuérdate del retiro
hacia el jardincillo
de tu propio
interior y
sobre todo no te convulsiones
ni te pongas tenso, al contrario sé libre y mira
los asuntos como varón, como hombre, como ciudadano, como mortal. (10)
Que tus recursos más inmediatos sean dos: uno, que los asuntos no afectan
tu alma
sino que se quedan fuera sin moverse
y que los desasosiegos
dependen sólo de tu suposición interior; (11) dos, que todo cuanto ves, ¡en
qué poco tiempo cambiará y dejará de ser!, reflexiona sin pausa a cuántas
transformaciones has asistido. (12) El universo es transformación;
la vida
suposición[237].
4.4 Si el ser inteligentes nos es común, también la razón por la que somos
racionales es común. Si es así, también la razón que nos indica lo que debe
hacerse o no es común. Si es así, también la ley es común. Si es así, somos
ciudadanos. Si es así, participamos de algún tipo de organización
ciudadana. Si es así, el universo es como si dijéramos una ciudad. (2) ¿De
qué otra
organización ciudadana común podrá decir alguien que todo el
linaje de los hombres participa? De ahí, de esa ciudad común, también nos
llega el hecho de reflexionar, razonar, legislar; o ¿de dónde? (3) En efecto,
igual que lo terroso es una porción separada de alguna forma de tierra, lo
húmedo de otro elemento distinto, lo que es hálito procede de alguna fuente
y lo cálido y fogoso de otra concreta[238], porque nada procede de la nada,
igual que tampoco marcha hacia
lo que no es, de la misma forma también el
ser inteligentes nos llega de alguna parte.
4.5 La
muerte es algo equiparable
al nacimiento, es
un misterio de la
naturaleza; la composición se produce a partir de los mismos elementos a
los que da lugar la desintegración; en una palabra no es algo de lo que uno
debiera avergonzarse porque no es
contraria a lo
propio de un animal
inteligente ni a la razón de su constitución.
4.6 Eso
es natural que se
produzca necesariamente
en seres de tal
naturaleza. Quien no lo quiere, quiere que la higuera no tenga su savia. (2)
En una palabra, acuérdate de eso,
que tanto tú como ése estaréis muertos en
el más brevísimo plazo de tiempo y poco después ni siquiera permanecerá
vuestro nombre.
4.7 Aparta la suposición y queda apartado el «estoy perjudicado». Aparta el
«estoy perjudicado» y queda apartado el perjuicio[239].
4.8 Lo que no hace al hombre peor a sí mismo, eso ni hace su vida peor ni
lo perjudica, ni en su exterior ni en su interior.
4.9 La naturaleza de la conveniencia se ha visto forzada a
hacer eso.
4.10 Todo lo que
sucede, sucede con
justicia. Esto lo
descubrirás, si
observas detenidamente. No lo afirmo sólo por la
concatenación[240],
también por la equidad, como si dependiera de alguien que distribuyera
según la valía. (2) Manten tu observación, por tanto, igual que empezaste, y
haz lo
que hagas sin dejar
de ser bueno, según lo que se considera
propiamente que es ser bueno. (3) Preserva esto en
cualquier actuación.
4.11 No hagas suposiciones iguales a los juicios que hace el que ofende o a
los juicios que quiere que tú hagas, considera por el contrario qué es según
la verdad.
4.12 Hay que tener siempre dispuestos dos preceptos, uno relativo a
llevar a
cabo sólo lo que la razón del arte de reinar y legislar te sugiera que es en
beneficio de los hombres, otro relativo a cambiar de criterio si aparece
alguien que te rectifica y te enmienda alguna opinión. (2) Sin embargo, que
esa enmienda se produzca por alguna convicción
que sea justa y en bien del
común y
que los perfeccionamientos sean sólo tales, no porque te haya
parecido que es algo agradable o reputado.
4.13 ¿Tienes la razón? Sí. ¿Por qué no la usas? Si ella hace lo que le es
propio, ¿qué más quieres?
4.14 Surgiste como parte subordinada. Desaparecerás uniéndote al
que te
engendró[241], es más, serás devuelto a su razón seminal por el cambio.
4.15 Muchos granos de incienso[242] en el mismo altar. Uno se depositó
antes, otro después. No importa.
4.16 En el espacio de diez días les parecerás un
dios a los que ahora pareces
una bestia y un mono, si das media vuelta y vuelves a los principios y
respeto debidos a la razón.
4.17 No
vivas como si fueras
a vivir diez mil años. Tu destino está
pendiendo. Mientras estás vivo, mientras es posible,
hazte bueno.
4.18 De cuánto sosiego se beneficia el que no observa qué ha dicho, qué ha
hecho, qué ha pensado el prójimo, sino sólo qué hace él mismo para que su
actuación por sí misma sea justa, virtuosa…[243].
Deja el carácter sombrío,
deja de mirar en derredor, por el contrario corre sobre la línea de meta[244]
con el cuerpo recto sin dispersarte.
4.19 El
que se queda
embelesado por su
reputación postrera no
se
representa que cada uno de los que lo recuerden morirá rápidamente como
él, luego a su vez
lo hará el que
le suceda en el recuerdo hasta que toda
memoria se apague del todo también a media que avanza
entre personas que
se encienden y se apagan[245]. (2) Pero supón que los que te van a recordar
son incluso inmortales y que el recuerdo es inmortal. ¿Y eso a ti qué? Y no
afirmo sólo que no signifique nada para el que está muerto; pero ¿qué es el
elogio para
el que está vivo? Nada, si no es,
quizá, por algún
arreglo
práctico. (3) En efecto, ahora en el momento más inoportuno dejas a un
lado el donativo de la naturaleza para agarrarte a alguna
otra razón.
4.20 Además, todo lo que es bello, sea como sea, lo es por sí
mismo y
culmina en sí mismo sin que tenga parte en él el
elogio. Está claro
que
tampoco lo
que recibe el
elogio se hace peor
o mejor. (2) Afirmo eso a
propósito de
las cosas que se afirman que son bellas comúnmente, por
ejemplo los
productos bellos por
su materia o bellos
por efecto del arte.
Ahora bien, lo que es bello de
verdad, ¿qué carencia tiene?[246]. No más que
la ley, no más
que la verdad, no
más que la buena disposición o la
vergüenza. (3) ¿Cuál de estas cosas es bella por los elogios que recibe o se
destruye si se la critica? En efecto, ¿la esmeralda se hace peor si no recibe
elogios? ¿Qué pasa con el oro, con el marfil, con la púrpura, con una lira,
un estilete, una florcilla, un arbolillo?
4.21 Si
las almas permanecen,
¿cómo las contiene
el aire desde la
eternidad?, (2) ¿cómo contiene la tierra los cuerpos de los enterrados desde
tanto tiempo? Porque, igual que su alteración y descomposición deja
espacio para otros cuerpos, así las almas que se han mudado al aire tras
permanecer un cierto tiempo se alteran, se diluyen y se inflaman recogidas
en la razón seminal del todo y de esa manera ofrecen espacio a las que se
van instalando a su vez. Eso sería la respuesta si se supone que las almas
permanecen. (3) Pero es necesario no sólo tener en cuenta el número de los
cadáveres enterrados de esa manera, también el número
de los animales que
comemos cada día nosotros y los demás animales. (4) Porque ¿qué número
se consume y en cierto modo se entierra así en los cuerpos de los que se
alimentan de
ellos? Sin embargo hay espacio suficiente para aceptarlos
gracias a
su transformación en
sangre y sus
mutaciones hacia lo
aéreo y
fogoso[247]. (5) ¿Cuál es la investigación de la verdad en este asunto? La
distinción entre lo material y lo causal.
4.22 No hay que dar tumbos, sino ante cualquier impulso restituir
lo justo y
ante cualquier representación preservar lo comprensible.
4.23 Se armoniza conmigo todo lo que para ti es armónico, universo. Nada
que para ti esté en sazón me es prematuro o tardío. (2) Para mí es fruta todo
lo que dan tus estaciones, naturaleza. De ti viene todo, en ti está todo, hacia
ti se dirige todo. (3) Aquél dice «ciudad querida de Cécrope[248]», ¿no dirás
tú «ciudad querida de Zeus»?
4.24 Dice[249]: «Si tienes
la intención de estar contento, emprende pocas
acciones». ¿No es mejor emprender las acciones necesarias y cuantas elige
y como las elige la razón de un animal social por naturaleza? (2) Porque así
se produce
el contento, tanto por
emprender bellas acciones,
como por
emprender pocas acciones.
(3) Si uno se despoja, por no ser necesario, de la
mayor parte de lo que decimos o hacemos, estará de mejor humor y menos
turbado. (4) Por ello hay que acordarse ante cada acción: ¿no será de las
innecesarias? (5) Es preciso despojarse tanto de acciones
no necesarias
como de
representaciones. Así tampoco irán éstas detrás arrastrando
acciones.
4.25 Experimenta cómo te va la vida del hombre bueno que se conforma
con lo que se le asigna del todo y se contenta con que su actuación privada
sea justa y su disposición positiva.
4.26 ¿Tienes ya visto aquello? Mira esto otro. No te perturbes. (2) Líbrate
de tus dobleces. (3) ¿Alguien yerra? Yerra para su perjuicio. (4) ¿Te ocurre
algo? Está bien. Desde el principio te fue asignado e hilado el destino de
todo lo que te ocurre. (5) En resumen: la vida es breve, hay que explotar el
presente con prudencia y justicia. (6) Mantente sobrio en
la relajación.
4.27 O el universo está estructurado o está removido (reunido, sí, pero sin
orden). (2) ¿Es que en
ti puede subyacer un
universo ordenado, pero
en
conjunto existe desorden? ¿Y eso es así cuando todas las cosas son
distintas, compenetradas, sometidas a influjos mutuos?
4.28 Un carácter sombrío, un carácter femenino, un carácter reseco, fiero,
bruto, infantil, estúpido, estafador, mendicante, tramposo, tiránico[250].
4.29 Si es forastero del universo quien no conoce lo que hay en él, no lo es
menos quien desconoce sus sucesos. (2) Es un desterrado quien destierra la
razón social. Es ciego quien guiña el ojo de la inteligencia. Es mendigo
quien precisa de otro y no tiene en sí mismo todo lo útil para la vida. (3) Es
absceso del universo quien se aparta y aleja de la razón de la naturaleza
común por soliviantarse con los sucesos; porque es la naturaleza la que los
trae, ella
que te trajo también
a ti. Es
una escisión de la
ciudad quien
escinde su alma de la de los racionales, cuando es una.
4.30 Uno
hace filosofía sin
túnica[251], otro sin libro; aquel otro
semidesnudo dice «no tengo pan y permanezco firme en la razón»[252]. Yo,
por mi parte, no tengo los alimentos que proporcionan los conocimientos
y
permanezco firme[253].
4.31 El arte que aprendiste, ámalo, tómate un respiro en él; pero recorre lo
que te reste de vida tras depositar con toda tu alma en manos de los dioses
todo lo
tuyo y sin
instalarte ni como
tirano de ningún
hombre ni como
esclavo.
4.32 Trae a tu mente como ejemplo los tiempos de Vespasiano. Verás que
todo es
igual. Gente que se
casa y cría niños, que enferma y muere, que
hace la guerra y fiestas, que se desplaza y cultiva su tierra, que adula y es
arrogante, que sospecha y conspira, que desea la muerte de alguien y
refunfuña por su presente; gente que se enamora, que atesora, que anhela el
consulado y el imperio. Desde luego que la vida de esa gente ya no está en
ningún sitio. (2) Vuélvete ahora a los tiempos de Trajano. De nuevo todo es
igual. Esa vida ha muerto. (3) De la misma forma estudia y considera los
restantes registros de tiempos y pueblos en su conjunto, cuántos tras
esforzarse con vehemencia tras poco tiempo cayeron y se descompusieron
en sus
elementos. (4) Sobre
todo hay que acordarse
una y otra
vez de
aquellos que tú mismo conociste que se convulsionaban vanamente y
declinaban actuar según su
propia constitución, agarrarse a ella con fuerza y
conformarse. (5) Es necesario recordar así que la
atención a cada
acción
tiene su propio valor y compensación. Así no desesperarás si no te implicas
en asuntos menores más de lo que convendría.
4.33 Expresiones que antes eran corrientes, ahora son arcaísmos. Así
también, los nombres de los que antes eran agasajados con muchos himnos
ahora son de alguna forma arcaísmos: Camilo[254],
Cesón[255], Vóleso[256],
Dentato[257]; por poco
tiempo Escipión[258] y Catón[259]; más adelante
también Augusto, posteriormente Adriano y
Antonino. Pues todo
se
marchita y
se vuelve rápidamente
legendario. Rápidamente también el
olvido absoluto lo entierra. Y hago esas afirmaciones a propósito de los que
brillaron hasta la admiración, (2) porque los restantes, nada más exhalar el
alma, son
desconocidos e ignorados.
¿Qué es en definitiva
el recuerdo
imperecedero? Es hueco del todo. (3) ¿Qué es, entonces, hacia lo que es
necesario dirigir el empeño? Sólo una cosa, reflexión justa, acciones
comunitarias, razón capaz de no equivocarse y disposición que se conforma
con cualquier suceso como algo necesario, familiar y que fluye desde tal
principio y fuente.
4.34 Entrégate voluntariamente a Cloto[260] para tejer
con ella cualquier
acción que desee.
4.35 Todo es flor de un día,
tanto el que recuerda como lo que se recuerda.
4.36 Estudia sin cesar cómo todo nace por cambio y acostúmbrate a pensar
que nada desea tanto la naturaleza del todo como cambiar lo que es y hacer
cosas nuevas
que son iguales, (2) porque de alguna
forma todo ser es
semilla de
lo que será a partir de él. (3) Tú te
representas que son
sólo
simientes las que se arrojan dentro de la tierra o de una matriz. Eso es
vulgar por completo.
4.37 Estarás muerto y todavía tendrás doblez, te turbarás[261], sospecharás
que te perjudica lo externo, no serás favorable a todos, no pondrás la mente
sólo en actuar con justicia.
4.38 Medita en los principios rectores de otros[262], de qué huyen y qué
persiguen.
4.39 Tu mal no
reside en un
principio rector ajeno,
tampoco en una
modificación o alteración de lo que te rodea. (2) ¿Dónde, entonces? Donde
se encuentre tu suposición sobre los males. Que no se produzca esa
suposición y todo está bien. (3) Incluso si lo que le es más cercano, el
cuerpo, se corta, se quema, supura todo él, se gangrena, a pesar de ello que
se mantenga tranquila la parte que hace suposiciones sobre eso, esto es, que
no juzgue que algo es malo ni bueno de lo que por igual le puede acontecer
al hombre malo y al bueno. (4) Porque lo que
acontece por igual al que vive
contra la naturaleza como al que según la naturaleza, eso no es ni contra ni
según la naturaleza.
4.40 Sin interrupción hay que reflexionar en que el universo es como un
único animal con una única substancia y una única alma, también en cómo
todo desemboca en la sensibilidad única de ese animal, cómo todo lo hace
por un único impulso, cómo todo es concausa de todos
los sucesos y cuál es
su entrelazamiento y entretejimiento.
4.41 Eres un alma diminuta que lleva un cadáver, como decía Epicteto[263].
4.42 Nada es malo para lo que nace por transformación como tampoco nada
es bueno para lo que subsiste por transformación.
4.43 El
tiempo es como un
río de sucesos y un flujo
violento. En cuanto
algo se ve, ya ha pasado de largo y otra cosa distinta es la que pasa, que
también pasará[264].
4.44 Todo suceso es tan cotidiano y conocido como la rosa en la primavera
o la fruta en el
verano[265]. Tal es la enfermedad, la muerte, la injuria, la
maquinación y todas las cosas que alegran o entristecen a
los estúpidos.
4.45 Lo posterior sucede
siempre con afinidad tras lo precedente. Porque no
es una especie de listado numerado de cosas independientes en el que sólo
quepa la necesidad, además existe una concatenación llena de juicio. Igual
que están
entrelazados armoniosamente los seres, así los sucesos no
evidencian una sucesión sin más, sino una afinidad
admirable.
4.46 Acuérdate siempre de Heráclito, de que «la muerte de la tierra produce
agua, que la muerte del agua produce aire, que la del aire produce fuego y
así sucesivamente»[266]. (2) Acuérdate[267] también
del que «olvida adonde
lleva su camino» (3) y de que «en
lo que coinciden
continuamente, en la
razón que gobierna el universo, en eso es en lo que más
difieren» y «aquello
con lo
que se encuentran cada
día, eso es
lo que les parece extraño».
También
de que «no hay
que actuar ni hablar como si estuviéramos
dormidos, (4) porque incluso entonces parece que hacemos y hablamos».
(5) También de que no hay que ser «como hijos de sus padres», esto es,
estrictamente según «lo que hemos recibido».
4.47 Igual que si te dijera algún dios «morirás mañana o en cualquier caso
dentro de dos días[268]», no harías gran diferencia si en dos días o mañana,
así también no consideres que tiene importancia llegar hasta un año
alejadísimo o hasta mañana.
4.48 Hay
que reflexionar continuamente en cuántos médicos han muerto
tras haber fruncido el
entrecejo muchas veces por sus enfermos[269],
cuántos
astrólogos tras haber predicho la muerte ajena como una gran noticia,
cuántos pensadores tras hacer miles de proclamaciones encendidas sobre la
muerte y
la inmortalidad, cuántos
caudillos tras haber
matado a muchos,
cuántos tiranos que como si fueran inmortales habían usado de su poderío
sobre las almas con terrible arrogancia, cuántas ciudades
completas, por
decirlo así, han muerto, como Hélice[270], Pompeya,
Herculano[271] y
otras
muchas incontables. (2) Acércate también a todos los que conoces que han
muerto uno después de otro, a éste tras enterrar a ése se le dio sepultura y a
aquél tras enterrar a aquel otro, todo eso en poco tiempo. (3) En resumen,
hay que ver siempre lo humano como flor de un día e
inconsistente, ayer era
una mucosidad, mañana será momia y cenizas. (4) Ese instante de tiempo
hay que
recorrerlo según la
naturaleza y disolverse
con ánimo favorable,
como caería la aceituna tras haber madurado, dando vivas a la que la[272]
produjo y reconociendo los favores al árbol que la hizo
crecer.
4.49 Sé igual al promontorio contra el que sin interrupción baten las olas. El
permanece quieto mientras que en su derredor sucumben las aguas que
bullen. (2)
«Soy desgraciado porque
me ocurrió eso a
mí». Bien al
contrario[273]: «Soy afortunado
porque, a pesar
de haberme ocurrido
eso,
permanezco sin pena y no me rompo por el presente ni temo el porvenir».
(3) Porque tal cosa podría haberle sucedido a cualquiera, sin embargo
cualquiera no hubiera permanecido sin pena por ello. ¿Por qué, entonces,
aquello es mayor desgracia que esta buena fortuna? (4) ¿Consideras, en
resumen, que es desgracia del hombre lo que no es desacierto de la
naturaleza humana? ¿A ti te
parece que es
desacierto de la
naturaleza
humana lo que no va contra el propósito de su naturaleza? Entonces, ¿qué?
Has aprendido su propósito. Ningún suceso te impide ser justo, tener
grandeza de ánimo, ser prudente, tener cabeza, no precipitarse, no ser
engañoso, tener vergüenza, ser libre y las demás cualidades que si están
presentes hacen que la naturaleza obtenga lo que le es propio. Acuérdate en
adelante ante cualquier circunstancia que
te provoque pena de usar esta
máxima, que eso no es
desgracia y que por
el contrario soportarlo
con
nobleza es buena fortuna.
4.50 Existe un remedio vulgar, aunque eficaz, de cara a despreciar la
muerte: rememorar a los que se empeñaron en vivir hasta ser pegajosos. (2)
¿Qué adelantaron respecto a los
que murieron prematuramente?
(3) De
cualquier forma de alguna manera yacen muertos en algún lugar
Cediciano[274], Fabio[275], Juliano[276], Lépido[277] o algún otro igual, ellos
enterraron a muchos, después fueron enterrados. En
una palabra el intervalo
es pequeño y hay que sobrellevarlo con cuántos
trabajos, con qué
compañías y en qué cuerpecillo. (4) Por tanto, que no sea un problema. En
efecto, mira hacia atrás lo dilatado del tiempo y hacia delante también hay
otra infinitud. Ante eso ¿qué diferencia hay entre el que vive tres días y
Néstor tres veces viejo?[278]
4.51 Corre siempre por el camino corto, corto es vivir según la naturaleza.
Por tanto, habla y actúa en todo según lo que sea más sano. (2) Ese
planteamiento te libera de golpes, de vacilación, de preocupación y
afectación.
LIBRO V
5.1 Al amanecer, cuando te despiertas perezoso, ten a mano lo siguiente:
«Me despierto para una tarea humana, ¿y todavía me irrito si me dirijo a
hacer aquello por lo que he nacido y para lo que me han traído al mundo?
¿O me han fabricado para esto, para reconfortarme al calor de las mantas?»
(2) «Pero
esto es más
placentero». «¿Entonces has nacido para
complacerte? En resumen, ¿para sentir o para actuar?[279]. ¿No ves que las
pequeñas plantas, los gorrioncillos, las hormigas, las arañas, las abejas
hacen lo que les es propio y conjuntamente forjan en su
medida el universo?
¿Resulta que tú no quieres hacer lo propio
del hombre? (3) ¿No vas a correr
a la tarea que es conforme a tu naturaleza?» (4) «Sí pero hay que tomarse
un descanso». «Sí, yo también
lo afirmo. Sin embargo la naturaleza también
nos dio su medida, también nos la dio del comer y
del beber, no obstante, tú
sobrepasas lo que es suficiente. Pero en las acciones ya no, sino que te
quedas “dentro de lo posible”. (5) En efecto, no te amas a ti mismo porque,
si no, amarías tu naturaleza y su propósito. (6) Otros por amor a sus oficios
se consumen en las tareas propias de su oficio sin lavarse ni comer. ¿Honras
tu propia
naturaleza menos que
el escultor el arte
de la escultura, el
danzarín el de la danza, el avaro el dinero, el vanidoso la honrilla? Éstos,
cuando están apasionados, ni comer ni dormir lo desean más que acrecentar
las dedicaciones que sienten que les conciernen. ¿A ti, por el contrario, las
acciones comunitarias te parecen de un valor inferior y merecedoras de
menor empeño?».
5.2 ¡Qué sencillo es rechazar y eliminar toda representación[280] inoportuna
y desplazada, y al punto estar en perfecta serenidad!
5.3 Considérate merecedor de cualquier razonamiento o acción que sea
según la naturaleza. Que no te aparte que detrás venga
la crítica o la palabra
de algunos, por el contrario, si está bien hecho o bien dicho, no te
subestimes. (2) Ellos tienen su propio principio rector
y tienen su propio
impulso. No te distraigas en su contemplación, por el contrario culmina el
camino recto obedeciendo a la naturaleza, a la propia y a la común. Aunque
sean dos, el camino es uno sólo.
5.4 Avanzo por los caminos que son conformes a la naturaleza hasta, tras
caer, tomar un descanso; expiro en el aire de donde respiro cada día y caigo
en la
tierra de donde mi
padre aportó su pequeña semilla, mi madre su
pequeña cantidad de sangre[281], la nodriza su pequeña cantidad de leche, de
donde me nutro y riego cada día durante tantos años, aquello que me lleva
como caminante y que malgasto para mi propio perjuicio en
tantas cosas.
5.5 No
pueden admirar tu
agudeza. Sea. Pero
sí otras muchas
cualidades
sobre las que no puedes decir: «no he nacido para ellas». (2) Exhibe por
tanto aquellas que dominas por completo: no ser tramposo, tener nobleza,
aguantar los trabajos, despreciar los
placeres, no quejarse
de tu destino,
necesitar poco,
la buena disposición, la
liberalidad, la sencillez, no ser
charlatán, la
grandeza. (3) ¿No te das cuenta de
que a pesar de poder
dedicarte a muchas cualidades
en las que no existe la excusa de incapacidad
natural ni inadecuación, sin embargo,
voluntariamente te quedas
por
debajo? ¿O es que también te ves obligado por la incapacidad natural de tu
constitución a refunfuñar, a
ser tacaño, a
adular, a poner por excusa el
cuerpo, a ser obsequioso,
a pavonearte a zarandear
tantas veces tu alma? (5)
Pudiste alejarte hace tiempo de eso y ser culpado, si acaso, de ser tardo y
premioso en demasía. Eso es lo que debes ejercitar sin distraerte ni
complacerte en tu torpeza.
5.6 Alguno
hay que cuando le
hace algo beneficioso
a alguien está muy
dispuesto a llevar la cuenta de ese favor. (2) Otro
hay que no está
muy
dispuesto a ello, sin embargo, en su interior reflexiona y es consciente de la
deuda. (3) Hay otro que de ningún modo sabe ni siquiera lo que ha hecho,
que es igual a la parra que da
el racimo y no busca nada añadido más allá de
dar una vez su propio fruto. (4) El hombre que ha hecho el bien no se jacta,
sino que acude a continuación a otro hombre como la parra da de nuevo su
racimo, como el caballo corre, el perro sigue la pista y la abeja hace miel.
(5) Hay que ser de esos que de alguna forma actúan sin atender a nada. (6)
«Sí, pero hay que atender a eso precisamente, porque es propio», dice, «del
que participa de la comunidad darse cuenta de que actúa a
favor de la
comunidad y, por Zeus, también
desear que su comunidad se dé cuenta». (7)
Es verdad
lo que dices, pero
ahora mal interpretas
lo que estamos
afirmando. Por eso serás uno de aquellos que mencioné al principio, porque
también aquéllos se dejan llevar por cierto cálculo y convicción. (8) Si
quieres entender qué es lo que se está afirmando no temas por eso dejar de
hacer alguna acción comunitaria.
5.7 Ésta es una súplica de los atenienses: «haz que llueva, que llueva, Zeus
querido, en la tierra de los atenienses y en sus campos». (2) Es preciso o no
hacer súplicas o hacerlas así, con sencillez y
liberalidad[282].
5.8 Igual que se dice: «Asclepio[283] le ordenó la equitación o los baños de
agua fría o andar descalzo» se puede decir «le ordenó la naturaleza
universal una enfermedad, una invalidez,
una pérdida». (2) En el primer
caso «ordenó» significa algo así: «Le ordenó eso por ser apropiado para su
salud». En el segundo caso se ordena lo que le sucede a cada uno como
apropiado para su destino. (3) En efecto afirmamos que suceden esas cosas
igual que los albañiles afirman que sucede que las piedras cuadrangulares
en los muros o en las pirámides se acoplan mutuamente en una forma de
construcción determinada.
(4) En conjunto existe una sola armonía y al
igual que a partir de todos los cuerpos el universo completa un cuerpo de
tales características, así a partir de todas las causas se completa esa causa
que es el destino. (5) Entienden lo que estoy afirmando personas que son
por completo profanas, al decir «eso le deparaba el destino». (6) Es decir,
eso le
era deparado por el
destino y eso se le ordenaba. (7) Por tanto,
aceptémoslo como lo que ordena Asclepio. (8) De hecho muchas de sus
órdenes son arduas, pero nos conformamos con la esperanza de la salud. (9)
Que una cosa así te parezca realización y consumación de lo aprobado por
la naturaleza común, igual que tu salud. (10) Confórmate así con todo lo
que te acontece, aunque te parezca áspero en exceso, por conducirte allí, a
la salud del universo, al éxito y buena fortuna de Zeus. (11) Porque no le
depararía eso el destino a nadie si no conviniera al todo. Ni siquiera la
naturaleza depara casualmente algo que no es apropiado al que está bajo su
gobierno. (12) Según eso tienes que contentarte con lo que te sucede por
dos razonamientos: uno, porque te sucedía, te era ordenado y estaba como
entrelazado para ti desde antes, desde las causas más antiguas; dos, porque
es causa de éxito, consumación y, sí, por Zeus, de permanencia para el que
gobierna el todo. (13) En efecto, se mutila lo que es
perfecto tanto si
le
cercenas cualquier cosa que está en contacto o unión, por ejemplo alguna de
sus partes, como también si alguna de sus causas. Cercenas, en lo que de ti
depende, cuando estás a disgusto y de alguna forma
destruyes.
5.9 No
reniegues, ni renuncies,
ni te impacientes,
si no se materializa
la
ejecución de cada acción según criterios rectos; por el contrario, aunque te
quedes fuera de combate, vuelve a él con insistencia, conténtate si la mayor
parte de tus acciones están por encima de lo humano y desea el combate al
que vuelves. No vuelvas a la filosofía como a un maestro, sino como los
que por padecer de ojos hinchados acuden a la esponja y al lavaojos, como
otro a la cataplasma o a los fomentos. (2) Así no harás exhibición de seguir
el mandato de la razón, sino que descansarás
sobre ella. (3) Recuerda que la
filosofía sólo quiere eso que quiere tu naturaleza y que tú querías otra cosa
no conforme a la naturaleza. ¿Qué es más atractivo que eso? Pues, ¿no nos
hace caer
el placer con
atractivos? Observa por
si es más atractiva
la
grandeza de ánimo, la libertad, la sencillez, la cortesía, la virtud. (4) ¿Qué
hay más
atractivo que la
propia reflexión, cuando
percibes firmeza y
prosperidad en todo lo que viene de la facultad de
comprender y conocer?
5.10 Las cosas están de alguna manera tan veladas que pareció a no pocos
filósofos, y no a unos cualesquiera, que son inasibles, incluso los propios
estoicos opinan que son difíciles de asir. (2) Cualquier aquiescencia nuestra
está sujeta a cambio. ¿Dónde está el infalible? (3) Acércate después a los
objetos concretos como a algo perecedero, de poco valor y susceptible de
ser propiedad de un canalla, una puta o un pirata. (4) Tras eso aproxímate a
las conductas de tus congéneres, que son soportables a duras penas incluso
la del más agraciado, por no hablar de
que con dificultad se
soporta uno a sí
mismo. (5) Por tanto en tales tinieblas, en tal basura, en tan gran flujo, ¿qué
es lo que hay que estimar especialmente o puede sin más tomarse en serio
de la realidad, del tiempo, del movimiento, de lo que se mueve? Ni siquiera
lo intuyo. (6) Por el contrario hay que esperar
con ánimo la descomposición
natural y
no desesperar en
la demora, es
más, descansa en
los siguientes
preceptos: uno, no me ocurrirá nada que no es conforme a la naturaleza del
todo; dos, me es posible no hacer nada contra mi dios y espíritu, porque no
hay quien me obligue a ir contra él.
5.11 ¿Con qué fin uso ahora mi alma? Pregúntate e investiga a cada
ocasión
esto: ¿Qué tengo en esa parte que llaman rectora? ¿De quién es el alma que
ahora tengo? ¿Es la de un niño?, ¿la de un joven?, ¿la de una mujercilla?,
¿la de un tirano?, ¿la de una res?, ¿la de una fiera?
5.12 Podrías entender qué son bienes en la opinión de la mayoría por lo que
sigue. (2)
Si uno cavilara cuáles
son los bienes de verdad, es
decir, la
reflexión, la prudencia, la justicia, la valentía, no podría ya escuchar que al
bien se le hiciera esa apostilla[284] porque
no coincidirá nada respecto a lo
que ha
cavilado previamente. Pero
si uno cavila
previamente en lo
que
resulta que son bienes para la mayoría, dará crédito y aceptará fácilmente
que el dicho del cómico es una apostilla oportuna. (3) Así también barrunta
la mayoría la diferencia. En efecto, no podría ser que se atacase y denigrara
esa apostilla pero que se aceptara que aplicada a la riqueza y a los azares
favorables que conducen al lujo y a la fama es apropiada y elegante. (4) En
definitiva, sigue avanzando y pregunta si deben estimarse y considerarse
como bienes
cosas por las que, tras reflexionar sobre
ellas, se pudiera
aplicar el
dicho de que quien
las posee en abundancia «no tiene sitio ni
donde cagar».
5.13 Estoy conformado a partir de una causa formal
y de sustancia material.
Ni una
ni otra se
destruirán en no
ser, igual que
tampoco me constituí
a
partir del no ser. (2) Así pues cada una de mis partes se reordenará mediante
transformación como una parte del universo y de nuevo se transformará en
otra parte del universo y así sin fin. (3) Según esa transformación yo me
constituí y también los que me engendraron y así en regresión hasta el
infinito. (4) Nada impide afirmarlo, incluso si el universo se ordena por
ciclos completos[285].
5.14 La razón y el arte de la racionalidad[286] son capacidades
que se bastan
a sí mismas y a lo realizado a su medida. (2) Brotan de un principio que les
es propio y hacen camino en dirección a la finalidad preestablecida, por ello
tales acciones se denominan comportamientos rectos, por querer significar
la rectitud del camino.
5.15 El hombre no debe prestar atención a ninguna de las cosas[287] que no
le son pertinentes, en tanto que es hombre. (2) No son requerimientos del
hombre, ni la naturaleza humana las proclama, ni son perfeccionamientos
de su naturaleza. (3) Así pues, ni en ellas está puesto el fin del hombre, ni
está lo que culmina ese fin. (4) Es más, si alguna de ellas fuera pertinente al
hombre, no
sería pertinente despreciarlas o alzarse contra ellas, ni sería
digno de
elogio quien exhibiera
no precisarlas, ni
sería bueno quien se
hiciese de menos en alguna de ellas, si es que fuesen buenas. (5) Pero de
hecho, de cuanto mayor número de esas cosas u otras semejantes se prive
uno o soporte verse privado, en mayor grado es uno bueno.
5.16 Tu reflexión será según sean tus representaciones. En efecto, el alma
se empapa de las representaciones. (2) Por tanto, empápala sin interrupción
de representaciones tales como que donde es posible vivir, allí también se
vive bien. Es posible vivir en la corte, pues también
en la corte se vive bien.
(3) De la misma forma, la
causa por la que cada cosa está constituida es a lo
que tiende; eso a lo
que tiende es
donde está su fin;
donde está su fin,
también allí está la conveniencia y el bien de cada cosa; el bien del animal
racional es la participación común.
(4) Que hemos nacido para la
participación común hace tiempo que está demostrado. (5) ¿O no se hizo
evidente que lo inferior existe a causa de lo superior y lo superior existe a
causa de ambos? Los seres animados son superiores a los inanimados y los
racionales lo son respecto a los inanimados.
5.17 Perseguir imposibles es locura; imposible es que los ruines dejen de
hacer ruindades.
5.18 A nadie nada le acontece que no sea por naturaleza capaz de soportar.
(2) A otro le acontece lo mismo y, sea por ignorancia de que le ha ocurrido,
sea por exhibición de grandeza de ánimo, se queda tranquilo y permanece
por completo
sin daño. (3) Por tanto es terrible que la ignorancia y la
complacencia sean más fuertes que la reflexión.
5.19 Las cosas por sí solas no afectan ni lo más mínimo al alma, ni tienen
acceso al
alma, ni pueden
cambiarla, ni moverla.
Ella por sí misma
se
cambia y se mueve, y hace que lo que le atañe sea según los juicios por los
que se considera digna.
5.20 Según
un primer razonamiento
el hombre es lo
que nos es más
familiar, en la medida en que
debemos tratarlo bien y mantenerlo. Pero en la
medida en que algunos se entrometen en mis propias tareas, el hombre se
transforma en una más de las cosas indiferentes[288], en no menor medida
que el sol, el viento o una fiera. (2) Estos podrían ser obstáculo a alguna
actuación pero no son obstáculo al impulso y a la disposición gracias a la
reserva[289] y al rodeo.
(3) La reflexión en lo que hemos emprendido rodea
y cambia cualquier impedimento a nuestra actuación, lo que impide nuestra
acción se vuelve beneficioso y lo que se interponía en su
camino favorable.
5.21 Estima lo que es más poderoso de las cosas de este mundo, eso que de
todo hace uso y que todo administra[290].
(2) De la misma forma, también
estima lo
más poderoso de
lo que hay en
ti que es del mismo tipo que
aquello. (3) Eso es, en
tu ámbito, lo que
hace uso de las demás cosas y
quien gobierna tu vida.
5.22 Lo que no es perjudicial a la ciudad tampoco perjudica al ciudadano.
Ante toda representación de que te ves perjudicado aplica esta regla. Si la
ciudad no se perjudica por tal cosa, tampoco yo me perjudico. Si la ciudad
se perjudica no hay que irritarse con quien la perjudica, por el contrario hay
que señalarle qué es lo que le pasó desapercibido.
5.23 Recapacita muchas veces en la rapidez del avance y desaparición de lo
que es y nace. (2) La substancia es como un río en flujo permanente, sus
actuaciones consisten en cambios continuos, sus causas en diez mil
variaciones y casi nada es fijo[291], ni siquiera lo cercano. La infinitud de lo
transcurrido y de lo porvenir, en la
que todo desaparece,
es inmensa. (3)
¿Cómo no es demente el que se hincha ante eso o se convulsiona o se irrita
como si la molestia fuese a ser duradera?
5.24 Acuérdate de la substancia en su totalidad de la que formas parte en
pequeñísima cantidad, de la eternidad de la que te está asignado un breve e
instantáneo intervalo, y del destino del que eres una
parte mínima.
5.25 ¿Algún otro yerra contra mí? Él verá. Tiene su disposición particular y
su actuación
particular. (2) Yo ahora tengo
lo que quiere que tenga la
naturaleza común y hago lo que quiere mi naturaleza que
haga.
5.26 El principio rector y regidor de tu alma que permanezca como parte
inamovible ante la incitación suave de la carne
o ante la dolorosa, que no se
entremezcle, que, por el contrario, marque una línea en su derredor y
confine las pasiones dentro de las partes corporales. (2) Cuando, según un
sentimiento paralelo, desembocan en la reflexión por estar el cuerpo
unificado, entonces no hay que intentar ir en contra de una sensación que es
natural y que el principio rector tampoco añada de por sí la suposición de
que es por algo bueno o malo.
5.27 Convivir con los dioses. Convive con los dioses quien muestra sin
pausa que su alma se conforma con lo que se le asigna y hace todo lo que
quiere su
espíritu divino, que
Zeus entregó a cada
uno como guía y
conductor y que es un
fragmento de sí mismo. Eso es la inteligencia y razón
de cada uno.
5.28 ¿Acaso te irritas con el que apesta? ¿Te irritas con el que tiene mal
aliento? ¿Qué adelantas? Tiene
la boca así. Tiene los sobacos así. Por fuerza
sale de
ellos ese efluvio. (2) «Pero», se afirma, «el hombre tiene razón y
puede reflexionar, si repara en ello, sobre por qué es ofensivo». (3) ¡Pues,
muy bien!, porque en definitiva, también tú tienes razón. Pon en
movimiento con
disposición racional una
disposición racional, muestra,
recuerda. Si presta atención, podrás curarlo y no
habrá necesidad de
la
cólera. (4) Ni actor ni puta[292].
5.29 Como medites vivir tras tu marcha definitiva, así te es
posible vivir
acá. Si no te dejan, entonces márchate de la vida, pero hazlo como si no
hubieras sufrido ningún mal. Hay humo y me voy[293]. ¿Por qué te parece
que eso es un problema? (2)
Mientras nada así me saque, sigo siendo libre y
nadie me impedirá hacer lo que quiero. Y quiero vivir según la naturaleza
de un animal racional y comunitario.
5.30 La inteligencia del universo es comunitaria. Así por ejemplo ha hecho
lo inferior a causa de lo superior e hizo concordar lo superior entre sí. (2)
Puedes ver cómo subordinó, coordinó, distribuyó según su valía a cada uno
y reunió en concordia mutua a los seres superiores.
5.31 ¿Cómo te comportaste hasta ahora con los dioses, con tus padres, con
tus hermanos, con tu mujer, con tus hijos, con tus maestros, con tus tutores,
con tus
amigos, con tus
parientes, con tus
esclavos? Si hasta
ahora en
relación a todos ellos…[294], es aplicable: «contra nadie actuó fuera de la
ley ni dijo»[295].
(2) Recuerda también por qué cosas has pasado y qué cosas
fuiste capaz de aguantar.
(3) También que
la historia de tu vida está
cumplida ya, que tu contribución está concluida, cuántas hermosuras tienes
vistas, cuántos placeres y penas despreciaste, de cuántas cosas tenidas en
estima pasaste de largo, ante
cuántos arrogantes fuiste indulgente.
5.32 ¿Por qué almas sin formación e ignorantes confunden al que sí está
preparado y es conocedor? ¿Qué alma, entonces,
está preparada e instruida?
(2) La
que conoce el
principio y el
fin, y la razón
que alcanza a toda la
substancia y que de toda la eternidad administra el todo según ciclos
establecidos.
5.33 En un instante serás
cenizas y huesos[296], un nombre o ni siquiera eso;
si un
nombre, sólo un murmullo
y eco. (2)
Las cosas muy apreciadas
durante la vida son vacías, podridas, pequeñas,
cachorrillos que se
mordisquean y críos con ganas de riña que se ríen y al momento lloran. (3)
Pero la
confianza, la vergüenza,
la justicia, la
verdad «se van al
Olimpo
desde la
tierra de anchos
caminos»[297]. (4) Entonces, ¿qué es lo que te
retiene aquí si lo que percibimos es cambiante y no permanece, los sentidos
son débiles y reciben fácilmente malas impresiones, la propia alma es una
exhalación que surge de la sangre y tener buena fama ante ellos es algo
vacío? (5)
Entonces, ¿qué? ¿No
aguardarás agradecido la
extinción o
traslación? Mientras llega su oportunidad, ¿con qué te conformarás? (6)
¿Con qué otra cosa sino con ser piadoso y honrar a los dioses, con hacer el
bien a los hombres, soportarlos y guardar las distancias? Todo cuanto esté
fuera de los límites de este pedacito de carne y de su aliento, recuerda que
no es cosa tuya ni de ti depende.
5.34 Te pueden ir bien las cosas si sabes avanzar por buen camino y si
mantienes el rumbo en tu pensamiento y acción. (2) Dos cosas en común
tienen el
alma de dios y
la del hombre, como la de cualquier animal
racional: no sufre obstáculos ajenos y encuentra el bien en la disposición y
acción comunitaria, en eso cede su apetito.
5.35 Si eso no es mi maldad, ni mi actuación con maldad, ni daña al común,
¿qué me importa eso? ¿Cuál es el perjuicio para el común?
5.36 No
hay que dejarse
arrebatar completamente por la representación,
sino ayudar a los hombres en lo posible y según su valor; si sufren pérdidas
en lo que no es ni bueno ni malo[298], no hay que representarse que eso es
un perjuicio, ya que eso es mala costumbre. (2) Por el
contrario, igual que el
viejo al marcharse pide la
peonza de su doméstico sin olvidar que no es más
que una peonza[299], así también tú en la tribuna. «Amigo, ¿te olvidaste qué
era eso?». «Ya, pero les merecía mucha preocupación».
¿Y por eso también
tú te vas a poner tonto?
5.37 Fui
en ocasiones hombre
afortunado aunque estuviese
sometido a
cualquier circunstancia.
Esto es ser afortunado, asignarse uno
mismo su
buena fortuna. Buena fortuna, buenas inclinaciones del alma, buenos
impulsos, buenas acciones.
LIBRO VI
6.1 La substancia del todo es dócil y modificable. La razón que la gobierna
no tiene
ningún motivo en
sí para hacer el
mal[300]. En
efecto, no tiene
maldad ni hace nada malévolamente ni a nada perjudica; y todo nace y
concluye a su antojo.
6.2 No
establezcas diferencias entre hacer lo conveniente aterido o
caldeado, adormilado o bien dormido, con mala reputación o en medio de
alabanzas, en el momento de morir o en
la ejecución de
cualquier otra
acción, porque una de las acciones de la vida es también ésa en la que
morimos. (2) Por tanto basta con disponer bien el momento presente en
función de ella.
6.3 Mira hacia dentro. Que la cualidad específica de ninguna acción ni su
valía corran más que tú[301].
6.4 Todos los objetos se transformarán rápidamente y, o se harán humo si la
substancia está unificada[302], o se disgregarán.
6.5 La razón que gobierna sabe cómo está dispuesta, qué hace y sobre qué
materia.
6.6 La mejor manera de defenderse es no hacerse igual que
ellos.
6.7 Disfruta y descansa con una cosa: con pasar de una acción comunitaria
a otra acción comunitaria acordándote de dios.
6.8 El principio rector es algo que se excita, se orienta y se hace a sí mismo
como quiere ser y también hace que le parezca que todo ocurre como él
quiere.
6.9 Cada cosa una por una
concluye según la naturaleza del todo y no según
alguna otra naturaleza que rodeara desde fuera o estuviera contenida dentro
o apartada por fuera.
6.10 O
es revoltijo, entrecruzamiento, disgregación, o unificación,
orden,
providencia[303]. (2) Si es
lo primero, ¿por qué anhelo perdurar en un
compuesto hecho al azar y
en semejante mezcolanza?
(3) ¿Por qué me
importa otra cosa que no sea cómo sobrevivir?[304]. ��Por qué me perturbo?
(4) La disgregación llegará hasta mí, haga lo que haga. (5) Si es lo segundo
soy reverente, me tranquilizo, confío en lo que gobierna.
6.11
Cuando te veas
forzado por las
circunstancias a sentirte
como
disturbado, vuelve a penetrar en ti mismo y no te salgas de tu cadencia
regular más allá de lo necesario porque te harás dueño de la armonía por el
hecho de regresar constantemente a ella.
6.12 Si tuvieras a un tiempo madrastra y madre, cuidarías de la primera y,
sin embargo, sería constante tu
retorno hacia la madre. (2) Eso suponen para
ti el palacio y la filosofía. Así regresa muchas veces y descansa con ésta,
gracias a la cual, también, te parece soportable lo de la corte y tú te haces
soportable entre ellos.
6.13 Es igual que hacerse una representación de lo guisado y las cosas de
comer, que si éste es el cadáver de un pez, que si aquél es de un pájaro o de
un lechón y además que el Falerno[305] es un juguito de un racimo de uva y
que el
manto orlado de
púrpura son pelillos
de corderillo teñidos
con
sangrecilla de una concha[306]. Que la cópula es frotamiento de entrañas y
cierta secreción de moco en medio de una convulsión. (2) Tales son las
representaciones que llegan hasta el fondo de las propias cosas y las
atraviesan hasta hacernos ver
cómo son. (3) Así hay que actuar a lo largo de
toda la vida, cuando nos representamos que las cosas son respetabilísimas,
desnúdalas, comprueba su escaso valor y acaba con el cuento que las hace
majestuosas. (4) El delirio de grandezas es un terrible falsario y cuando
parece que
te encuentras entre
cosas serias es
cuando más te has
dejado
embaucar.
(5) Considera, por ejemplo,
qué dice Crates
sobre el propio
Jenócrates[307].
6.14 La mayoría de las cosas que admira la plebe puede reducirse hasta un
nivel muy
genérico: unas las
que se ensamblan por
cohesión, como las
piedras o las maderas; otras formadas por crecimiento, como las higueras,
las viñas,
los olivos[308].
Lo que admiran los
de formación algo más
mediana está en relación con formas animadas, por ejemplo, rebaños,
manadas. Los algo más agraciados lo que está
en relación con el
alma
racional, sin embargo, no en cuanto racional, sino en cuanto conocedora de
una industria, dicho de otra forma, por ser muy afanosa o, en expresión
llana, por poseer una multitud de esclavos[309].
(2) El que honra su alma
racional y social no se inquieta por nada más, antepone a todo preservar que
su alma sea y se mueva racional y comunitariamente y colabora en eso con
su congénere.
6.15 Unas cosas se dan prisa en nacer, otras en dejar de ser; algo de lo que
está naciendo ya se desvaneció. Los flujos, las transformaciones renuevan
el universo
constantemente igual que
la gestación incesante del
tiempo
renueva siempre la eternidad infinita. (2) En ese río no es posible descubrir
qué cosa, entre las que pasan corriendo, uno valoraría en especial. Es como
si uno
empezara a encariñarse
de uno de los gorrioncillos que pasan
volando cuando ya ha desaparecido de la vista. (3) Así es la vida de cada
uno, como la ventilación de
la sangre y la inspiración
de aire[310]. (4) Atraer
el aire
y restituirlo una vez,
cosa que hacemos a cada momento, es lo
mismo que restituir la capacidad absoluta de respirar, que adquiriste ayer
mismo recién parido, al mismo lugar donde por primera vez te la
apropiaste.
6.16 No
es estimable el
transpirar como las
plantas ni respirar
como las
bestias y las fieras, ni tener impresiones representativas,
ni que el impulso
te maneje como una marioneta, ni juntarse en manadas, ni nutrirse. Eso es
lo mismo
que excretar los
desechos del alimento.
(2) ¿Qué es,
entonces,
estimable? ¿Recibir el aplauso? No. (3) Tampoco desde luego el aplauso de
las lenguas, porque las alabanzas de la mayoría son aplauso de las lenguas.
(4) Has rechazado, por tanto, también la honrilla.
¿Qué queda de estimable?
(5) Me
parece sin duda que moverse y atenerse
a lo que es la propia
constitución, que es a lo que conducen los oficios y las artes. Porque todo
arte tiende a eso, a
que lo constituido
según ese arte sea
apropiado a la
función para la que se ha constituido. También el labrador que trabaja su
viña, el domador de potros, el que amaestra su
perro, persiguen eso. (6) ¿En
qué se afanan los procedimientos educativos y de instrucción? Ahí está, por
tanto, lo estimable. (7) Si sólo eso está bien, no te afanarás en nada más. (8)
¿No cesarás también en tu estima de otras muchas cosas? Entonces, no
serás ni
libre, ni autosuficiente,
ni impasible[311]. (9)
Por fuerza tendrás
envidia, serás receloso, sospecharás de los que son capaces de quitarte eso,
tramarás contra los que tienen lo que tú estimas. En definitiva, es forzoso
que quien se considere falto de algo de eso esté confundido y además haga
frecuentes críticas, incluso a los dioses. (10) Por el contrario, el respeto y
estima por tu propia reflexión hará que estés conforme contigo, seas
conciliador con los hombres, estés en armonía con los dioses, es decir,
alabes lo que aquellos han distribuido y ordenado.
6.17 Los desplazamientos de los elementos son hacia arriba, hacia abajo, en
círculo. El movimiento de la virtud no está en ninguno de ellos, es algo más
divino y avanza tranquilo por un camino recto difícil de
entender.
6.18 Así
es como hacen. No
quieren alabar a los hombres de su propia
época con los que conviven, pero tienen en gran consideración recibir ellos
la alabanza de los que nacerán después, a quienes ni vieron ni verán. (2) Es
casi como si te apenaras de que no te hayan dedicado sus alabanzas los que
nacieron antes que tú.
6.19 No supongas que si algo te resulta a ti muy penoso eso sea imposible
para el
hombre; por el
contrario, si algo
es posible y
resulta familiar al
hombre, considera que a eso tú también puedes llegar.
6.20 En
los ejercicios en
el gimnasio alguno
te araña con sus
uñas o te
propina un cabezazo. Pero no se lo recriminamos, ni nos ofendemos, ni
sospechamos de él a partir
de ahí como
insidioso. Es verdad
que nos
precavemos, pero no como si
fuera enemigo ni con sospechas, sólo lo
evitamos benévolamente. (2) Que ocurra lo mismo en los restantes ámbitos
de la
vida, no prestemos
mucha atención a los que son como
nuestros
compañeros de gimnasia. (3) Porque es posible, como decía, evitarlos sin
recelar o aborrecer.
6.21 Si
alguien puede rebatirme
y probarme que no
entiendo o actúo
rectamente, cambiaré de opinión agradecido. (2) En efecto, busco la verdad
que a
nadie nunca perjudicó.
Se perjudica el que
persiste en su propio
engaño e ignorancia.
6.22 Yo hago mi
propio deber, lo
demás no me distrae. Pues son seres
inanimados o irracionales o descarriados que no conocen
su camino.
6.23 Los animales irracionales y, en general, los objetos, por estar tú dotado
de razón
y ellos no,
trátalos generosa y
liberalmente; a los
hombres, que
están dotados de razón, trátalos además comunitariamente. (2) En todos los
casos invoca a los dioses y no establezcas diferencia por la cantidad de
tiempo que podrás actuar de esa forma. Porque basta con que sean tres
horas si son así.
6.24 Alejandro de Macedonia y su palafrenero una vez muertos vinieron a
parar en
lo mismo. O
regresaron a las
mismas razones generadoras
del
universo o se dispersaron por igual en átomos[312].
6.25 Reflexiona sobre cuántos sucesos en el mismo breve instante ocurren
en cada uno de nosotros a un tiempo, tanto físicos como psíquicos. Así no
te admirarás de que muchísimos más, mejor, todos los sucesos subsistan a
un tiempo en el uno y en el todo que denominamos
universo.
6.26 Si
alguien te plantea
cómo se escribe el
nombre de Antonino[313],
¿mostrarás sin ponerte tenso cada uno de sus elementos?, ¿no llevarás paso
a paso con tranquilidad la cuenta de cada una de las letras? (2) ¿Y qué, si se
encolerizan?, ¿te encolerizarás en respuesta?
(3) Así, por tanto, también
acuérdate ahora de que todo deber se lleva a término con determinadas
cuentas. Es preciso observarlas y, sin dejarse turbar ni enojarse en respuesta
a los que se enojan, completar con método la tarea
propuesta.
6.27 Qué crudo es no dejar a los hombres que apetezcan lo que les parece
adecuado y conveniente. Sin embargo, de
alguna forma no estás de acuerdo
en que ellos actúan así cuando te irritas porque yerran. (2) Se dejan llevar
completamente por pensar que van hacia lo adecuado y conveniente. (3)
«Pero eso no es así». Enséñaselo, por tanto, y
muéstraselo sin irritarte.
6.28 La muerte es una tregua
a la reacción sensorial, a que te manejen como
marioneta los impulsos, al rodeo de la reflexión, al tributo que se rinde a la
carne.
6.29 Es vergonzoso que en la vida en la que el cuerpo no renuncia, el alma
renuncie antes[314].
6.30 Sé vigilante, no te cesarices[315], no te empapes en púrpura, cosa que
ocurre. (2) Mantente, por tanto, sencillo, bueno, puro, digno, sin pompa,
amigo de lo justo, piadoso, bien intencionado, afectivo, fuerte para ejecutar
lo conveniente.
(3) Lucha para permanecer
así como te
quiso hacer la
filosofía. (4) Respeta a los dioses, salva a los hombres. La vida es corta, el
único fruto de la existencia sobre la tierra es una disposición virtuosa y unas
acciones comunitarias. (5) En todo
como discípulo de
Antonino[316]: su
vigor a favor de acciones realizadas de acuerdo con la razón, su equilibrio
en todo,
su virtud, la calma
de su rostro, su dulzura, su ausencia de
vanagloria, su empeño para captar los asuntos. (6)
Cómo no rechazaba nada
en absoluto sin considerarlo antes mucho y reflexionarlo con seguridad. (7)
Cómo soportaba a los que lo criticaban injustamente
sin criticarlos a su vez.
Cómo no
se apresuraba para
nada, cómo no
aceptaba las calumnias.
(8)
Cómo era
un examinador riguroso
de los comportamientos
y de las
acciones, pero
ni crítico, ni asustadizo
ante rumores, ni
sospechoso, ni
enrevesado. (9) Cómo se conformaba con poco, así en la vivienda, en el
lecho, en el vestir, en el alimento, en su servidumbre. (10) Cómo era sufrido
y perseverante. (11) Capaz de permanecer quieto hasta la tarde gracias a su
dieta frugal, sin necesidad de evacuar fuera de la hora acostumbrada. (12)
Su firmeza y uniformidad con sus amistades. (13) Soportar a los que se
expresaban con
libertad contra sus
opiniones y agradecérselo
si alguno
mostraba una mejor. (14)
Cómo era piadoso
con los dioses sin
temores
supersticiosos. Que la última hora te llegue con igual de buena conciencia
que a él.
6.31 Recupera la sobriedad, recomponte tras dejar de
dormir y concluye que
unas pesadillas te importunaban, mira esto como mirabas
aquello[317].
6.32 Estoy
formado por cuerpecillo
y alma. Para el
cuerpecillo todo es
indiferente porque no puede establecer la diferencia. (2) Para tu mente es
indiferente[318] lo que no
es su actividad y todo lo
que es su
actividad
depende de ella. Entre sus actividades, sin embargo, sólo le
preocupa la
presente. En efecto, las futuras y las pasadas son actividades suyas que en
este preciso momento son indiferentes.
6.33 No
son el dolor de
la mano ni el del pie
contrarios a la
naturaleza
mientras el pie haga lo propio del pie y la mano lo de la mano. (2) Así, por
tanto, tampoco para el hombre como hombre es el dolor contrario a su
naturaleza, mientras haga lo propio del hombre. (3) Pero, si no es contrario
a su naturaleza, tampoco es un mal.
6.34 ¡Con qué goces se regocijaron los piratas,
los bujarrones, los
parricidas, los tiranos!
6.35 ¿No ves que muchos artesanos manuales, aunque se acomodan hasta
cierto punto a los para ellos profanos, a
pesar de eso se agarran
con fuerza a
la razón de su arte y no soportan verse apartados de ella? (2) ¿No es, por
ello, terrible que el arquitecto y el médico respeten más la razón de su
propio arte que el hombre la suya propia, que comparte
con los dioses?
6.36 Asia, Europa son rincones del universo. Todo el océano es
una gota del
universo. El monte Atos es un terroncillo del universo. Todo el tiempo
presente es un punto de la eternidad. Todo es pequeño, movible, propenso a
esfumarse. (2) Todo viene
de allí, ha surgido de aquel
principio rector
común expresamente o de forma sobrevenida[319]. (3)
Las fauces del león,
el veneno y toda maldad, como las espinas, el barro, son sobreañadidos a lo
venerable y
hermoso. (4) No te representes que eso
es ajeno a lo que
reverencias, por el contrario, reconoce la fuente de todo.
6.37 Quien
ve las cosas
presentes ha visto
todas: cuantas nacieron
desde
toda la eternidad y cuantas serán hasta el infinito. Todas son de un mismo
género y de un mismo aspecto[320].
6.38 Reflexiona muchas veces sobre la concatenación de todas las cosas del
universo y
sobre su relación
mutua. (2) De alguna
forma todas están
entrelazadas mutuamente y todas tienen por eso afinidad mutua. En efecto
esto está en contacto con
eso otro por el movimiento tensor, el hálito común
y la unidad de la substancia[321].
6.39 Acomódate a las cosas a las que estás unido por azar; ama, pero de
verdad, a los hombres con los que te ha tocado vivir.
6.40 Todo instrumento, toda herramienta, todo aparejo, si actúa para lo que
está fabricado,
está bien. (2)
Ciertamente, en ese caso
el fabricante es
externo. En
lo ensamblado por la
naturaleza la fuerza fabricadora está
dentro y
permanece. Por ello es
necesario en mayor grado respetarla y
considerar que, si la mantienes y la tratas según su deseo, todo en ti
está
según la inteligencia. (3) Así también están según la inteligencia las cosas
en conjunto.
6.41 Lo que no has escogido deliberadamente y supones que es tu bien o tu
mal, por fuerza, en el caso de experimentar el mal mencionado o en el de
fracasar el bien indicado, se lo criticas a los dioses y es motivo de odio
contra los hombres que son causantes o supones que podrán serlo de ese
fracaso. Además, cometemos muchas injusticias
por desacuerdo en esas
cuestiones. (2) Por el contrario, si sólo juzgamos
como bueno y malo lo que
de nosotros depende, no queda ya motivo alguno ni de acusar a la divinidad
ni de tomar partido hostil contra el hombre.
6.42 Todos colaboramos para un único resultado, unos a sabiendas y con
discernimiento, otros a ciegas, igual que, creo que dice Heráclito[322],
incluso los que duermen son trabajadores y colaboradores de lo que ocurre
en el universo. (2) Uno colabora en una medida otro en otra, también por
exceso[323] quien critica e intenta ir contracorriente y anular los sucesos. En
efecto, el
universo también lo
necesitaba. (3) Por
tanto, sólo te queda
comprender entre quiénes te alineas. Así te tratará enteramente bien quien
gobierna el todo y te acogerá en la sección de los colaboradores. (4) Pero tú
no seas
un elemento como el
verso barato y ridículo de un drama que
menciona Crisipo[324].
6.43 ¿Acaso el sol reivindica hacer lo que es propio de la lluvia? ¿Acaso
Asclepio reivindica lo de la
portadora de frutos?[325]. ¿Y qué ocurre con
cada uno de los astros? ¿No son distintos pero colaboran
en lo mismo?
6.44 Si los dioses decidieron sobre mí o sobre lo que debía ocurrirme a mí,
decidieron bien. En efecto, ni siquiera es fácil pensar en un dios que no
decide. Pero ¿por qué causa iban a ponerse a hacerme el mal? (2) ¿En qué
se hubieran aventajado ellos o el común, que es en lo que más ejercen su
providencia? (3) Si no decidieron en particular sobre mí, decidieron, al
menos, sobre lo común en conjunto, a lo que, en consecuencia, debo
abrazar y amar. (4) Si, por el contrario, no deciden sobre nada… (creerlo,
desde luego, no es virtuoso o si lo es, no sacrifiquemos ya, ni oremos, ni
juremos ni
realicemos lo demás
que realizamos dirigido
a dioses que
supuestamente están presentes y nos acompañan)[326]; si
no deciden sobre
nada de lo que nos afecta, yo puedo, sin embargo, decidir sobre mi y yo
tengo análisis sobre lo que conviene. (5) A cada uno le conviene según su
constitución y naturaleza, y mi naturaleza es racional y
social.
(6) Mi ciudad y mi patria, como Antonino[327] que soy, es Roma. Como
hombre, es
el universo. Por
tanto, las que son
beneficiosas para esas
ciudades, sólo ésas considero que son buenas.
6.45 Cuanto ocurre a cada uno le conviene al todo. Con eso bastaba. (2)
Pero además observarás en general, si miras con detenimiento, que lo que
conviene a
un hombre también
conviene a los
demás. (3) En este
caso
tómese lo conveniente en su uso más habitual aplicado a lo que no es ni
bueno ni malo.
6.46 Igual
que te ofenden los espectáculos de los
anfiteatros y lugares
semejantes porque ver siempre lo mismo y similar hace que su
contemplación harte, eso te ocurre aplicado a toda tu vida, porque todas las
cosas de
arriba abajo son las
mismas y surgen de lo mismo. Entonces,
¿hasta cuándo?
6.47 Reflexiona sin pausa sobre la gran variedad de hombres ya muertos,
variedad en sus actuaciones y variedad en sus razas, hasta llegar a Filistión,
Febo y Origanión[328]. (2) Recorre ahora otras estirpes. (3) Es necesario que
nos traslademos allí donde florecieron tantos oradores competentes, tantos
filósofos venerables, Heráclito, Pitágoras,
Sócrates; antes de
eso tantos
héroes, después tantos generales, tiranos.
(4) Además de ellos, Eudoxo,
Hiparco, Arquímedes[329]; otras naturalezas
sagaces, grandiosas, sufridoras,
capaces de todo, presuntuosas, mordaces sobre la
propia existencia mortal y
efímera de los hombres, como Menipo[330], y tantos otros semejantes. (5)
Reflexiona sobre todos estos
que están muertos hace tiempo. Así pues, ¿qué
tiene eso
de terrible para
ellos? ¿Y qué para
los no renombrados en
absoluto? (6) Sólo una cosa es digna de mucha estima: pasar la vida siendo
benévolo con verdad y justicia frente a los falsos e
injustos.
6.48 Cuando quieras reconfortarte, recapacita
en los puntos sobresalientes
de los que conviven contigo. Por ejemplo, en uno es
su actividad, en otro su
decencia, en otro su generosidad, así sucesivamente. En efecto, nada
reconforta tanto como que las copias[331] de las virtudes aparezcan en el
carácter de contemporáneos tuyos y que concurran lo más agrupadamente
posible. Por ello hay que tenerlas a mano.
6.49 ¿Te vas a irritar porque pesas tantas libras y no trescientas?[332].
Así
entonces también por tener
que vivir hasta tantos años
y no hasta más. Igual
que te
conformas con la
substancia que se te
ha asignado, así también
aplicado al tiempo.
6.50 Intenta convencerlos, pero actúa también contra su voluntad cuando la
razón de la justicia así te guíe. Si, a pesar de ello, alguien usando violencia
se te opone, cambia a una actitud complaciente y no dolida, que haber sido
impedido te sirva para otra virtud y recuerda que emprendías tu actuación
con reserva[333] y que no apetecías imposibles. ¿Qué apetecías? Una
empresa así.
Alcanzas eso. Sucede aquello
por lo que
nos pusimos en
camino.
6.51 El ansioso de fama supone que su bien está en la actuación de otro, el
ansioso de placeres que está en su propia sensación; por el contrario, el que
tiene inteligencia que está en su propia actuación.
6.52 Es posible no hacer ninguna suposición sobre eso y no turbarse en el
alma porque las cosas en sí no tienen naturaleza capaz de provocar nuestros
juicios.
6.53 Acostúmbrate a no hacerte el distraído ante lo que afirma otra persona
y en la medida de lo posible métete en el alma del que
habla.
6.54 Lo que no conviene a la colmena tampoco conviene a
la abeja.
6.55 ¿Si
los marinos criticaran
al capitán o los
enfermos al médico, se
fijarían en algo que no fuera cómo procuraba él la salvación de los
embarcados o la salud de los pacientes?[334]
6.56 ¡Cuántos de los que entraron conmigo en este mundo se han marchado
ya!
6.57 La miel parece amarga a los que tienen ictericia[335],
el agua pavorosa
a los
que ha mordido un
rabioso y una pelotita algo hermoso a los niños
pequeños. ¿Por qué, entonces, me irrito? ¿Te parece que tiene menos fuerza
creer falsedades que la hiel para el ictérico y el veneno
para el rabioso?
6.58 Nadie te podrá impedir vivir según la razón de tu naturaleza. Nada te
podrá ocurrir al margen de la
razón de la naturaleza común.
6.59 ¡Cómo son aquellos a los que quieren complacer y por qué medios y
con qué
actuaciones buscan su
propio beneficio! ¡Con
qué rapidez la
eternidad lo cubrirá todo y cuántas cosas tiene ya
cubiertas!
LIBRO VII
7.1 ¿Qué es la maldad? Es eso que has visto muchas veces. Ante cualquier
suceso ten
a mano que es eso que has visto muchas veces. (2) En una
palabra, encontrarás lo mismo por arriba y por abajo, eso de lo que están
llenas las historias antiguas, las intermedias y las recientes, eso de lo que
están ahora llenas las ciudades y sus casas. (3) No hay nada nuevo. Todo es
al tiempo rutinario y de poca duración.
7.2 ¿Cómo
pueden las convicciones
fosilizarse de otra
forma si no es
porque las representaciones[336] que van aparejadas a ellas se apagan? En tu
mano está reavivar continuamente su llama. Puedo hacer
suposiciones sobre
lo que conviene. (2) Pues, si puedo, ¿por qué me turbo? Lo que está fuera
de mi reflexión, en general, nada tiene que ver con mi reflexión. Aprende
eso y
marcharás por el
camino recto. Te
es posible
revitalizarte. Mira de
nuevo los asuntos como los mirabas. En eso consiste
revitalizarse.
7.3 El
afán vacuo de una
procesión triunfal[337]: acciones de escenario,
cuadrillas, tropeles, duelos a lanza, huesillo tirado a cachorros, cebo para
los estanques de peces, desgracias y trabajos de hormigas, carreras de
ratoncillos sobresaltados,
muñequillos movidos por
hilos. (2) Es preciso,
por tanto, permanecer firme entre esto sin cacareos y con buen ánimo, pero
con la comprensión de que cada uno vale tanto como vale aquello por lo
que se afana.
7.4 Es
preciso seguir de cerca
tanto en la
conversación lo que se
está
diciendo en cada frase como ante cada impulso lo que está sucediendo: en
este caso ver al momento cuál es el objeto con el que se relaciona, en el otro
mantener la atención en cuál es el significado.
7.5 ¿Basta mi reflexión para eso o no? (2) Si basta, la uso para mi tarea
como instrumento entregado por la naturaleza del todo. Si no basta, o me
aparto de la tarea en favor de quien pueda llevarla a cabo mejor, o, en el
caso de
que eso no le
incumba, la realizo
como pueda, empleando
como
auxiliar a
quien pueda realizar lo oportuno y útil
para la participación
común con
la ayuda de mi
principio rector. (3) Pues, lo haga yo por
mí
mismo o
con otro, sólo
debe estar dirigido
a lo útil y en armonía con el
común.
7.6 ¡Cuántos de los agasajados con muchos himnos están ya entregados al
olvido! ¡Cuántos de los que hicieron esos himnos hace tiempo que están
ausentes!
7.7 No
te avergüences de
recibir ayuda porque
tienes delante realizar
la
tarea que te corresponde como el soldado que ataca una muralla. ¿Y qué, si
por estar cojo, no puedes tú solo trepar a las almenas pero sí te es posible
con otro?
7.8 Que el futuro no te turbe. En efecto, llegarás a él si es necesario con la
misma razón que ahora usas para el presente.
7.9 Todo está entretejido mutuamente, su vínculo es sagrado y casi nada es
ajeno entre sí. En efecto, forma un conjunto organizado y pone orden al
mismo universo, (2) porque el universo es uno a partir de todos, dios es uno
a través de todos, la substancia es una, la ley es una, la razón es común a
todos los
animales inteligentes, la
verdad es una, si
es que es una la
perfección de seres del mismo género y que participan de
la misma razón.
7.10 Todo lo material desaparece rápidamente en
la substancia del todo,
cualquier causa se remonta rápidamente a la razón del todo y el recuerdo de
todo rápidamente se subsume en la eternidad.
7.11 Para el animal racional su actuación es la misma según la naturaleza y
según la razón.
7.12 Recto, no corregido.
7.13 Igual que están los miembros del cuerpo en seres que son uno, esa
relación tienen los seres racionales, aunque estén separados, por estar
constituidos para una cierta colaboración[338]. (2) Esta reflexión se te
ocurrirá más si te dices muchas veces: «soy miembro de un conjunto
formado por seres racionales». (3) Si por el cambio de una letra te
consideras parte[339], ya no amas a los hombres de corazón, ya no te
reconforta hacer el bien sin
interés y ya lo
haces estrictamente como
un
deber, ya no como si te lo
estuvieras haciendo a ti mismo.
7.14 Suceda por fuera lo que quiera a quienes son susceptibles de sufrir por
ese suceso. (2) Pues si quiere, podrá censurar esos sucesos. Yo, por mi
parte, si no supongo que es malo lo ocurrido, aún no me siento perjudicado.
Y tengo la posibilidad de no suponerlo.
7.15 Haga o diga alguien lo que quiera, obligado estoy a
ser bueno. Como si
el oro,
la esmeralda o la
púrpura dijeran: «Haga
o diga alguien lo que
quiera, obligado estoy a ser esmeralda y mantener mi
propio color».
7.16 El principio rector no se mete en líos por sí mismo, quiero decir, no se
atemoriza él mismo, ni se entristece ni se vuelca en anhelos. (2) Si alguna
otra cosa
puede atemorizarlo o
entristecerlo, que lo
haga, porque no se
volcará a sabiendas él mismo en esa dirección. (3) Que el cuerpo vigile por
su cuenta que no le pase nada, si puede, y diga si le pasa algo. Pero el alma,
si padece temores y tristezas, y si, en una palabra, hace esas suposiciones,
que no sufra nada. En efecto, no le darás pie a llegar a tal juicio. (4) Es
autosuficiente, en lo que depende de él, el principio rector, si no provoca él
mismo su carencia; por eso está sin turbación
y sin obstáculos si no se turba
ni se obstaculiza él mismo.
7.17 La felicidad es un espíritu divino
bueno[340] o la
vida según un espíritu
divino bueno. (2) ¿Por qué te comportas así, representación? Vete, por tus
dioses, igual que viniste. Pues no te necesito. (3) Viniste según tu antigua
costumbre. No me encolerizo contigo. Sólo márchate.
7.18 ¿Teme alguien el cambio? ¿Qué puede llegar a ser sin cambio? ¿Qué
es más querido o más afín a la naturaleza del todo? (2) ¿Puedes tú mismo
bañarte si
la leña no cambia? ¿Puedes alimentarte si lo que comes
no
cambia? ¿Puede realizarse alguna de las cosas útiles sin cambio? (3) ¿No
ves, entonces, que el propio hecho de que tú cambies es algo semejante y
necesariamente semejante a la naturaleza del todo?
7.19 Por
la substancia del
todo como por un
torrente pasan todos
los
cuerpos, que son de la misma naturaleza que el todo y colaboran con él,
igual que
nuestros miembros[341] entre sí. (2) ¡A cuántos Crisipos se ha
tragado ya la eternidad, a cuántos Sócrates, a cuántos Epictetos! (3) Que se
te ocurra lo mismo ante absolutamente cualquier hombre y
cosa.
7.20 Sólo una cosa me distrae, el miedo a que yo mismo haga algo que no
quiere la constitución del hombre o de la forma que no quiere o lo que no
quiere en este momento.
7.21 Está
cerca que tú te
olvides de todo y también lo está que todos te
olviden.
7.22 Es característico del hombre amar también a los que tropiezan. (2) Eso
sucede si
se te ocurre al
tiempo que son tus congéneres, que yerran por
ignorancia y contra su voluntad, que después de poco ambos estaréis
muertos y
sobre todo que no
te perjudicó porque no hizo a
tu principio
rector peor que era antes.
7.23 La naturaleza del todo modeló a partir de toda la substancia, como si
fuera cera, un caballito, tras fundirlo, usó su materia para hacer un arbolito,
después un hombrecito, después otra cosa. Cada uno de ésos se mantuvo
poquísimo tiempo. (2) No tiene nada de terrible para un cofre que lo
descompongan, como tampoco que lo ensamblen.
7.24 La
expresión vengativa en
la cara es contraria
en exceso a la
naturaleza. Cuando muere muchas veces en la cara
la expresión noble,
finalmente se extingue hasta el punto de no poder ser reavivada su llama en
absoluto. (2) Procura prestar atención precisamente a eso que va contra la
razón, porque si la conciencia del error se marcha, ¿qué motivo hay para
vivir?
7.25 Todo cuanto ves lo cambiará ya mismo la naturaleza que gobierna todo
y hará otras cosas a partir de
su substancia y otras distintas de nuevo a partir
de la substancia de éstas para que el universo esté
siempre recién hecho.
7.26 Cuando alguien yerre contra ti, al punto medita que ha errado por sus
supuestos sobre qué es bueno y qué es
malo. Pues al
considerar eso te
compadecerás de él, no te sorprenderás ni te encolerizarás. (2) En efecto, o
bien también tú supones que es bueno lo mismo que él o alguna otra cosa
similar, por tanto hay que
perdonar; o bien, (3) si no supones que tales cosas
sean buenas y malas, podrás tener buen ánimo más fácilmente con quien
está confundido.
7.27 No
reflexiones en los
bienes ausentes como
ya presentes, sino
selecciona de los que están a tu lado los de mejor augurio y evoca a través
de ellos
cómo los perseguirías
de no estarlo. (2)
Sin embargo, al mismo
tiempo, por complacencia en ellos guárdate de acostumbrarte a valorarlos
en exceso hasta el punto de que si alguna vez no estuvieran a tu lado te
sintieras perturbado.
7.28 Recógete en ti mismo. Tiene el
principio rector la
naturaleza de
bastarse él solo si actúa con justicia y gracias a eso
mantiene la serenidad.
7.29 Elimina la representación. (2) Detén los hilos de la marioneta. (3)
Delimita el tiempo al presente. (4) Reconoce lo que te ocurre a ti o a
otro.
(5) Distingue y divide el objeto entre lo que es causa y
lo que es materia. (6)
Reflexiona en la última hora. (7) El error de aquel déjalo allí, donde surgió
el error.
7.30 Tensa la comprensión paralelamente a lo que se dice. Penetra con la
mente en los sucesos y en las acciones.
7.31 Irradia sencillez, vergüenza, sin distinguir entre el medio de la virtud y
el de la maldad. (2) Ama el género humano. (3) Sigue a
dios.
(4) Dice
él: «Todo es por convención, sólo son de verdad los
elementos»[342]. Basta con recordar que todo es por convención.
7.32 Si
átomos, disgregación; si
unificación, extinción o
transformación[343].
7.33 Lo
intolerable te mata,
lo que dura
tiempo es tolerable[344]. La
reflexión, si lo asume, preserva su propia tranquilidad y el principio rector
no se
debilita. (2) Las
partes dañadas por
el dolor si
pueden algo que lo
demuestren con relación a él.
7.34 Observa sus reflexiones[345], cuáles son, de qué huyen y qué persiguen.
(2) Como las dunas al depositarse unas sobre otras tapan las primeras, así
también en
la vida lo primero
queda tapado rápidamente
por lo que se
deposita encima.
7.35 «A
quien dispone de una
reflexión elevada y una visión de todo el
tiempo y de toda la substancia, ¿crees que la vida humana le parece que sea
algo grande?» «Imposible», dijo él. «Por tanto tampoco pensará que la
muerte es algo terrible». «Ni mucho menos»[346].
7.36 «Propio de un rey es actuar rectamente y tener mala
fama»[347].
7.37 Es
vergonzoso que el
aspecto externo esté
sometido a obediencia
y
reciba refinamientos y adornos según las órdenes de la reflexión, al tiempo
que ésta no recibe sus propios refinamientos y adornos.
7.38 «No
hay que enfurecerse con las cosas /
porque a ellas nada les
importa»[348].
7.39 Ojalá des alegrías a los inmortales y a
nosotros[349].
7.40 «Cosecha la vida como espiga fructífera / y que éste
sea y ése no»[350].
7.41 «Si fui abandonada yo y mis dos hijos por los dioses / incluso eso tiene
su razón»[351].
7.42 «El bien está conmigo y la justicia»[352].
7.43 «Ni entones el treno, ni tengas palpitaciones»[353].
7.44 «Yo replicaría con este razonamiento justo: “No dices bien, hombre, si
crees que es necesario que el hombre estime como peligro vivir o morir,
cosa que
es de poca utilidad,
y sin embargo no considere
esto sólo, si
cuando actúa sus acciones son justas o injustas, si son de un hombre bueno
o de uno malo”»[354].
7.45 «Así es en verdad, atenienses, allí donde uno se coloca por pensar que
es el mejor o donde lo coloca el arconte, allí, según me parece, es necesario
aguantar el peligro sin tener en cuenta ni la muerte ni ninguna otra cosa que
no sea el deshonor»[355].
7.46 «Querido, vigila, no sea que resulte noble y bueno algo distinto a
mantener o mantenerse vivo. No sea que el hombre de verdad deba ser
indiferente a eso, vivir el mayor tiempo, y no deba amar sólo la vida. Debe
dejarlo en manos de los dioses y creer a las mujeres aquello de que nadie
podría huir de su destino; según eso debe considerar de qué manera puede
vivir mejor la vida que tenga que vivir»[356].
7.47 Contempla los desplazamientos de los astros como si giraras con ellos
y reflexiona sobre las transformaciones
mutuas y continuas de los
elementos. (2) Estas representaciones nos
purifican de la porquería de la
vida terrestre.
7.48 Desde luego que cuando se hacen discursos sobre
los hombres hay que
contemplar las cosas de la
tierra como desde
arriba: rebaños, ejércitos,
tierras labradas, bodas, divorcios,
nacimientos, muertes, jaleo de los
tribunales, desiertos, variados pueblos bárbaros, fiestas, lamentos fúnebres,
mercados; mezcolanza y orden universal a partir de sus
contrarios.
7.49 Observa otra vez lo que fue antes, los cambios tan abundantes de lo
que es. Se puede también prever el futuro. (2) Pues será en todo parecido y
no es posible que se salga del ritmo de lo que ahora mismo sucede. De ahí
que sea lo mismo hacer la historia de la vida humana de cuarenta años que
la de diez mil. ¿Qué más podrás ver?
7.50 También: «Las que crecieron de la tierra vuelven a la tierra, / las
especies que brotan desde el firmamento / vuelven de nuevo a
la bóveda
celeste»[357].
7.51 También: «Con grano, con bebidas, con encantamientos / desvían el
curso para no morir»[358]. (2) «Hay que soportar el viento de los dioses / y
sus trabajos sin queja»[359].
7.52 «Más
hábil en el
combate»[360], pero
no más comunitario, ni
más
decente, ni mejor disciplinado en los sucesos ni más condescendiente con
las confusiones del prójimo.
7.53 Cuando se puede concluir la tarea según la razón común a dioses y
nombres, entonces nada es terrible, porque cuando es posible conseguir
beneficio a través de una actuación bien encaminada
y que avanza
conforme a nuestra constitución, entonces
no hay que sospechar de ningún
perjuicio.
7.54 En
cualquier lugar y permanentemente en tu mano está complacerte
piadosamente con la circunstancia del momento, comportarte con los
hombres del momento con justicia y tratar con artificio
la representación del
momento para que no te penetre sin control.
7.55 No
pasees tu mirada
por los principios
rectores ajenos, al
contrario,
dirígela recta allí donde te guía la naturaleza, la del todo a través de lo que
te sucede y la tuya a través de tus deberes. (2) Es deber de cada uno lo que
está en línea con su constitución. Están constituidos
los restantes seres en
función de los racionales (en cualquier circunstancia los débiles lo están en
función de los fuertes) y los racionales lo están unos en
función de otros. (3)
En la constitución del hombre el deber preponderante es el bien común; el
segundo es no ceder ante las pasiones corporales, (4) porque es propio del
movimiento racional e inteligente marcar sus confines y no dejarse vencer
por el
movimiento sensorial o
impulsivo; estos dos
movimientos son
propios de
animales, pero frente a
ellos quiere ser
preponderante y no
resultar inferior el inteligente, que con justicia es por naturaleza quien los
utiliza. (5) El tercer deber para la constitución racional es no precipitarse ni
dejarse engañar. (6) Que
el principio rector
agarrado a estos
principios
progrese recto y tenga lo que le es propio.
7.56 Como
muerto ya, tras
haber vivido hasta
este instante, tienes
en
adelante que vivir el exceso conforme a la naturaleza.
7.57 Desea sólo lo que te suceda y esté entrelazado como destino. ¿Qué hay
más armonioso?
7.58 Ante cada suceso pon ante tus ojos a aquellos a los que les sucedió lo
mismo, después se atormentaron, se extrañaron, se quejaron. Y ahora,
¿dónde están? En ningún sitio. (2) Entonces, ¿qué? ¿Tú quieres lo mismo?
¿No quieres dejar los cambios de humor ajenos a quienes cambian y se
dejan cambiar, y tú, por tu parte, dedicarte por completo a cómo enfrentar
los sucesos? (3) Los enfrentarás bien y te servirán de materia[361]. Basta con
poner tu
atención y deseo en
ser bueno contigo mismo en cualquier cosa
que hagas. Recuerda estas dos cosas que… y que no es indiferente en qué
situación[362].
7.59 Excava
dentro. Dentro está la fuente del bien
que puede siempre
borbotar de nuevo mientras excaves.
7.60 Es
preciso que el cuerpo
esté compacto y no caído a
pedazos, ni en
movimiento ni en reposo. (2) Igual que la reflexión vigila que aparezca en
la cara una expresión inteligente y
agradable, lo mismo hay que exigir en lo
que toca a todo el cuerpo. (3) Todo eso hay que mantenerlo sin afectación.
7.61 El arte de vivir es más parecido al de la lucha que al de la danza en la
medida que, ante lo que
le cae a uno de improviso, hay que mantenerse
preparado y sin caerse.
7.62 Constantemente presta atención a quiénes son esos a los que quieres de
testigos y qué principios rectores tienen. (2) Pues no censurarás a los que
tropiecen contra su voluntad y no precisarás de su testimonio aprobador, si
miras las fuentes de su juicio y de su impulso.
7.63 Afirma[363]
que toda alma se priva de la verdad contra su voluntad. De
igual forma también, por tanto, de la justicia, la prudencia, benevolencia, y
todo lo
semejante. Es de
todo punto necesario
recordar esto sin
interrupción. (2) Pues serás más condescendiente con
todos.
7.64 Ante
cualquier sufrimiento ten a mano lo siguiente: no es algo
vergonzoso
ni hace a la reflexión gobernante peor. Pues, ni
en cuanto
racional ni en cuanto comunitaria, la corrompe. (2) Desde luego, ante la
mayoría de los sufrimientos te será de ayuda el dicho de Epicuro: «ni es
insoportable ni es eterno si recuerdas sus límites y no
haces conjeturas»[364].
(3) Acuérdate también de que no prestamos atención a muchos males
difíciles de sobrellevar que son iguales al sufrimiento, por ejemplo, dar
cabezadas, arder de calor,
carecer de apetito.
(4) Así pues,
cuando estés
disgustado con algo así, dite que cedes al sufrimiento.
7.65 Vigila para que no te pase frente a hombres insociables lo mismo que
les pasa a los hombres frente a los hombres[365].
7.66 ¿Por qué podemos saber que Telauges[366] no fue superior a Sócrates
en su disposición? (2) No es suficiente que Sócrates muriera de forma más
honorable o dialogara con los sofistas de forma más habilidosa o pasara la
noche con
mucha fortaleza en
el hielo[367]
o, cuando recibió
la orden de
conducir al de Salamina, le pareciera más noble oponerse[368] o caminara
altanero[369], cosa sobre la
que uno podría desconfiar sobre si fue verdad.
(3) Por el contrario, hay que considerar qué alma tenía Sócrates y si podía
bastarle con ser justo con los hombres, virtuoso con los dioses, no irritarse
con el
mal, ni esclavizarse
por ignorancia de
algo, ni aceptar
nada de lo
asignado por el todo como extraño o soportarlo como intolerable, y no
propiciar que la inteligencia fuera partícipe de los
sentimientos de la carne.
7.67 La naturaleza no te amalgamó en un compuesto[370] hasta
el punto de
que no aspiraras a marcar tus confines y a tener tus propios asuntos bajo tu
control. Pues es muy posible llegar a ser un hombre divino y no ser
reconocido como tal por nadie[371]. (2) Acuérdate
de esto y de lo siguiente,
que de
poquísimas cosas depende
tener una vida
feliz. (3) Y por
haber
desesperado de llegar a ser
filósofo dialéctico y
naturalista, por eso
no
renuncies a ser libre, decente, comunitario, dócil ante
dios.
7.68 Pasa la vida sin congojas en el mayor júbilo aunque todos te vociferen
lo que quieran, aunque las fieras descuarticen los miembros insignificantes
de la mezcolanza solidificada de tu cuerpo. (2) ¿Qué impide en todas esas
situaciones que se mantenga a salvo la reflexión con
tranquilidad, con juicio
verdadero sobre los acontecimientos, con tratamiento adecuado de lo
sometido a consideración? (3) De tal forma que el juicio diga al
acontecimiento: «eres así en substancia, aunque aparentes ser distinto en
apariencia», y que el tratamiento diga al suceso: «te
estaba buscando porque
el suceso
presente es materia para la virtud racional, social y, en general,
para el oficio de un hombre que se equipara a dios», (4) puesto que todo
acontecer, sea obra de dioses o de hombres, se asimila y no es ni nuevo ni
difícil de tener entre manos, sino conocido y fácil de
trabajar.
7.69 La
perfección del carácter
supone que cada
día transcurra como
el
último, sin pálpitos, sin cabezadas, sin actuaciones
teatrales.
7.70 Los dioses, que son inmortales, no se irritan por tener que soportar en
tanta eternidad enteramente siempre a los hombres a pesar de que son tan
ruines y
de que son tantos.
Por añadidura cuidan de ellos de
todas las
formas. (2) ¿Tú, que estás a punto de terminar ya, renuncias, cuando eres
uno de los ruines?
7.71 Es ridículo no evitar la propia maldad, cosa que es posible, e intentar,
por el contrario, evitar la ajena, cosa que es imposible.
7.72 Aquello que averigüe la facultad racional y social, si no es ni
inteligente ni comunitario, en buena razón es un juicio que está por debajo
de ella.
7.73 Cuando tú has actuado bien y los demás han salido bien parados, ¿por
qué buscas, además de eso, en tercer lugar, como hacen los mentecatos,
parecer que has actuado bien o conseguir recompensa?
7.74 Nadie se cansa de beneficiarse. El beneficio
es un comportamiento
natural. No te canses de beneficiarte mientras tú
beneficies.
7.75 La naturaleza del todo impulsó la creación del universo. Ahora ya, o
todo lo
que ha llegado a
ser lo es por derivación, o son muy escasas y
decisivas las cosas para las que el principio rector del universo hace actuar
su propio
impulso. (2) Si
lo recuerdas te
hará más tranquilo
en muchos
casos.
LIBRO VIII
8.1 Te lleva también a no vanagloriarte el hecho de que ya no te es posible
haber vivido toda tu vida, o desde la juventud al menos, como filósofo, sino
que se ha hecho evidente, a muchos otros y a ti mismo, que estás lejos de la
filosofía. (2) Te has confundido, por tanto, y así no te es fácil ya adquirir la
fama del filósofo y se te enfrenta incluso el
supuesto previo. (3) Si has visto
verdaderamente dónde está el asunto deja a un
lado qué se opinará
de ti.
Que te sea suficiente si, en lo que te resta de vida, vives precisamente como
quiere tu
naturaleza que lo hagas.
(4) Reflexiona, por tanto, sobre qué
quiere y que nada más te distraiga, porque ya lo has intentado y después de
muchos descarríos nunca hallaste el vivir bien: (5) ni en los razonamientos
lógicos, ni en la riqueza, ni en la fama, ni en el disfrute, nada en absoluto.
(6) ¿Dónde está, pues? En hacer lo que persigue la naturaleza del hombre.
¿Cómo lo harás? Si tienes convicciones desde las que iniciar tus impulsos y
tus acciones. ¿Qué convicciones? Las que versan sobre lo bueno y lo malo:
no existe bien para el hombre que no lo haga justo, prudente, viril, liberal;
ni existe mal que no provoque lo contrario de lo dicho.
8.2 En
cada acción pregúntate:
¿cómo es en lo
que me atañe?, ¿no me
arrepentiré por ella? Un poco más y estoy muerto, y todo fuera. ¿Qué más
persigo, si la tarea presente es propia de un animal reflexivo, comunitario y
con reglas propias de dios?
8.3 ¿Alejandro, Cayo César, Pompeyo qué son en relación con Diógenes,
Heráclito y Sócrates? (2) Éstos vieron los asuntos, sus causas y sus
materias, y sus principios rectores fueron independientes. Aquéllos,
¡en qué
cosas fueron privilegiados! Y ¡en cuántas esclavos!
8.4 Aunque revientes, harán lo mismo, nada en menor
grado.
8.5 En primer lugar, no te turbes: todas las cosas
son según la naturaleza del
todo y en poco tiempo serás nadie en ningún sitio, como tampoco son ya
Adriano, ni Augusto. (2) A continuación, después de escudriñar en este
asunto y recordar a un tiempo que debes ser un hombre bueno y qué te pide
a cambio la naturaleza del hombre, realízalo sin darte media vuelta y de la
forma que
te parezca más
justa, con tal de
que sea con amabilidad, con
decencia y sin fingimiento.
8.6 La naturaleza del todo ejerce la función de trasladar
lo que está aquí allí,
cambiarlo, sacarlo de aquí y llevarlo allí. (2) Todo son variaciones, pero no
tales que haya que temer que algo sea nuevo. Todo es rutinario.
8.7 Le
basta a toda
naturaleza con avanzar por buen camino. Avanza por
buen camino la naturaleza racional que en sus
representaciones no se
acompasa con lo falso y poco claro, que endereza
sus impulsos sólo a tareas
comunitarias, que provoca apetitos y rechazos sólo de aquello que está en
nuestra mano y que se
conforma con todo
lo asignado por la
naturaleza
común. (2) En efecto, es una parte de ella, como la naturaleza de la hoja lo
es de la de la planta; con la diferencia de que en ese caso la naturaleza de la
hoja es
parte de una
naturaleza insensible, irracional y que puede verse
obstaculizada, mientras que la
del hombre es parte de
una naturaleza que no
puede ser
obstaculizada, que es
inteligente y justa, si es que establece
divisiones de las duraciones, de la substancia, de la causa, de la actividad,
de lo
que ocurre a cada
persona, proporcionales y
según la valía. Pero
también son equilibrados los repartos[372]. (3) Ahora bien, considera que no
vas a encontrar correspondencia de
una cosa equilibrada
con esta otra en
todo, sino
globalmente entre la
totalidad de esto
frente al conjunto de
aquello.
8.8 No
te es posible
leer, pero sí lo es contener la soberbia, sí lo es ser
superior a los placeres y a los sufrimientos, sí lo es estar por encima de la
honrilla, sí lo es no
tener mal humor con
los desconsiderados y
desagradecidos, aún más cuidar de ellos.
8.9 Que nadie te escuche censurar la vida en la corte, ni
siquiera tú mismo.
8.10 El arrepentimiento es
cierta reprobación a uno mismo por haber dejado
pasar algo útil. Lo útil debe ser algo bueno por
lo que tiene que preocuparse
una bella y buena persona. Ninguna bella y buena persona se arrepentiría
por haber
dejado pasar un
placer; el placer,
por tanto, no es algo útil ni
bueno.
8.11 Esa cosa, ¿qué es por sí misma en su constitución particular? ¿Qué
es
lo substancial en ella?, ¿qué es lo material?, ¿qué es lo causal?, ¿qué hace
en el universo?, ¿cuánto tiempo persiste?
8.12 Cuando te despiertas
desganado del sueño recuerda que es propio de tu
constitución y
de la naturaleza humana
prodigar acciones comunitarias,
mientras que dormir es algo compartido también por animales irracionales.
Lo que es propio de la naturaleza de cada uno eso le es más familiar, más
connatural y también más agradable.
8.13 Sin interrupción y ante cada representación, en
lo posible, haz filosofía
natural, estudia tus sentimientos, practica la
dialéctica[373].
8.14 Cuando te topes con alguien, proclama para tus adentros: ¿qué
convicciones tiene ése sobre el bien y el mal? (2) Porque si sobre el placer,
el sufrimiento y lo que
los provoca, y sobre
la fama, mala fama, muerte,
vida tiene unas convicciones de tal tipo, no me parecerá extraño o raro si
actúa de tal forma y tendré que acordarme de que se ve obligado a actuar
así.
8.15 Recuerda que es igual de vergonzoso extrañarse
de que la higuera
produzca higos como de que
el universo produzca eso de lo que es portador.
También es vergonzoso que el médico o el capitán se extrañen de que tal
paciente esté con fiebre o de que haya viento de
proa[374].
8.16 Recuerda que es un comportamiento libre por igual tanto cambiar de
opinión como obedecer al que te corrige. (2) Tuya es
la actuación y se
cumple según tu impulso y tu juicio, pero también, desde luego, según una
reflexión que es la tuya.
8.17 Si depende de ti, ¿por qué lo haces? Pero si depende de otro, ¿a quién
censuras? ¿A los átomos o a los dioses?[375]. Tanto lo uno como lo otro es
de locos. (2) No hay que censurar a nadie. En efecto, si
puedes, corrígelo. Si
no lo puedes, corrige, al menos, el hecho en sí. Si eso
tampoco, ¿con qué fin
conviene censurar? Porque nada debe hacerse al azar.
8.18 Lo que muere no cae fuera del universo. Si permanece aquí, también
se transforma aquí y se descompone en los elementos del universo. Y éstos
se transforman y no murmuran.
8.19 Cada
cosa ha nacido para
algo, el caballo, la viña. ¿De qué te
sorprendes? También el sol podrá decir: «he nacido para algo», como los
demás dioses. (2) Tú, entonces, ¿para qué? ¿Para complacerte? Mira si esa
reflexión aguanta.
8.20 La naturaleza no tiene menos marcada para cada cosa su extinción que
su principio o su transcurso, igual que el que tira la pelota. (2) ¿Qué bien
hay para la pelota cuando sube o mal cuando baja o cuando cae? (3) ¿Qué
bien para
la pompa cuando
se forma o qué
mal cuando se deshace? Lo
mismo también con relación a la lámpara[376].
8.21 Vuélvelo del revés y mira cómo
es, cómo se hace
al envejecer,
enfermar, sufrir. (2) Tiene la vida corta tanto el que elogia como el
elogiado,
tanto el que recuerda como el recordado. (3) Es más, ni siquiera aquí, en un
rincón de esta región, todos concuerdan, ni uno mismo consigo. Y toda la
tierra es un punto.
8.22 Presta atención a lo que
te ocupa, sea actuación, opinión, o significado.
(2) Te pasa eso con justicia ya que prefieres hacerte bueno mañana a serlo
hoy.
8.23 ¿Hago algo? Lo hago en referencia al bienestar de los hombres. ¿Me
ocurre algo? Lo acepto en referencia a los dioses y a la fuente de todas las
cosas por la que todo lo que sucede se entrelaza.
8.24 Tal como se te representa el baño: aceite, sudor, porquería, agua
pringosa; todo repugnante; así es cualquier fragmento de la vida y todo lo
que nos rodea.
8.25 Lucila[377] [enterró] a
Vero[378], después Lucila [fue enterrada].
Segunda[379] a Máximo[380], después
Segunda. Epitíncano[381] a
Diotimo[382], después Epitíncano. A Faustina[383]
Antonino, después
Antonino. Así todo. Céler[384]
a Adriano[385],
después Céler. (2) ¿Dónde
están aquellos los agudos que presagiaban o se pavoneaban como
Cárax[386], Demetrio[387] el platónico,
Eudemón[388]? Todo es flor de un día
y está muerto hace tiempo. (3) Algunos no son recordados ni durante un
poco, otros se transformaron en leyendas, otros ya también se marchitaron
en su leyenda. (4) Así pues, acuérdate de ellos y de que será necesario que
se disgregue tu compuesto, o que se apague tu hálito[389], o que se traslade y
recomponga en otro lugar.
8.26 Satisfacción para el hombre es hacer lo propio del hombre. (2) Propio
del hombre es la benevolencia para lo connatural, el desprecio a las
incitaciones sensoriales,
la diferenciación entre
las representaciones
convincentes, la contemplación de la naturaleza del todo y de lo que surge
según ella.
8.27 Tres son las relaciones. Una con el recipiente[390]
que nos contiene,
otra con la causa divina a partir de la cual suceden a todos todas las cosas y
otra con quienes convivimos.
8.28 El sufrimiento, o bien es un mal para el cuerpo (por tanto, que éste lo
proclame), o lo es para el alma, a
la que es posible
preservar su propia
serenidad y
calma, y no
suponer que es un
mal. (2) Cualquier juicio,
impulso, apetito y rechazo están dentro y ahí no penetra
ningún mal.
8.29 Elimina continuamente las
representaciones diciéndote a ti mismo:
«Ahora está en mi mano que en esta alma no haya ninguna maldad, ni
anhelo, ni en general ninguna turbación. Al contrario, gracias a observar
cómo son todas las cosas, trato cada una según su valía». (2) Recuerda esta
posibilidad.
8.30 Conversa naturalmente tanto en el Senado como ante cualquiera, con
orden, sin lucirte. Usa un discurso sano.
8.31 La corte de Augusto, su mujer[391], su hija[392], sus descendientes, sus
progenitores, su hermana[393], Agripa[394], sus parientes, familiares, amigos,
Ario[395], Mecenas[396], médicos, sacerdotes. Muerte para toda
esa corte. (2)
Después repasa las otras cortes y su muerte, después la muerte de ciudades
completas, como Pompeya[397], y no la de un hombre tras otro. (3) Ten en
cuenta también aquello que se inscribe en los monumentos funerarios:
«Ultimo de
su linaje», cuántos
trabajos sus antecesores
para dejar a un
sucesor,
y luego es forzoso
que alguno sea el último. Aquí otra vez la
muerte de todo un linaje.
8.32 La vida debe organizarse acción por acción y si cada acción consigue
lo suyo
en lo posible,
conformarse. Que consiga
lo suyo nadie te
puede
impedir. «Pero se entrometerá algo externo». (2) Nada en lo que se actúe
con justicia, con prudencia, con razón. (3) Pero quizá alguna otra acción
posible resultará impedida; sin embargo, con sentirte satisfecho frente al
propio impedimento y cambiar con buen ánimo a lo que se
te ofrece, al
punto otra acción toma su lugar que sea acorde con la organización que es
el tema de este razonamiento.
8.33 Recoge sin delirio de grandezas, despréndete con
desapego.
8.34 Si alguna vez viste una mano amputada, un pie, una cabeza cortada
tirada lejos del resto del cuerpo…, pues en algo parecido se convierte uno
mismo, en lo que de él depende, quien por no
aceptar los sucesos se escinde
a sí
mismo en dos, o
quien actúa en contra del común. (2) Te
quedaste
apartado en algún momento de la unidad natural,
porque por naturaleza eras
parte y ahora te mutilaste tú mismo. (3) Pero la cosa es hasta tal punto sutil
que puedes
de nuevo reunificarte
tú mismo. (4) Dios
no le concedió a
ninguna otra parte que pudiera reunirse de nuevo tras haberse separado y
ser amputada. (5) Observa la bondad con la que honró al hombre: para
empezar, a fin de que no se fragmentara separándose del todo, le otorgó que
dependiera de él, que una vez fragmentado, se juntara de nuevo, se
concertara y retomara su función como parte.
8.35 Igual que las demás facultades se las asigna a cada ser racional la
naturaleza de los racionales[398],
así también la siguiente la hemos tomado
de ella: (2) de la misma manera que la naturaleza todo lo que se entromete y
va en su contra lo cambia de dirección, lo recoloca dentro de lo destinado y
lo hace parte de ella, así también el animal racional puede transformar todo
impedimento en su propia materia[399] y usarlo para aquello que se hubiera
propuesto.
8.36 Que
no te confunda el
hecho de representarte
toda tu vida. No
reflexiones conjuntamente sobre cuáles y cuántos pesares hay que esperar
que se
producirán, por el
contrario, ante cada
uno de los presentes
interrógate sobre qué es lo
intolerable e insoportable en
esta tarea. En
efecto, te
sentirás avergonzado
de reconocerlo. (2)
Después acuérdate de
que no te pesa ni el futuro ni el pasado, sino siempre el presente. (3) Y ése
se empequeñece si tan sólo lo confinas y refutas a la
reflexión si no es capaz
de enfrentarse al presente sin más.
8.37 ¿Acaso Pantea[400] o Pérgamo[401] están
sentados junto a la urna
fúnebre de Vero? ¿Y
qué? ¿Acaso Cabrias
o Diotimo[402]
junto a la de
Adriano? Es ridículo. ¿Y qué? Si estuvieran sentados, ¿se iban a enterar los
muertos? ¿Y
qué? Si se
enterasen, ¿se iban a
alegrar? ¿Y qué? Si se
alegraban, ¿iban a ser ellos inmortales? (2) ¿No les concedió el destino
también a
ellos llegar a
viejas y viejos primero y luego morir? Entonces,
¿qué iban a hacer ellos, una vez muertos los otros?
8.38 Hiede todo eso y es sangre sucia empaquetada[403]. Si
puedes mirar
con agudeza, mira.
8.39 Juzgando
con los más sabios,
dice[404], no veo virtud que
oponga
resistencia a la justicia en la constitución del animal racional. Pero sí veo el
dominio sobre el placer.
8.40 Si suprimes tu suposición sobre lo que te parece que te entristece, tú
mismo te
has colocado en lo
más seguro. «¿Quién es tú mismo?» Es la
razón. (2)
«Pero yo no soy razón». Sea. Entonces que la razón
no se
entristezca a sí misma. (3) Si alguna otra cosa te va
mal, que eso mismo
haga sus propias suposiciones.
8.41 Un obstáculo para la percepción sensorial es un mal para la naturaleza
animal. (2) Un obstáculo para el impulso es igualmente un mal para la
naturaleza animal. Existe además otro tipo de obstáculo que es malo
también para la constitución vegetal. Por tanto, de igual
forma, un obstáculo
para la inteligencia es malo para la naturaleza
inteligente. (3) Aplícate todas
esas cosas a ti mismo. ¿Te afectan el sufrimiento, el placer? La percepción
sabrá. (4) ¿Se produjo una intromisión en tu impulso? Si tu impulso es sin
reserva[405] ya es como
un mal de lo racional. Pero si comprendes con
antelación el impedimento, ya no te verás perjudicado, ni obstaculizado. (5)
Aunque de
hecho, ningún otro
suele obstaculizar lo
privativo de la
reflexión, porque no le afecta ni el fuego, ni el hierro, ni el tirano, ni la
injuria, ni nada. Cuando llega a ser una pelota redondeada[406],
permanece
quieta.
8.42 No merezco entristecerme a mí mismo, puesto que tampoco entristecí
a otro voluntariamente.
8.43 Uno
se alegra con una
cosa, otro con otra. Yo, si mantengo sano el
principio rector, sin darme
media vuelta ante ningún hombre ni ante nada de
lo que sucede a los hombres, sino que miro todo con ojos benévolos y lo
acepto, y trato a cada uno según su valía.
8.44 Mira, éste es el momento para complacerte
tú mismo. (2) Quienes
persiguen en mayor medida su reputación postrera no se dan cuenta de que
aquellos que vivan después serán otros parecidos a como son estos que les
producen pesares: también aquéllos serán mortales. (3) En una palabra,
¿qué más te da que el eco de sus palabras sea discordante o se formen tal
tipo de suposición sobre ti?
8.45 Levántame y tírame donde quieras[407]. Porque
allí mi espíritu divino
lo mantendré propicio, es decir, conforme, si va a poder ser y actuar
consistentemente según su propia constitución.
(2) ¿Acaso algo merece provocar que el alma esté mal y por debajo de
su propio valor, por humillarse, lamentarse, hundirse,
amedrentarse? ¿Qué
encontrarás que se merezca eso?
8.46 A ningún hombre puede
sucederle nada que no sea accidente propio de
un hombre, ni a una vaca lo que no sea propio de una vaca, ni a una viña lo
que no sea propio de una viña, ni a una piedra lo que no es propio de una
piedra[408]. (2) Entonces,
¿si a cada uno
le sucede lo que está en su
costumbre y su naturaleza, por qué te irritarías? En efecto, la naturaleza
común no iba a soportar nada insoportable para ti.
8.47 Si te entristeces con algo externo, no es eso lo
que te apesadumbra,
sino tu
dictamen sobre eso.
(2) Está en tu mano eliminarlo ya. (3) Si te
entristece algo de tu constitución, ¿quién te impide rectificar esa creencia?
Lo mismo, si te entristece no realizar una cosa determinada que te parece
sana, ¿por
qué no realizas más,
mejor que entristecerte?
«Sí, pero se
interpone algo que es más fuerte». (4) Entonces, no te entristezcas porque
no depende de ti la causa de que no se realice. (5) «Sí, pero no merece la
pena vivir sin realizar eso». Entonces despídete de la vida con buen ánimo,
como muere el que sí realiza, y propicio con los que se
interponen.
8.48 Recuerda que el principio rector se hace invencible cuando replegado
sobre sí está satisfecho de no hacer lo que no quiere, incluso si sin razonar
se dispone a dar batalla. (2) ¿Qué ocurrirá, entonces, cuando juzga sobre
algo tras
considerarlo con detalle? (3)
Por eso es
la reflexión libre de
pasiones una fortaleza. En efecto, el hombre no dispone de nada más firme
donde refugiarse y ser en adelante inasequible. (4) Así pues el
que no ha
visto eso es ignorante, mientras que el que sí lo ha visto y no se refugia es
un desgraciado inexpugnable.
8.49 No
te digas tú mismo
nada más que lo que te anuncien las
representaciones precedentes[409]. Se
te ha anunciado que fulano habla mal
de ti. (2) Eso es lo que se ha anunciado. No se te ha anunciado que te veas
perjudicado. (3) Veo que el niñito está enfermo. Lo veo, pero no veo que
esté en
peligro. (4) Por
tanto, quédate así
siempre en las
primeras
representaciones y no añadas nada de tu cosecha, con eso nada te sucede.
Mejor, añade como conocedor de cada una de las cosas que ocurren en el
universo.
8.50 Un
pepino amargo,
tíralo. Zarzas en
el camino, apártalas.
Basta, no
comentes: «¿Por qué surgieron esas cosas en el universo?» Porque se reirá
de ti el hombre estudioso de la naturaleza, como se reiría el carpintero o el
guarnicionero, por reprenderlos porque ves en su taller virutas y recortes de
lo que
están fabricando. (2)
Sin embargo, éstos
tienen dónde tirar
esos
desechos. La naturaleza del todo no tiene nada externo, y lo admirable de su
arte es
que, ciñéndose a
sus confines, todo
lo que está en
su interior y
parece descomponerse, envejecer y ser inútil lo transforma en ella misma y
crea de
nuevo otras cosas
renovadas a partir
de eso para no usar de
substancia exterior ni precisar de un lugar donde expulsar lo más
descompuesto. (3) Por tanto, se basta con su propio territorio, con su propia
materia y con su propio arte.
8.51 No te arrastres en tus acciones, ni te embrolles en conversaciones, ni
vagabundees en representaciones, en una palabra, ni te contraigas en tu
alma ni te exaltes, ni dejes sin ocio tu vida.
(2) Te matan, descuartizan, persiguen con maldiciones.
¿Qué importa
eso para que la reflexión permanezca pura, capaz, prudente, justa? Es igual
que si uno al lado de una fuente transparente y rica la injuriase: ella no deja
de borbotear agua de beber. Aunque le tire uno barro o estiércol,
rápidamente los hará desaparecer, se lavará de
impurezas y de ninguna
forma se
contaminará. (3) Entonces, ¿cómo podrás tener una fuente que
siempre mane? Si en todo momento te mantienes libre gracias a tener buen
ánimo, ser sencillo y decente.
8.52 El que no sabe qué es el universo no sabe dónde está. El que no sabe
para qué ha crecido no sabe quién es. (2) El que deja sin resolver una sola
de estas cosas no podría decir ni qué es el universo ni para qué ha crecido.
(3) Entonces, ¿cómo te parece que es quien va detrás del ruido de gente que
aplaude sin saber ni dónde está ni quién es?
8.53 ¿Quieres recibir el elogio de un hombre que se
maldice a sí mismo tres
veces a
la hora? ¿Quieres agradar
a un hombre
que no se agrada a sí
mismo? (2) ¿Se agrada a sí mismo quien se arrepiente de casi todas sus
acciones?
8.54 No sólo respires con el aire que te envuelve, sino piensa también con
lo inteligente que todo lo envuelve. (2) Pues la propiedad de la inteligencia
está expandida y lo empapa todo en beneficio de quien puede absorberla, no
menos que la del aire en beneficio de quien puede
respirar.
8.55 La
maldad de forma
genérica en nada
perjudica al universo
y
parcialmente en nada perjudica a otro, es perjudicial sólo a quien se le
otorgó también apartarse de
ella en cuanto lo quiera.
8.56 A mi capacidad de elección le es por igual indiferente la capacidad de
elección del prójimo, como también su hálito vital y sus carnes. (2) Incluso
si es verdad que, sobre todo, hemos nacido unos por otros, sin embargo los
principios rectores, uno por uno, tienen su propia autoridad, porque si no la
maldad del prójimo sería mala para mí, cosa que no aprobó
el dios, para que
no dependiera de otro que yo fuera desafortunado.
8.57 Aparentemente el sol se
derrama y por todas partes se vierte,
sin
embargo,
no se vacía,
porque su derrame
es expansión[410]. (2) Así, por
ejemplo, se dice que sus proyecciones son rayos por expansión. (3) Cómo
es un
rayo lo podrías ver
si contemplaras la luz del sol penetrar en una
habitación a oscuras a través de una ranura. Se extiende en línea recta y
hace como presión sobre lo sólido que sale a su encuentro y lo separa del
aire más allá. Ahí se detiene y no resbala ni cae. (4) Así pues, tiene que ser
parecido el derrame y la efusión de la reflexión mental, de ninguna forma
vaciamiento, sino expansión; frente a lo que le sale al encuentro no ejerce
una presión violenta o rompedora y desde luego que no lo hace caer, por el
contrario, se detiene y lo hace brillar si lo acoge, pues el objeto que no la
transmita se verá privado de su proyección.
8.58 Quien teme la muerte, o teme perder la percepción sensorial, o teme
una percepción
sensorial diferente. (2) Pero
si no tienes
ya percepción
tampoco percibirás ningún mal, y si adquieres una percepción diversa serás
un ser diverso y no dejarás de vivir.
8.59 Los hombres han nacido unos por otros. Por tanto,
enseña o aguanta.
8.60 De
una forma vuela el
dardo, de otra vuela la inteligencia. Sin
embargo, la inteligencia, incluso cuando es precavida y cuando se retuerce
en su análisis, en nada vuela menos derecho y sobre su
objetivo.
8.61 Penetra en el principio rector de cada uno y ofrece también a cualquier
otro penetrar en tu propio principio rector.
LIBRO IX
9.1 El que es injusto es impío porque la naturaleza del todo ha creado los
animales racionales unos por otros, de forma que se beneficien mutuamente
según su valía y no se perjudiquen en manera alguna; el que infringe esa
decisión es
impío con toda
claridad contra la
más respetable de
las
divinidades.
(2) También el que miente es impío en relación con la misma divinidad
porque la naturaleza del todo es la naturaleza de las cosas que son de hecho
y éstas
guardan intimidad con
lo que existe. (3)
Además también se la
denomina la verdad y es la causa primera de todas las verdades. (4) Por
tanto, el
que miente voluntariamente
es impío, por ser
injusto con su
engaño; el que lo hace involuntariamente por estar
en disonancia con la
naturaleza del todo y por ofender su orden con su lucha contra la naturaleza
del universo ordenado. (5) En efecto lucha el que se deja llevar contra sí
mismo en dirección contraria a la verdad. Pues había obtenido previamente
recursos de la naturaleza y, al descuidarlos, no es capaz ya de discernir lo
falso de lo verdadero.
(6) Desde
luego, también el
que persigue los
placeres como bienes
y
huye de los pesares como males es impío. Necesariamente critica muchas
veces a la naturaleza común por haberlos
distribuido a ruines y cumplidores
en contra de su valía, porque muchas veces los ruines están entre placeres y
consiguen lo que los produce, mientras que los cumplidores se topan con el
pesar y lo que lo produce. (7) Además el que teme los sufrimientos temerá
también alguna vez algo de lo que será en el universo y eso es ya impiedad.
(8) El que persigue los placeres no se apartará de
cometer injusticia y eso es
con toda evidencia impiedad. (9) Es preciso que en relación con lo que la
naturaleza es neutra (pues no crearía sufrimientos y placeres si no fuese
neutra con
unos y otros), en
relación con eso, también los que quieren
obedecer a la naturaleza se mantengan neutros siendo ecuánimes. Así pues,
quien en relación con el sufrimiento
y el placer, la muerte y la vida, la fama
y la
mala fama, con los
que la naturaleza tiene un trato neutro, él no es
neutro, está claro que es impío[411]. (10) Afirmo que la naturaleza común
tiene un trato neutro con esas cosas debido a que ocurren neutramente en
una secuencia de sucesos unos tras otros a partir de algún impulso primitivo
de la
providencia por el
que pasó de cierta
forma originaria a este
ordenamiento, al concebir
algunas razones de los
hechos futuros y delimitar
capacidades generadoras de substancias, cambios y
sucesiones de ese tipo.
9.2 Sería propio de un hombre agraciado marcharse de entre los hombres
sin catar
la falacia, ni
ningún fingimiento, ni
molicie, ni delirio
de
grandezas. (2) Un segundo derrotero es expirar saciado de todo eso. (3) ¿O
eliges sentarte con la maldad y ni siquiera tu experiencia te convence de
rehuir esa peste? (4) Pues peste es la destrucción de la reflexión mucho más
que alguna
contaminación pestilente y
alteración del aire
que fluye en
derredor[412]. (5) Pues
ésta es la peste
de los animales en cuanto son
animales, mientras que aquella es la de los hombres en
cuanto son hombres.
9.3 No desprecies la muerte, por el contrario confórmate con ella como si
fuera un ser que quiere la naturaleza. (2) Hacerse joven, envejecer, crecer,
estar en plenitud, producir dientes, barba, canas, engendrar, estar preñada,
parir y
todos los procesos
naturales que traen
las fases de la
vida, es lo
mismo que la propia descomposición. (3) Esta es, por tanto, la disposición
de un
hombre que ha reflexionado bien: no debe tener frente a la muerte
una actitud burda, ni impetuosa, ni arrogante, sino esperarla como una de
las funciones naturales. (4) Así como esperas en el instante en que sale el
retoño del vientre de tu mujer, de esa forma acepta la hora en que tu alma
escapará de este estuche. (5)
Si quieres también una regla vulgar que toca tu
corazón: te hará estar muy apacible con la muerte pararte a pensar en los
objetos de los que vas a separarte, y con qué gente ya no se contaminará tu
alma. (6)
Sus golpes deben
afectarte lo menos
posible, por el
contrario
ocúpate de ellos y aguántalos
condescendiente, recordando, con todo, que te
separarás de hombres que no son de tu misma opinión. (7) Eso es lo único
si acaso que te hubiera arrastrado y te hubiera mantenido en el vivir, si te
estuviera permitido convivir con los que hubieran desarrollado las mismas
creencias. (8) Por el contrario ves que tan grande es el golpe recibido por la
disonancia de la convivencia que dices: «Muerte,
ojalá vengas rápidamente,
no sea que hasta yo mismo me olvide de mí».
9.4 El que yerra, yerra contra sí mismo. El que es injusto es malo consigo
mismo porque se hace malo a sí mismo.
9.5 Muchas veces es injusto quien no hace, no sólo quien
hace.
9.6 Basta con la suposición presente si comprende, con la actuación
presente si es comunitaria, con la disposición presente si es complaciente
frente a cualquier suceso por una causa exterior.
9.7 Elimina la representación[413].
Detén el impulso. Apaga el apetito. Ten
el principio rector bajo su propio mando.
9.8 Entre
los animales irracionales
se divide un alma
única, entre los
racionales se reparte un alma única pensante. (2) De la misma forma que
una sola
tierra es para
todos los terrestres,
vemos con una
sola luz y
respiramos un solo aire todos cuantos pueden ver y son
animados.
9.9 Todo lo que
comparte algo común
tiende a lo que
es de su mismo
género afanosamente. (2) Todo lo terrestre se inclina hacia la tierra, todo lo
líquido confluye, lo aéreo lo mismo, hasta el punto de exigir a los que
intentan separarlos incluso violencia. (3) El fuego se
eleva por su forma
elemental[414] pero tiene
tal disposición a
inflamarse aquí abajo
con
cualquier tipo de fuego que incluso todo lo leñoso que esté algo más seco se
inflama fácilmente porque en su mezcla es menos fuerte
eso que impide que
se inflame. (4) Así pues, también todo lo que participa de una naturaleza
inteligente tiende afanosamente a su congénere o incluso más que eso: (5)
cuanto superior
es en comparación a otros, tanto más
dispuesto está a
mezclarse y fundirse con su familiar. (6) Así para empezar, entre animales
irracionales surgieron enjambres, manadas,
cuidados a los polluelos e
incluso algo similar a amoríos porque ya eran seres animados y al ser una
forma superior se manifestaba la tendencia a reunirse como
no se daba entre
vegetales, ni entre piedras o leños. (7) Entre los seres racionales hay
organizaciones sociales, amistades, familias,
asociaciones y en las guerras,
pactos y treguas. (8) Entre los que son aún superiores, incluso aunque estén
separados, subsiste de alguna manera una unificación, como entre las
estrellas. (9) Así la elevación a lo superior es capaz de
producir una
simpatía incluso si están separados. (10) Considera, por tanto, lo que ahora
sucede. Sólo los inteligentes
se han olvidado de la tendencia y convergencia
de unos
hacia otros y pasa
desapercibida así la confluencia. (11) Sin
embargo, aunque huyan son alcanzados porque la naturaleza es poderosa.
Verás
lo que digo si
observas con atención.
(12) Así, por ejemplo, uno
podría encontrar más
rápidamente algo terrestre sin contacto con lo terrestre
que a un hombre despegado del hombre.
9.10 El hombre, la divinidad, el universo produce su fruto; cada uno en la
estación indicada. (2) Si la costumbre le da al término ‘fruto’ como sentido
propio el banal que se aplica a la vid y plantas similares, no tiene ninguna
importancia. (3) La razón produce un fruto que es común y
particular y
nacen de él otros semejantes tal y como es la propia
razón.
9.11 Si puedes, refórmalo. Si no, recuerda que
te ha sido dada la
amabilidad
para eso. (2) También los dioses son amables con personas así y colaboran
en algunas
cosas, en la salud,
en la riqueza, en la buena fama. Tan
bondadosos son. También a ti
te es posible. O dime quién te lo impide.
9.12 Trabaja no como
desgraciado y no por querer compasión o admiración.
Desea sólo una cosa, ponerte en movimiento y parar según te pide la razón
social.
9.13 Hoy
salí de cualquier
aprieto, mejor dicho
arrojé cualquier aprieto,
porque no estaba por fuera, sino por dentro, en mis
suposiciones.
9.14 Todo eso es
cotidiano por la
práctica, pero flor de
un día por
su
duración y
sucio por su
materia. (2) Todo
es ahora como era cuando
aquellos a los que hemos enterrado.
9.15 Las
cosas exteriores a
nuestras puertas se
mantienen ellas por
sí
mismas sin saber nada de sí ni manifestarlo. ¿Quién hace manifestaciones
sobre ellas? El principio rector.
9.16 Lo malo y bueno del animal racional social no está en padecer sino en
actuar,
como tampoco su
virtud y su maldad
están en padecer, sino en
actuar.
9.17 Para
la piedra arrojada
hacia arriba no
es nada malo
dejarse caer ni
nada bueno dejarse elevar.
9.18 Penetra en el interior hasta los principios rectores y verás qué jueces
temes, qué clase de jueces son de sí mismos.
9.19 Todo está en
transformación. También
tú mismo estás en
continua
alteración y
en cierto modo
destrucción; el universo,
por su parte, en
su
totalidad.
9.20 El error ajeno hay que dejarlo allí.
9.21 El cese en una actuación, en un impulso, la pausa y como muerte en
una suposición,
no son nada malo. (2) Recorre ahora
épocas, como la
infancia, la adolescencia, la juventud, la vejez: cualquier cambio de una a
otra es también muerte. ¿Acaso es algo terrible? (3) Recorre ahora tu vida
con tu
abuelo, luego con
tu madre, luego con
tu padre[415].
Si descubres
también otras muchas destrucciones, cambios,
ceses, pregúntate: «¿Acaso
es algo
terrible?» Por tanto,
el cese, pausa y
cambio de toda tu vida
tampoco lo es[416].
9.22 Corre y llega a tu propio principio rector, al del todo y al de éste a tu
lado. Al
tuyo para hacerlo
propicio a la justicia.
(2) Al del
todo para
recordar de qué eres parte. Al de éste para determinar si es ignorancia o
inteligencia y al tiempo darte cuenta de que es tu
congénere.
9.23 Igual que tú eres integrante de un conjunto social, que también así
cualquier acción tuya se integre en la vida social. (2) La acción que no
tenga relación inmediata o lejana con el fin social, ésa despedaza tu vida, no
permite que ésta sea una sola y es conflictiva, como el que en un pueblo
separa su propia parte de una armonía así formada.
9.24 Rabietas de niñatos, bromas, espiritillos que llevan cadáveres, de tal
forma que
se nos ocurra con
mayor evidencia lo de la evocación de los
muertos[417].
9.25 Aproxímate a la cualidad de su causa y sin lo
material defínela y
contémplala[418]. Luego delimita el tiempo que como máximo va a subsistir
naturalmente eso con esa cualidad individual.
9.26 Sobrellevaste diez mil calamidades por no conformarte con que tu
principio rector hiciera eso tal y como está constituido.
Basta.
9.27 Cuando otro te critique, te odie o expresen cosas por el estilo, acércate
a sus pequeñas almas, recorre su interior y mira cómo son ellos. (2) Verás
que no necesitas desencajarte para que formen
una opinión cualquiera sobre
ti. Sin
embargo debes pensar
bien de ellos
porque por naturaleza
son
amigos (3) y los dioses los ayudan de varias formas con sueños,
adivinaciones, precisamente en eso que les afecta.
9.28 Así son los ciclos del universo, arriba, abajo, de una eternidad a otra.
(2) La reflexión del universo o impulsa cosa a cosa, y si es así, acepta tú su
impulso, o impulsó una vez y las restantes son sobrevenidas. (3) ¿Y por qué
te pones tenso? De alguna manera, átomos o
destino[419]. El todo, si es dios,
mantiene bien la totalidad de las cosas, si es el
azar, no seas tú también azar.
(4) La
tierra nos cubrirá
ya a todos
nosotros, después ella
cambiará,
aquellas cosas cambiarán sin fin y otra vez
aquéllas sin fin.
(5) Si
recapacitas en las fluctuaciones de los cambios y transformaciones, y en su
rapidez, despreciarás cualquier cosa mortal.
9.29 Es
un torrente la
causa de todo.
Todo lo lleva.
(2) ¡Qué poco valor
tienen los hombrecillos esos metidos en política que actúan, según se cree,
como filósofos! Son unos mocosos. (3) ¿Entonces qué?, hombre. Haz lo
que la
naturaleza te está
pidiendo ahora. (4)
Emprende si te es
dada esa
posibilidad y no mires en derredor si alguien lo apreciará. (5) No esperes
conseguir el estado platónico, confórmate
si se avanza lo más mínimo y
reflexiona sobre el resultado de eso mismo, qué cosa tan pequeña es. (6)
¿Alguien podrá cambiar su opinión?[420]. ¿Sin el cambio de opinión qué
otra cosa sino servidumbre de hombres quejosos que fingen obedecer? (7)
Haz comparecer ahora y háblame de Alejandro, Filipo[421] y Demetrio
Falero[422]. Observaré si vieron qué quería la naturaleza y si se instruyeron a
sí mismos. Si se comportaron
como actores trágicos nadie me ha condenado
a imitarlos. La función de la filosofía es sencilla y decente. (8) No me
distraigas en solemnidades huecas.
9.30 Contempla desde arriba los diez mil tropeles, los diez mil ritos, la
navegación de todo tipo, en tormentas y en bonanzas, las diferencias entre
los que
nacen, coexisten, dejan
de ser. (2) Reflexiona sobre la vida que
vivieron otros antiguamente, la que se vivirá después de ti y la que se vive
ahora entre pueblos extraños. También en cuántos ni siquiera conocen tu
nombre, en cuántos lo
olvidarán rápidamente, en cuántos que quizá ahora lo
alaban rápidamente te censurarán. En
cómo ni la memoria
es digna de
consideración ni la fama ni ninguna otra cosa en
absoluto.
9.31 Imperturbabilidad ante
lo que sucede por una causa externa, justicia en
lo que se ejecuta por una causa que depende de ti. (2) Esto es: impulso y
actuación que limitan con la propia acción comunitaria en cuanto propia de
tu naturaleza.
9.32 Muchas cosas superfluas que te molestan puedes suprimirlas, ya que
reposan por completo en tu suposición, y te procurarás gran amplitud: (2)
abarcar todo
el universo en tu pensamiento, englobar el tiempo eterno,
considerar el rápido cambio de las cosas en sus partes, qué breve es el
tiempo que media entre el nacimiento y la disolución y qué inmenso el
anterior al nacimiento que es tan infinito como el de después de la
disolución.
9.33 Todo lo que ves se destruirá rápidamente y los que observen su
destrucción también ellos se destruirán. (2) Y el
viejo más viejo en
el
momento de morir se quedará en lo mismo que el que muere
a destiempo.
9.34 ¡Cómo son sus principios rectores: por qué se afanan, qué desean y
honran! (2) Considera que estás viendo sus pequeñas almas al desnudo.
Cuando creen que perjudican por censurar o que se benefician por halagar,
��cuánta ilusión!
9.35 La pérdida no es otra cosa que el cambio, con el que se complace la
naturaleza del
todo según la cual todo nace, desde
la eternidad vienen
naciendo los seres de forma parecida y hasta el infinito habrá otros
parecidos. (2) Entonces, ¿qué? ¿Vas a decir
que todo viene
naciendo
siempre mal y que no se encontró nunca ninguna fuerza que enderezara eso
entre tantos dioses, sino que el universo está condenado a coexistir con
males incesantes?
9.36 Lo que se pudre de la materia subyacente de cada uno es agua, polvo,
huesillos, hedor. El mármol son cálculos que sufre la tierra; el oro, la plata,
son sedimentos; el vestido son pelos; la púrpura es sangre[423] y todo lo
demás es
parecido. (2) El
pequeño hálito vital
es algo por el
estilo que
procede de eso y que se transforma en eso.
9.37 Basta ya de esta vida miserable, de refunfuñar y de hacer el mono. (2)
¿Qué te
turba? ¿Qué hay de
nuevo en eso? ¿Qué te saca de quicio? ¿La
causa? Mírala. ¿La materia, acaso? Mírala. Nada hay fuera de ellas. (3)
Hazte más sencillo y mejor para con los dioses.
(4) Es lo mismo estar averiguándolo cien años que tres.
9.38 Si erró, ahí está el mal, pero quizá no erró.
9.39 O a partir de una sola fuente inteligente todo viene a coincidir después
como si fuera un solo cuerpo y no debe criticar la parte sucesos favorables
al todo, o son átomos[424] y no existe nada excepto revoltijo y disgregación.
(2) ¿Por qué te perturbas, entonces? Dile al principio rector: «estás muerto,
estás destruido, estás animalizado, eres un actor, eres un borrego, paces».
9.40 O los dioses no tienen ningún poder
o lo tienen. (2) Si no tienen poder,
¿por qué rezas? Si lo tienen, ¿por qué no rezas más para que te concedan no
temer nada de eso, no anhelar nada de eso, no entristecerse por nada de eso,
mejor que rezar para que esté contigo o deje de estar algo de eso? (3) Pues,
en cualquier caso, si pueden colaborar con los hombres también pueden
colaborar en eso. (4) Pero quizás dirás: «Los dioses hicieron que eso
estuviera en mi mano». (5) En segundo lugar, ¿no es preferible usar lo que
está en tu mano con libertad mejor que sentirte concernido por lo que no lo
está con
servidumbre y humillación?
¿Quién te dijo que los dioses no
cooperan también en lo que está en nuestra mano? (6)
Empieza de una vez a
rezar por esto y verás. (7) Ése reza: «Ojalá me acueste con aquélla». Tú:
«Ojalá no anhele acostarme con aquélla». (8) Otro: «Ojalá me vea libre de
aquél». Tú: «Ojalá no desee verme libre de aquél». (9) Otro: «Ojalá no
pierda a mi hijito». Tú: «Ojalá no tenga miedo de perderlo». (10) Dale la
vuelta así por completo a tus oraciones y estudia qué
ocurre.
9.41 Epicuro[425] dice: «En mi enfermedad no
versaban mis encuentros
sobre los padecimientos de mi pequeño cuerpo y no charlaba con las visitas
de esos temas. Por el contrario seguía en el estudio de
los fundamentos de la
naturaleza y me dedicaba precisamente a esto, a cómo la reflexión aunque
compartiendo tales afecciones de la carne se mantenía imperturbable
vigilando su propio bien. No le concedía a los médicos cacarear
insolentemente que hicieran algo, sino que llevaba una buena y bella vida».
(2) Lo mismo que él, en la enfermedad y en cualquier otra circunstancia. Es
común a cualquier escuela no desistir de la filosofía en sean cuales sean los
acontecimientos y no parlotear con profanos que desconocen la ciencia de
la naturaleza.
(3) Dedícate sólo a lo que estás haciendo y al instrumento con que lo
haces.
9.42 Cuanto te ofendes con la
desvergüenza de alguien, al punto pregúntate:
¿puede no haber desvergonzados en el universo? No puede. (2) No pidas,
por tanto, lo imposible. Ése es también uno de esos desvergonzados que por
fuerza hay en el universo. (3) Ten a mano el mismo razonamiento para el
que es capaz de cualquier cosa, para el que no es de fiar, para cualquiera
que yerre en algo. (4) Al mismo tiempo de acordarte de que es imposible
que no
exista ese género
de tales personas,
serás más amable
con ellos
como individuos. (5) Es muy útil reflexionar también en qué virtud dio la
naturaleza al hombre frente a ese error.
Dio como antídoto
frente al
desconsiderado la condescendencia, frente a
cada error una facultad
correspondiente. (6) En una palabra, te es posible convertir al descarriado.
Todo
el que comete
error yerra la meta
propuesta y está descarriado. (7)
¿Por qué te sientes perjudicado? Descubrirás en efecto que ninguno de esos
con los que te exasperas ha cometido un hecho de naturaleza tal que haga
que tu
reflexión sea peor.
Tu mal y tu perjuicio tienen ahí todo su
fundamento. (8) ¿Qué mal o cosa extraña ocurrió si el no instruido hace lo
propio del no instruido? Vigila, no sea que debas mejor acusarte a ti mismo
por no haber previsto que ése iba a errar en eso. (9) Pues tú tenías motivos
racionales para reflexionar sobre que era de esperar que esa persona errara
en eso
y, sin embargo, olvidándolo, te extrañas de que haya errado. (10)
Especialmente cuando lo censuras por no ser de fiar o por desagradecido,
vuélvete a tu interior. (11) Evidentemente, el error es tuyo si confiaste en
que quien
tenía tal disposición
mantendría tu confianza o
si cuando le
hiciste el
favor no lo hiciste
desinteresadamente ni de
tal forma que
recogieras a cambio de inmediato todo el fruto de tu propia acción. (12)
¿Qué más quieres cuando te portas bien con una persona? ¿No te basta con
haber actuado según tu propia naturaleza, sino que persigues una
recompensa? Es como si el ojo reclamara una compensación por ver o los
pies por caminar. (13) Igual que esos órganos han nacido para eso que al
actuar según su constitución particular obtienen como provecho propio, así
también el
hombre, que por naturaleza es benefactor, cuando hace alguna
buena acción
para la que está
constituido obtiene también
lo que le
es
propio.
LIBRO X
10.1 ¿Alma, alguna vez serás buena, sencilla, una y desnuda, en definitiva,
más evidente que el cuerpo que te rodea? ¿Probarás alguna vez el sabor de
tu disposición amorosa y afectiva? (2) ¿Estarás alguna vez colmada, sin
carencias, sin ansiar nada ni anhelar nada, ni animado ni inanimado, para
disfrute de
placeres; ni tampoco
tiempo en el que puedas conseguir un
disfrute mayor; ni la oportunidad favorable de un lugar, región, clima; ni la
armonía con hombres? (3) ¿Te conformarás con la situación presente y te
complacerás con todo lo presente y te convencerás a ti misma de que todas
tus circunstancias proceden de
los dioses y de que todo está bien y lo estará,
cuanto les
complace y cuanto
dan para mantener
a salvo un
animal[426]
perfecto, bueno, justo, bello,
que todo lo engendra, lo ensambla, lo rodea, lo
acoge en
su descomposición para
generar otros seres
iguales? (4) ¿Serás
alguna vez tal que seas capaz de convivir tan en buena sociedad con dioses
y hombres que ni los censures ni te condenen?
10.2 Vigila de cerca qué persigue tu naturaleza, en la medida en que estás
sólo gobernado por naturaleza[427].
Luego hazlo y acéptalo si no supone
empeorar tu naturaleza en cuanto animal. (2) A continuación debes vigilar
de cerca qué persigue tu naturaleza en cuanto animal y debes asumirlo en su
totalidad si no supone empeorar tu naturaleza
en cuanto animal racional. (3)
Lo racional es también directamente social. Usa esas reglas y no pierdas tu
tiempo en nada.
10.3 Cualquier suceso o sucede de tal forma que puedes naturalmente
soportarlo o de forma que no puedes. (2) Por tanto, si sucede de forma que
puedes naturalmente soportarlo, no te irrites y sopórtalo según tu
naturaleza; si de forma que no puedes naturalmente soportarlo, no te irrites
porque te
consumirá antes. (3)
Recuerda, sin embargo,
que puedes
naturalmente soportar todo lo que tu suposición puede hacer que sea
soportable y tolerable por la representación de que hacerlo te conviene o es
tu deber.
10.4 Si
fracasa, instrúyelo con
amabilidad y muéstrale
lo que ha
descuidado. (2) Si eres incapaz, échate a ti la culpa o
ni siquiera a ti.
10.5 Lo que te puede suceder
está dispuesto previamente desde la eternidad.
El entrelazamiento de las causas ha entretejido el destino de tu existencia y
sus sucesos.
10.6 Sea átomos o sea naturaleza[428], quede
primero sentado que soy una
parte del
todo gobernada por
la naturaleza, en
segundo lugar que
tengo
cierta afinidad con las partes que son mis congéneres. (2) En efecto, si me
acuerdo de eso, en cuanto soy parte, no estaré insatisfecho con nada de lo
que se me asigna del todo porque nada es perjudicial a la parte si conviene
al todo, pues el todo no posee nada que no le
convenga. (3) Si todas las
naturalezas tienen eso en común y si la
del universo, además,
no se ve
obligada por ninguna causa exterior a generar algo que le sea perjudicial,
con recordar que soy parte de un todo
así, me conformaré
con cualquier
suceso resultante y, (4) por ser afín a las partes que son mis congéneres, no
haré nada que no sea comunitario, es más, mi meta serán mis congéneres y
conduciré cualquier impulso
mío a lo conveniente al
común y lo apartaré de
lo contrario. (5) Si se
realiza eso es
necesario que la
vida fluya próspera
como podrías pensar que también fluye próspera la vida de un ciudadano
que progresa con actuaciones beneficiosas
para los ciudadanos
y que se
conforma con lo que la ciudad le asigna.
10.7 Es
necesario que las
partes del todo[429], me refiero
a las que están
contenidas en el universo, se destruyan. Quede dicho eso con el significado
de que se transforman. (2) Pero, afirmo, si eso es un mal necesario para las
partes, al todo no le podría ir bien supuesto que sus partes caminen hacia su
transformación y estén constituidas para
destruirse. (3) O la propia
naturaleza intentó hacer el mal a sus propias partes, crearlas expuestas al
mal y
con tendencia necesaria
a caer en el mal, o no
se dio cuenta que
tenían esas características. Ninguna de las dos
posibilidades es creíble.
(4) Si alguien, incluso dejando al margen la naturaleza[430], argumentara
por la
forma en que las
partes son por su naturaleza, también resultaría
ridículo mantener a un tiempo que las partes del todo se alteran según su
naturaleza y extrañarse e irritarse como si sucediera algo contrario a su
naturaleza, especialmente,
por la descomposición, que genera elementos
desde los que se conforma cada cosa. (5) Pues o se produce una
disgregación de los elementos a partir de los que se conformó, o un cambio
de lo
sólido en terrestre
y de lo que era hálito en aéreo, de forma que
también esos elementos se reintegren en la razón
del todo, el cual
o
desaparece hecho fuego de forma periódica, o se renueva en cambios
eternos[431]. (6) Lo sólido
y lo propio del hálito no te representes que son
los procedentes del nacimiento. (7) Porque todo eso fue ayer o hace dos
días que
tomó su aporte
nutricional a partir
de los alimentos y
del aire
atraído. (8) Eso que tomó lo transforma, no lo que parió la madre. (9) Pero
supón que eso te entrelaza por completo a una cualidad individual, que no
es nada, creo, frente a lo que ahora se ha afirmado[432].
10.8 Una
vez que te has aplicado los apelativos de ‘bueno’, ‘decente’,
‘verdadero’, ‘de mente prudente’, ‘de mente fraterna’, ‘de mente
superior’[433], adhiérete a ellos; no
cambies nunca de
apelativos ni los
corrompas. Regresa a ellos con rapidez. (2) Acuérdate que el apelativo ‘de
mente prudente’ para ti significaba pararte a pensar con discernimiento en
cada cosa sin ser negligente; ‘de mente fraterna’ la aceptación voluntaria de
lo asignado por la naturaleza común; ‘de mente superior’ la elevación de la
parte pensante por encima del movimiento suave o brusco de la carne, de la
honrilla, de la muerte y de todo eso. (3) Así pues, si mantienes la vigilancia
para estar tú con esos apelativos sin ansiar recibir esas apelaciones de otros,
serás otro distinto y entrarás en otra vida. (4) Seguir siendo como has sido
hasta ahora y dejarse despedazar y envilecerse en una vida así es en exceso
propio de
alguien sin percepción,
apegado a la vida,
semejante a los
gladiadores devorados a medias por las fieras, quienes llenos de heridas y
sanguinolentos exigen ser guardados hasta el día siguiente para que se les
pueda arrojar tal y como
están a las mismas
garras y mordiscos. (5)
Embárcate en
esos pocos apelativos.
Si puedes permanecer sobre
ellos,
permanece como trasladado a las islas de los bienaventurados. Pero si te das
cuenta de que te caes y no tienes pleno dominio, apártate confiado a algún
rincón donde adquieras dominio, o tambi��n, deja del todo la vida sin
encolerizarte, sino con sencillez, con libertad y con decencia, tras haber
realizado en la vida, aunque sólo sea eso, dejarla así. (6) Sin embargo, para
acordarte de esos apelativos colaborará contigo grandemente recordar a los
dioses, que no quieren recibir adulaciones, sino que todo lo racional se les
equipare y que la higuera haga lo propio de la higuera, el
perro lo propio del
perro, la abeja lo propio de la abeja, el hombre lo propio
del hombre.
10.9 Farsa, guerra, pavor, estupor, esclavitud eliminarán a diario de ti todas
esas creencias sagradas que sin estudiar la naturaleza te representas y
atiendes ceremonioso. (2) Estudia todo
y ejecútalo de tal
forma que se
cumpla lo que agrega la circunstancia al mismo tiempo que se realiza lo que
supone la
teoría, y que tu
suficiencia en el conocimiento de cada cosa se
mantenga desapercibida sin taparla. (3) ¿Disfrutarás alguna vez de la
sencillez? ¿De la dignidad? ¿Del conocimiento de cada cosa? ¿Qué es en
substancia, qué espacio ocupa en
el universo, para cuánto
tiempo va a
subsistir naturalmente, de qué elementos está compuesto, quiénes pueden
disponer de él y quiénes pueden entregarlo y quitarlo?
10.10 La araña que caza a una mosca siente orgullo, otro
lo siente por cazar
una liebrecilla, otro por pececillos con nasa, otro por cochinillos, otro por
osos, otro por sármatas[434]. (2)
¿Acaso no son ellos unos piratas si analizas
sus convicciones?
10.11 Adquiere un método para
investigar cómo todo se transforma en todo,
aplícate sin interrupción y ejercítate
en ese apartado. Nada inspira mayor
grandeza de ánimo[435]. (2) Uno ya se
desvistió de su
cuerpo sólo con
la
reflexión de en qué poco tiempo le será preciso ya abandonar todo eso y
marchar de entre los hombres. Se lanzó por completo a la justicia en sus
propias obras y a la naturaleza del todo en sucesos de otro tipo. (3) Lo que
pueda decir o suponer alguien de él o
hacer contra él,
eso ni siquiera lo
considera en su inteligencia porque le es suficiente con actuar él mismo con
justicia en
lo que está ahora realizando y desear lo que le
está siendo
asignado, y con haber dejado a un lado todas las ocupaciones y empeños.
(4) No tiene otro deseo que
culminar el camino recto que pasa por la ley e ir
tras el dios que lleva hasta el fin de ese camino recto.
10.12 ¿Qué necesidad hay de conjetura si es posible observar qué debe
llevarse a cabo? Si lo comprendes, avanza por ahí sin darte la vuelta; si no
lo comprendes,
detente y haz uso de los mejores
consejeros; si surgen
algunos otros impedimentos, sigue adelante
razonadamente según los
impulsos del momento sin despegarte de lo que parece ser justo. El mayor
bien es
alcanzar lo justo,
puesto que el
fracaso es estar
lejos de ello. (2)
Quien sigue en todo a la razón es alguien disponible y al tiempo rápido en
la acción, es radiante y al tiempo tiene compostura.
10.13 Pregúntate a ti mismo inmediatamente tras despertar
del sueño: ¿es
que te va a importar que te
critique otro en lo que es justo y está bien? No te
importará. (2) ¿Es que te vas a olvidar qué mal se comportan en la cama,
qué mal
en la mesa, quienes
cacarean sus elogios y críticas dirigidas a
otros?, ¿vas a olvidar qué hacen, qué evitan, qué persiguen, qué roban, qué
arrebatan, no con manos y pies, sino con la parte más apreciable de ellos, la
que genera, cuando quiere, confianza,
vergüenza, verdad, ley, un buen
espíritu divino?
10.14 A
la naturaleza que da
y quita todo, el instruido y decente le dice:
«Dame lo
que quieras, recupera
lo que quieras».
(2) Lo dice no
por ser
arrogante, sino sólo con obediencia a su autoridad y con buena disposición
hacia ella.
10.15 Es poco lo que queda. (2) Vive como si estuvieras de viaje. No hay
diferencia ninguna entre aquí y allí si uno está en todas partes como en una
ciudad que es el universo. (3) Que vean, que investiguen los hombres a un
hombre que vive de verdad
según la naturaleza. (4) Si no lo soportan, que te
maten. Pues es mejor que vivir así.
10.16 No discutas ya más sobre cómo es el hombre bueno,
sino sé tú así.
10.17 Representación constante sobre toda la eternidad y
sobre toda la
substancia, y sobre que todas las cosas en sus partes son en relación con la
substancia como una semilla de higo y en relación con el tiempo como un
giro de barrena.
10.18 Con relación a cada objeto reflexiona con atención en que ya se está
descomponiendo y en que está en proceso de cambio, que es como
putrefacción o disgregación, o en qué manera cada cosa ha nacido
naturalmente para morir.
10.19 ¡Cómo son cuando comen, duermen, se aparean, evacuan, y lo
demás! (2) Luego, ¡cómo son cuando mandan y se pavonean o cuando se
irritan y afrentan en exceso!
(3) Y poco antes, ¡con cuántos eran serviles y a
cambio de qué! Y poco después estarán entre otros por el
estilo.
10.20 Conviene a cada uno lo que la naturaleza del todo le da a cada uno, y
conviene en ese momento en el que ella lo da[436].
10.21 «La
tierra está enamorada
de la lluvia», «y
está enamorado el
firmamento glorioso»[437]. El universo
siente amor por crear aquello que va
a nacer. (2) Así pues, le digo al universo que yo amo con él. ¿Acaso es que
no se dice así también eso de que «existe la querencia[438] de que ocurra
eso»?
10.22 O
vives aquí y ya
estás acostumbrado, o
te retiras fuera y eso lo
querías, o
estás muerto y
cumpliste con tus
deberes. Fuera de
esas
posibilidades no hay ninguna. Por tanto, ten buen ánimo.
10.23 Que
quede siempre claro
que el campo ese
es así y que todas las
cosas son
las mismas aquí que
en la cima de la montaña, en la playa o
donde quieras. (2) Justo delante encontrarás también lo que dice Platón:
«Rodeándose con un cercado en
la montaña… y ordeñando
ovejas que
balan»[439].
10.24 ¿Qué es para mí
mi principio rector?, ¿cómo estoy ahora haciendo
que sea y para qué lo estoy usando ahora? ¿No está vacío
de inteligencia, no
está al
margen y desgajado
de la participación
común, no está
soldado y
confundido con la carne hasta el punto de que le afecta
lo mismo que a ella?
10.25 Quien huye de su amo es un fugitivo. La ley
es amo, quien la infringe
también es un fugitivo. (2) Al mismo tiempo, también lo es el que por
tristeza, cólera o temor no quiere algo de lo sucedido, de lo que sucede o de
lo que sucederá, de lo ordenado por el que gobierna todo, que es la ley que
reparte[440] cuanto le
toca a cada uno.
(3) Entonces, el que siente temor,
tristeza o cólera es un fugitivo.
10.26 Deja uno escapar su semen en la matriz, se aparta y a partir de ahí
otra causa se encarga de realizar y completar el feto, ¡cómo es a partir de
qué! (2) Igualmente, éste deja escapar alimento por la faringe y a partir de
ahí otra causa se encarga de producir sensación, impulso, en conjunto, la
vida, la
fuerza y todo lo
demás, diferente en número y cualidad. (3) Por
tanto, estudia esos hechos que suceden con tal ocultamiento y observa su
poder del mismo modo como también observamos no con los ojos, pero no
de forma menos manifiesta, el poder que hace
caer unas cosas y el que hace
elevar otras.
10.27 Reflexiona continuamente
sobre cómo todas las cosas, tal y como son
ahora, así
eran también antes;
reflexiona sobre que
también lo serán.
(2)
Represéntate ante tus ojos en
su totalidad los dramas
y escenas más
o
menos parecidos, todos los que conociste por tu experiencia o por un
testimonio histórico más antiguo, por ejemplo, toda la corte de Adriano,
toda la
corte de Antonino,
toda la corte de
Filipo, la de Alejandro, la de
Creso[441]. Todo eso era más o menos igual, sólo que con otras gentes.
10.28 Represéntate que todo el
que se entristece o se disgusta sea por lo que
sea es
igual que el
cochinillo que está
siendo sacrificado, que
patalea y
chilla; (2) que es igual también quien se lamenta solo sobre su pequeño
lecho en silencio por nuestras ataduras; que sólo le ha sido dado al animal
racional acomodarse voluntariamente a los sucesos, porque todos se ven
obligados a acomodarse sin más.
10.29 Particularmente ante cada cosa que haces presta
atención y pregúntate
si la muerte es algo terrible por el hecho de verse
privado de esa cosa.
10.30 Cuando te ofendes con el error de alguien, al punto cambia de idea y
date cuenta de qué error semejante cometes tú. Por ejemplo, juzgar que es
bueno el placer o la honrilla, así según cada tipo. (2) Si prestas atención a
eso te
olvidarás de la cólera
cuando se te
ocurra paralelamente que
es
porque se siente obligado y ¿qué puede hacer? (3) Si puedes, quítale lo que
le obliga.
10.31 Cuando veas a Satirón, Eutiques o Himen, represéntate a un
socrático, cuando veas a Éufrates, represéntate a Eutiquio
o Silvano y
cuando veas a Alcifrón represéntate a Tropeóforo. Cuando veas a Jenofonte
represéntate a Critón o Severo[442]. Cuando te veas a ti mismo, represéntate
a uno de los cesares, para
cada persona haz algo parecido. (2) Luego, que se
te ocurra al tiempo: ¿dónde están aquéllos? En ningún sitio o en cualquiera.
(3) Así
contemplarás que las
cosas humanas son
humo y nada,
especialmente si recuerdas que lo que cambia una vez ya no será más en el
tiempo infinito. (4) Entonces, ¿por qué te pones tenso? ¿Por qué no te
conformas con concluir en orden la travesía de ese breve espacio de
tiempo? (5) ¿De qué materia y supuesto huyes? ¿Qué es todo eso excepto
ejercicios de la razón que observa con exactitud y estudia la naturaleza de
las cosas de la vida? (6) Aguanta hasta que te apropies en tu beneficio
también de eso, igual que el estómago sano se apropia de todo, como el
fuego que brilla hace llama y resplandor de lo que le
tiras.
10.32 Que nadie pueda afirmar sobre ti diciendo verdad que no eres sencillo
o que no eres bueno, por el contrario, que se engañe quien suponga algo de
eso sobre ti. (2) Todo esto está en tu mano:
¿quién te va a impedir ser bueno
y sencillo? Tú sólo decide que no vas a vivir más si no vas a ser así, pues ni
siquiera la razón acepta que no seas así.
10.33 ¿Qué es lo que a partir de esta materia puede
realizarse o decirse de la
forma más saludable? Sea lo que sea es posible realizarlo y decirlo. Y no te
disculpes con que te ves impedido.
(2) No dejarás de lamentarte hasta que tengas la sensación de que, igual
que es la molicie para los que se deleitan en placeres, eso mismo es para ti
hacer lo
propio de la
constitución del hombre
a partir de la
materia
propuesta o que te cae en suerte. Pues hay que suponer que es disfrute todo
lo que se puede ejecutar según la propia naturaleza. Y se puede en cualquier
situación. (3) Así, al rodillo no le está
dado avanzar por su
propio
movimiento en cualquier situación, tampoco al fuego ni a las demás cosas
gobernadas por una naturaleza
o alma irracional, porque
es mucho lo que se
lo impide
y se interpone.
(4) Por el
contrario, la inteligencia y la razón
pueden avanzar tal y como son naturalmente y quieren ante cualquier
oposición. (5) No persigas ya nada más, si pones ante tus ojos esa facilidad
por la que la razón podrá avanzar en todas las direcciones, como
el fuego lo
hace hacia arriba, la piedra hacia abajo, el rodillo cuesta abajo. (6) Pues lo
restante son obstáculos del cuerpecillo, de lo ya cadáver, u obstáculos que
sin la suposición y concesión de la propia razón no rompen nada, ni hacen
mal, ni nada en absoluto, puesto que de ser así también se volvería malo al
momento el propio hombre que lo sufre. (7) Desde luego que en todas las
demás cosas constituidas por partes,
si a alguna de ellas le sucede algún
mal, por culpa de eso se hace peor la propia cosa que lo sufre. Pero en este
caso, si hay que decirlo, incluso se hace mejor el hombre y más digno de
alabanza si
enfrenta rectamente los
acontecimientos. (8) En
resumen,
recuerda que nada perjudica en su naturaleza al ciudadano que no
perjudique a la ciudad, tampoco perjudica a la ciudad lo que no perjudica a
la ley
y ninguno de los
llamados infortunios
perjudica a la
ley. En
definitiva, lo que no perjudica a la ley tampoco a la
ciudad ni al ciudadano.
10.34 Al
que ha sentido la
mordedura de las convicciones verdaderas le
basta también la palabra más breve y más banal para recordarle que no está
triste y no tiene temor. (2) Por ejemplo, «De entre las hojas, unas las vierte
por tierra el viento / … así es el linaje de los hombres»[443]. (3) También
son hojitas tus hijitos; también son hojitas los que te reclaman a voces
convincentemente y los que te alaban, o por el contrario te maldicen, o en
secreto te censuran y se mofan de ti; también son hojitas igualmente los que
van a transmitir tu fama postrera; (4) porque todos ésos: «Sobrevienen en la
estación de
la primavera». (5)
Luego el viento las
ha tirado por tierra;
después otra materia nace en su sustitución. Lo poco duradero es común a
todos, pero tú evitas y persigues todo como si fuera a ser eterno. (6) Un
poco más y cerrarás los ojos y otro lamentará la muerte
del que te enterró.
10.35 El
ojo sano debe ver
todo lo visible y no debe
decir: «quiero lo
verde», porque eso es propio de un ojo
hinchado. (2) El
oído y el olfato
sanos deben estar dispuestos para todo lo que puede oírse y olerse. (3) El
estómago sano debe tener la misma disposición para todos los alimentos
como el molino para todo lo que esta constituido para
molerse. (4) Así pues,
también, la reflexión sana debe estar dispuesta para todos los sucesos. La
que diga: «que se salven mis hijitos» y «que todos alaben lo que hago», es
como el ojo que busca lo verde o los dientes que buscan lo
mollar.
10.36 Nadie es tan afortunado que al morir no aparezcan algunos que se
alegren del suceso. (2) Si era cumplidor y sabio, en el último momento
habrá alguien que diga para sí: «Respiraremos de nuevo sin este maestro
reprensor. No tenía un trato difícil con ninguno de nosotros pero me daba
cuenta de que en secreto nos reprobaba». (3) Eso con el cumplidor. En
nuestro caso habrá otros muchos motivos por los que sean numerosos los
que deseen
nuestra marcha. (4)
Por tanto, en el
momento de morir
reflexionarás sobre lo siguiente y te irás más conforme si piensas: «me
marcho de esta vida en la que los propios allegados, por los
que tanto peleé,
recé, me
preocupé, precisamente ellos, quieren que me aparte con la
esperanza de que puedan encontrar alguna comodidad en ello». (5)
Entonces, ¿por qué se agarraría uno a una estancia aquí más duradera? (6)
Sin embargo, por eso no te marches tratándolos con menos amabilidad,
sino, manteniendo tu propia costumbre, siendo cariñoso, benévolo,
propicio, y no como desgajado. De la forma en que
la pequeña alma del que
muere bien se desenrolla del cuerpo amablemente, así debe producirse la
partida lejos de éstos. Pues también la naturaleza te ató y unió con ellos. (7)
Pero ahora te desune. Me desuno como si me apartara de allegados, desde
luego sin
resistirme, sin violencia. Eso también es un comportamiento
según la naturaleza.
10.37 Acostúmbrate ante cualquier realización de alguien a indagar tú solo:
«¿referido a qué hace ese eso?». (2) Empieza por ti mismo, indaga en ti en
primer lugar.
10.38 Acuérdate de que el que mueve los hilos es eso que está escondido
dentro. Eso es la vida, eso, hay que decirlo, es el hombre. (2) No te formes
la representación embarullada de que lo que te
envuelve y tus
pequeños
órganos
conformados en derredor son como un
recipiente[444], (3) porque
son iguales al hacha, con la diferencia de que han crecido pegados, (4) dado
que ninguna de esas
partecillas lejos de la causa que las hace mover y les da
fuerza tiene mayor utilidad que la lanzadera para el tejedor, el estilete para
el que escribe y el látigo para el auriga.
LIBRO XI
11.1
Éstas son características del alma racional. Se ve a
sí misma, se
articula a sí misma, se hace a sí misma como quiere, ella misma recoge el
fruto que
produce (mientras que
los frutos de las
plantas y lo asimilable
aplicado a
los animales lo
recogen otros), alcanza
su propio objetivo
allí
donde esté puesto el fin de la vida. (2) A diferencia de lo que ocurre en la
danza, en la actuación teatral y en cosas por el estilo su acción en conjunto
no queda inconclusa si algo le pone trabas, sino que, en todas sus partes y
hasta donde se vea sorprendida, ejecuta lo que se ha propuesto ella misma
de forma
plena y sin
carencias, hasta el
punto de decir «yo
obtengo mi
parte». (3) Es más, abarca en su recorrido todo el universo, el vacío que lo
rodea y su diseño; se extiende hasta el infinito de la eternidad, abarca en su
comprensión también el renacimiento del todo[445], abarca con la mente y
especula con que nada verán de nuevo los que vengan después, ni nada más
extraordinario vieron los que nos precedieron, sino que de alguna forma el
de cuarenta años, si tiene una mínima inteligencia, ha visto por el principio
de uniformidad todo lo que ha ocurrido y ocurrirá. (4) Son características
también del alma racional amar al prójimo, la verdad, la vergüenza, no
estimar nada por encima de sí misma, cosa que también es característica de
la ley. (5) Por tanto, así en nada se diferencia la razón recta de la razón de la
justicia.
11.2 Despreciarás el canto agradable, la danza y
la lucha, si descompones la
melodía armoniosa en cada uno de sus sonidos y te preguntas ante cada uno
de ellos
si eres menos que
él. En efecto te sentirás molesto. También si
haces algo
parecido con la
danza ante cada
movimiento y figura,
y esto
mismo con
la lucha. (2) Por
tanto, en una palabra, con excepción de la
virtud y de lo que surge de
ella, acuérdate de recorrer las cosas en sus partes
y llegar
hasta el desprecio
con su división;
eso mismo aplícalo
a toda la
vida[446].
11.3 ¡Cómo es el alma dispuesta, tanto si debe separarse del cuerpo, como
extinguirse, dispersarse o continuar! (2) Esa disposición es para irse tras
una decisión específica, no por mera obcecación [como los cristianos][447],
sino tras haberlo razonado, tan dignamente que se pueda convencer a otro y
sin hacer una tragedia.
11.4 He hecho algo en favor de la comunidad, por tanto me he beneficiado.
Que esto salga a tu encuentro y esté a mano. En ningún
caso cejes en ello.
11.5
¿Cuál es tu arte? Ser bueno. ¿Cómo
sucede eso si no es por los
estudios sobre la naturaleza del todo y sobre la constitución particular del
hombre?
11.6 Al principio las tragedias se introdujeron para recordar sucesos: que es
natural que se produzcan y con el fin de que los sucesos del escenario que
os conmueven en el alma no os irriten en el escenario mayor[448]. (2) Pues
estáis viendo que es preciso que eso se
lleve a cabo y que también lo
soportan los que han gritado «Ay Citerón»[449]. (3) También dicen los que
crean dramas algunas otras palabras de utilidad. Así, sobre todo: «Si fui
abandonada yo y mis dos
hijos por los dioses
incluso eso tiene su
razón»[450]. También:
«No hay que
enfurecerse con las
cosas…»[451]. Y:
«Cosecha la vida como espiga fructífera…»[452]. Y
otras por el estilo. (4)
Después de la tragedia, se introdujo la comedia antigua caracterizada por su
hablar franco e instructivo que nos invita
no inútilmente a evitar los delirios
de grandezas por la propia forma tan directa de expresarse. Con un fin
parecido, Diógenes asumía esta herencia. (5) ¿Después de ella la comedia
media y
de ahí en adelante
la nueva para qué ha heredado, dado que se
diluyó al poco en el gusto por la técnica que surge de la imitación? (6) No
se desconoce que también dicen ésos algunas cosas útiles, pero ¿la
concepción en conjunto de esta forma de creación y acción dramática a qué
objetivo se dirigió?
11.7 ¡Con qué intensidad se antoja que no existe otro supuesto de vida tan
conveniente para la práctica de la filosofía como este en el que ahora te
encuentras![453].
11.8 La rama que se cercena de una rama contigua no es posible que no
quede cercenada también del conjunto de la planta. (2) Así también un
hombre que se desgaja de un solo hombre queda cercenado del conjunto de
la comunidad. (3) A la
rama, evidentemente, la
cercena otro, pero
el
hombre él mismo se aparta a sí mismo del prójimo por odio
y aversión, pero
desconoce que de forma simultánea se ha cortado a sí mismo también del
conjunto de la sociedad, (4) a no ser por ese regalo del que ensambló la
comunidad, Zeus. En efecto, nos es posible implantarnos de nuevo con el
contiguo y
de nuevo formar
parte del conjunto. (5)
Sin embargo, si se
produce muchas veces la desunión por esa separación eso hace que lo que
se aparta sea muy difícil de recuperar. (6) En resumen, no es igual la rama
que ha brotado desde el principio y ha permanecido compartiendo el mismo
aire que la que de nuevo después del corte se injerta, digan lo que quieran
los jardineros.
(7) Sé de la misma mata, no de la misma opinión.
11.9 Los que se entrometen contra ti que
avanzas según la razón recta, igual
que no
podrán desviarte de
la acción sana,
que tampoco te
repelan de la
amabilidad para con ellos. Pero mantente en estas dos cosas por igual: no
sólo en el juicio y acción bien establecido, también en la condescendencia
para con quienes intentan impedirte. (2) Pues es debilidad tanto indignarte
con ellos como retirarte de la acción y ceder cuando te golpean. Por igual
uno y otro son desertores, el que se acobarda y el que se enajena al que es
por naturaleza su congénere y amigo.
11.10 Ninguna naturaleza es inferior a un arte técnica, porque estas artes
imitan las
naturalezas. (2) Si
es así, la naturaleza
más perfecta y más
comprensiva entre todas las demás no podría quedarse rezagada detrás del
buen oficio técnico. (3) Todas estas artes, desde luego, fabrican lo inferior a
causa de lo superior[454], por tanto también la naturaleza común. (4) Y de
ahí surge la justicia y a partir de ella se fundamentan las restantes virtudes.
Lo justo
no será observado
si nos vemos
afectados por lo
que no es ni
bueno ni malo[455] o
si somos fáciles de engañar, precipitados o cambiantes.
11.11
No avanzan hacia ti cosas cuya persecución o rechazo te embrolla,
sino que tú mismo de alguna forma avanzas hacia ellas. Que ponga paz, por
tanto, tu dictamen sobre ellas y las cosas se quedarán quietas y no te verán
perseguirlas o rechazarlas.
11.12 La esfera[456] del alma es como un rayo[457] cuando ni se
estira en pos
de algo ni se concentra en su interior ni se excita[458] ni se hunde, sino que
brilla con una luz con la que ve la verdad de todo y la
de su propio interior.
11.13 ¿Me despreciará alguien? Él verá. Yo, por mi
parte, veré de no
ser
descubierto haciendo o diciendo algo merecedor de desprecio. ¿Me odiará
alguien? (2) Él verá. Yo amable, benévolo con cualquiera y con ése en
concreto dispuesto a mostrarle su desconsideración sin reproche
y sin
ostentación de que se lo
tolero, sino genuina y
bondadosamente, como
aquel Foción[459], si es que no aparentaba. (3) Así debe estar tu interior y
que te vean los dioses como un hombre con una disposición nada vengativa
ni quejosa. (4) ¿Qué hay de malo para ti si tú haces ahora lo propio de tu
naturaleza y aceptas lo que ahora es oportuno para la naturaleza del todo
empeñado en que se produzca la conveniencia del común por cualquier
medio?
11.14 A pesar del desprecio de unos con otros, se complacen unos con
otros
y,
a pesar de su
deseo de sobresalir unos de otros, se inclinan unos ante
otros.
11.15
¡Qué putrefacto y
tramposo quien afirma:
«Me he propuesto
comportarme contigo sencillamente»! (2) ¿Qué haces, hombre? Eso no hay
que anunciarlo. (3) Se pondrá de manifiesto. Debe estar escrito en la frente.
Resuena inmediatamente la voz de
una manera determinada,
sobresale
inmediatamente en los ojos, igual
que en la mirada de los amantes
el
enamorado lo
reconoce todo. (4) Así,
en resumen, debe
ser la persona
sencilla y buena, como el que apesta, para que el que se presenta ante él,
nada más acercarse, quiera o no, se dé cuenta. (5) Cultivar afectadamente la
sencillez es como un puñal. Nada hay más vergonzoso que ser amigo como
un lobo. Evita eso al máximo entre todas las cosas. (6) El bueno, sencillo y
amable lo lleva en sus ojos y no lo esconde.
11.16 Pasa la vida de la mejor forma. Esa posibilidad reside en el alma, si
no se
perturba ante las
cosas que no son
motivo de turbación.
(2) No se
perturbará si estudia cada una de estas cosas con discriminación, en su
totalidad y acordándose de que ninguna de ellas provoca en nosotros una
suposición sobre ella ni nos alcanza, sino que ellas ni se menean y somos
nosotros los que generamos los juicios sobre ellas y en cierto modo los
grabamos en nosotros, cuando es posible no grabarlos y es posible, si lo
hacemos sin damos cuenta, borrarlos de inmediato.
(3) Por tanto, si son conforme a la naturaleza salúdalas y te resultarán
fáciles. Si van contra la naturaleza investiga qué es según tu naturaleza y
empéñate en ello aunque no esté bien considerado. Pues existe perdón para
todo el que persigue su propio bien.
11.17 De dónde ha salido cada cosa y a partir de qué circunstancias, en qué
se transforma y cómo será en su transformación y cómo no
sufrirá daño
alguno.
11.18
En primer lugar[460], cuál es mi actitud con ellos dado que hemos
nacido unos por otros y que yo por otra razón he llegado a una situación de
prominencia sobre ellos, como un carnero en el rebaño o un toro en la
manada. (2) Acércate desde arriba con el principio de que si
no somos
átomos es la naturaleza quien gobierna todo. Si es así, los inferiores son a
causa de los superiores y éstos unos por otros.
(3) En segundo lugar, cómo son a la mesa, en la cama y lo de más[461];
pero sobre todo qué compulsiones son base de sus creencias y con qué
delirios de grandeza hacen precisamente eso.
(4) En tercer lugar, que si
actúan rectamente no debes irritarte, y si no es
evidente, que es contra su voluntad y por ignorancia, (5) porque cualquier
alma se
ve apartada de la
verdad contra su voluntad, como también de
comportarse con cada persona según su valía. (6) Se atormentan cuando se
les considera injustos, desconsiderados,
aprovechados, en definitiva, que
yerran contra el prójimo.
(7) En cuarto lugar, que tú también cometes muchos errores y eres otro
igual; incluso si te mantienes lejos de algunos
errores, tu actitud es capaz de
cometerlos, aunque por
cobardía, afán de popularidad o alguna otra maldad,
te mantienes lejos de errores semejantes.
(8) En
quinto lugar que,
aunque yerren, tampoco
estás convencido
porque muchas cosas se producen por motivos de organización (9) y en
general hay que informarse previamente mucho para que uno se manifieste
sobre el comportamiento ajeno con comprensión.
(10) En sexto lugar, cuando te indignas en exceso o te sienta algo mal,
que la
vida humana es
momentánea y después
de un poco a todos nos
entierran.
(11) En séptimo lugar, que no son sus acciones las que nos irritan pues
ésas dependen de sus principios rectores, sino nuestras suposiciones sobre
ellas. (12) Apártalas y ten la voluntad de eliminar ese juicio de que es algo
terrible y la cólera se marcha. (13) Entonces, ¿cómo lo apartarás? Si caes en
la cuenta de que no es algo vergonzoso; pues sólo lo que es vergonzoso es
malo o
si no, por
fuerza, tú también
cometes muchos errores
y eres un
bandido y un cualquiera.
(14) En
octavo lugar, en
qué medida nuestras cóleras y tristezas
provocan dificultades mayores que son las cosas por lo que nos
encolerizamos y entristecemos.
(15) En noveno lugar, que la amabilidad es invencible si es sincera y no
es un gesto o una actuación teatral. (16) ¿Qué podrá hacer contra ti el más
violento si
permaneces amable con
él y, si viene a cuento, le exhortas
condescendiente y cuando intenta hacerte daño lo aleccionas a propósito de
esa circunstancia concreta, dedicándole
tiempo: «Hijo, no.
Hemos nacido
para otra cosa. Yo, desde luego, no me perjudico, pero tú sí, hijo»? (17) Y
muéstrale con toda evidencia y genéricamente que eso es así, que tampoco
las abejas lo hacen ni ninguno de los animales gregarios
por naturaleza. (18)
Debes hacerlo sin afectación ni reproches sino con cariño y sin sentirte
mordido en el alma, tampoco
como si fueras su maestro de escuela ni con la
intención de que otro que esté presente se admire, sino realmente para él
solo, aunque estén otros alrededor. (19) Acuérdate de estos nueve capítulos
como si tuvieras en tu poder un
regalo de las Musas y empieza a ser hombre
mientras estás vivo. (20) Debes vigilar por igual no
encolerizarte con ellos y
no adularlos. Una y otra cosa son poco comunitarias y llevan perjuicio. (21)
Ten a mano en las cóleras que no es varonil estar de mal humor sino que la
condescendencia y la mansedumbre son más humanas y también más
varoniles, quien es así demuestra fuerza, agallas y valentía, a diferencia del
que se indigna y se disgusta. (22) En la medida en que este comportamiento
es más cercano a la impavidez, también lo es a la fuerza. (23) Igual que la
tristeza es propia del débil, así también la cólera. Los que tienen estos dos
sentimientos sufren de una herida y hacen una cesión.
(24) Si
quieres, toma este
décimo regalo de
Apolo conductor de
las
musas: es
locura pedir que
los ruines no yerren
porque es desear lo
imposible, (25) pero, si estás de acuerdo en que otros son así y pides que
ellos no yerren contra ti, eres ignorante y tiránico.
11.19 Hay que vigilar constantemente sobre todo cuatro inclinaciones del
principio rector y después de que las descubras, hay que eliminarlas,
diciendo como apostilla a propósito de cada una: «esa representación no es
imprescindible», «esto va contra la comunidad» y «esto que vas a afirmar
no procede de ti». Hacer afirmaciones que no son tuyas considera que está
entre lo más fuera de
lugar. (2) La cuarta es por la que te harás a ti mismo el
reproche de que eso es
así por estar la
parte más divina que hay en
ti
denotada y humillada a la porción menos valiosa y mortal, la del cuerpo y
sus espesas formas.
11.20 Tu hálito y todo lo fogoso que interviene en tu mezcla, aunque por
naturaleza se eleva, sin embargo en obediencia al ordenamiento del todo
permanece a la fuerza aquí en el compuesto[462]. (2) Y todo lo terroso que
está en ti y lo húmedo, aunque tiende hacia abajo, sin embargo se levanta y
mantiene una posición que no es la suya. (3) Así pues, también los
elementos prestan atención al todo, una vez que se les asignó ese lugar, y
permanecen juntos hasta que desde allí se dé la señal de la descomposición.
(4) ¿No es terrible, entonces, que tu parte reflexiva sea desobediente y se
indigne con su puesto, a pesar de que nada violento se le ordene sino sólo lo
que es según su naturaleza? Sin embargo, no se aguanta y lleva la contraria.
(5) Porque el movimiento hacia las injusticias,
desenfrenos, cóleras,
tristezas, miedos no es otra cosa que distanciamiento de la naturaleza. (6)
Cuando el principio rector se irrita con algún suceso, abandona su propio
puesto. (7) En efecto, está constituido para la virtud y la piedad divina no
menos que para la justicia. Las dos primeras pertenecen en su especie a la
buena participación comunitaria[463] y
son más respetables
que los
comportamientos justos.
11.21 Quien no tiene un objetivo único y siempre el mismo en la vida, ése
no puede ser uno y el mismo durante toda su vida. (2) No basta lo dicho si
no le añades de qué tipo debe ser ese objetivo. (3) En efecto, igual que no
existe acuerdo para la mayoría en la suposición de todos los bienes posibles
aparentes pero sí en algunos determinados, esto es, en los comunes, así
también hay que colocar como objetivo el comunitario y social. (4) Quien
enderece a ese objetivo todos sus impulsos particulares producirá a cambio
igualdad en todas sus acciones y según eso siempre será
el mismo.
11.22 El ratón de la montaña y
el doméstico, el terror y pavor de éste[464].
11.23 Sócrates también llamaba a las opiniones de la mayoría Lamias[465],
terrores infantiles.
11.24 Los lacedemonios colocaban para los extranjeros en los espectáculos
las gradas a la sombra mientras que ellos se sentaban en
cualquier sitio.
11.25 A Pérdicas[466] le dijo Sócrates a propósito de que no iba a su casa:
«para que no muera con la peor de las muertes», esto es, «no sea que si me
tratas bien no pueda corresponder en el buen trato».
11.26
En los escritos de
los epicúreos[467] figuraba el
siguiente mandato:
recordar continuamente a alguno de los antiguos que
cultivaba la virtud.
11.27 Los pitagóricos: miremos al cielo antes del alba para acordamos de
los astros que concluyen su tarea siempre según las mismas pautas y de la
misma manera, de su orden, pureza, desnudez, (2) porque no existe ningún
cobertor para una estrella[468].
11.28 Igual que Sócrates ceñido con una piel de cordero cuando Jantipa[469]
le cogió el manto[470] y se marchó a la calle. Y lo que dijo Sócrates a sus
discípulos avergonzados y con intención de retirarse cuando lo
sorprendieron vestido así.
11.29
En escritura y
lectura no serás un maestro si antes no has sido
amaestrado[471]. Eso con mayor intensidad en la vida.
11.30 «Has nacido esclavo: no
participas de la razón»[472].
11.31 «Mi querido corazón se
rio»[473].
11.32 «Censurarán la virtud
diciendo palabras ásperas»[474].
11.33 Buscar un higo en invierno es propio de un loco, así es el que busca
un niñito cuando ya no le es dado[475].
11.34
Quien le hace cariños
a su hijito
debe decirse por dentro,
como
afirmaba Epicteto: «Mañana quizá habrás muerto». «Eso es
de mal agüero».
No es de mal agüero en absoluto, sino indicativo de
cierta forma de obrar de
la naturaleza. O también es de mal agüero que las espigas sean
cosechadas[476].
11.35 Un racimo verde, un racimo maduro, un racimo de uvas pasas, todo
son cambios, no hacia el no ser, sino hacia lo que ahora no es[477].
11.36 «No hay ladrón del
albedrío»[478].
11.37 Decía[479] que hay que encontrar un procedimiento para ponerse de
acuerdo y mantener la atención en el asunto de los impulsos de forma que
sean con reserva[480], comunitarios y según la valía. (2) Y hay que alejarse
del apetito en cualquier caso y no rechazar nada que no esté en nuestra
mano.
11.38
Decía: El debate,
por tanto, no es
sobre cualquier cosa,
sino sobre
estar loco o no.
11.39 Sócrates decía: «¿Qué queréis, tener almas de seres racionales o de
irracionales?» «De racionales». «¿De qué tipo de racionales?, ¿de sanos o
de ruines?» «De sanos». «Entonces, ¿por qué no os afanáis en ello?»
LIBRO XII
12.1 Todas aquellas cosas que rezas por alcanzar en todo un ciclo, puedes
tenerlas ya si dejas de ser tu propio rival. (2) Esto es:
si dejas atrás el pasado
y pones
en mano de la providencia el futuro,
y si sólo el presente lo
encaminas derecho hacia la
virtud y la justicia. (3) Virtud para desear lo que
se te ha asignado porque la naturaleza te deparaba ese destino y para él te
trajo. (4)
Justicia para que
con libertad y sin
marañas digas la verdad y
actúes según la ley y la valía. Que no te lo impida ni la maldad ajena, ni sus
supuestos, ni su palabra, tampoco las sensaciones de la carnecilla que te
recubre, pues eso que lo vea la parte que sufre. (5) Por tanto, si en su
momento cuando estés ya en el punto de partida abandonas todo lo demás,
honras sólo el principio rector y la parte divina que hay en ti y no temes
dejar de vivir, sino no empezar nunca a vivir según la naturaleza, serás un
hombre digno del universo generador y dejarás de ser un extranjero de tu
patria y
dejarás de admirarte por
los sucesos inesperados
de cada día,
pendiente de esto y eso otro.
12.2 La
divinidad ve todos
los principios rectores
desnudos de sus
recipientes materiales, de sus cortezas
y de sus desechos. Pues con su
propia inteligencia, sólo con ella, alcanza a las inteligencias, sólo a ellas,
que han fluido y desaguado desde ella hasta
formar esos principios rectores.
(2) Si tú también te acostumbras a hacer eso,
suprimirás mucho de tu propia
distracción circunstancial.
(3) ¿Quién no ve los pedacitos de carne que le
rodean se entretendrá acaso en contemplar vestido, casa,
fama, todo ese
envoltorio y escenificación?
12.3 Tres son las
cosas de las que
estás conformado: el cuerpecillo, el
pequeño hálito vital y la inteligencia[482]. (2)
Dos de ésas son tuyas sólo en
cuanto debes ocuparte de
ellas, la tercera está sólo bajo tu autoridad. (3) Por
ello, si apartas de ti mismo, es decir, de tu mente, todo lo que los demás
hacen, dicen, todo lo que tú mismo hiciste o dijiste, todo lo que te perturba
por ser futuro, todo lo que sin elegirlo se te suma de la parte corporal o del
pequeño hálito connatural, y todo lo que hace girar el torbellino que fluye
por fuera en derredor,
de tal forma que
la capacidad inteligente
desligada
del desuno y purificada viva libre por sí misma realizando lo que es justo,
deseando lo que acontece y diciendo la verdad; (4) si apartas, digo, del
principio rector lo que se
cuelga de él por
las pasiones y del tiempo lo
futuro o
lo que ya ha
pasado y te haces a ti mismo como Empédocles:
«Esfera redondeada que se alegra en su soledad circundante»[483], y
aprendes a vivir sólo lo que estás viviendo, esto es, el presente, podrás lo
que te resta hasta morir pasarlo sin perturbación, conforme y propicio con
tu propio espíritu divino.
12.4 Muchas veces me admiré que cada uno se ame a sí mismo más que a
todos, pero coloque su propia suposición en una
consideración menor que la
ajena. (2)
Si, por ejemplo, un
dios que apareciera o un maestro
sabio
ordenara a uno no cavilar ni pensar nada en su interior que no pueda hacer
público simultáneamente, incluso gritándolo, ni un solo día uno soportará
eso. (3)
Hasta ese punto
tenemos más vergüenza
del prójimo, qué
pueda
pensar sobre nosotros, que de nosotros mismos.
12.5 ¿Cómo es que los dioses, que pusieron en orden todo bellamente y con
amor a
los hombres, sólo
descuidaron esto, que
algunos hombres
extremadamente buenos que establecen la mayoría de las veces a modo de
contratos con la divinidad y en casi todo se hacen íntimos de la divinidad a
través de
obras virtuosas y
servicios religiosos, nada
más morirse, no
vuelvan a ser de nuevo, sino que se desintegren absolutamente? (2)
Estate
bien seguro, si es que
es así, de que
si tuviera que ser de otra manera lo
hubieran hecho, (3) En efecto, si hubiera sido justo, también hubiera sido
posible, y
si hubiera sido
según la naturaleza,
la propia naturaleza
lo
hubiera producido. (4) Por el hecho de no ser así, si es que no es así, ten
toda la confianza en que no tiene que ser así. (5) Pues incluso tú mismo ves
que, cuando inquieres eso, estás pleiteando con la divinidad. Y no
discutiríamos así con los dioses si no son los mejores y más justos. (6) Y si
es así, no se les habría ocultado que algo entre las cosas del orden universal
quedaba abandonado contra la justicia y la razón.
12.6 Acostúmbrate incluso a cuanto renuncias. (2) Pues incluso la mano
izquierda, que por falta de costumbre está ociosa en lo demás, domina la
rienda con más fuerza que la derecha, porque tiene
costumbre de eso.
12.7 Piensa en qué actitud de cuerpo y alma tienes que ser sorprendido por
la muerte, en la brevedad de la vida, en la inmensidad de la eternidad por
detrás y por delante, en la debilidad de toda materia.
12.8 Desnudas de su corteza contempla las causas: los significados de las
acciones, qué es el sufrimiento, qué es el placer, qué es la muerte, qué es la
fama, quién es el culpable de tu propia falta de tiempo, cómo nadie es
impedido por otro, que todo es suposición[484].
12.9 Debes
ser en tu trato con las creencias igual que el
luchador de
pancracio[485], no como el
gladiador. En efecto, éste, si deja a un lado la
espada que usa, está muerto; el otro siempre tiene su mano y no tiene que
hacer nada más que cerrarla.
12.10 Mira
cómo son las cosas distinguiendo su materia, su causa, su
significado.
12.11 El hombre tiene la posibilidad de no hacer nada más que lo que va a
elogiar la divinidad y aceptar todo lo que le asigne la
divinidad.
12.12 No hay que censurar a los dioses porque no yerran en nada, ni contra
su voluntad ni a propósito. Tampoco a los hombres, porque en nada yerran
si no es contra su voluntad. En conclusión no hay que
censurar a nadie.
12.13 ¡Qué ridículo y fuera de lugar quien se admira de cualquiera de los
sucesos de la vida!
12.14 O es necesidad y el orden es inamovible, o hay providencia propicia,
o es un revoltijo de azar sin guía[486]. (2) Si es necesidad inamovible, ¿por
qué opones
resistencia? (3) Si
hay providencia que
acepta que se sea
propicio con ella, hazte digno de la ayuda que procede de la divinidad; (4)
si es revoltijo, sin nadie que dirija, conténtate de
que en semejante marejada
tú tienes en ti mismo una inteligencia rectora. (5) Si te arrastra la marejada,
que arrastre a la carnecilla, al pequeño hálito, al resto, pues no arrastrará tu
inteligencia.
12.15 ¿O es que la luz de la lámpara[487] brilla
hasta que se extingue y no
pierde su resplandor, pero la verdad que hay en ti, la justicia y la prudencia
se van a extinguir antes?
12.16 Ante
quien provoca en ti la representación de
que él ha errado,
piensa: «¿por qué demonios sé que eso es
un error?» Incluso
si cometió
error, dite: «él se condenaba a sí mismo» y en ese caso eso es lo mismo que
hacer trizas su propio rostro.
(2) Porque quien no quiere que el ruin yerre[488] es igual que el que no
quiere que la higuera dé jugo en sus higos, ni que el recién nacido llore, ni
que el caballo relinche y
todas las demás cosas que son necesarias. (3) ¿Qué
pasa si tiene ese hábito? Por tanto, si eres vehemente,
cúrate tú eso.
12.17 Si no es apropiado, no lo hagas; si no es verdad, no lo digas. (2) Que
tu impulso sea firme.
12.18 Mira siempre qué es justamente lo que te provoca la representación y
despliégalo distinguiendo la causa, la materia, el
significado, el tiempo en el
que por fuerza habrá cesado.
12.19 Date cuenta alguna vez de que tienes dentro de ti algo más fuerte y
más milagroso que lo que provoca los sentimientos y, en
una palabra, te
maneja como marioneta.
(2) ¿Qué es ahora mi reflexión? ¿No es miedo? ¿No es sospecha? ¿No es
apetito? ¿No es alguna otra cosa parecida?
12.20 En primer lugar no actúes al azar ni sin significado. (2) En segundo
lugar no tengas como referencia ninguna otra cosa que el
fin comunitario.
12.21 Piensa que después de no mucho serás nadie en ningún sitio y
tampoco nada será de lo que ahora ves ni ninguno de los que ahora están
vivos. (2)
Por naturaleza todo
cambia, se modifica,
se destruye para que
surjan otras cosas sin interrupción.
12.22 Piensa que todo es suposición y ésta depende de ti. Suprime, por
tanto, cuando quieras, la suposición y habrá tranquilidad como la hay para
el que dobla un cabo, todo estará firme en un golfo sin
olas.
12.23 Una
sola actuación, cualquiera
que sea, que cesa
en el momento
oportuno no sufre ningún mal por haber cesado. Tampoco el que la ejecuta
sufre ningún mal por eso precisamente, porque haya cesado. (2) De igual
forma, por
tanto, el conjunto de
todas las acciones, que eso es
la vida, si
cesa en el momento oportuno no sufre ningún mal por eso precisamente,
por haber
cesado. Tampoco el
que pone un fin a esa
sucesión en el
momento oportuno queda en mala posición. (3) La naturaleza nos brinda el
momento oportuno y el límite, algunas veces incluso la
naturaleza particular
cuando se está en la vejez, en cualquier
circunstancia la naturaleza del todo;
aunque sus partes cambien, el universo en su conjunto permanece siempre
juvenil y vigoroso. (4) Y siempre lo que conviene al todo es completamente
bello y en la hora justa. (5) El cese individual de la vida no es malo, porque
no es motivo de vergüenza, si
es involuntario y no va contra lo comunitario.
Por el contrario, es bueno si con relación al todo, es oportuno, beneficioso y
lo que recibe el beneficio. (6) Así también está poseído por un dios el que
se deja llevar por lo mismo que el dios y se deja llevar a lo mismo en el
pensamiento.
12.24 Debes tener a mano estas tres cosas: en tus
acciones mira que no sean
fruto del
azar ni distintas
a como la
justicia ella misma
las hubiera
ejecutado. Con relación a los sucesos exteriores piensa
que o son por
casualidad o son por providencia[489]: ni se debe censurar a la casualidad ni
se debe
acusar a la
providencia. (2) En
segundo lugar, cómo
es cada
individuo desde su concepción hasta que recibe el alma[490], y desde que
recibe el alma hasta que la entrega, y a partir de qué está compuesto y en
qué se disolverá. (3) En tercer lugar, que si te elevaran en el aire y miraras
hacia abajo las cosas humanas y su versatilidad, piensa
que las despreciarías
al verlas todas al mismo tiempo que las que habitan por todo el aire y la
atmósfera[491]. Y que
cuantas veces seas
elevado verás lo
mismo, lo
semejante, su brevedad. (4) De eso depende el delirio de
grandeza.
12.25 Expulsa fuera la suposición. Estás a salvo. ¿Quién te impide
expulsarla?
12.26 Cuando te impacientas con algo, se te olvidó que todo sucede según
la naturaleza del todo y que el error es ajeno; además de eso, que todo lo
que sucede ahora venía sucediendo siempre así, seguirá sucediendo y está
sucediendo ahora en todas partes. También el gran parentesco del hombre
con toda la estirpe humana: en efecto no comparte
sangrecilla ni un poco de
semen[492], sino inteligencia. (2) Pero también te olvidaste de que la
inteligencia individual es divinidad[493]
y de allí fluyó, y de que nada es
propiedad de nadie, por el contrario el hijito, el cuerpecillo y la propia
pequeña alma vinieron de allí. En definitiva olvidaste
que todo es
suposición y que cada individuo vive sólo el presente y
lo va dejando atrás.
12.27 Sin interrupción vuelve a considerar a los que se irritan en demasía
con alguien, a los que
se encumbraron por
su buena fama, por
sus
desgracias, por sus enemistades o por las circunstancias que sean. Después
presta atención a dónde está ahora todo eso. Es humo, ceniza, leyenda o ni
siquiera. (2) Que al mismo tiempo se te represente algo de este tipo, por
ejemplo a Fabio Catulino[494]
en el campo, a Lucio Lupo en sus jardines, a
Estertinio en Bayas[495], a Tiberio[496] en Capri y a Velio Rufo[497], en una
palabra, señalarse en algo con presunción. Qué poco valor tiene todo lo que
provoca nuestro esfuerzo y cómo es mucho más propio de un filósofo a
partir de la materia que se nos ha dado aparecer uno mismo como justo,
prudente, obediente a los dioses con sencillez. (3) Pues el delirio de
grandeza que delira sobre la inexistencia de delirio es
el peor de todos.
12.28 Frente a los que indagan con la pregunta:
«¿dónde viste a los dioses o
por qué
te convenciste de
que existen y por
ello los honras?» En primer
lugar, que son visibles con la vista. En segundo, que no he visto mi propia
alma y sin embargo la aprecio. (2) De igual
forma, por tanto, con los dioses,
a partir de cada ocasión en que he puesto a prueba su poder, a partir de ahí
me convenzo de que existen y los respeto.
12.29 Supone
mantener la vida a
salvo analizar qué es cada cosa por
completo y en sí, cuál de sus partes es la material, cuál la causal; (2) hacer
lo justo y decir la verdad con toda el alma. (3) ¿Qué queda sino disfrutar de
la vida pasando del contacto de un bien a otro, de forma que no quede el
más pequeño intervalo?
12.30 La luz del sol es una aunque la dividen las paredes, las montañas y
mil cosas más. (2) La substancia común es una aunque se
divide en miles de
cuerpos que se distinguen individualmente.
(3) El alma es una aunque se
divide en miles de naturalezas
y figuras individuales. (4) El alma inteligente
es una
aunque parece que
está fraccionada. (5)
Las partes distintas
a las
dichas, como
los hálitos vitales y
los objetos, no tienen percepción ni
parentesco entre sí. Aunque también a ellos los mantiene agrupados lo que
unifica y pesa sobre ellos. (6) La reflexión inteligente, sin embargo, tiende a
lo que le es connatural, se mantiene unida y no se divide este sentimiento
comunitario.
12.31 ¿Qué persigues? ¿Pasar la vida? Pero ¿y tener percepciones e
impulsos?, ¿crecer y dejar de crecer otra vez?,
¿articular palabra y distinguir
con la reflexión? ¿Qué cosas de ésas te parece que merecen tu anhelo? (2)
Si cada una de ésas te parece fácil de despreciar, avanza hasta el final, llega
a la obediencia a la razón y a la divinidad. Pero a esto se enfrenta tu estima
de aquellas cosas, tu pesar por verte privado de ellas
por morirte.
12.32 ¿Qué parte ínfima de lo
infinito y dilatado del tiempo le es repartida a
cada individuo? Desaparece inmediatamente en
la eternidad. (2) ¿Qué parte
ínfima de toda la substancia? ¿Qué parte ínfima de toda el alma? ¿En qué
ínfimo terrón te arrastras de toda la tierra? (3) Recapacita sobre todo eso y
no te representes nada grande distinto a hacer según guía tu naturaleza y
dejarse hacer según propone la naturaleza común.
12.33 ¿Cómo se trata a
sí mismo el
principio rector? En
efecto, ahí está
todo. (2) Lo demás o puede elegirse o no es elegible, son
cadáveres y humo.
12.34 Provoca un desprecio a la muerte mayor el hecho de que incluso
quienes juzgan que el placer
es un bien y el sufrimiento es un mal la
desprecian[498].
12.35 Para quien sólo lo oportuno es bueno y para quien producir un mayor
número de acciones según la razón recta es lo mismo que producir menos y
a quien
no le importa contemplar el universo más o menos tiempo, a ése
tampoco le resulta la muerte algo temeroso.
12.36 Hombre, ejerciste la actividad pública en esa gran ciudad, ¿qué te
importa si cinco o cien años? Lo que es según la ley es igual para cada
individuo. (2) Por tanto, ¿qué hay de terrible si ni te echa un tirano ni un
juez injusto, sino la naturaleza que te trajo? Es igual
que si el director que lo
aceptó despidiera de escena a un actor cómico y éste dijera: (3) «Pero no
recité las
cinco partes, sólo tres». (4) Dijiste bien pero en la vida las
tres
partes son toda la función. Pues establece el final el que es causa de la
composición y ahora de la descomposición. (5) Tú no eres causa ni de una
ni de otra. Márchate por tanto de forma propicia porque también el que te
libera lo hace propiciamente.
ÍNDICE DE NOMBRES DE PERSONAS,
PERSONAJES Y CITAS
Se remite
a los pasajes.
Cuando la primera
referencia está en
negrita
existe en
nota al pasaje
una pequeña noticia
sobre el personaje.
Las
referencias entre paréntesis son citas a textos en las que Marco Aurelio no
da el nombre del autor. Las referencias entre corchetes son citas indirectas
en las
que no aparece
nombrado el personaje
pero la alusión a
él es
evidente. La abreviatura PIR es para la Prosopographia
Imperii Romani
Saeculi I, II, III, 1.ª ed.
de E. Klebs y H. Dessau; 2.ª ed. de E. Groag y A.
Stein.
ADRIANO, EMPERADOR, 4.33, 8.5, 8.37, 10.27
Emperador de la dinastía de los Antoninos, gobernó entre los años 17-
138 d. C.; era de origen hispano de una familia asentada en Itálica, en la
provincia de la Bética. Tuvo cargos políticos y militares de primer orden
con Trajano, también de origen hispano y de la misma ciudad. Durante la
I Guerra
Dácica (101-102) sirvió
muy estrechamente al
emperador
Trajano ya que desempeñaba la función de comes, compañero, de éste.
Después de estar como legado imperial en diversas campañas militares,
destacando la guerra contra los partos entre el 114 y 117, fue designado
cónsul en el 117
y legado para
Siria. A su vuelta
a Roma Trajano le
confió el mando del ejército. Al casarse con Vibia Sabina pasó a
emparentarse directamente con Trajano
y se convirtió en su sucesor.
Conoció de primera mano, a través de sus muchos viajes, las provincias
del Imperio; de sus veintiún
años de reinado pasó una
docena recorriendo
el Imperio. Tuvo actuaciones favorables a la plebe como la condonación
de deudas; en cambio sus relaciones con el elemento senatorial no fueron
tan fluidas
como con su
predecesor. En cuanto
a la política
exterior
comprendió la imposibilidad de ampliar el Orbe romano y tomó la
decisión de establecer fronteras seguras y destacamentos fijos a lo largo
del limes. Adriano fue además un gran constructor y junto a obras de
nueva planta llevó a cabo una reconstrucción de edificios en Roma y
otras ciudades del Imperio. Adriano poseía una cultura muy refinada
tanto en
latín como en
griego; de esta
última se había
impregnado
profundamente en sus estancias en Grecia. Fue arconte en
Atenas.
ADRIANO, POSIBLEMENTE DISTINTO AL
EMPERADOR, 8.25
Pudiera ser Adriano de Tiro, 113-193
d. C., sofista y
discípulo de
Herodes Ático, véase Filóstrato, Vidas de Los
sofistas, II, 10;
esta
hipótesis viene
avalada porque algunos de
los personajes nombrados
tienen relación con la retórica o con la filosofía.
AGRIPA, 8.31
C. 63 a. C.-12 d. C. Amigo y colaborador eficaz en los planos político y
militar de Augusto (véase) durante la práctica totalidad de su vida. Entre
otras mujeres, estuvo casado con la hija de Augusto.
ALCIFRÓN,
10.31
ALEJANDRO DE
COTIEO, EL GRAMÁTICO, 1.10
De origen frigio, también conocido por la Historia
Augusta (Vita Marci,
II,
3). Fue comentador
de Heródoto y
Homero, como tal
es citado por
Porfirio, Cuestiones homéricas sobre la Ilíada
19.79. Antonino lo llamó
para que instruyera a Marco Aurelio en literatura
griega.
ALEJANDRO DE
SELEUCIA, 1.12
Marco Aurelio lo cita como «platónico» para
distinguirlo del
«gramático». Era uno de los secretarios ab epistulis (especializados en la
correspondencia). Fue discípulo de Favorino, conocido sofista y filósofo
amigo de Plutarco (véase). Hay que pensar que el apodo de platónico de
Marco Aurelio debía corresponderse con su postura
filosófica[499].
ALEJANDRO
MAGNO DE MACEDONIA, 3.3, 6.24, 8.3, 9.29,
10.27
356-323 a. C. Fue educado por Aristóteles. Sucedió a su padre Filipo II
(véase) en el año 336. A partir del 334 empezó su campaña por Asia, que
le llevó hasta la India. Como resultado de sus conquistas, a pesar de su
muerte temprana, en Egipto, Siria y la actual Turquía se
establecieron
monarquías griegas que pervivieron hasta la dominación romana y que
supusieron un cauce fundamental para la expansión del helenismo.
Marco Aurelio lo cita con cierto desprecio como hombre de acción que
no ha
comprendido las verdades
de la filosofía, a
pesar de que fue
considerado siempre como un gran modelo militar y político por los
representantes y propagandistas del Imperio Romano.
ANIA
CORNIFICIA FAUSTINA (hermana), 1.17
ANIA
GALERIA FAUSTINA (LA MAYOR) (tía), 8.25
Mujer del emperador Antonino Pío, tía carnal de Marco Aurelio y luego
también su suegra. Murió en el 140 poco después de la proclamación
como emperador de su marido en el 138, que a ella le supuso el título de
Augusta.
ANIA
GALERIA FAUSTINA (LA MENOR) (esposa), 1.17
Hija de
la anterior y de
Antonino Pío (véase). Fue prometida a Lucio
Vero (véase) por voluntad de Adriano (véase) en el año 138. Antonino, al
acceder al imperio, sin embargo, deshizo este compromiso a favor de
Marco Aurelio, primo carnal, con quien se casó en el 145 cuando tendría
apenas unos quince años. Tuvo
doce hijos con él de los que sobrevivieron
seis, cinco niñas y un
varón, Cómodo, futuro
emperador. Desde la
antigüedad se
puso en duda que éste fuera hijo
de hecho de Marco
Aurelio. También se la acusó
de apoyar al rebelde Avidio Casio, pero este
hecho se puede explicar por la confusión del momento y haber pensado
que su marido había muerto. En cualquier caso nada indica que Marco
Aurelio sospechara del comportamiento de su esposa, a la que deificó a
su muerte en el año 175.
ANIO VERO (padre), [1.2], 8.25
PIR2 (A 696). Murió joven en el desempeño de la pretura, hacia el 124,
cuando Marco Aurelio tenía tres años.
ANIO
VERO, MARCO (abuelo paterno y materno), 1.1,
[1.17], [9.21]
PIR2 (A 695). Hijo
del anterior. De origen hispano
al igual que los
emperadores Trajano y Adriano.
Fue nombrado senador por Vespasiano y
es ejemplo de cómo élites de origen provincial pasaron a desempeñar las
más altas
magistraturas. Fue cónsul
en tres ocasiones y prefecto del
pretorio. Por la muerte temprana del padre de Marco Aurelio fue él quien
se encargó de su tutela.
ANTONINO
(referido a Marco Aurelio), 6.26, 6.44
ANTONINO
PÍO [1.16], [1.17], 4.33, 6.30, 8.25, 10.27
PIR1 (A 1509), emperador durante los años 138-161. Las fuentes, como
la Historia
Augusta, coinciden
en considerarlo como
un gobernante
dotado de
grandes cualidades personales,
similares a las que expresa
Marco Aurelio en 1.16. Procedía de una familia rica por el negocio de la
fabricación de ladrillos de la región de Roma. Gracias a su matrimonio
con Ania
Faustina (véase en
este índice) incrementó
su fortuna. Este
desahogo le permitió organizar grandes juegos durante sus magistraturas,
especialmente la prefectura de la ciudad y el consulado, lo que le granjeó
gran popularidad. La enfermedad del emperador Adriano obligó a elegir
rápidamente un sucesor; el hecho de que Antonino estuviese adscrito al
Consejo Imperial y fuese un
miembro destacado del
orden senatorial
determinó su elección. Las relaciones
entre el Senado y el emperador
durante su mandato muestran que sus apoyos estaban en el elemento
senatorial. Sin negar la mesura en sus aficiones y en gastos públicos, que
señala Marco Aurelio en 1.16, Antonino al llegar al poder distribuyó un
congiario, al pueblo y al ejército, práctica corriente
entre los
emperadores; contribuyó con grandes cantidades a las obras emprendidas
por Adriano, Historia Augusta, Vita Pii,
IV, 8-10; instituyó un colegio de
doncellas en honor de Faustina, su mujer, pagado con fondos del estado;
realizó o restauró muchas obras públicas, tanto en Roma como en otras
ciudades.
APOLO,
11.18
APOLONIO DE
CALCEDONIA, 1.8, 1.17
Según la Historia Augusta (Vita Marci, II,
5) era un filósofo estoico que
luego fue
maestro de Cómodo, hijo
de Marco Aurelio. Fue también
preceptor de Vero (Vita Veri,
II, 5). Fue Antonino Pío quien lo hizo venir
a Roma.
ARIO,
8.31
ARISTÓFANES (4.23), [11.6]
Es el gran poeta cómico de la comedia antigua de los siglos V-IV a. C.
Posteriormente, se leyó a Aristófanes sobre todo por el interés de su
lengua que precisamente es el aspecto en el que se fija Marco Aurelio
cuando alude a la comedia antigua en 11.6.
ARQUÍMEDES, 6.47
ASCLEPIO,
5.8, 6.43
ATENODOTO,
1.13
AUGUSTO
(OCTAVIO), 4.33, 8.5, 8.31
Emperador entre el 31 a. C. y el
14 d. C. Fue el fundador del Imperio
romano y quien puso las bases para su organización. Marco Aurelio lo
cita sin establecer ninguna valoración
sobre él, sencillamente como una
referencia temporal.
BAQUIO,
1.6
BENEDICTA, 1.17
BRUTO,
1.14
85-42 a. C. Político romano, famoso por su codicia y ambición. Participó
activamente en la conspiración que acabó con el
asesinato de César
(véase). Por ello se le consideró como gran defensor del modelo
republicano. Tuvo una vida
intelectual intensa como
orador y escritor,
también como filósofo, campo en el que defendió posturas platónicas y
estoicas. Marco Aurelio, como puede verse en el pasaje en el que lo cita,
aprendió a admirarlo como filósofo
que intentó poner en práctica sus
ideales de libertad, a pesar de que suponía un esfuerzo de tolerancia
considerarlo con respeto, cuando de alguna manera el
imperio en su
origen estuvo tan vinculado con la figura de Julio
César.
CABRIAS,
8.37
CÁRAX, 8.25
CATILIO SEVERO (bisabuelo materno)
[1.4]
PIR2 (C 558). Ocupó cargos a partir
del año 110 como cónsul
sufecto. En
el reinado de Adriano fue cónsul ordinario en el año 120, procónsul en
África en el 124 y
prefecto de la
ciudad entre los
años 134 y 138.
Se
preocupó mucho
por la educación de su bisnieto Marco
Aurelio. En
efecto, fue educado en casa con numerosos preceptores sin reparar en los
gastos que ello suponía.
CATÓN, 4.33
CATULO CINA, 1.13
CÉCROPE,
4.23
CEDICIANO,
4.50
CÉLER,
CANINIO, 8.25
CÉSAR,
JULIO, 3.3, 8.3
Político de la facción popular, fue también historiador
(escribió la Guerra
Civil y
la Guerra de las Galias) y militar romano,
vivió entre los años
100 y
44 a. C. Fue actor principal en un periodo turbulento de la
República romana, siendo parte activa en la propia desaparición de la
República al intentar establecer una dictadura permanente en su propia
persona. Fue aliado unas veces y enemigo en las más de Pompeyo, otro
de los grandes personajes de esta época. Fue asesinado por una conjura
en la que participaron miembros destacados de la clase senatorial. Marco
Aurelio lo cita con poco aprecio, como militar desconocedor de las
verdades de
la filosofía y
claramente con una
concepción del poder
contrapuesta a la suya.
CESÓN,
4.33
CLAUDIO
MÁXIMO, 1.15, 1.16, 1.17, 8.25
Importante político y militar; entre otros cargos desempeñó la pretura en
el año 132, el consulado sufecto en dos ocasiones; fue legado en Panonia
superior y procónsul en África en el 159. Debió ejercer una influencia
profunda en Marco Aurelio por la enseñanza de teorías estoicas tal y
como aparece en Historia
Augusta (Vita Marci,
III, 2) o
en las
propias
Meditaciones
1.17. Su relación
no era sólo
filosófica y debió
contener
una profunda amistad personal. Por ello su enfermedad fue vivida por la
familia imperial con zozobra (1.15, 16).
CLAUDIO
SEVERO, 1.14
Era un filósofo de la escuela aristotélica (Historia Augusta, Vita Marci,
III, 3). Debió tener una relación
estrecha con Marco Aurelio, y, de hecho,
una de las hijas de éste se casó con él.
CLOTO,
4.34
CORNELIO
ESCIPIÓN, PUBLIO, 4.33
CRATES, 6.13
CRESO,
10.27
CRISIPO,
6.42, 7.19
C. 280-207 a. C. Sucedió a Oleantes al frente de la Estoa. Véase
introducción.
CRITÓN,
10.31
DEMÉTER,
6.43
DEMETRIO CÍNICO,
8.25
DEMETRIO FALERO, 9.29
DEMÓCRITO DE
ABDERA, 3.3, (4.3), (4.24), (7.31)
Filósofo griego del s. V a. C. Junto con Leucipo se le consideraba el
padre de
la teoría atomista
que fue defendida
posteriormente por los
epicúreos. Marco Aurelio, cuando habla del atomismo, está pensando en
la escuela epicúrea más que en Demócrito.
DENTATO, 4.33
DIÓGENES CÍNICO,
8.3, 11.6
412/403-324/321 a. C. Fundador de
la corriente filosófica
cínica que
rechazaba la filosofía especulativa que
no se centrara en el
comportamiento, cosa que lo aproximaría bastante al pensamiento de
Marco Aurelio. Abogaba por vivir conforme a la naturaleza más que a la
ley,
de ahí una forma
de vida extravagante que rechazaba los usos
sociales. Este principio de «vivir según la naturaleza» acercaba a los
cínicos a los postulados estoicos;
de hecho, Zenón, fundador del
estoicismo, fue cínico al principio. Véase la
introducción.
DIOGNETO,
1.6
Según la Historia Augusta (Vita Marci, IV,
9) le enseñó pintura a Marco
Aurelio, aunque también fue instructor filosófico. Ejerció su labor en su
discípulo especialmente en la adolescencia.
DIÓN DE
SIRACUSA, 1.14
DIOTIMO,
8.25, 8.37
DOMICIA
LUCILA (madre), [1.3], [1.7], [1.17], [5.4], 8.25, [9.21]
PIR2 (D 183).
Perteneció a una familia
dedicada a la producción de
ladrillos que destacaba ya en el siglo I a. C. Transmitió a Marco Aurelio
la devoción y la austeridad, tanto más notable en una familia de mucho
dinero.
DOMICIO
AFER, 1.13
EMPÉDOCLES, (8.41), 12.3
492-432 a. C. Filósofo siciliano (de Agrigento), escribía
sus teorías en
poemas de
los que sólo se conservan fragmentos. Se le consideraba
también fundador de la retórica. Es sobre todo conocido por la
formulación de la teoría de los cuatro elementos primordiales. Marco
Aurelio lo cita por su
metáfora de que el
mundo es una «esfera
redondeada que se alegra en su soledad circundante».
EPICTETO,
1.7, (2.16), (4.7), 4.41, (5.29), 7.19, (7.36), (7.63),
(9.24),
(11.33), 11.34, (11.35), (11.36)
Vivió en los siglos I y II d. C. Sobre su importancia en el estoicismo de la
época y en Marco Aurelio, véase la introducción. Fue sin duda el autor
que influyó
más directamente en
el contenido y en
la forma de las
Meditaciones.
EPICURO,
7.64, 9.41, 11.26
341-270 a. C. Fundador del epicureismo. Se contrapusieron
sus doctrinas
morales a
las del estoicismo por defender el hedonismo o búsqueda de
una vida feliz, pero en realidad sus planteamientos eran muy ascéticos.
De hecho, Marco Aurelio se enfrenta a su escuela de pensamiento más
por su concepción atomista y determinista del universo en contradicción
con su
visión providencialista, que por su doctrina moral. Las tres
referencias de las Meditaciones a Epicuro son positivas y se citan sus
palabras como modelo moral.
EPITÍNCANO, 8.25
ESTERTINIO, 12.27
EUDEMÓN,
8.25
EUDOXO,
6.47
ÉUFRATES, 10.31
EURÍPIDES
(7.38), (7.40), (7.41), (7.50), (7.51), (10.21), (11.6), (12.26)
Es el autor antiguo después de Epicteto del que
más citas encontramos en
Marco Aurelio, aunque curiosamente en ningún caso se menciona su
nombre, porque el público al que se dirige es capaz de reconocer sus
textos. De los tres grandes autores trágicos atenienses del siglo V a. C.,
Esquilo, Sófocles y Eurípides, éste fue posteriormente el más popular de
todos ellos con diferencia, tanto en la forma escrita de transmisión de sus
obras como en la forma
representada. Los pasajes
que le interesan a
Marco Aurelio son especialmente los que hacen referencia a la muerte y
su aceptación. Como comenta en 11.6 éste es el interés para él del género
trágico.
EUTIQUES,
10.31
EUTIQUIO,
10.31
FABIO
CATULINO, 4.50,
12.27
FÁLARIS,
3.16
FEBO,
6.47
FILIPO DE
MACEDONIA, 9.29,10.27
FILISTIÓN,
6.47
FOCIÓN,
11.13
FRONTÓN,
1.11
M. Cornelio Frontón, maestro y amigo personal de Marco Aurelio. Su
relación con él fue tan
estrecha que en su
correspondencia[500]
hay en
algunos momentos un tratamiento amoroso, quizá como tópico literario.
Probablemente el estilo
literario del emperador tiene que ver bastante con
él. Sin embargo, no estaba muy de acuerdo con la postura filosófica de
Marco Aurelio
y expresaba cierta
desilusión con su
discípulo a este
respecto.
FURIO
CAMILO, MARCO, 4.33
HELVIDIO, 1.14
HERÁCLITO
[2.17], 3.3, [4.43], 4.46, 6.42, 6.47, 8.3
Filósofo griego de los siglos VI-V a. C. Su interés para Marco Aurelio
radica en la importancia que le concede al lógos como el centro de toda
su reflexión. También la
idea de que todo
está en movimiento y
transformación se acerca a los
planteamientos de Marco Aurelio a la hora
de restarle importancia a la muerte.
HESÍODO
(5.33), (11.32)
Poeta épico griego entre los siglos VIII y VII a. C. Autor de la Teogonía en
la que
relata el nacimiento
de los distintos
dioses desde el
chaos
primitivo y de Trabajos
y días, poema didáctico con reflexiones sobre la
justicia y las labores tradicionales
del campo. Era un autor muy leído
desde la escuela.
HIMEN,
10.31
HIPARCO, 6.47
HIPÓCRATES, 3.3
HOMERO
(4.50), (5.31), (10.34), (11.31)
El famosísimo autor (aunque hoy día no se
le considere autor absoluto
sino enmarcado dentro de toda una tradición de poetas orales o aedos) de
los poemas épicos la Ilíada
y la Odisea, que se sitúa cronológicamente en
el siglo
VIII a. C. Para los griegos en estos poemas se contenían las
verdades fundamentales sobre el hombre y sus distintas actividades. Los
niños aprendían a leer en la escuela sobre sus textos. De ahí que sea muy
citado sin nombrarlo porque
se memorizaban muchos de sus pasajes y las
personas cultas los conocían.
JANTIPA, 11.28
JENÓCRATES, 6.13
JENOFONTE
(7.66)
C. 430-C. 354 a. C. Fue uno de los discípulos atenienses de Sócrates pero
más que
un filósofo fue un
hombre de acción con una importante
actuación política y militar.
También fue un importante historiador y
escritor de diálogos referidos a Sócrates, en los que no alcanza el brillo
de Platón. Es por las informaciones que proporciona
sobre Sócrates
(véase) por lo que lo cita Marco Aurelio.
JENOFONTE
(de identidad dudosa), 10.31
JULIA,
8.31
Fue el único descendiente de Augusto (véase), era fruto
de su matrimonio
con Escribonia, anterior al de Livia (véase). Estuvo casada con Claudio
Marcelo, después con Agripa (véase) y finalmente con Tiberio (véase).
Marco Aurelio la cita sencillamente como miembro de la corte de
Augusto.
JULIANO,
4.50
LAMIA,
11.23
LÉPIDO,
4.50
LIVIA
DRUSILA AUGUSTA, 8.31
58 a.
C.-29 d. C. Mujer
de Augusto (véase) con quien no tuvo hijos,
aunque sí de un matrimonio anterior. Uno de ellos fue Tiberio (véase), a
favor de quien habría intrigado provocando incluso la muerte de posibles
rivales a su puesto de heredero de Augusto, pero pueden ser noticias
deformadas por una historiografía hostil con la familia imperial. Marco
Aurelio la cita sencillamente como miembro de la corte de Augusto, de la
que fue sin duda un elemento muy importante por su inteligencia, belleza
y saber estar.
LUCIO
LUPO, 12.27
LUCIO
VERO, 1.17, 8.37
Por indicación de Adriano (véase), Antonino (véase) adoptó a Lucio Vero
y a
Marco Aurelio en
el mismo momento,
por lo que se
consideraban
hermanos como vemos en 1.17, y ambos fueron nombrados emperadores
a la
muerte de Antonino, aunque
Marco Aurelio tenía preeminencia.
Ejerció, por tanto, como coemperador entre 156 y
169, fecha de su
muerte. Era hijo de Elio César, que estaba designado por Adriano (véase)
como su sucesor. Su muerte temprana truncó los planes de Adriano, que
escogió entonces a Antonino (véase) con la obligación de que designara a
Lucio Vero su sucesor. Sobre su
carácter y sus
relaciones con Marco
Aurelio, véase la introducción.
MARCIANO,
1.6
MECENAS,
8.31
Amigo y
colaborador de Augusto
(véase). Acumuló enorme
riqueza
probablemente por confiscaciones durante las turbulencias civiles tras la
muerte de César (véase). Amigo del lujo y de la ostentación, fue el gran
patrono de los poetas de la época de Augusto: Virgilio, Horacio,
Propercio. Marco Aurelio lo cita como miembro prominente de la corte
de Augusto.
MENANDRO
(2.15), (5.12), [11.6]
Autor cómico de los siglos IV-III, representante de la comedia nueva.
Aunque por las citas se puede comprobar que Marco Aurelio lo leía y
conocía, su juicio sobre la comedia nueva desde un punto de vista moral
es bastante negativo.
MENIPO,
6.47
MÓNIMO,
2.15
MUSAS,
11.18
NERÓN,
3.16
Emperador entre los años 54 y 68 d. C. Marco Aurelio lo cita de forma
negativa en una lista de personajes viles y crueles.
NÉSTOR,
4.50
OCTAVIA, 8.31
Hermana de Augusto (véase). Se casó con Antonio, el rival de Augusto,
por un acuerdo político entre Augusto y Antonio. Después de la muerte
de éste se ocupó de todos sus hijos, incluidos los que había tenido con
Fulvia y Cleopatra. Destacó por su humanidad y nobleza. Marco Aurelio
la cita como uno de los miembros conocidos de la corte
de Augusto.
ORIGANIÓN,
6.47
PANTEA,
8.37
PÉRDICAS,
11.25
PÉRGAMO,
8.37
PITÁGORAS,
6.47, 11.27
Matemático y filósofo griego entre los siglos VI y V a.
C. Trabajó
en
Crotona, al S. de Italia. Fundó una escuela filosófica que más bien era
una secta en la que se mezclaban la ciencia y cierto esoterismo religioso.
Parece que introdujo en Grecia la teoría de la trasmigración de las almas
o metempsicosis. La concepción de que el alma vive encerrada en un
cuerpo que la degrada, tan querida de Marco Aurelio, se remonta a ideas
pitagóricas.
PLATÓN (4.47), (7.35), (7.44), (7.45), (7.46), (7.66), 9.29,
10.23, (11.23)
429-347 a. C. Fue el filósofo griego, discípulo de Sócrates y maestro de
Aristóteles, que más influyó en todo el pensamiento posterior a través de
sus famosos
diálogos que abren gran
cantidad de interrogantes sobre
cuestiones fundamentales como teoría del conocimiento,
inmortalidad del
alma, el
mundo de las ideas, los valores morales,
etc. El estoicismo
medio desarrolló los puntos en común de sus concepciones con las
doctrinas platónicas. Véase la introducción. Marco Aurelio lo cita con
profusión pero fundamentalmente como testigo
de Sócrates, personalidad
por la
que siente una fuerte
atracción. En esta línea, dado el
escaso
interés de Marco Aurelio por la filosofía pura y dura no
menciona a
Aristóteles ni alude a sus textos ni una sola vez.
PLUTARCO (7.52)
C. 50-C.
120 d. C.
Fecundísimo escritor griego, especialmente de
biografías de personajes famosos y de tratados sobre cuestiones de todo
tipo que
se engloban bajo
el título genérico
de Moralia, por
el fuerte
contenido moral, muy del gusto de la época.
POMPEYO,
3.3, 8.3
106-48 a. C. Fue el contrincante político y
militar más importante
de
César (véase). Marco Aurelio lo cita como general, al mismo tiempo que
a César, con cierta
actitud despectiva hacia
ambos como hombres
valiosos que se malgastaron
en hechos de armas que a la postre no fueron
tan trascendentes, frente a las verdades de la filosofía
moral.
RÚSTICO,
JUNIO, 1.7, 1.17
PIR2 (I 814).
Personaje relevante de
la aristocracia imperial: cónsul
sufecto, cónsul ordinario, prefecto de la ciudad, miembro del Consejo
Imperial. Según la Historia Augusta (Vita Marci,
III, 3-4) mantenía una
estrecha relación con Marco Aurelio. Fue decisivo en la vinculación de
éste con el estoicismo, ya que le acercó a los textos de
Epicteto (véase).
SATIRÓN, 10.31
SEGUNDA,
8.25
SÉNECA
(11.26)
C. 1 a. C.-65 d. C. Nació en España, Córdoba. Fue un importante político
en tiempos de Nerón y escritor de tragedias, diálogos, cartas. Fue uno de
los más
importantes representantes y transmisores del estoicismo
romano. Sólo la inclinación de Marco Aurelio por la cultura y la lengua
griegas explica que no aluda a él de
forma explícita y
no lo cite con
mayor abundancia.
SEVERO,
10.31
SEXTO DE
QUERONEA, 1.9
Filósofo estoico sobrino nieto de Plutarco (Historia Augusta, Vita Marci,
III, 2). Siempre estuvo rodeado de filósofos como Apolonio, Catulo Cina,
Claudio Máximo (véanse), incluso cuando
trabajaba para la familia
imperial.
SILVANO, 10.31
SÓCRATES, 1.16, 3.3, 3.6, 6.47, 7.19, 7.66, 8.3, 11.23, 11.25, 11.28
469-399 a. C. Fue el
pensador griego del
que arranca toda
la filosofía
moral posterior a través de los cínicos, estoicos y epicúreos, y la filosofía
en general a través de Platón, que fue su discípulo. Aunque no escribió
nada su
personalidad subyugó a
todos los que lo
trataron con
profundidad. Es junto con Epicteto la personalidad más veces citada por
Marco Aurelio porque encarna muchos de los valores que él defendía y
porque fue un ejemplo práctico a través de la aceptación de su muerte,
decretada tras un proceso injusto por impiedad, de la coherencia entre
vida y pensamiento.
SÓFOCLES
(11.6)
Fue el
gran autor trágico
del siglo V a. C. Aunque en su época se le
consideró superior a Eurípides (véase), éste fue mucho más popular en
los siglos siguientes, como se refleja en el número de citas de uno y otro
por parte de Marco Aurelio.
TANDASIS,
1.6
TELAUGES,
7.66
TEODOTO,
1.17
TEOFASTRO, 2.10
Filósofo y científico peripatético
(siglos IV-III a.
C.) muy unido a
Aristóteles, de quien fue el discípulo más importante. Trabajó en lógica,
metafísica, botánica, etología animal. Su obra sobre el comportamiento
humano, los Caracteres,
fue muy famosa y es a
la que alude
Marco
Aurelio en 2.10.
TIBERIO,
12.27
Emperador entre los años 14
y 37 d. C. Marco Aurelio lo cita por su
conducta estrafalaria en relación a su permanencia en Capri durante
varios años consecutivos mientras era
emperador de Roma, según
algunos para evitar tanto a su madre, Livia (véase), como a su mujer,
Julia (véase).
TRAJANO,
4.32
Emperador entre los años 98 y 117 d.
C. Marco Aurelio lo cita de forma
neutra como mera referencia temporal.
TRÁSEAS,
1.14
TROPEÓFORO, 10.31
VELIO
RUFO, 12.27
VESPASIANO, 4.32
Emperador entre los años 69 y 79 d. C. Marco Aurelio lo cita de forma
neutra como mera referencia temporal.
VÓLESO,
4.33
ZEUS,
4.23, 5.6, 5.8, 5.27, 11.8
Zeus, como dios supremo del panteón, es lógico que aparezca como la
personificación de la divinidad filosófica en la que creían los estoicos y
que no
se haga mención de otros dioses, excepto Apolo en un
caso
(véase).
ÍNDICE DE LUGARES O PUEBLOS
Asia, 6.36
Atenienses, 5.7, 7.45
Atos, monte, 6.36
Bayas, ciudad, 12.27
Caldeos, 3.3
Capri, ciudad, 12.27
Carnunto, población, 3.0
Cuados, 1.17
Europa, 6.36
Falemo, población, 6.13
Gaeta, población, 1.17
Gran, 1.17
Griegos, 3.14
Hélice, ciudad, 4.48
Herculano, ciudad, 4.48
Lacedemonios, 11.24
Lanuvio, población, 1.16
Lorio, población, 1.16
Macedonia, 6.54
Olimpo, monte, 5.33
Pompeya, ciudad, 4.48, 8.31
Roma, ciudad, 6.44
Sármatas, 10.10
Sinuesa, 1.7
Túsculo, 1.16
ÍNDICE TEMÁTICO[501]
1. COSMOVISIÓN ESTOICA
a) El todo y las partes
• El universo es como un animal, es armónico, 4.40, 5.8,
6.38, 7.9, 7.19
Dios es uno a través de todos, el universo es uno a partir de todos, la
substancia es una, 7.9, 9.8, 12.30
El universo es como una ciudad, está ordenado; la razón del todo es
equiparable a la ley de la ciudad, 4.3, 4.4, 4.23, 4.27, 6.44, 7.9, 7.48,
10.11, 10.13, 10.25, 10.33,
11.1
Cada uno en su nivel tiende a los de su especie, 5.30,
9.9, 10.6, 12.30
El hombre es una parte íntima de la substancia universal, 5.24, 6.49,
7.23, 8.11, 9.22, 10.17, 12.32
Lo que
conviene al todo
conviene a las
partes, 2.3, 4.23,
5.8, 5.22,
6.44, 6.45, 6.54, 8.7, 9.39, 10.33, 11.4, 12.23
• Todo está en composición y disolución permanentes: el cambio constante
que renueva, 2.3, 2.17, 4.3, 4.5, 4.21, 4.36, 4.42, 4.46, 5.4, 5.13, 5.23,
6.4, 6.15, 6.25, 7.10, 7.18, 7.23, 7.25, 7.47, 7.48, 7.49, 8.6, 8.18, 8.50,
9.19, 9.28, 10.7, 10.8, 10.31, 11.35, 12.21, 12.23
Cada cosa concluye según la naturaleza del todo, 6.9, 7.10, 8.6, 8.50,
9.35
• El
individuo integrado socialmente (cfr. 2
c, La acción
dirigida al
prójimo):
Ley natural de la participación común, 1.14, 3.11, 5.1
Los hombres comparten la misma razón, 3.11, 4.4, 7.13, 9.22
Todos
los hombres colaboran
para un mismo fin,
unos a sabiendas,
otros no, 6.42, 6.43, 8.5, 11.14
Lo inferior surge para lo superior, los animales racionales surgen unos
por otros, 4.3, 5.16, 5.30, 7.55, 8.56, 8.59, 9.1, 11.10, 11.18
El individuo debe estar integrado en el universo, en la razón social, en
la inteligencia, en la naturaleza común, en los racionales, 2.9, 3.7,
4.29, 5.16, 7.13, 8.34, 9.1, 9.9, 9.22, 9.23, 10.6,
10.33, 11.8
— El buen orden es la acción comunitaria, 5.34, 6.7,
7.67, 8.43, 11.20
Mayor responsabilidad de quien tiene el mando, 6.55,
8.15, 11.18
• Los cuatro elementos, 4.4, 4.5, 5.4, 9.9,11.20
Las especies animales terrenas y aéreas, 7.50
b) El hombre compuesto, 2.2, 3.16, 5.13, 6.16, 6.32, 7.67, 7.68, 11.20, 12.3,
12.24
• El cuerpo:
Merece desprecio, es oscuro, corruptible, 2.2, 2.17,
4.41, 6.16
Sede de las sensaciones, pasiones, dolor, 3.16, 5.26, 7.33, 7.55, 8.41,
9.7
Su mal no afecta a la parte racional, 4.39, 6.32, 7.16,
7.33, 8.28
• El alma animal:
Merece desprecio, 2.2, 6.16
Sede de los impulsos, 3.16, 7.4, 7.55, 8.41, 9.7
• El alma racional, el lógos o elemento divino, el principio rector, 2.2, 2.13,
4.1, 5.10, 5.21, 5.26, 6.8, 9.10, 9.15, 10.38, 11.1, 11.30, 12.1, 12.14,
12.19, 12.26, 12.33 (cfr.
conocimiento y virtud)
Se relaciona con el cuerpo, con la naturaleza divina, con otros
hombres, 8.27, 8.61
Se subordina a la razón universal, a la divinidad, 2.4, 2.12, 2.16, 3.6,
3.9, 3.13, 3.16, 4.14, 4.21, 5.27, 7.39, 9.9, 11.20, 12.2, 12.23
Debe conocer el todo y la razón del todo (la verdad), 2.12, 5.32, 8.3,
8.7, 8.38, 8.45
Es principio social, causa de
la comunidad con otros hombres, 2.1, 4.4,
6.14, 7.5, 7.72, 8.7, 9.22, 12.26, 12.30
Es guía de comportamiento virtuoso y centro de las convicciones, 3.5,
3.16, 4.13, 5.21, 5.27, 6.8, 6.50, 7.55, 8.1, 8.16,
11.20
La felicidad consiste en integrarse en su propia razón, que es el retiro
perfecto, y dejar los problemas fuera, 1.16, 2.7, 2.8, 3.5, 4.3, 4.49,
5.9, 5.19, 5.35, 6.3, 6.11,
6.16, 6.52, 7.2, 7.16, 7.17, 7.22, 7.59, 7.64,
7.67, 7.68, 8.1, 8.28, 8.41, 8.43, 8.48, 9.31, 9.42, 10.1, 10.8, 10.11,
10.12,10.34, 11.11, 11.16, 12.3
Debe purificarse y no mezclarse con lo corporal (percepciones),
ni con
los impulsos del alma animal, 2.2, 2.13, 2.17, 3.8, 3.6, 3.12, 4.3,
5.26, 7.16,
7.37, 7.64, 8.28, 8.41, 8.51, 9.39, 9.41,
10.1, 10.24,
11.19, 12.3
— Debe ser autosuficiente, 3.6, 4.29, 5.19, 5.33, 7.2, 7.16, 7.28, 8.2,
9.7, 12.3
— Debe conocer sus confines, 7.55, 7.67
— Cuando se aleja de su
elemento divino el alma se humilla, 2.6, 2.16,
5.11, 6.35, 8.45, 9.26, 11.19
Lo que conviene a la razón individual conviene a la comunidad, 3.6,
5.16, 6.14, 6.44, 7.55, 9.1, 11.19
c) Providencia/divinidad
• O existe una providencia (razón organizadora del todo) o somos átomos
sujetos a azar, 2.3, 2.11, 4.3, 4.27, 4.45, 6.5, 6.10, 6.24, 9.28, 9.39, 10.5,
11.18, 12.14, 12.24
Todo ha surgido del principio rector común (expresamente o de forma
sobrevenida), 6.1, 6.36, 6.40, 7.75, 10.26, 12.2, 12.5
La divinidad le concede al hombre de forma especial la posibilidad de
volver a integrarse en el conjunto aunque se haya
desgajado, 11.8
• El destino
Es justo, equilibrado, da según la valía, nunca va contra la naturaleza
del individuo, 4.9, 4.10, 5.10, 8.7, 8.46
Hay que aceptar el destino, 2.5, 2.17, 3.4, 3.11, 3.16, 4.3, 4.10, 4.25,
4.26, 4.29, 4.33, 4.34, 5.8, 5.18, 5.27, 6.44, 7.57, 7.58, 7.61, 7.68,
8.7, 8.23, 8.45, 9.6, 9.17, 10.1, 10.3, 10.5, 10.6, 10.11, 10.14, 10.20,
10.21, 10.23, 10.25, 10.26, 10.28, 10.34, 11.6, 11.34, 12.1, 12.11
— Nunca se debe censurar el destino o a los dioses, 6.16, 6.41, 6.42,
9.1, 10.1, 12.12, 12.24
• El mal (cfr. 2 b, Lo
«indiferente»)
El auténtico no existe, no
lo permitiría la divinidad, la naturaleza, 2.11,
4.49, 6.1, 6.44, 7.41, 8.56, 9.35, 10.7, 10.33
Es ‘sobrevenido’, 3.2, 6.36, 6.42, 7.75, 8.50, 9.1
El sufrimiento no es un
mal y no es contrario a la
naturaleza del
hombre mientras éste pueda hacer lo que le
es propio, 4.8,
6.33,
7.64, 8.51, 8.55, 9.1
— Si es tolerable no mata y no afecta al principio rector, 7.33, 7.64,
10.3
d) El tiempo
• La vida es breve, limitada,
caduca, 2.4, 2.6, 2.12, 2.17, 3.10, 4.3, 4.6, 4.17,
4.26, 4.32, 4.48, 4.50, 5.33, 6.15, 6.56, 6.59, 7.1, 7.6, 7.21, 7.23, 7.25,
8.2, 8.5, 8.11, 8.21, 8.25, 9.25, 9.33, 10.11, 10.15, 10.17, 10.31, 10.34,
11.18, 12.8, 12.21, 12.24,
12.27, 12.32
El recuerdo depende de personas que no duran nada, 2.12, 3.10, 4.3,
4.19, 4.33, 4.35, 7.10, 7.21, 8.21, 9.30
• La vida es como un río: antes de ver algo ya ha pasado,
4.43, 5.23, 6.15
• Es lo mismo vivir mucho que poco, 2.14, 3.7, 4.47, 4.50, 6.37, 6.46, 6.49,
9.14, 9.33, 9.37, 10.27, 12.35, 12.36
La repetición cíclica, 2.14, 4.32, 5.13, 5.32, 6.4, 7.49, 9.28, 10.7,
10.27, 11.1, 12.24, 12.26
El peligro de vivir demasiado, 3.1, 4.50
• Se debe vivir sólo el presente, 2.14, 3.10, 6.32, 7.8, 7.29, 8.36, 12.1, 12.3,
12.26
• El tiempo transcurrido o porvenir es infinito, el presente es insignificante,
4.50, 5.23, 5.24, 6.36, 12.8
e) El espacio
• La tierra es insignificante, 3.10, 4.3, 6.36, 8.21
f) La muerte
• Debe aceptarse la muerte, 2.17, 6.47, 6.49, 7.18, 7.23, 7.40, 7.41, 7.43,
7.44, 7.45, 7.51, 8.37, 9.3, 10.22, 10.31, 10.36, 11.3, 11.6, 12.34
Es obra inevitable de la naturaleza, 2.12, 4.5, 4.6, 6.10, 7.46, 8.20, 9.3,
10.7, 12.5, 12.23, 12.36
Alcanza a
todos: médicos, filósofos,
generales (incluso a
ciudades
enteras), 3.3, 4.48, 6.24, 6.47, 6.56, 7.19, 8.25, 8.31,
8.37
Unos entierran a otros, 4.48, 8.25
No es
terrible si los
dioses existen, es
unión con quien
te engendró,
2.11, 4.14, 10.7, 10.15, 12.36
No es un mal para quien la sufre, 7.35, 8.20, 9.21,
12.35
Sólo es disgregación y transformación
de elementos, 2.12, 2.17, 8.18,
8.25, 9.21, 10.7
Ninguna muerte deja una vida incompleta, todo está realizado, 3.8,
5.31, 11.1, 12.36
La vida es suposición, la muerte tregua de sensaciones,
4.3, 6.28, 8.58
Hay que preparar la muerte dado el poco interés de la vida, 3.14, 5.33,
7.47, 7.56, 8.24, 9.3, 10.29, 10.36
Después de ella o hay otra vida o hay insensibilidad, 3.3, 4.21, 8.25,
12.5
• El suicidio
Si el cuerpo no renuncia a vivir, el alma no debe tampoco, 6.29
Antes de ser demasiado viejo y no poder tomar decisiones,
3.1
Se debe
marchar cuando uno
no puede llevar la
vida según la
naturaleza o no se es
consciente del error,
5.29, 7.24, 8.47, 10.8,
10.15
Tras una decisión racional,
11.3
2. ESTOICISMO MORAL
a) Conocimiento y virtud
• Rasgos de la verdad (que es el camino que lleva a la
virtud):
Nunca perjudica, concilia con la naturaleza y con los dioses, 2.3, 4.33,
6.21, 8.7, 8.54, 9.1, 9.32, 9.37, 10.2, 10.28
Hay que esforzarse por conocerla, por aceptar los sucesos y al prójimo,
2.12, 3.1, 3.2, 3.15, 5.1, 5.10, 5.18, 5.33, 6.13, 7.30,
7.55, 7.68, 8.15,
8.22, 8.38, 8.52, 9.36, 10.9, 10.11, 10.31, 10.33,
10.35, 10.37, 11.16,
11.29, 12.9
— Hay que enfrentar las cosas una por una, descomponerlas, ver sus
causas, sólo considerar el presente, 3.11, 6.13, 7.4, 7.29, 8.36, 11.2,
11.17, 12.8, 12.10, 12.18,
12.29
Hay que decirla, 3.12, 3.16, 12.1, 12.3, 12.17, 12.29
La filosofía
vigila que el espíritu
divino esté puro
y fuerte, como
quiere tu naturaleza, 2.17, 5.9, 6.30, 8.13, 9.29, 9.41, 10.9, 11.5,
11.7
— Enseña a despreciar la muerte, 7.35
• Reflexión y representación
La reflexión es como un rayo de luz que hace brillar los objetos que
ilumina, 8.57, 11.12; es
como un dardo,
8.60; lo abarca
todo,
9.32,11.1; su destrucción es
como una peste, 9.2
La reflexión depende de las representaciones: deben escogerse
las que
llevan a la verdad, cosa que proporciona bienestar, 3.11, 4.11, 4.22,
5.2, 5.16, 5.36, 7.2, 7.17, 7.54, 8.13, 8.26, 8.29,
8.49, 10.3
• Todo es suposición, 2.15,
4.3, 7.31, 12.8, 12.26
La suposición debe, por depender de ti, ser conforme a la naturaleza y
lo racional, 3.9, 7.2, 8.7, 9.6, 12.22
El desasosiego, el mal, viene de la suposición al azar,
por placer o
sobre el prójimo, 3.4, 4.3, 4.7, 4.24, 4.39, 5.2, 8.29, 8.40, 8.48, 9.13,
9.32, 9.37, 7.55, 11.18, 12.22
• Rasgos de la virtud:
Consiste en conocer el vínculo entre lo divino y lo humano, 3.13, 7.31,
7.53, 8.26
Camina tranquila, es divina y difícil de entender, 6.17
La disposición virtuosa es el único fruto de la vida,
6.30, 9.10
El medio de la virtud es lo mismo que el medio de la
maldad, 7.31
Se debe ser recto, no corregido, 3.5, 7.12
La costumbre es fuente de virtud, 12.6
Que cada día transcurra como el último, 7.69, 8.22
La virtud fundamental es la justicia y el dominio sobre el placer, 8.39,
11.10
Virtud
para aceptar el
destino, justicia para
decir la verdad y
actuar
según la ley, 12.1
• Virtudes enumeradas en listas[502]:
justicia, 3.6, 4.26,
4.49, 5.12, 7.63,
7.66, 8.1, 8.5, 8.51, 12.15, 12.27; verdad, 3.6, 3.11, 4.26, 4.49, 5.33, 7.66,
10.8, 11.20, 12.15; prudencia,
3.6, 4.49, 5.12, 7.63, 8.1,
8.51, 10.8, 12.15,
12.27; valentía, virilidad, 3.6, 3.11, 4.26, 5.12, 8.1; libertad, 3.16, 4.49,
5.9, 6.16, 7.67; decencia, 7.52, 7.67, 8.5, 8.51, 10.8;
magnanimidad, 4.49,
5.5, 5.9,
8.51, 10.8; sencillez,
3.11, 5.5,5.9, 7.31,
8.51, 11.15,
12.27;
liberalidad, 5.5, 8.1; gentileza, 3.11, 5.9, 11.15; confianza, 3.11,
5.5, 5.33;
autosuficiencia, 3.11, 3.16, 6.16; reflexión, 4.49, 5.12; vergüenza, 4.49,
5.33; nobleza, 5.5, 7.31, 7.66; con aguante, 5.5; poco amigo de placeres,
5.5; aceptar el destino, 5.5, 7.66; parco en palabras, 5.5; impasible, 6.16,
7.66; favorecedor de la comunidad, 7.52, 7.67, 10.8; disciplinado, 7.52;
condescendiente, 7.52, 7.63; virtuoso con los dioses, 7.66, 7.67, 11.20,
12.27
b) Lo «indiferente»: los bienes y males aparentes
• Es indiferente lo que no es actividad del alma, 6.32
• Sólo es bueno o malo lo que depende de nosotros, 5.37, 6.41, 7.2, 7.14,
8.1, 8.44, 9.40, 10.23, 11.33,
11.36, 12.2, 12.27
Cada uno vale tanto como aquello por lo que se afana, 7.3,
11.21
Honrar el alma racional y comunitaria, 6.14, 6.16, 6.47
• Hay
que despreciar los
bienes (elogios, riqueza,
placeres) y males
aparentes (enfermedad, muerte, injuria, maquinación, temor, es
decir,
cosas cotidianas), 2.11, 2.12, 3.6, 3.11, 4.44, 4.46, 5.12, 5.15, 6.13, 6.14,
6.16, 7.27, 7.44, 7.45, 7.46, 8.1, 8.28, 9.1, 9.36, 9.40,
9.41, 11.10, 12.31
No deben afectamos los males aparentes ajenos ni cabe la compasión,
2.13, 5.36, 7.14
Por ser aparentes no están distribuidos según la valía,
2.11, 4.39, 9.1
No hay que admirarse de nada, 12.13
c) La acción
Se debe hacer el propio deber sin distraerse, con detenimiento, aunque haya
dificultades, 5.9, 5.20, 6.2, 6.19, 6.22, 6.26, 7.55,
8.51, 9.41, 11.13, 12.17
• Debe actuarse como si la muerte fuera inmediata,
2.11, 4.17, 6.2
• No
se debe obrar al
azar; hay que actuar o vivir según la naturaleza
racional, comunitaria, (el bien social o de la ciudad), 1.16, 2.5, 2.7, 2.16,
2.17, 3.5, 3.12, 4.2, 4.24, 4.32, 4.33, 4.48, 4.51, 5.1, 5.3, 5.5, 5.6, 5.14,
5.25, 5.33, 5.34, 6.7, 6.16, 6.30, 6.43, 6.44, 6.50, 6.58, 7.5, 7.11, 7.20,
7.36, 7.46, 7.53, 7.55, 7.56, 8.1, 8.2, 8.16, 8.17, 8.23, 8.26, 9.6, 9.12,
9.23, 9.29, 10.2, 10.8, 10.11, 10.15, 10.16, 10.33, 11.13, 11.16, 11.21,
11.37, 12.11, 12.20, 12.24, 12.32
Según la razón común a hombres y dioses, 2.1, 7.53, 8.2,
11.13
Es la buena vida, 3.12, 4.24, 6.51, 8.12, 10.33
— conformarse con que cada acción por separado alcance su objetivo,
8.32
Nadie ni nada lo puede impedir, 2.9, 3.12, 5.10, 5.20, 5.29, 5.34, 6.58,
7.15, 8.7, 8.32, 8.41, 8.47, 10.12, 10.32, 10.33, 11.9, 12.1
No se debe buscar una recompensa en la actuación, 7.73,
9.42
Saber buscar la colaboración, 7.5, 7.7, 7.13
Según la
justicia, 3.16, 4.22,
425, 4.37, 6.50,
7.42, 7.44, 7.54,
9.31,
10.11, 10.12, 12.1, 12.29
Sé bueno o hazte bueno, 4.10, 4.17, 4.25, 5.15, 6.30, 7.15, 7.58, 8.5,
8.22, 10.8, 10.16, 10.32, 11.5
— De forma que se vea en la mirada, 7.21,10.12,11.15,1127
Con reserva, y apropiándose de lo que se enfrenta, 4.1, 5.20, 6.50,
7.58, 8.32, 8.35, 11.37
El exceso de acción es malo, 1.12, 1.15, 3.5, 4.24, 8.51,
12.35
• El
prójimo como destinatario
de comportamiento (por
compartir lo
racional)
Debes amar de verdad a los hombres con los que convives,
benefícialos sin esperar nada a cambio, 2.1, 5.6, 6.39, 7.22, 7.31,
7.52, 7.65, 7.73, 7.74, 9.12,11.9,11.13, 11.24, 11.25
Se debe colaborar entre los hombres, ideal de justicia, 1.14, 1.15, 2.1,
3.4, 3.11, 6.23
Intenta enderezar al que está en el error, evitar la crítica o
entrometimiento, ser condescendiente, 1.10, 3.4,
5.3, 5.28, 5.31,
6.50, 7.22, 7.52, 7.55, 7.62, 8.17, 8.59, 9.3, 9.11, 9.38, 10.4, 10.30,
11.9, 11.13, 11.18; incluso compadecerlo, 7.26
Servir de modelo, 10.15, 11.26
d) El error es
ir contra la razón
• Se comete error por ignorancia o no aceptar el destino, 2.1, 2.7, 4.26, 6.57,
7.1, 7.22, 7.63, 9.4, 10.8, 10.25, 11.18, 11.20, 12.12
• No debe uno dejarse llevar por los impulsos como una marioneta, 1.15,
2.2, 3.16, 4.18, 6.16, 6.28, 7.29, 7.55, 10.8, 12.19
• El placer:
es un
error despreciable, no
es lo propio de
la naturaleza humana,
humilla el alma 2.10, 2.16, 3.4, 5.1, 6.34, 8.8, 8.10,
8.19, 8.26, 9.1
• La cólera:
La cólera como pasión, 1.10, 1.15
Va
contra la razón,
la naturaleza, lo
divino interior, lo
común, el
destino, 2.10, 2.16, 4.3, 6.26, 7.38, 8.46, 10.25,
11.18, 11.20
Uno no debe irritarse con el error ajeno, fruto de la ignorancia, debe
corregirlo o ser indiferente, 2.1, 4.26, 4.3, 5.17, 5.22, 5.25, 5.28,
6.20, 6.27, 7.22, 7.26, 7.29, 7.70, 7.71, 8.8, 8.14, 9.20, 9.42, 11.18,
12.16, 12.26
• La tristeza y dejarse turbar:
Es menos grave que el placer,
2.10
El principio rector por sí no cae en la tristeza, 7.16,
8.40, 8.42
La tristeza depende de la suposición que se haga, de no aceptar, 8.47,
10.25
Turbarse, 4.26, 4.37, 6.11, 6.52, 7.8, 7.16, 7.58, 7.64, 11.22
• El fingimiento, la teatralidad:
Debe evitarse, 1.11, 1.14,
1.16, 2.5, 7.69, 8.5, 9.2, 11.15
Va contra la razón, 1.16,
2.16, 9.29
• La soberbia, 3.4, 8.8
Soberbia fruto de ignorancia, 2.1, 9.2, 10.10
Vanagloria, 1.16, 1.17, 2.17, 3.10, 4.3, 4.6, 4.19, 4.33, 6.16, 6.18, 6.51,
7.3, 7.6, 7.21, 7.34, 8.8, 8.21, 8.25, 8.44, 9.30, 11.6, 11.18, 12.24,
12.27 (cfr. 1. c, el recuerdo
en el tiempo)
Jactarse de hacer el bien a los demás o seguir el mandato de la razón,
5.6, 5.9, 11.13, 11.15, 11.18
Peligro de soberbia por ser Augusto, 6.30
• La adulación, 1.11, 6.16,
11.18
• El odio a los hombres por hacerlos responsables de los fracasos, 3.7, 6.41,
7.24
• La envidia por estimar bienes aparentes, 6.16
• Errores por la palabra: la mentira, 1.15, 9.1, 12.17; el secretismo, 1.16; la
verbosidad, 4.24, 8.51
e) El prójimo y el juicio moral
• Sus
juicios son mudables, sin valor si no son según la naturaleza, 2.12,
3.4, 3.16, 4.3, 4.16, 4.19, 4.46, 5.3, 6.18, 7.21, 7.34, 7.62, 7.68, 8.14,
8.21, 8.44, 8.52, 8.53, 8.56, 9.3, 9.18, 9.27, 9.34, 10.13, 10.19, 10.36,
11.18, 11.23, 11.32
No hacer
caso a juicios del
prójimo proporciona sosiego,
4.18, 5.20,
10.8, 10.11
El juicio del prójimo no puede estar por encima del
propio, 4.11, 12.4
Ser comunitario no significa compartir las opiniones,
11.8, 11.19
La belleza o virtud no depende del juicio que se haga sobre ella, 4.20,
7.67
No se debe actuar como el prójimo o por complacerlo, 6.6, 6.59, 7.15,
8.1, 9.29
Se debe
aceptar que hay
personas falsas e
injustas, 5.17, 6.47,
9.27,
12.16
Se debe criticar a cada uno por su función específica,
6.55
Reconforta encontrar copias de las virtudes en personas
cercanas, 6.48
3. ACTITUDES MORALES MENORES
a) Elecciones vitales
• Estoicismo
Elección de la filosofía práctica o estoicismo, 1.6,
1.7, 1.16, 4.30, 9.29
— Lamenta no poder dedicarse específicamente, 8.1
— Volver a la filosofía como
a una madre, 6.12
Vivir según la naturaleza,
1.9, 1.17
Poner en práctica las convicciones, 1.9
• Dedicaciones no elegidas
Rechazo a filosofía especulativa, 1.7, 1.8, 1.17, 7.67
Rechazo a los pseudoplatónicos que pretenden ser filósofos y políticos
a un tiempo, 9.29
— Contra los libros, 2.2, 2.3
Rechazo a la retórica, 1.7, 1.17
b) Vida
cotidiana
• Contra las frivolidades y juegos, 1.5, 1.6, 6.46
• Vida sencilla, 1.6, 1.7,
1.16, 11.28
• Conversación sencilla en la vida pública y en la
privada, 8.30
• Actitud ante el dolor y la enfermedad, 1.8, 1.15
• Peligros o inferioridad moral del estudio y lectura,
1.7, 2.2, 2.3, 3.14,8.8
• Buen carácter, 1.15, 4.20,
4.25
• Actuar sin quejas, 1.15
• Infundir confianza, 1.15
• Firmeza, 1.16
• Autosuficiencia, 1.16
• Ser previsor, 1.16
• Cuidarse sin exceso, 1.16, 7.60
• Saber disfrutar sin dejarse llevar, 1.16
• Soportar la vida en la corte, 5.16, 6.12, 8.9
c) Familia, 1.13,1.14
d) Amistad
• Sencillez, 1.8
• Compenetración, 1.9
• Aceptar los reproches, 1.13, 6.21
• Saber escuchar, 6.53
• Saber alabar, 1.13, 1.17
• Expresarse con claridad, 1.14
• No imponer su compañía, 1.16
• Saber mantener la amistad, 1.16
e) Religiosidad
• Los dioses pueden ayudar
Contra la superstición, 1.16
En la actitud moral, 1.17, 10.8
Evitar la cólera, 1.17
Suficiencia económica, 1.17
En la enfermedad, 1.17
Evitar el error, 2.11
Al prójimo y es un motivo para respetarlo, 9.27
• Los dioses dan plazos, 2.4
• Ponerlo todo en sus manos, 4.31
• Hacer oraciones y súplicas con sencillez, y no pedir cosas sin valor, 5.7,
9.40
• Invocarlos antes de actuar,
6.23
• Existen porque se les rinde culto, 6.44, 12.28
• Contra la religiosidad irracional de los cristianos,
11.3
4. POLÍTICA PRÁCTICA
a) La organización política debe procurar
• Equidad, 1.14
• Libertad de los súbditos, 1.14
• Respeto a los ideales republicanos, 1.14
• Dirección política y mejora moral, 8.15
b) Actitud práctica del
gobernante
• Saber escuchar, 1.16
• Buscar la colaboración de quien puede realizar mejor la
tarea, 7.5
• Estudio de las cuestiones, 1.16
• Ahorrar, 1.16
• Moderación en espectáculos, 1.16
• Soportar la vida cortesana, 1.17
• Marcarse metas limitadas, no intentar el estado
platónico, 9.29
c) Actitud moral
• Evitar la adulación, 1.16
• A cada uno según su valía, 1.16
• Aceptar la crítica, 1.16,4.12, 6.55, 7.36
• Saber colaborar, 1.16
• No perseguir la fama, 1.16
d) Moral sexual
• Contra la pedofilia, 1.16
• Castidad en juventud, 1.17
• Actitud casta en general, 1.17
e) Bien común, 1.16
• Reinar y legislar en beneficio de los hombres, 4.12
MARCO AURELIO. Roma, 121 - Viena, 180. Fue emperador del Imperio
romano desde el año 161 hasta su muerte en 180. Fue el último de los
llamados «Cinco buenos emperadores», tercero
de los emperadores de
origen hispano y está considerado como una de las figuras más
representativas de la filosofía estoica.
Su gobierno estuvo marcado por los conflictos militares en Asia frente a un
revitalizado Imperio parto y en
Germania Superior frente
a las tribus
bárbaras asentadas a lo largo del Limes Germanicus, en la Galia y a
lo largo
del Danubio. Durante el período de su imperio tuvo que hacer frente a una
revuelta en las provincias del Este liderada por Avidio Casio, la cual
aplastó.
La gran obra de Marco Aurelio, Meditaciones, escrita en griego helenístico
durante las campañas de la década de 170, es uno de
los más notables
legados de la filosofía estoica.
Notas
[11]
A. López Eire, Retórica clásica
y teoría literaria
moderna, Madrid,
1997, 12, donde señala dos retóricas con utilidades claramente discernibles:
una retórica
anterior a la
pérdida de independencia
de la polis
clásica
(finales de los siglos IV y III a. C.) de carácter eminentemente político
y otra
posterior,
la que conocieron
los romanos y pasó
a nuestra cultura, que se
puede denominar una retórica escolar, propia del
ciudadano del mundo o, lo
que es
lo mismo, adecuada
para conducirse apropiadamente el individuo
entre otros de su misma clase. <<
[17] W. Jaeger, Cristianismo primitivo y paideia griega, Madrid, 1995,
58 y
ss. Sobre una visión general de las principales filosofías helenísticas y su
evolución véase R. W. Sharples, Stoics, Epicureans and Sceptics, Londres,
Nueva York, 1996. Una
introducción breve a las
filosofías helenísticas
podemos encontrar en M. Daraki; G. Romeyer-Dherbey, El mundo
helenístico: cínicos, estoicos y epicúreos, Madrid,
1996. Son filosofías
sustentadoras del individuo y de la naturaleza como puntos de anclaje tras
la pérdida del ideal de ciudad, respuesta a una política cada vez en mayor
grado hecha al margen
de las poleis
que pierden la independencia y el
principio de
autarquía que les eran
consustanciales. También M. Donà,
Epifanías admirables. Apogeo y consumación de la Antigüedad, Madrid,
1996, donde se explican las relaciones entre una fe cada
vez más monoteísta
y un
sistema filosófico como
el neoplatónico, interesado en dotar de una
formalización filosófica a dicho proceso. <<
[20] Historia
Augusta, vita Antonini, X 4; donde Antonino se ríe del filósofo
ante la negativa de éste de acudir al Palacio a dar la
clase y le responde: «Le
fue más fácil a Apolonio venir desde Calcis a Roma que desde su casa al
Palacio» (Historia Augusta. Antonino Pío, trad. de V. Picón y A. Cascón,
103). <<
[24] G. W, Bowersock, Greek Sophists in the Roman Empire, Oxford, 1969,
15-16; B. Reardon, Courants littéraires grecs des II et III siecles après J. C,
París, 1971, 268-274; R. B. Rutherford, The
Meditations of Marcus
Aurelius. A Study, Oxford, 1989, especialmente 80-89. Desde otro punto de
vista M. J. Hidalgo de la Vega, El intelectual, la realeza y el poder político
en el Imperio Romano, Salamanca, 1995, donde aborda la relación entre el
intelectual que crea una imagen ideal de la basileía y el poder que tiende,
cuando menos, a parecerse a ese ideal, representado
por el panegírico de
Plinio a Trajano, que crea un speculum
principis que de
alguna manera los
sucesores Antoninos tienden a imitar. <<
[27] Los salii era uno de
los colegios sacerdotales más antiguos de Roma;
sus danzas representaban la sacralización
de la guerra, que en época arcaica
tendían a
comenzar con el
buen tiempo, la
primavera, y se
interrumpían
antes de
que comenzase el malo,
en otoño; ellos
representaban en sus
rituales la apertura y la clausura del ciclo guerrero.
<<
[37]
Cabe dentro de lo
posible cierta
infidelidad de Faustina
a Marco
Aurelio, lo
que no parece probable
es recoger como veraces todas las
afirmaciones que
se vierten sobre ella,
al igual que
una moralidad tan
dudosa que la llevara incluso a conspirar contra su marido; la explicación
más probable de la conducta de Faustina con la
sublevación de Casio parece
explicarse por intentar lograr la sucesión de Cómodo ante los rumores de
muerte de Marco Aurelio. La conducta de la esposa del
emperador sirve, sin
embargo, a los autores antiguos para destacar la virtud de él, la patientia;
véase al respecto Birley, 306; Julio Capitolino, el autor supuesto de la vida
de Marco Aurelio en la Historia Augusta, debió de contar con fuentes más
antiguas, posiblemente de carácter filosenatorial
y posiblemente viciadas
para desestimar el gobierno de Cómodo; véase W. Görlitz, Marc Aurèle.
Empereur et philosophe, París, 1962, 44 y s. <<
[46] Para una visión rápida de los problemas que tiene el Imperio a partir de
Marco Aurelio, véase R. Rémondon, La crisis
del Imperio romano,
Barcelona, 1984, 5 y ss.;
y sobre la evolución
de los pueblos limítrofes,
tanto interna como en relación con el Imperio, F. Millar, El Imperio romano
y sus
pueblos limítrofes.
El mundo mediterráneo
en la edad
antigua,
Madrid, 1987, 205-220 y 270 y ss. <<
[48]
Véase Birley, 241
y ss., especialmente
245, donde se afirma la
diferencia entre la columna de Trajano y la de Marco Aurelio: mientras en
la primera
aparece una atmósfera de
marcialidad y agresividad
con los
enemigos, en la columna Aureliana, Marco Aurelio, eje de unión de las
diversas escenas, acompañado posiblemente de
su fiel consejero Claudio
Pompeyano, muestra la guerra como sórdida y enojosa; un sentimiento que
representa fielmente el artista en consonancia con el espíritu del emperador.
<<
[49]
Así es en la
vida de Marco Antonino,
el filósofo (ed. V. Picón y A.
Cascón), Historia Augusta, 124, el procedimiento de purificación: «Fue tan
grande el
terror que suscitó
la guerra contra
los marcomanos que
Marco
Aurelio mandó llamar sacerdotes de todas las partes, practicó ritos
extranjeros y purificó Roma con todo tipo de sacrificios; y, habiendo
retrasado por estas circunstancias su salida para emprender la guerra,
celebró también durante siete
días un lectisternio siguiendo el rito romano».
El lectisternium, rito de purificación, realizado por primera vez en el 399 a.
C., se
celebraba para frenar
fenómenos especiales y
extraordinarios;
consistía en servir un banquete a las imágenes de los dioses tumbadas en
cojines, con lo cual su presencia parecía más real. La muchedumbre por su
parte realizaba plegarias y visitaba los santuarios. Véase J. Bayet, La
religión romana. Historia política y psicológica, Madrid, 1984,
115, 142,
151. <<
[51]
Originalmente los dediticii, generalmente
empleados para pueblos
vencidos, habían hecho con Roma una deditio in
fidem, una incondicional
rendición, y Roma regulaba su status. Posteriormente sirvieron para colocar
pueblos dentro de las fronteras romanas con el fin de
defender los territorios
a ellos asignados. <<
[56] Marco Aurelio, Meditaciones, 9.16, donde
se afirma que el sufrimiento
no sirve
para interpretar la
realidad sino la
actividad de ser
racional,
principio que va a ser desarrollado con una finalidad claramente radical
por
el anti-estoico Nietzsche, en su crítica del pensamiento cristiano que se ha
apoderado del sentido de la historia. <<
[59] Véase entre una amplia bibliografía al respecto Farquharson, 1951,
142
y ss., A. Brunt, «Marcus Aurelius and the Christians», en C. Deroux (ed.),
Studies in
Latin Literature and
Roman History,
I, col. Latomus, CLXIV,
Bruselas, 1979, 483-520; Birley, 328-331; J. Daza Martínez, «Ideología y
política en el emperador Marco Aurelio», Lucentum, 1984, 279-298.
También Ferro Gay, J. Benavides Lee, «El cristianismo y el Imperio», Nova
Tellus,
1985, 127-148, donde
se narran las consecuencias políticas
y
religiosas de la aparición del cristianismo y la incompatibilidad con los
deberes cívicos romanos. <<
[62] De la amplia bibliografía que ha generado el estoicismo recomendamos
la obra de M. Pohlenz; hemos utilizado la edición italiana La Stoa. Storia di
un movimento spirituale, II vols., Florencia, 1967, especialmente la primera
parte; un
amplio trabajo de
E. Elorduy, El Estoicismo, Madrid, 1972; la
obra clásica ya citada de Long, 111 y ss.;
G. Puente Ojea,
Ideología e
historia. El fenómeno estoico en la sociedad antigua, Madrid, 1990,
obra
imprescindible a contracorriente de ciertos investigadores sociales que ven
más ramas
que bosque; y la
excelente síntesis de
J. Berraondo, El
estoicismo,
Barcelona, 1992. Trata también aspectos de la filosofía
helenística el cuadernillo ya citado de Daraki y
Romeyer-Dherbey, con
teorías que relacionan la teoría hesiódica de las razas con las «dos razas de
hombres» del estoicismo. Igualmente general
es la obra de Sharples ya
citada. <<
[63] Aunque Zenón era chipriota, por tanto zona tradicionalmente griega,
se
observa que la mayoría de los filósofos estoicos proceden de regiones de
Asia helenizadas y no ocurre como en épocas anteriores que eran
originarios de Grecia o de las ciudades helenas de la costa egea, por eso
podemos afirmar que estamos ante una filosofía
helenística más que helena,
al igual que las otras doctrinas que surgen en este período; véase Pohlenz, el
capítulo I y especialmente 17 y ss., también Ellorduy, 25-37, quien muestra
las diferencias entre Zenón y la filosofía helénica.
<<
[85] A. Brunt, «Marcus Aurelius in his Meditations», JRS, 64, 1974, 1-20,
especialmente 2 y s. y
5. Rutherford, 8-13,
opina que es una
especie de
terapéutica emocional más que un
diario. Para Hadot,
1997, 51-67, son
como una
especie de ejercicios
espirituales. Tales
propuestas no son
tan
diferentes de la defendida en el siglo XVII por Th. Gataker, M.
Antonini
Imperatoris de Rebus Suis. Libri XII, Cambridge,
1652, reeditado en
Londres en 1697 y 1707. <<
[88] Algún estudioso opina que la pretensión de los estoicos es únicamente
el control de la ira, cfr. Rawob, Seelenführung. Melhodik der Exerzitien in
der Antike, Múnich, 1954. No está muy de acuerdo Elorduy, 223, al afirmar
que lo
que deseaban los
estoicos era más
ambicioso, pretendían confiar
solamente en el lógos. <<
[93] La
línea fundamental del estoicismo es monoteísta, existe una sola
divinidad, pero esto no impide reconocer como dioses las manifestaciones
visibles del único ser primero, Pohlenz, 190. Marco Aurelio, al igual que
antes Epicteto, emplea indistintamente el nombre de Dios, dioses o incluso
el nombre de Zeus, y todos ellos tienen un sentido similar. Véase Brunt,
1974, 15. <<
[102] Véase en la sección de la introducción «La obra de Marco Aurelio»,
«Aspectos previos». Hadot, 1998, xxviii y ss., considera que la obra estaba
exclusivamente pensada para sí mismo y hace un recorrido por la historia
de esta interpretación. Sin embargo, existe otra línea interpretativa que sin
llegar a pensar que fuera una obra para un público amplio, considera que
está escribiendo para alguien más que para si mismo; cfr. Rutherford, 10 y
ss. <<
[111] Cicerón, De oratore, 3.66: «Accedit quod orationis etiam genus habent
fortasse subtile et certe acutum, sed, ut in
oratore, exile, inusitatum,
abhorrens ab auribus vulgi, obscurum, inane, ieiunum, ac tamen eius modi,
quo uti ad vulgus nullo modo possit». Sobre el desarrollo en Roma de esa
forma de
expresión es imprescindible
el estudio de G.
Moretti, Acutum
dicendi genus. Brevità, oscurità, sottigliezze e paradossi nelle tradizioni
retoriche degli stoici, Bolonia, 1995. <<
[116]
Según la interpretación
habitual, Marco Aurelio
no afirma poseer por
herencia estos rasgos, sino más bien es lo que más admira en estas personas
allegadas y es aquello a lo que tiende. Concretamente el mal humor y la
irritabilidad debían ser rasgos no queridos de su carácter; sin embargo, su
control era uno de los ideales estoicos como se comprueba por el propio
término que usa. <<
[121]
Alude a facciones
en el circo. En
ese momento, la pasión por los
juegos, especialmente por los espectáculos de gladiadores, afectaba a toda
la ciudadanía romana, ricos o pobres, cultivados e ignorantes. Sus
organizadores adquirían gran
prestigio, en cuya búsqueda a veces llegaban a
la ruina. Había cuatro facciones que se identificaban con colores: rojo, azul,
blanco y
verde. Estaban organizadas y movilizaban amplios estratos de
población. Véase A. Cameron, Circus Factions. Blues and Greens at Rome
and Byzantium, Cambridge, Mass., 1980
<<
[142]
Se piensa que
hace alusión a
Dión de Siracusa. La mención aquí de
este político siracusano responsable de la intervención de Platón en los
asuntos de Siracusa se debe a que es uno de los miembros de la pareja de
las Vidas paralelas
de Plutarco junto
con Bruto, ambos
son platónicos y
luchadores contra la tiranía. <<
[148] Alusión a la homosexualidad que al gusto griego se practicaba entre
hombre adultos y muchachos en su adolescencia. La homosexualidad no
estaba condenada en Roma, al menos en época imperial; sin embargo no
eran bien
mirados quienes en las relaciones homosexuales actuaban de
receptores, sobre todo si eran ciudadanos adultos; dicha cortapisa venía
dada por
el carácter blando
y femenino que se
suponía en quien
desarrollaba tal práctica sexual. Al respecto puede verse entre otros los
trabajos de J. Griffin, «Augustan Poetry and the Life of Luxury», JRS, 66,
1976, 87-105. También J. Bernay-Vilbert, «La répression de
l’homosexualité dans la Rome Antique», Arcadie: Revue
littéraire et
scientifique, 250, 1974, 443-456.
<<
[149] Referencia a las obligaciones que debía tener el cliente con su patrono.
Las obligaciones del cliente con su patrono eran,
por un lado, laborales:
tenía que
trabajar para éste
durante un tiempo
determinado, según sus
necesidades coyunturales; además debía cumplir con lealtad política hacia
su «señor», apoyando sus iniciativas legales o simplemente votando a quien
el patrono
designara; también los clientes debían darle
apoyo defensivo,
siendo una
especie de «guardia
privada» del mismo. Un
acto cotidiano
simbolizaba perfectamente
la relación vasallática
que existía entre amo y
subordinado: los clientes debían aguardar todas las mañanas a la puerta del
patrono
para saludarlo y esperar a que éste se dignase invitarlos a su casa o
bien acompañarle por las calles de la ciudad a diversos lugares públicos,
entre ellos el Foro; puede consultarse la obra de R. Saller, Personal
Patronage under the Early
Empire, Cambridge, 1982. <<
[155]
Se refiere a los
repartos de vino, aceite, cereales, etc. que de forma
gratuita se hacían entre los habitantes de Roma. «La preocupación por el
bien común» es una cualidad del buen gobernante que debe ir asociada a no
tener un excesivo afán constructor (26); la actividad edilicia desmedida es
una de
las características que definen al tirano frente al buen gobernante.
Tampoco debe buscar el princeps optimus, el buen emperador, el favor de la
turba (15). Sin negarle a Antonino su mesura en sus aficiones y en el gasto
público, las reservas del Estado tras su muerte ascendían a 675 millones de
denarios, tampoco escatimó en emplear el dinero propio y el estatal en
diversos menesteres: al llegar al poder distribuyó un congiario, al pueblo y
al ejército, práctica corriente entre los emperadores, y contribuyó con
grandes cantidades a las obras emprendidas por Adriano.
<<
[180]
Población sueva asentada en la zona septentrional del Danubio
que
junto con
los marcomanos representó
una amenaza constante
para la
frontera romana del Danubio. La expedición emprendida por
Marco Aurelio
contra cuados y marcomanos, contemporánea
con la redacción de las
Meditaciones, se fecha entre los
años 172 y 174. <<
[185] Pneumátion, emparentado directamente con pneûma, ‘aliento’, al que
los estoicos, especialmente Crisipo, habían
otorgado gran importancia en su
física. En el siglo I a. C.
hubo una escuela de
médicos pneumatistas que
dieron también gran relevancia a
este elemento en la
explicación de la
fisiología y la enfermedad. <<
[190] Farquharson, 1944,
II, propone, en la estela de Gataker (editor del texto
en el
siglo XVII), un
cambio en el texto
para facilitar su comprensión;
según él habría que entender «te estás maltratando a ti misma, alma». Otros
editores han propuesto una negación previa: «no te humilles…». Pueden
tener razón
porque el sentido del
párrafo y del
pensamiento de Marco
Aurelio en
su conjunto es
contrario a esta
declaración inicial. Debe
entenderse, por tanto, el texto en sentido irónico. <<
[194] Expresa aquí por primera vez la teoría de lo ‘indiferente’, aunque sin
emplear el
término. Cfr. 5.20
y la nota. Es una forma de justificar la
inexistencia del mal: aquello que
parece ser una desgracia
no lo es
en
realidad porque eso es algo
que debe sernos
indiferente y que no
debe
afectar al alma racional. <<
[195] Es una cita a Píndaro
posiblemente a través del Teeteto
de Platón, 173e,
que es
por donde conocemos
también el texto.
Esta cita era
clásica para
referirse a las preocupaciones del filósofo ajenas a la ciudad y
a sus
vecinos. Por otra parte, todo el pasaje aparece citado en la Suda, especie de
enciclopedia bizantina del siglo X, en la definición de daímon, que
traducimos por «espíritu divino» y que equivale al latino
genius. <<
[199]
Es una alusión a
un pasaje conocido por Diógenes Laercio de una
comedia perdida de Menandro,
Hippokomos, Kock, 249, Sandbach y Körte,
215, uno
de cuyos personajes
es Mónimo, el
cínico al que alude
Marco
Aurelio; el
texto citado concretamente
es «todo lo supuesto es humo».
‘Suposición’ se refiere tanto a nuestros juicios como a lo que imaginamos.
<<
[200] Se refiere a las críticas contra la afirmación de Mónimo que se cita;
Marco Aurelio, en interpretación de Farquharson, 1944, II, aplica del dicho
sólo que las cosas son buenas o malas según el juicio que nosotros hacemos
sobre ellas, no porque realmente lo sean, pero no está de acuerdo con el
escepticismo total que está detrás. <<
[215] Entre otras explicaciones de este texto, la mejor es que no necesita ni
juramento ni testigos para dar fe de que ha cumplido su deber porque está
en paz con su conciencia o su divinidad interior. También puede ser alusión
al juicio al que se someten las almas tras la muerte del que habla Platón en
Gorgias,
523c. <<
[217] Puede referirse a varios pasajes de Platón; Dalfen lo pone en relación
con un
texto de Epicteto
transmitido por Arriano,
III 12.15 referido
a
Apología, 38a; parece preferible la propuesta de Farquharson, 1944, II, que
entiende que se refiere a Fedón, 83a-b en donde Platón hace decir a
Sócrates que el alma debe alejarse de los placeres, de los deseos, de las
tristezas y de los temores, doctrina retomada por los
estoicos. <<
[226] Cfr. 2.2, con pequeñas sustituciones:
las carnes ahora son el cuerpo, el
hálito ahora es el alma
y el principio
rector es la
inteligencia. Los tres
términos griegos, sôma, psyché y
noûs, tienen una
carga filosófica enorme.
Como vemos, el alma (lo mismo ocurre en latín con el término anima de
donde procede ‘alma’) es también atributo de los animales que tienen
apetitos y no sólo del hombre. Los hombres se distinguen de los animales
por la razón. <<
[238] Desde Aristóteles se prefiere en
la formulación de los
cuatro elementos
que componen toda la materia la alusión a sus cualidades
características.
Por el uso de pneumatikón (traducido por
«lo que es hálito») y no aerodes
(‘aéreo’), está aludiendo a los elementos en el cuerpo humano, cfr. 10.7. En
la física estoica se aludía a los elementos por sus cualidades y se le daba un
papel importante al pneûma.
<<
[245] El símil de que la vida humana es como una llama que se enciende y
apaga aparece, con las mismas palabras que aquí, ya en Heráclito, frag.
Nauck B
26. 30; cfr. también Séneca, Epist., 54.5. Por otra parte puede
haber una alusión a las carreras de antorchas en las que corrían equipos por
relevos que se iban pasando la llama de una antorcha, símil frecuente en la
literatura latina, en cuyo caso habría que traducir al final de la frase «que la
encienden y la apagan» referido a la memoria. <<
[253]
Trannoy entendió
que el texto
estaba alterado porque,
dada su
educación, no parece que Marco Aurelio pueda afirmar que no tiene
conocimientos. Su enmienda, aceptada por Farquharson, 1944, II, pero no
por Dalfen, da el siguiente texto: «Yo, por mi parte, tengo los alimentos que
proporcionan los conocimientos y no permanezco firme».
<<
[254]
Furio Camilo, Marco.
Cónsul y dictador
en varías ocasiones
a
principios del siglo IV a. C., festejó varios triunfos por sus victorias sobre
los faliscos y por la toma de la ciudad de Veyes. Pero sobre todo era famoso
por haber expulsado a los galos tras haber saqueado la ciudad de Roma, por
lo que se le concedió el título de padre de la patria, aunque hoy se pone en
duda la autenticidad del relato; cfr. Tito Livio, V 14-26. <<
[255] Cesón Fabio Vibulano fue uno de los trescientos miembros de la gens o
clan de
los Fabios que pereció a manos de los habitantes de Veyes
en el
hecho de armas que tuvo lugar en el arroyo Cremera el año 477 a. C. cerca
de esa ciudad, conocido como el desastre de Cremera; cfr. Tito Livio, 2.46-
50. <<
[256]
El nombre Volesus
o Volosus es un gentilicio itálico que usaron
algunas familias romanas,
concretamente la de los Valerios; así uno de ellos
es designado como Manlio Valerio, hijo de Voluso Máximo. Fue nombrado
dictador en el año 494,
intentó mediar en
las disputas entre
patricios y
plebeyos; cfr. Tito Livio, 2.30-1. Consiguió,
en una situación comprometida
para Roma
por revueltas sociales
internas, formar un
ejército contra los
sabinos. Quizá
esté aludiendo a este
personaje, pero no existe ninguna
seguridad; cfr. Kleine Pauly, «Valerius» 40. <<
[271]
Fueron dos importantes
ciudades de la
región de Nápoles
que
sucumbieron por la erupción
súbita del Vesubio del
año 79 d. C. y quedaron
cubiertas de lava hasta que se excavaron en época moderna. La
desaparición completa por causas naturales de estas dos ciudades con sus
habitantes impresionó mucho en su época. <<
[277] Probablemente M. Emilio
Lépido, famoso político romano del siglo
I a.
C. que
participó en el
triunvirato con Octavio
(futuro Augusto, véase
el
índice de
nombres) y Antonio
(véase el índice),
que se formó tras
el
asesinato de César (véase el índice). Debió vivir más de setenta años, que
debe ser el punto en común de los cuatro personajes citados: debieron tener
una vida muy larga. <<
[284] Existen dificultades textuales
y la comprensión del pasaje es un tanto
complicada. La apostilla en cuestión es la que
aparece recogida
parcialmente al final del párrafo procedente de una comedia de Menandro,
Phasma,
41. Alude a un
dicho irónico
malevolente sobre los
que tienen
tantas cosas buenas que no
encuentran ya un sitio donde evacuar. La idea de
Marco Aurelio es que los verdaderos bienes no pueden ser nunca
excesivamente abundantes, a diferencia de los materiales.
<<
[288]
Es un término técnico
del estoicismo. Es ‘indiferente’ aquello que
desde el punto de vista moral no es ni bueno ni malo y por tanto no debe
influir en
la elección moral.
Concretamente son ‘indiferentes’ la salud, la
riqueza, la consideración social, es decir, lo que es considerado como bien
por la mayoría. Cfr. 9.1. <<
[291]
Dalfen introduce aquí
la expresión «ni
siquiera la permanencia
del
tiempo», por paralelismo con otros pasajes; pero no parece esta inclusión ni
muy convincente ni muy necesaria. Con ello intenta explicar «lo cercano»
como referencia temporal. Farquharson, 1944, II, sin embargo, lo entiende
en sentido espacial. <<